Los pesos pesados del Partido Comunista chino están concentrados desde ayer y hasta el jueves en el hotel Jingxi de Pekín, también llamado casa para huéspedes militares. Lo que allí decidan, a puerta cerrada, definirá el futuro próximo para ese gobierno, e incluso dará los primeros fichajes sobre quien sucederá al presidente Xi Jinping en 2022.
La figura e importancia de ese cónclave, que cada año reúne a los 370 miembros del Comité Central del partido, es difícil de traducir en las democracias occidentales. No obstante, según dice el internacionalista de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo, en países con partidos comunistas, se trata del hecho político del año, donde se dan las directrices ideológicas y se traza la renovación, necesaria para el gigante asiático.
Según dice, dos antecedentes claman por el cambio. El primero, las acusaciones de corrupción en el Gobierno de Xi, que completaron el millón entre 2013 y 2016 y que empañan su labor y que demuestran que, pese a lo solidez que quiere proyectar el PCCH, siglas del partido, cada vez es más evidente la existencia, tras bambalinas, de una lucha de opositores por el poder del presidente.
Y es que a mediados de septiembre, una carta firmada por “171 miembros leales del Partido Comunista de China” fue publicada en internet para pedir la destitución del presidente chino, menos de un mes después de que circulara una primera misiva que pedía su dimisión y que desató una oleada de detenciones en el país asiático.
De hecho, Jaramillo cuenta que China ha entendido la urgencia de un proceso de descentralización y de dar visibilidad a las autoridades regionales, de las que se especula disidencia, e incluso de adeptos del expresidente Hu Jintao (2003-2013).
El segundo punto que llama por el cambio, de acuerdo con el internacionalista, es una posible desaceleración económica de China y la posibilidad de que India pueda sobrepasar al país en indicadores.
Ya en la víspera del inicio de la cumbre de los líderes del G20, en septiembre, Xi fue enfático en que “el modelo económico de China ya no es sostenible”, por lo que se necesita asegurar una economía global “abierta e inclusiva”. El líder apuntó en el encuentro que es un hecho que el aislamiento no ayudará a ningún país a salir de la crisis, por lo que insistió en seguir en la senda de la apertura.
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