Es una triste realidad: en Colombia pasan unas cosas inverosímiles que llevan a la reflexión, pues se puede llegar a pensar que todo es al revés y se cumple muy bien aquello de que la ley es para los de ruana. Un ciudadano del común comete la más mínima infracción, algunas veces involuntariamente y la ley le cae encima con todo su rigor. No le pasan una. Pero a ciertos personajes, que sí han delinquido, que han sembrado el terrorismo y la violencia por toda la geografía nacional, hay que perdonarles todo y hasta darles la categoría de padres de la patria. Esto parece al revés.
La gran mayoría de los colombianos son cumplidores de los compromisos que adquieren y por ello pagan oportunamente las cuotas de sus créditos. Son fieles y leales. Pero hay también muchos que no honran sus compromisos porque han entrado en la cultura de las amnistías y esperan, como ocurre muchas veces, les hagan rebajas de intereses y hasta de capital para que se puedan poner al día. Al cumplidor nunca se le premia; al incumplido sí. Otra cosa que parece al revés.
Las entidades financieras, con voraz apetito, salen al mercado a buscar nuevos clientes, haciendo unas ofertas que son inequitativas con los clientes viejos y fieles. Usted tiene una tarjeta de crédito hace un montón de años y le cobran religiosamente la cuota de manejo. Al nuevo cliente, para engancharlo, lo exoneran por un buen tiempo de ese pago. Premian al nuevo y castigan al viejo. También parece al revés.
Cuando llegó a Colombia la telefonía celular, los costos de los planes y de los teléfonos eran bastante altos y muchos colombianos suscribieron planes muy onerosos por ser los vanguardistas. Muchos de ellos siguen pagando planes costosos. Hoy, para captar nuevos afiliados, las ofertas son increíblemente bajas. Otro ejemplo de que no se premia la fidelidad, ni la antigüedad y mucho menos el cumplimiento.
En muchas empresas los directivos de primer nivel son incompetentes, irresponsables y deshonestos. Son los llamados a marcar las pautas y a definir las estrategias. Si estas no funcionan y son un fracaso, los que pagan los platos rotos son los mandos medios porque los directivos se las arreglan para echarles la culpa. Otra cosa al revés.
Los precios de los medicamentos en Colombia son de los más altos de la región, al punto que solo tienen acceso a ellos los adinerados, mientras los de bajos recursos no logran tener la medicina que su salud requiere. Mientras tanto, ha sido mucho el dinero que se han robado unos hampones de cuello blanco. Más ejemplos de cosas al revés.
Hay, pues, muchas cosas que funcionan al revés y lo triste es que no se ven caminos para que todo funcione al derecho.
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