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Cuando los conductores abrían carretera y atendían partos

  • Cuando los conductores abrían carretera y atendían partos
Por Manuela Rodríguez Muñoz | Publicado el 22 de agosto de 2017

#SeBuscaAFrancisco

Nombre: Francisco Bustamante Loaiza.

Edad: 92 años.

Pasión: Leer, escuchar música colombiana y resolver crucigramas.

Una Frase: “Me tocó trabajar muy fuerte para criar 11 hijos, pero Dios me dio salud y con qué trabajar, y el punto preciso para que me fuera muy bien trabajando”.

Paquito, como le decían sus hermanas cuando era un niño, vive en una casa en el barrio El Trianón de Envigado, allí pasa los días junto a su esposa Teresa y su hija Irma, que vive en la casa de arriba. No le gusta que le digan Don Francisco, tampoco Pachito porque se siente “como si fuera nada. Llegamos a él por recomendación de su nieto, quien nos lo propuso por su trabajo como el primer transportador entre Sonsón y Argelia, pero al conversar con él, conocimos a un gran historiador de la cotidianidad vivida durante sus casi 93 años.

Y es que por más de dos décadas, Francisco condujo una camioneta y una escalera con las que transportó mercancía y personas de Sonsón hacia Nariño (Antioquia), en un principio, y luego hacia Argelia. Emilio su hermano, el fundador de Flota Sonsón, fue quien le mostró este mundo, y le dio una camioneta para transportar hacia Nariño, en principio hasta donde lo dejaba la carretera que no se había terminado de construir y estaba en muy mal estado, “tenía uno que bajarse con los pasajeros para que me ayudaran, yo a subir el gato, y ellos a meter piedras, para así sacar el carro, porque eran muy malas las carreteras”, recuerda Francisco de este trabajo que inició a mediados de los años 40.

Luego de un año con la camioneta, con su hermano Pedro, consiguió un bus escalera, que después de pagar siete mil pesos fue suyo. Con la escalera recorrió por varios años la ruta hacia Argelia, que al igual que Nariño, fue avanzando lentamente. De sus años como el primer conductor en esas rutas son muchas las experiencias que le quedaron, pero la que más recuerda es la vez que a sus oficios de zapatero y conductor le sumó el ser partero.

Argelia era un pueblo sin luz, sin puesto médico, y a los enfermos me tocaba transportarlos a Sonsón. Allá había una partera para los nacimientos, pero una tarde que bajé ella estaba en el campo y como a las ocho de la noche el inspector me dijo que debía irme con una señora que iba de parto a Sonsón, entonces me devolví con ella solo, porque ese día el ayudante no apareció. Pero en el camino, como a la hora, en un punto que se llama La Paloma empezó a quejarse, y yo paré el carro, pero ahí no había casas por ningún lado, y como yo ya había visto como nacían los niños vi que se le reventó la fuente, entonces ahí mismo le dije “no hay más remedio, yo voy a tener que atenderle el parto” entonces le organicé el carro, puse los cojines, la acosté, y bueno, salió el niño. Ella se había traído los auxilios para un parto, entonces yo saqué todo y la organicé, y saqué un poquito de agua del radiador para limpiarla por partes no muy delicadas”, recuerda Paquito, entre las risas de su esposa y de su hija.

Conozca aquí a otro Francisco: Pachito Muñoz, el hombre al que hipnotizaron con una flauta

Y como esta, son muchas las historias que tiene Francisco, un hombre al que sus años le han dejado miles de experiencias agradables y otras más dolorosas. Este hombre, el menor de 16 hijos, como él mismo lo dice ha enterrado a conocidos, a sus hermanos, sus padres y también a muchos de sus amigos.

Foto: Donaldo Zuluaga Velilla
Foto: Donaldo Zuluaga Velilla

Tiempos de calma

Hoy en día, Francisco Bustamante se despierta casi a diario entre las 3 y 4 de la mañana. En su cama, acompañado de su esposa, espera que sea la hora para rezar el rosario que presentan a las 6 a.m. por televisión y cuando termina se levanta y se baña. “Es lo primero que hago y ya después me siento a leer hasta que sea hora para a arreglar el desayuno” cuenta sentado en la sala de su casa.

Francisco pasa varias horas del día sentado en una silla que está justo entre el equipo de sonido y la ventana que da a la calle. Allí lee la prensa del día anterior, porque prefiere leer lo que ya pasó, resuelve los crucigramas y los sudokus y solo cierra el periódico para escuchar alguna canción que suena en la radio y que, como dice él, le da “en todo el tomate” (señalando su corazón).

A las cinco de la tarde empieza la “jugarreta” de parqués con su esposa, hasta las siete que se para a comer y a ver dos horas televisión, porque a las nueve de la noche llega su vecino don Rodrigo y su nieta Vanessa a jugar dominó hasta pasadas las 10 de la noche, para luego irse a dormir. Y así son todos sus días desde hace varios años en los que Francisco, por su avanzada edad y los peligros que hay en las calles, no puede salir solo de su casa. Sin embargo, su edad no es impedimento para adaptarse a la modernidad, por eso tiene celular y lo sabe manejar perfectamente.

Pero esta rutina no es nada parecida a sus días en Sonsón, el pueblo en el que nació y en el que después de no ser admitido en el ejército a sus 20 años, ejerció durante casi dos años el oficio de la zapatería que su hermano Antonio le enseñó, antes de convertirse en el primer transportador de Sonsón a Nariño y Argelia. De sus días de zapatero le queda haber conocido a Teresa, su actual esposa, con quien lleva más de 70 años de casado y levantó 11 hijos.

Lo que dicen de él:

Irma Bustamante: “es el mejor papá del mundo. Toda la vida ha sido muy responsable, muy trabajador, mire como le tocó de duro para que a nosotros nunca nos faltara nada y éramos muchos, uno detrás del otro, prácticamente uno cada 2 años”.

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#SeBuscaAFrancisco

Esta historia la encontramos a través de redes sociales y seguimos buscando más. Los lunes y los jueves publicaremos una historia de un Francisco que nos hayan recomendado conocer. ¡Postule a su Francisco en los comentarios o escríbanos a interaccionEC@elcolombiano.com.co!

Contexto de la Noticia

Manuela Rodríguez Muñoz

Soy una periodista en formación que ama profundamente el teatro.

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