Por primera vez en lo que va de este siglo, Estados Unidos se prepara para vender dólares y comprar yenes japoneses. La señal para esto es la Reserva Federal de Nueva York, que ya realizó los llamados controles de tasas, el paso técnico previo a una intervención monetaria directa.
En la práctica, esto implica que la Fed podría crear dólares, venderlos en el mercado y usar esos recursos para comprar yenes.
El efecto es doble, es decir, debilita al dólar y aumenta la liquidez global. Históricamente, cuando el dólar se debilita de forma intencional, los precios de los activos tienden a subir.
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Yen débil, bonos en máximos y presión sobre Japón
Japón llega a este punto bajo una tensión inusual. El yen lleva años debilitándose, los rendimientos de los bonos japoneses están en máximos de varias décadas y el Banco de Japón mantiene una postura restrictiva (hawkish).
Lo llamativo es la anomalía financiera porque, normalmente, cuando suben los rendimientos, la moneda se fortalece. En Japón ocurre lo contrario. Para los mercados, esa divergencia es una señal de que algo se está rompiendo en la economía japonesa y de que el pesimismo inversor va en aumento.
En ese orden, según los analistas, un Japón débil no es un problema local. Es un riesgo sistémico para la economía global.
Japón ha intentado defender su moneda en solitario en varias ocasiones, sin éxito. Fracasó en 2022 y volvió a fallar en 2024. Incluso la intervención de julio de 2024 solo tuvo efectos temporales.
En cambio, cuando Japón y Estados Unidos actúan de forma coordinada, el resultado es otro. En 1998, durante la Crisis Financiera Asiática, las intervenciones individuales no funcionaron, pero con la entrada de Estados Unidos el yen logró estabilizarse.
Y el ejemplo más relevante fue el Acuerdo del Plaza de 1985, una acción coordinada que depreció el dólar cerca de 50% en dos años. En ese momento, el dólar se debilitó, mientras el oro, las materias primas y los mercados no estadounidenses se dispararon.
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La Fed de Nueva York enciende las alarmas del mercado
Nau Bernues, asesor financiero y CEO de Quaestus WM, lo resume así: “Este probablemente sea el evento macroeconómico más importante de la semana y casi nadie le está prestando atención”.
Bernues subraya que no se trata de aranceles, ni del oro y la plata en máximos históricos. El punto central es que, por primera vez en más de una década, la Reserva Federal de Nueva York está señalizando abiertamente una posible intervención en el yen japonés.
Los rendimientos de los bonos japoneses siguen subiendo a niveles extremos, el Banco de Japón mantiene un sesgo restrictivo y el yen no deja de caer. Para Bernues, esa combinación indica que los inversores están cada vez más pesimistas sobre Japón y que los policy makers (responsable de política económica) estadounidenses finalmente están tomando el riesgo en serio.
La firma Global Markets confirma que Estados Unidos y Japón podrían estar coordinando una intervención monetaria por primera vez en 15 años.
El dólar estadounidense ya cayó por tercer día consecutivo hasta su nivel más bajo desde septiembre, en medio de estas especulaciones.
El yen, por su parte, subió cerca de 1% hasta la zona de 154 por dólar, su nivel más alto en dos meses. “Los controles de tasas realizados por autoridades estadounidenses y japonesas refuerzan la lectura de una preparación coordinada para intervenir directamente en el mercado”, se lee en el reporte de Global Markets.
Estados Unidos no participa en una intervención conjunta sobre el yen desde marzo de 2011, cuando vendió moneda japonesa tras el terremoto de Fukushima.
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Japón avala la intervención si frena movimientos bruscos
La expectativa de acción oficial ya golpea al billete verde. El dólar cayó frente al euro, la libra esterlina, el won surcoreano y el dólar de Singapur.
Para Global Markets, una coordinación de políticas implicaría tolerar condiciones globales más flexibles para el dólar, reforzando aún más su debilitamiento.
Desde Tokio, el mensaje es prudente, pero claro. Yoshinobu Tsutsui, jefe del mayor lobby empresarial japonés, Keidanren, afirmó que una intervención estaría justificada si apunta a detener los movimientos rápidos del yen.
“Damos la bienvenida a que los efectos negativos de la excesiva debilidad del yen se hayan frenado hasta cierto punto”, dijo Tsutsui tras el repunte de la moneda japonesa, luego de que la Fed de Nueva York realizara los controles de tasas.
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