El 30 de marzo de 2007 fue la última vez que se le vio a Irene “Mambaco” Pacheco montado en un ring. Fue la pelea final de su próspera carrera deportiva que lo llevó a ser campeón mundial del peso mosca, corona que defendió en siete ocasiones.
Ese día enfrentó al mexicano Johnny González, ante quien perdió en Tucson, Estados Unidos, por nocaut técnico en el noveno asalto de un pleito en el que estaba en juego el título mundial que avaló la Organización Mundial de Boxeo (WBO).
“Me di cuenta que ya era hora de dejar el boxeo; tengo una familia y no la voy a exponer”, confesó para EL COLOMBIANO, en aquella ocasión, el pugilista nacido en San Juan de Urabá.
Hoy tiene 46 años, los últimos dedicados a entrenar a una sola peleadora, la hoy campeona mundial del peso gallo, antioqueña como él, Dayana Cordero, y a trabajar como instructor de boxeo en Gymbox, un gimnasio de Barranquilla donde dice “brindo atención personalizada a la gente pues el boxeo es un medio ideal para hacer cardio y mantenerse en forma e ideal para gente no profesional”. El popular Mambaco celebró 35 combates rentados (33 ganados, 24 decididos antes del límite) y solo dos derrotas.
Pacheco, quien fuera campeón mosca de la Federación Internacional de Boxeo (IBF), volvió a Medellín haciendo parte del equipo de Cordero. “A ella la conozco desde que empezó a boxear, tiene grandes condiciones y yo solo aporto para que pueda salir adelante en sus peleas”, expresa complacido. Y la dirigirá, desde la esquina y al lado del panameño Ricardo Córdoba.
Lo extraño es que después de abandonar el boxeo no se haya dedicado a entrenar peleadores. “Prefiero enseñarle a la gente que jamás se ha puesto los guantes. El boxeo me dio las bases para entrenar ahora pero en los gimnasios de acondicionamiento físico”.
Ese es Irene, el boxeador de quien todo mundo aún se pregunta el porqué de su nombre. Él se ríe. Su mamá, Inocencia Bravo lo bautizó así tal como se llamaba su padre de crianza (abuelo materno).
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