Con más imágenes que cifras y palabras, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), publicó en su página web un reportaje que llama la atención sobre las que, en su concepto, son las mayores víctimas de los desplazamientos que se vienen registrando en Europa: los niños.
Su título tiene el tono de una alerta mundial: “Infancia perdida”, pues afirma la Unicef que las migraciones por Europa son rudas para los más pequeños, que en su mayoría huyen de su hogar con muy poco consuelo. “Conforme atraviesan las fronteras, los niños renuncian a su derecho a vivir una infancia. Todos pierden algo cuando abandonan su hogar: amigos, familia y estabilidad. Además de contar con lugares seguros, los niños necesitan aprender y jugar”.
Justo los juguetes, el bien más preciado y a veces el único que tienen estos niños, son destacados por la Unicef como símbolos de su tragedia, pero también de sus nuevos sueños.
Así, un león de peluche, pisoteado, empolvado y abandonado a la orilla de un camino de la ciudad fronteriza de Gevgelija, antigua República Yugoslava de Macedonia, y por el que pasan refugiados procedentes de Grecia, es para la Unicef una metáfora de los consuelos infantiles que también quedan atrás para los pequeños refugiados.
Sozdar, una pequeña de 6 años, fue más afortunada y logró salvar en su huida de Siria un peluche, un bien tan valioso para ella, como para los adultos lo son el dinero, la ropa y sus documentos.
Un oso rosado, en buen estado, pero abandonado en una vía de la antigua República Yugoslava de Macedonia, al igual que un cerdito de peluche que parece ahogarse en un charco, evocan a quienes no sobreviven a estos inciertos viajes. “Algunos quedan atrás, olvidados en medio del pánico de los refugiados que se agolpan para llegar a la siguiente frontera”. La Unicef habla de los juguetes, pero también, indirectamente, de quienes eran sus dueños.
Hay peluches que se convierten en sustitutos de los amigos que se quedaron atrás. Hay juguetes nuevos que organismos como la Unicef entregan a los niños, a sabiendas de que no reemplazan el entorno que aquellos perdieron, pero que sí “pueden ayudarlos a aliviar parte del estrés emocional que padecen durante las crisis”. Y hay, también, juguetes abandonados, en un centro de acogida de Opatovac, en Croacia, que los residentes locales les dejaron a los niños refugiados recién llegados, para que les den un poco de esperanza.
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