El último informe de Freedom House, una organización que mide de 1 a 100 qué tanta libertad tienen los países, determinó que durante 2016 un total de 67 naciones sufrieron reducciones de derechos políticos y libertades civiles, en comparación con 36 países que registraron aumentos.
De hecho, la organización notó un descenso en su indicador: mientras en 2006 el 47 % de los países del mundo podían considerarse libres, una década después fueron un 45 %, mientras los no libres pasaron de ser el 23 %, a 25 % el año pasado. En el medio se mantuvieron los parcialmente libres (30 %).
Lo curioso, escribió Arch Puddington, investigador de Freedom House, es que aunque en los últimos años las reducciones de la libertad se concentraban en general entre las autocracias y las dictaduras, en 2016 fueron las democracias establecidas las que dominaron la lista de países que sufrieron contratiempos.
“Las fuerzas políticas populistas y nacionalistas (como la de Donald Trump o la que llevó al triunfo del Brexit en el Reino Unido) realizaron avances extraordinarios en los Estados democráticos, mientras que los poderes autoritarios protagonizaron actos desvergonzados de agresión, así como atrocidades que quedaron sin respuesta en zonas de guerra a lo largo de dos continentes”, lo que arrojó dudas sobre la fortaleza de las alianzas que dieron forma a las instituciones de la democracia.
En medio de estas condiciones es que intentan expresarse los blogueros (ver personajes). De acuerdo con Alexandra El Khazen, representante de Reporteros sin Fronteras en Medio Oriente, su región es la más difícil del mundo para la libertad de expresión, con regímenes represivos y autoritarios que controlan la información para mantener el poder y proteger su imagen.
En esa medida, dice, internet se ha convertido en el único espacio en el que circulan informaciones y opiniones, ya sea a través de blogs o utilizando medios sociales, aunque con grandes riesgos para los periodistas ciudadanos, quienes son susceptibles de delito cibernético, arresto y juicio bajo las leyes de terrorismo.
“Los blogueros pueden ser demandados y acusados de difamación, de insultar al estado, blasfemar o publicar información falsa con el objetivo de dañar la reputación del país, todo esto de acuerdo con las leyes de cibercrimen. Pueden ser detenidos y sentenciados por una opinión expresada en sus blogs o en un tweet o un post de Facebook”, alerta El Khazen, y añade que recientemente, más de un centenar de sitios web fueron bloqueados en Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos por mostrar rechazo al bloque que estos países emprenden contra Catar, al que acusan de auspiciar terrorismo.
Pero la situación no es exclusiva del Medio Oriente. Según Artur Romeu, vocero de Reporteros sin Fronteras para América Latina, en China hay al menos 82 periodistas ciudadanos encarcelados y nuestra región no escapa de la censura: en 2015, en Brasil, fue brutalmente asesinado el bloguero Evany José Metzker.
Y es que “los blogueros actúan frecuentemente solos, sin ningún tipo de apoyo o seguridad. Eso significa que están más vulnerables a todos los tipos de presiones”, explica el vocero, para quien no cabe duda que el pluralismo de voces en el escenario mediático es un factor determinante para la plena realización del derecho a la libertad de expresión, y los blogueros son actores fundamentales en ese ejercicio, sobre todo cuando en algunas regiones “los blogs son la única posibilidad de encontrar información independiente o crítica, sea por la autocensura o desinterés de los grandes medios sobre algún tema o región, o sea por la censura directa del Estado”.
A esa percepción se suma Justin Shilad, investigador del Comité de Protección a Periodistas (CPJ). Según dice, aunque los blogs no son una manera “infalible” de eludir la censura, “proporcionan una salida para los periodistas que de otra manera no podrían publicarse”. Además, añade, muchos gobiernos, particularmente en Medio Oriente, son cada vez más proclives a cerrar o bloquear contenidos de estas plataformas que afectan la línea oficial. Las estrategias varían: cierre del blog, condenas sociales, multas o encarcelamientos a los autores.
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