Si algo se ha comprobado en el ejercicio público es que los cadáveres políticos no existen.
Andrés Pastrana, que registraba los peores índices de aceptación luego de haber dado a conocer los narcocasetes, fue ungido presidente de Colombia con la mayor votación en la historia, superada posteriormente por sus predecesores.
Horacio Serpa, que recibió múltiples derrotas en la arena nacional, se reencauchó en Santander y hay quienes piensan en él para las próximas elecciones de Congreso.
A nivel internacional ocurre algo similar. Luego de la derrota a manos de un novato senador, cuando tenía todo el aparato demócrata a su favor, las arcas llenas y la figura de su esposo que había sido uno de los presidentes más queridos de la historia reciente, Hillary Clinton pareció sumirse primero en la angustia de la derrota y luego, con el pasar de los años y sus buenas ejecutorias en el Gobierno, emergió como la estrella de ese equipo y del Partido Demócrata.
La posición que ocupara Hillary en la administración Obama sería clave para mantener vivas las esperanzas de resucitar a nivel electoral unos años más tarde, y lo supo aprovechar bien: cambió la cara adusta de los Estados Unidos que a través de las guerras había plantado en el mundo entero George W. Bush.
Reafirmó los intereses de su país en Oriente Medio y aunque América Latina nunca terminó de estar en el lugar que debería, hizo presencia en varios países.
Hillary tiene a su favor que muy seguramente el actual vicepresidente no aspirará a reemplazar a su jefe, entre otras porque Joe Biden no despierta el fervor que aún genera Obama y porque a pesar de pertenecer al establecimiento demócrata, no tiene los abolengos de los Clinton ni la fuerza del expresidente moviendo los hilos.
Así las cosas, los vaivenes de la política juegan en favor de la exsecretaria de Estado, que partirá en un lugar destacado para competir en 2016, conquistando primero el voto demócrata que esta vez no tendrá una figura mediática saltándose los lugares en la fila, como ocurrió en 2008.
Y segundo, enfrentando al Partido Republicano que no termina de acomodarse y se rumora que tendrá como candidato a Jeb Bush, el hermano menor del expresidente, que seguro se impondrá al biche senador Marco Rubio.
No será una campaña deslumbrante, pero eso es lo que más le conviene a Hillary: pasar de agache sin competencia entre su partido, porque para el resto de la batalla está la habilidad de Bill Clinton y los millones de dólares que de seguro están empezando a recaudar.
@carlosaperez
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4