Quince minutos para decidir o morir. Esa fue, según Delcy Rodríguez, la advertencia que recibió el núcleo del poder chavista después de que fuerzas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro. La afirmación hace parte de una grabación filtrada de una reunión privada, divulgada por primera vez por el diario The Guardian, en la que la presidenta interina de Venezuela relata cómo ella, Diosdado Cabello y su hermano Jorge Rodríguez fueron presionados para aceptar las exigencias de Washington bajo amenaza de ejecución.
La escena ocurre en un encuentro de casi dos horas, realizado siete días después del ataque estadounidense del 3 de enero. En el audio, Rodríguez interviene durante seis minutos por altavoz mientras el entonces ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, sostiene el teléfono frente a un grupo de personas influyentes cercanas al régimen. Antes de cederle la palabra, Ñáñez pide frenar rumores y ataques contra la nueva jefa del poder político, a quien describe como “la única garantía” para recuperar a Maduro y a Cilia Flores, y al mismo tiempo reorganizar las fuerzas internas del chavismo.
Rodríguez, exvicepresidenta y hoy cabeza visible del régimen tras la captura de Maduro, admite que asumir el mando en ese contexto le resultó doloroso, pero sostiene que no tuvo alternativa. Según su versión, las amenazas comenzaron “desde el primer minuto” del operativo. Incluso asegura que, en un inicio, los militares estadounidenses les dijeron que Maduro y su esposa habían sido asesinados, no detenidos. Frente a eso, ella, su hermano y Cabello respondieron que estaban dispuestos a correr la misma suerte.
La dirigente explica que aceptó negociar porque el chantaje era permanente y porque había tres objetivos innegociables: preservar la paz, recuperar a los “rehenes” y conservar el poder político. En su intervención, deja claro que su prioridad no fue una transición democrática sino evitar el colapso total del proyecto chavista. “Lo único que pido es unidad”, repite, en un llamado a cerrar filas para impedir que el movimiento se fracture desde dentro y para evitar que sus dirigentes sean vistos como traidores.
La grabación, reportada inicialmente por el colectivo periodístico La Hora de Venezuela y retomada luego por The Guardian, ofrece una mirada inusual al funcionamiento interno del régimen en un momento de máxima fragilidad. También deja ver el nerviosismo por las versiones de contactos previos entre miembros del gabinete y enviados de Estados Unidos antes del ataque, y el temor de que esa historia debilite la legitimidad del liderazgo actual.
Aunque Rodríguez no ha vuelto a repetir públicamente la acusación de que Washington amenazó con asesinarlos, sí ha moderado su discurso. Esta semana afirmó que existe un proceso de diálogo con Estados Unidos, “sin ningún temor”, para tramitar diferencias por la vía diplomática, y funcionarios en Washington confirmaron que pronto visitaría la capital estadounidense. Desde la captura de Maduro, su estrategia ha sido caminar en una cuerda floja: mostrar firmeza ante la militancia chavista mientras envía señales de cooperación a la administración de Donald Trump, que incluso la ha elogiado por acatar sus exigencias.
En contexto: Donald Trump invita a Delcy Rodríguez a la Casa Blanca en fecha por definirse: “Nada ha sido agendado”
Durante la reunión, Ñáñez alertó a los influenciadores sobre los “puristas” que acusarán al régimen de estar entregando la revolución. También defendió que el control estadounidense sobre el petróleo venezolano no era una derrota, sino parte de un plan que, según él, Maduro había contemplado desde antes. “No es una concesión”, afirmó, sino una estrategia histórica de comercialización.
La dirigente explica que aceptó negociar porque el chantaje era permanente y porque había tres objetivos innegociables: preservar la paz, recuperar a los “rehenes” y conservar el poder político. En su intervención, deja claro que su prioridad no fue una transición democrática sino evitar el colapso total del proyecto chavista. “Lo único que pido es unidad”, repite, en un llamado a cerrar filas para impedir que el movimiento se fracture desde dentro y para evitar que sus dirigentes sean vistos como traidores.
La grabación, reportada inicialmente por el colectivo periodístico La Hora de Venezuela y retomada luego por The Guardian, ofrece una mirada inusual al funcionamiento interno del régimen en un momento de máxima fragilidad. También deja ver el nerviosismo por las versiones de contactos previos entre miembros del gabinete y enviados de Estados Unidos antes del ataque, y el temor de que esa historia debilite la legitimidad del liderazgo actual.
Aunque Rodríguez no ha vuelto a repetir públicamente la acusación de que Washington amenazó con asesinarlos, sí ha moderado su discurso. Esta semana afirmó que existe un proceso de diálogo con Estados Unidos, “sin ningún temor”, para tramitar diferencias por la vía diplomática, y funcionarios en Washington confirmaron que pronto visitaría la capital estadounidense. Desde la captura de Maduro, su estrategia ha sido caminar en una cuerda floja: mostrar firmeza ante la militancia chavista mientras envía señales de cooperación a la administración de Donald Trump, que incluso la ha elogiado por acatar sus exigencias.
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Durante la reunión, Ñáñez alertó a los influenciadores sobre los “puristas” que acusarán al régimen de estar entregando la revolución. También defendió que el control estadounidense sobre el petróleo venezolano no era una derrota, sino parte de un plan que, según él, Maduro había contemplado desde antes. “No es una concesión”, afirmó, sino una estrategia histórica de comercialización.
La contradicción es evidente: mientras el discurso oficial en redes sociales y canales de Telegram mantiene un tono agresivo contra Estados Unidos, en la práctica el gobierno cumple las exigencias de Trump.
Días después de que se filtrara el video, Ñáñez fue trasladado al Ministerio de Medio Ambiente en una reorganización del gabinete. Su reemplazo, el escritor Miguel Ángel Pérez Pirela, creó casi de inmediato una cuenta en redes sociales para “defender la verdad sobre Venezuela frente a las noticias falsas”, otro indicio de que el control de la narrativa sigue siendo una prioridad central del poder.
La contradicción es evidente: mientras el discurso oficial en redes sociales y canales de Telegram mantiene un tono agresivo contra Estados Unidos, en la práctica el gobierno cumple las exigencias de Trump.
Días después de que se filtrara el video, Ñáñez fue trasladado al Ministerio de Medio Ambiente en una reorganización del gabinete. Su reemplazo, el escritor Miguel Ángel Pérez Pirela, creó casi de inmediato una cuenta en redes sociales para “defender la verdad sobre Venezuela frente a las noticias falsas”, otro indicio de que el control de la narrativa sigue siendo una prioridad central del poder.
A pesar de la ausencia de Maduro y del acercamiento abierto a Washington, el régimen conserva sus rasgos esenciales: represión, cientos de presos políticos todavía y ausencia de un calendario electoral.
A pesar de la ausencia de Maduro y del acercamiento abierto a Washington, el régimen conserva sus rasgos esenciales: represión, cientos de presos políticos todavía y ausencia de un calendario electoral.