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Unicornios tecnológicos ya empiezan a ser leyenda

A estas empresas de la “economía Zombie” ya no les llegarán tantos pretendientes y los inversores se inclinarán por las startup conocidas como cebras y camellos.

  • A pesar de su alta valoración, Rappi y la mayoría de los unicornios no generan utilidades en sus primeros años. FOTO: ARCHIVO.
    A pesar de su alta valoración, Rappi y la mayoría de los unicornios no generan utilidades en sus primeros años. FOTO: ARCHIVO.
04 de febrero de 2023
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Lo que algunos consideran una burbuja inversionista estaría por estallar y los unicornios digitales —igual que el mítico animal que los identifica— se pueden convertir en algo inalcanzable.

La economía global está pasando por un periodo de estrés y la circulación del dinero es más lenta. Por ende, los inversores estarían cambiando sus preferencias a la hora de elegir en qué proyectos se van a montar.

Los unicornios necesitan “quemar plata” para mantenerse operando. Y en sus primeros años, no son autosostenibles financieramente. De ahí que su enfoque en la manera de fondearse estaría condenado a la extinción.

¿Cómo funcionan?

Rappi fue el primero de los dos unicornios digitales que hay en Colombia (el otro es la proptech Habi), que alcanzó una valoración superior a los US$1.000 millones en 2018.

Ahora bien, el inversionista Felipe Restrepo explicó que los unicornios son conocidos en la jerga financiera como empresas de la “economía zombie”, toda vez que buscan ganarse el mercado con rapidez y necesitan inyecciones contantes de capital para sobrevivir.

En consecuencia, la mayoría no han alcanzado el punto de equilibrio financiero y su riesgo de mortalidad es más grande si merman los inversores dispuestos a desembolsar la plata que necesitan para seguir funcionando.

Según la Superintendencia de Sociedades, en 2021, Rappi tuvo ingresos por $284.489 millones y pérdidas por $243.468 millones, una muestra de ese ejercicio que sacrifica la rentabilidad presente por el dominio futuro de su mercado.

Precisamente, Restrepo señaló que esas empresas alcanzan una elevada valoración porque son una promesa de utilidad futura. O sea, una vez alcancen la posición de mercado a la que aspiran, las ganancias serán jugosas, pero la contraprestación es ese tiempo de espera en el que cualquier cosa puede pasar.

Ya detectaron la falla

El fundador de una startup habló con EL COLOMBIANO y compartió un panorama de lo que, según su propia vivencia, está ocurriendo allá afuera.

Según contó, los inversores están optando por poner capital en empresas que puedan dar utilidades desde etapas muy tempranas y que demuestren tener sus costos de operación muy controlados.

Esto a raíz de la experiencia que les han dejado las apuestas en emprendimientos que querían tomarse el mercado a costa de sacrificar la disciplina financiera y después fracasaron.

Una de las fallas detectadas en estas compañías, de acuerdo con el empresario, consistía en la venta de sus productos mucho más baratos para acaparar consumidores, aunque eso implicara incurrir en pérdidas.

“Tu tienes una startup que vende mercados y le compra al proveedor a $1, pero la logística sube el costo del producto a $1,5. Y aun así, lo venden a a $0,9. Cuando la empresa subsidia el valor faltante, es ahí donde se ha desperdiciado tanto capital y al final los inversores ven que llega un punto en el que la plata no alcanza y que eliminar a la competencia no es tan fácil”.

Uno de los casos más sonados en este sector es el de Muni, una empresa de base tecnológica enfocada en el social commerce, muy parecido a las ventas por catálogo que hacen Novaventa o Avon, pero incluyendo frutas y verduras.

Tuvo fondeo de Simón Borrero y Felipe Villamarín, ambos cofundadores de Rappi. Además, llegó a ser incluida en la lista Forbes del Top 100 de las startups colombianas por tres años consecutivos (2020, 2021 y 2022). Luego de haber levantado US$27 millones, cerró sus operaciones el año pasado.

Según expertos del sector, Muni quiso atraer clientes de estratos 2, 3 y 4 que no tenían hábitos de consumo digitales y ofrecía precios más bajos para desplazar a los competidores tradicionales, pero se enfrentó a otras barreras como los altos costos logísticos y productos a precios que no compensaban su costo.

Los expertos consultados coincidieron en que muchas empresas de base tecnológica se crearon durante la crisis provocada por la pandemia en 2020, cuando las tasas de interés en todo el mundo estaban muy bajas y conseguir financiamiento era relativamente fácil. Pero, el escenario se invirtió y ahora el costo de los préstamos es más alto. Además hay riesgo de recesión global y los inversores ya no quieren arriesgarse.

Y Combinator, una aceleradora internacional de emprendimientos tecnológicos, ya había advertido que se avecinaría una sequía financiera para el sector y solo podrían sobrevivir aquellos que tuvieran una operación rentable.

Cebras y camellos

“La economía es de ciclos, sube y baja, pero los fondos de inversión comprendieron que las crisis pueden llegar antes de que los unicornios retornen los millones que ponen en ellos. Por eso, muy probablemente, se avecina la época de las cebras y los camellos (ver Para Saber Más). Habrá una purga necesaria para que termine la burbuja”, comentó otro emprendedor.

Para Iván Darío Castaño, director de Ruta N, el exceso de liquidez que había en 2020 solo postergó lo que iba a ocurrir este año: los fondos e inversores exigirán modelos de negocio más claros y rentables.

“Por eso nosotros desde el laboratorio de innovación orientamos a los emprendedores para que hagan una validación rápida de mercado (quién está dispuesto a comprarles su producto), queremos prepararlos para este escenario de alta incertidumbre”, puntualizó.

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