G.I. Joe, de Stephen Sommers

La acción por la acción sin emoción

Por: Iñigo Montoya

Este personaje es el equivalente militar y para niños de la Barbie. Se han hecho de él películas, comics, video juegos, dibujos animados y, por supuesto, las figuras de juguete que se han vendido por millones. Es decir, se trata de una franquicia muy propicia para el cine actual, tan dado a echar mano de cualquier cosa que se pueda vender potenciada por la explosión de la imagen digital.

El resultado es una burda y predecible historia de patriotismo y heroísmo del imperio gringo y hollywoodense que poco puede entusiasmar al espectador exigente. Y es que se trata simplemente de la puesta en juego de todos los recursos técnicos y esquemas del cine de acción y de superhéroes, recopilados sin mucha originalidad en una cinta poblada de héroes sin carisma.

Ya la construcción de realidades fantásticas y el despliegue de efectos especiales no puede ser razón suficiente para considerar la calidad y espectacularidad incluso del cine de acción. Ésas son ya condiciones que deben tener todas las películas de ese tipo. Por eso es necesario que, adicionalmente, haya algo de seso y originalidad en la construcción de la historia y en la combinación de los elementos que componen el conocido esquema.

¿Qué pasó ayer?, de Todd Phillips

Ni tan tonta esta tonta comedia

Por: Iñigo Montoya

Algunas comedias tontas llegan a sorprender. Hace unos años Ashton Kutcher protagonizó una titulada ¿Dónde está mi carro?, una cinta que más tonta no podía ser, sin embargo, tenía algo de excedidamente absurda y descerebrada que alcanzaba a ser divertida en más momentos de los que uno quisiera aceptar.

Con este título (aunque el original es The Hangover), esta nueva película prefiguraba algo parecido. De hecho, se trata del mismo planteamiento argumental: luego de una noche desbocada de celebración, los protagonistas siguen las pistas, de lo que parece haber sido una catastrófica noche de la que no recuerdan nada, para recuperar algo perdido. En la de Kutcher era su carro y en ésta uno de los amigos, justo el que se casará en unas horas.

Todo empieza de forma natural, un chistecito flojo allí, otro de mal gusto allá. Hasta que aparece un tigre en el baño y luego un bebé en una alacena, el mismo que, minutos más tarde, parece masturbarse en el comedor del hotel cuando uno de los hombres que lo encontraron agita su manito obligándolo a hacer el ademán. Para este momento sabemos que si bien es una comedia tonta, no tiene impedimentos para con la censura y lo políticamente correcto. Es audaz, irreverente y no le importa traspasar líneas que el cine de Hollywood tiene como tabú.

Un par de escenas más adelante aparece la constatación de que no se trata de una película ordinaria. Pues allí, en toda su rubiedad, está Heather Graham, una actriz que ha demostrado ser inteligente en la selección de sus proyectos, la misma que aceptó desnudarse en una película llena de desconocidos sobre la industria del porno, pero que luego resultó ser la portentosa Boggie Noghts, de Paul Thomas Anderson. Y si esta actriz está aquí, la película no puede ser tan tonta.

Después se nos viene Mike Tyson parodiándose a sí mismo, y luego lo que siempre hay en La Vegas: mafia, prostitución, matrimonios precipitados, streap-tease, drogras, alcohol, violencia, problemas con la ley, y ese largo etcétera que todos los gringos dicen que no debe salir de la ciudad del pecado, la ciudad cuya oficina de turismo se inventó el slogan perfecto: Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Un principio universal que la doble moral y las reprimidas vidas de muchos de los norteamericanos han sabido cumplir.

Divertida, sin duda. Irreverente y políticamente incorrecta, que es lo más interesante y original. Una fábula moderna de la decadencia moral y cultural del imperio, pero también una salvaje arremetida contra el sistema y la vida alienada. Cine que tiene mucho de inteligente y no le teme a disfrazarse de tonto. Nada del otro mundo, pero tampoco poca cosa.

Sangriento San Valentín, de Patrick Lussier

Dos interesantes variantes del nuevo 3D

Por: Iñigo Montoya

Ésta es otra película más de asesinos en serie que matan uno a uno a adolescentes tontos o mujeres indefensas. Un gastado esquema que hemos vistos desde las sagas de Martes 13, Pesadilla sin fin y Halloween. Y para ajustar, no tiene nada de novedoso ni algún cambio significativo en su construcción, como para que siquiera los fanáticos de este tipo de cine la disfruten.

Sin embargo, la variante la tiene es por vía de la tecnología, pues se trata de una película en 3D, no la animación que sólo simula volumen, sino aquella que simula además profundidad. Ya en el último año se había visto este sistema con películas como Bolt, Coraline o La edad del hielo 3, pero se trataba de películas animadas a las que muy poco les interesaba explotar las posibilidades de efectismo con su público (seguramente porque más de un niño rompería en llanto cuando algo se saliera violentamente de la pantalla contra su blanda carita).

Esta película, en cambio, es para adultos y enmarcada en el género de horror, es decir, así como ocurrió en los años ochenta cuando hubo un nuevo apogeo de esta tecnología (cuyo uso comercial data de los años cincuenta), en esta cinta se aprovechan todas las posibilidades para causar un efecto adicional en el espectador, especialmente diseñando escenas y acciones para lanzarle objetos, entre más amenazantes o peligrosos mejor. Este efecto, sumado a los recursos propios del cine de horror, busca crear en el espectador una experiencia más intensa en la sala de cine.

Por otra parte, existe una gran diferencia entre ver películas en 3D animadas a verlas con espacios y personajes reales. Las animadas muchas veces se asemejan a un libro pop-up, de esos que se abren y se levantan los dibujos troquelados. Con imágenes reales captadas por una cámara –y no generadas por un computador- la sensación es completamente distinta. En realidad sí se trata de una nueva experiencia visual que se convierte por sí sola en la razón para ver esta película.

Seguramente llegarán más cintas con esta tecnología y lo más probable es que sean menos descerebradas (ya James Cameron está anunciando la cinta que romperá con todo lo conocido en esta área), pero de todas formas esta peliculilla de horror es pionera y la primera oportunidad que tenemos para tener una novedosa experiencia en el cine, ese arte y espectáculo que está siendo olvidado por muchos y que la industria quiere inyectarle algo de vida con la tecnología 3D.

Secretos del poder, de Kevin Macdonald

La política y el cuarto poder

Por: Íñigo Montoya

Cuando uno ve esta película es inevitable pensar en Los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), aquella mítica película donde Robert Redford y  Dustin Hoffman encarnan a la pareja de periodistas del Washington Post que destaparon el Watergate e hicieron dimitir a Richard Nixon. Una película sólida, un escándalo político sin precedentes y un buen ejemplo de investigación periodística y denuncia.

Esta nueva película, protagonizada por Russel Crowe y Ben Affleck, tiene todos esos ingredientes. Si bien su argumento parte de la ficción (está basada en una serie de la BBC del 2003), lo que plantea y denuncia no está muy alejado de la realidad. Se trata de una verdad que todos conocen y que ya Oliver Stone en JFK (1993) la ponía como el principal móvil para el asesinato del presidente Kennedy: el negocio de miles de millones de dólares que se mueve tras la industria armamentista, una de las tantas razones por las que Estados Unidos no ha parado de guerrear desde mediados del siglo pasado.

Kevin Macdonald plantea una historia envolvente y narrada con precisión, la cual, sin embargo, no consigue apasionar en ningún momento. Parece más una exposición fríamente calculada de los hechos y sus aristas, adobada con una serie de lugares comunes: el periodista talentoso, desarreglado e irreverente, la bella aprendiz, la editora con carácter recio pero al fin cómplice de los héroes de la imprenta y el blog, el político envuelto en un escándalo sexual, el asesinato que es la punta del iceberg de una gran conspiración, las forzadas secuencias de acción protagonizadas por el periodista que no tiene perfil para ello, y finalmente, los giros sorpresa para que todos queden sorprendidos y convencidos de lo fabulosa que es la película.

Será una película que seguramente le servirá a los profesores de periodismo para evadir la responsabilidad de dar clase, y tal vez algún estudiante despabilado logre inferir algunos principios de la investigación periodística y reflexionar sobre el estado actual del oficio. Pero sin duda será más provechoso que, en esas dos horas que le dedicará a esta cinta, lea un buen artículo sobre su profesión, o mejor, que se vea el clásico de Pakula, así aprenderá no sólo de periodismo, sino también de historia gringa y de cómo se hace una buena película sobre este ingrato oficio.

Harry Potter y el Prícipe Mestizo, de David Yates

Aventuras de magos adolescentes

Por: Íñigo Montoya

Confirmo con esta sexta entrega que para que a uno le guste la saga de Harry Potter es condición haber crecido con él, de lo contrario, sólo podrá ver en ella una predecible historia de fantasía, empaquetada en deslumbrantes efectos y sin fuerza alguna en sus conflictos ni originalidad en sus argumentos.

Todo en Harry Potter, y en especial en esta última, son promesas sin cumplir. Promesas de que algo horrible y peligroso pasará, pero siempre ha sido la amenaza de un nombre, Voldemort, que más bien poco hemos visto, y cuando lo vimos, no pareció tan amenazante ni malvado. En el Prícipe Mestizo sólo hacen gastar su nombre impronunciable de tanto pronunciarlo pero nunca se le ve, salvo cuando era un niñito que prometía ser malo.

Para ajustar, la nueva película se gasta casi todo su tiempo y argumento en jueguitos de adolescentes: “Si me quiere, no me quiere, si me quiere…” Los antagonistas de la película son opacados por otros conflictos a los que el relato pone más énfasis, conflictos que tienen que ver con quién besa o será novio de quién. Al final, un ridículo clímax donde, como siempre, todos hacen todo por Harry Potter, salvándolo en el último instante y los problemas se solucionan “como por arte de magia”.

No sé, ni pretendo averiguar, si lo libros son así de leves e inconsistentes narrativa y argumentalmente, pero el caso es que a un público adulto y a los espectadores inteligentes, esta saga, y en especial esta última entrega, les queda debiendo mucho, sobre todo en estos tiempos en que el cine infantil está llegando a unos grados de elaboración y complejidad impresionantes, al punto de poder satisfacer a grandes y chicos. Hay mucho más por decir de esta cinta, pero dejaré este texto en punta, justo como terminó la película, a la manera de una seriado semanal.

La propuesta, de Anne Fletcher

Matrimonio por conveniencia

Por: Iñigo Montoya

Rara vez una comedia romántica, y en general una película de género, podrá sorprenderlo a uno. Ésta no es la excepción. Se trata del esquema de siempre: chico encuentra chica, uno o ambos mienten u ocultan algo y al final terminan felices. Así mismo, el argumento es el de “matrimonio por conveniencia”, que ya tanto hemos visto antes y cuyo mejor ejemplo, y aún sin superar, es la película con ese título protagonizada por Gerard Depardieu y Andy McDowell.

Pero si bien se trata de una historia que poco sorprende, esto no es obstáculo para que, en general, termine siendo una película entretenida y divertida. Si lo general no es original –no siempre es necesario serlo-, son los detalles y la particularidad de las situaciones lo que hace de esta comedia romántica una historia con chispa e ingenio.

Sandra Bullock demuestra nuevamente su total entrega para hacer el ridículo, y aún así, verse bella y simpática, incluso sensual. Con esta película queda demostrada la naturaleza incombustible de las comedias románticas, eso claro, si sus realizadores saben mezclar bien sus ingredientes, como efectivamente ocurre en esta cinta.

Up, de Pete Docter, Bob Peterson

¿Qué tan alto se puede llegar?

Por: Iñigo Montoya

La última película de Pixar demuestra que si bien no siempre puede llevar más arriba sus propuestas, generalmente se mantiene a la altura de la ya lejana y fundacional Toy Story. Sin crear las historias pretenciosas o alejadas de lo que debería ser el cine infantil (Shrek 2 y 3), las de Pixar suelen ser cintas encantadoras, divertidas, sólidas y entrañables.

Todas esas cualidades se pueden ver en este nuevo filme, en el que sobresale la pericia para elaborar narraciones envolventes y precisas, así como un humor fresco e ingenioso que no tiene que recurrir al mal gusto o al doble sentido. Así mismo, sus personajes en pocos minutos ya se ganan la simpatía del espectador y consiguen ser construidos con una complejidad que parecería excesiva para una cinta infantil, pero que funciona perfectamente para ser entendidos por todos.

Visualmente la animación en 3D es ya poco lo que sorprende, y ahora cualquiera puede hacerla, por eso es que ya la competencia entre productoras y películas no es en la técnica sino en la habilidad para contar historias, transmitir sensaciones y construir universos. El plus lo pone la otra tercera dimensión, la que proporcionan las nuevas gafas con las que se consigue tal efecto y que, si bien cada vez es una experiencia más común, definitivamente hace una gran diferencia con aquellas películas (o teatros) que no cuentan con esta tecnología.

El último gran mago, de William Armstrong

La ilusión de una buena historia

Por: Iñigo Montoya

Una recreación de la vida del Gran Harry Houdini, el más grande ilusionista de su tiempo. Toda la historia se centra en la obsesión que este hombre tenía por comprobar científicamente la existencia de la vida después de la muerte, para lo cual reta a todo tipo de espiritistas, aunque con la secreta intención de desenmascararlos.

Hasta aquí resulta un planteamiento llamativo y con muchas posibilidades, sobre todo cuando una bella espiritista y su hija caen en gracia del gran escapista y empieza un juego entre el amor y el reto profesional que emociona e intriga aún más.

La suerte que tendrá la espiritista ante el reto de Houdini y la forma en que ambos deberán lidiar con la atracción que existe entre ellos, trae la ilusión de una emocionante e ingeniosa historia que sorprenderá y hasta algunas cosas significativas dirá. Pero unos minutos más y nada de eso pasa. Todo el relato se empantana en una ambigua relación entre los protagonistas que no lleva a nada.

Todo el encanto de una época (finales de los años veinte) y el misterio de una personalidad histórica de este calibre, prometen mucho en la primera media hora, pero luego languidece en un melodrama romántico sin fuerza alguna, para finalmente esfumarse cual truco de ilusionista principiante.

Ángeles y demonios, de Ron Howard

De best seller a carrera  de observaciones

Por: Iñigo Montoya

Otra película cuyo máximo valor es haber sido un libro vendido por millones, una razón que, la más de las veces, resulta ser más bien digna de desconfianza. Lo que es masivo, por lo general, está hecho de fórmulas probadas, esquemas y estereotipos, adosado con algo de sensacionalismo. ¿Y qué más sensacionalista que un complot en el seno del Vaticano o la muerte de un Papa, más aún si hay sospecha de asesinato?

Esta película es un thriller policiaco en el que la intriga, los crímenes y los espacios en que se desarrolla tienen el atractivo adicional de estar relacionados con la historia de la Iglesia Católica y todos sus secretos y leyendas, un suculento material para crear una historia policiaca y darle un contexto que la haga parecer muy sesuda y muy profunda.

Pero nada de eso. Apenas la superficie de esa historia, sus diálogos y causalidades, están construidos a partir de ese complejo material, pero el corazón de la historia, lo que le importa a su director, es contar un relato de intriga y misterio a partir de un esquema harto elemental y conocido: Un asesino que deja indicios de sus futuros crímenes y un investigador que siempre va un paso atrás y que sólo en el último momento consigue llegar a tiempo.

Por eso la dinámica dramática y narrativa es tan simple como el hecho de que después del primer crimen sigue el segundo y después el tercero, como una carrera de observaciones, mientras los héroes y espectadores recorren el camino ya trazado y conocido hacia el predecible final, donde siempre tratan de hacer un giro insólito, al que es fácil de adelantarse, simplemente es desechar las falsas pistas obvias y pensar en el menos pensado.

En definitiva, es una gran producción, llena de todo eso que bien sabe hacer Hollywood: persecuciones, explosiones y grandes efectos, creada para entretener y cautivar la atención mientras ocurren las cosas, pero al empezar los créditos finales, ya nada queda en el seso del pobre espectador, eso a pesar de la palabrería y referencias históricas con que se arropó este simple thriller de “Sigo las pistas que el asesino me dejó para capturarlo, y lo capturo.” 

X men los orígenes: Wolverine, de Gavin Hood

El arma X diseñada para los fans

Por: Iñigo Montoya 

Secuelas, precuelas, viruelas y triquiñuelas. La industria del cine no se cansa de exprimir una veta que le dio éxito y fortuna. Pocas sagas han hecho que realmente valga la pena su existencia, por el bien de su historia, sus personajes y sus creadores, pues muchas de ellas terminan por cansar al espectador que, cuando ve cada entrega, se siente como cuando sucumbe en la televisión a esas telenovelas a las que les alargan el final para mantener la caja registradora contando.

Guardadas las proporciones, algo así ocurre con la saga de los X-Men. Muy interesante la primera parte, realmente buena la segunda y ciertamente decepcionante la tercera. Ésta nueva entrega, que si bien llega de cuarta su historia sucede antes de lo que cuenta la primera (por eso se llama precuela), sin ser la gran cosa ni  otra cosa desastrosa, sólo viene a reciclar esquemas y fórmulas que ya bien conocemos de sus tres hermanas, y por eso, termina siendo más de lo mismo sin ningún plus que llame la atención.

Woverine aquí hace de chico rudo y solitario, justo y políticamente correcto. Por eso se parece más al estereotipo del héroe de acción que a la naturaleza ambigua e intrigante de todo X-Men. Y encima pasa lo predecible, con la chica, con su hermano, con el coronel que los manipula, en fin. Por eso se trata de una cinta que, para los que no son fans, sólo alcanza a ser entretenida y con la cuota necesaria de secuencias de acción y efectos especiales.