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Nosotros, los distintos: Spider-man: a través del spider-verso, de Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson

12 de junio de 2023
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¿Quién nos iba a decir que la película de superhéroes que vendría a rescatar al subgénero de la superficialidad y la pirotecnia que lo ha venido convirtiendo en una mera atracción de parque de diversiones iba a ser animada? Bueno, los que vimos la primera parte hace cinco años, lo sospechábamos, porque aquella presentación de Miles Morales ya había sido bastante ambiciosa en sus alcances estéticos; pero esta nueva entrega, que nos lleva a explorar más profundamente ese spider-verso (no se asusten por los términos) que allí se insinuaba, no sólo combina estilos de animación, líneas de ilustración y posibilidades casi infinitas y cómicas (hay un Spider-tiranosaurio en alguna parte) sino que realmente se acerca a la profundidad emocional que los mejores números del cómic del personaje han logrado.

Porque si el éxito inicial de Spider-man se basó en la identificación que generó en los adolescentes y jóvenes de los sesenta, con sus preguntas constantes acerca de su futuro y de si en realidad estaban preparados para la adultez (aquello de “grandes poderes vienen con grandes responsabilidades” resumía la encrucijada de ese paso de estudiantes a empleados), en esta película la inquietud se multiplica a preocupaciones de los jóvenes adultos de nuestros tiempos: ahí tenemos a la Mujer Araña que está embarazada (hablando de encrucijadas vitales) o al Peter Parker que es papá primerizo y se pregunta si está siendo un buen modelo de crianza; al Spider-punk que se quiere rebelar contra las fuerzas opresoras de la humanidad, sean éstas corporaciones, gobiernos o gremios arácnidos, o la pregunta por su identidad racial y cultural del mismo Miles, que lo confunde tanto como el amor.

¿Quién nos iba a decir que iba a ser una película animada de superhéroes la que demostraría que se puede hacer gran entretenimiento sin necesidad de subestimar al público con obviedades? Y desde la primera escena, en la que se presenta a un Buitre que viene de un universo donde todo parece un dibujo de Leonardo da Vinci sin que a nadie le parezca que tiene que explicar la situación. Hasta oponiéndose a esa idea de que los adolescentes sólo quieren mensajes tipo tik-tok con largas escenas de diálogos (incluidos esos monólogos que son marca registrada del personaje) que demuestran ser necesarias para explorar el alma de los personajes. Porque aquí, paradojas cinéfilas, los personajes tienen emociones más complejas que en casi todas las películas de superhéroes con actores reales. Si hasta el villano de turno, ese ser que igual que la mayoría de nosotros, tiene un hueco en su espíritu que no sabe cómo llenar, parece decirnos con su existencia que no estamos solos; que nosotros, igual que esos seres transformados por la picadura de una araña en el spider-verso, somos iguales en la diferencia, en esa terrible angustia de fingir que sabemos lo que hacemos, como cualquier muchacho que se pregunta por su futuro mirando a lo lejos, mientras el mundo se pone de cabeza detrás de él.

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