La decisión del Gobierno español de cerrar su espacio aéreo a vuelos estadounidenses vinculados con la guerra contra Irán volvió a elevar la tensión entre Madrid y Washington, en un momento en que la relación entre ambos gobiernos ya venía marcada por choques diplomáticos y diferencias de fondo sobre Medio Oriente.
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La nueva medida se suma a la negativa previa del Ejecutivo de Pedro Sánchez de permitir el uso de bases militares españolas para operaciones relacionadas con el conflicto, consolidando así una postura de rechazo frente a una guerra que, según ha reiterado el Gobierno, se aleja de los principios del derecho internacional.
Las autoridades españolas aclararon que la restricción no afecta a los vuelos comerciales. Sin embargo, según la agencia EFE y el diario El País, España tampoco está permitiendo el uso de las bases aéreas de Rota y Morón por parte de aviones estadounidenses, ni autoriza a aeronaves destacadas en otros países europeos a utilizar el espacio aéreo español si están vinculadas con la ofensiva.
La decisión profundiza un distanciamiento que se ha hecho más visible en el último mes. El Gobierno de Pedro Sánchez ya había expresado su rechazo a las acciones militares de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente, una postura que ha generado malestar en la Casa Blanca y críticas desde sectores de la oposición española, especialmente del Partido Popular y Vox.
Ante la posibilidad de que el cierre del espacio aéreo tenga repercusiones en la relación bilateral, el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, defendió la medida como parte de la posición del Gobierno de no involucrarse ni contribuir a una guerra que considera iniciada de manera “unilateral” y al margen de la legalidad internacional. Al mismo tiempo, sostuvo que las empresas españolas continúan operando en las mismas condiciones que otras compañías europeas en Estados Unidos y aseguró que el objetivo del Ejecutivo sigue siendo mejorar las relaciones entre ambos países.
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En medio de esta tensión, Cuerpo también anunció la apertura de dos nuevas oficinas económicas en Boston y Houston, con el objetivo de apoyar a las empresas españolas que buscan establecerse en territorio estadounidense “de manera efectiva y exitosa”.
La posición de España frente a este nuevo conflicto se suma a otros desacuerdos recientes con Washington. El Gobierno de Sánchez también se ha pronunciado en contra del asedio a la Franja de Gaza y en 2025 reconoció oficialmente al Estado palestino junto con Irlanda y Noruega, una decisión que marcó distancia frente a otras potencias occidentales.
La tensión escaló aún más hace cerca de un mes, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con cortar las relaciones comerciales con España tras la negativa del Gobierno español a permitir el uso de bases militares estadounidenses en su territorio. Trump aseguró que España había sido “terrible” y afirmó que había ordenado a su equipo económico “cortar todos los tratos” con el país, dejando incluso abierta la posibilidad de imponer un embargo total.
Además, el mandatario republicano criticó la posición de España dentro de la OTAN, al señalar que Madrid no cumple con el objetivo de destinar el 5% del PIB a defensa, una exigencia reiterada por Washington y a la que el Gobierno español se ha opuesto en varias ocasiones.