El fin de los tiempos, de M. Night Shyamalan

Ensayo de apocalipsis

Por: Oswaldo Osorio


El director de El sexto sentido vuelve con una historia con características similares a las de sus otros filmes, aunque sin el mismo impacto y efectismo, y esto es lo que muchos no le perdonan. Gracias a su gran sentido para el suspenso y su habilidad para contar historias, se le ha llamado el nuevo Hitchcock y el nuevo Spielberg, juntos, lo cual no es nada desdeñable si se tiene en cuenta que esta última es apenas su séptima película. Se trata de una cinta con muchas de las cualidades que han definido su obra, aunque menos vistosa y contundente. Aún así, es una pieza más de una de las carreras más interesantes del Hollywood reciente.

Sus historias son protagonizadas por seres comunes y corrientes y generalmente nobles; la presencia de niños y/o la inocencia, al tiempo que aumenta la tensión, suele ser la fuente de la solución del conflicto; además, son relatos cruzados por un gran misterio, en el cual se basa buena parte de la intriga y el suspenso; y por último, siempre hay una moraleja de fondo, una idea de tono humanista, a veces con tintes espirituales, que termina dándole el sabor final a lo que parecía un simple thriller de puro entretenimiento. A todas sus películas se les puede aplicar este esquema: Señales, El protegido, la aldea y La dama en el agua.

Continuar leyendo

Sex and the city, de Michael Patrick King

Monumento a la Banalidad y al mal cine

Uno de los momentos más emotivos de esta película es cuando la protagonista le regala a su asistente una cartera de marca. La música, los planos, los diálogos y las actuaciones,  dan cuanta de lo emocionalmente significativa que era la situación. Y así toda la película gira en torno a las posesiones materiales, más que al sexo, que poco de eso hay, o al amor, que estas cuatro mujeres escasamente saben qué es.

La célebre serie televisiva de HBO, que tuvo seis exitosas temporadas (1998 – 2004), en la pantalla grande no se ve ni célebre ni exitosa, es más bien un monumento a sí misma, a la superficialidad de sus protagonistas en particular y de las mujeres norteamericanas en general. Porque no es una cosa que tenga que ver con tener poder adquisitivo o no, pues a esa mujer que le regalaron la cartera, con su sueldo de aspirante a asistente alquilaba carteras de marca, lo cual de por sí ya es una monumental aberración.

Continuar leyendo

DIARIO DE ÍÑIGO

Junio 23 de 2008. La ciudad del cine de verano. Exterior. Día.

LA cartelera está hecha un asco, puro cine de vacaciones, el cine de verano gringo. Spielberg sigue ordeñando a Indiana Jones, Narnia es la peli fantástica diseñada para hipnotizar con crispetas y efectos especiales a los infantes y adultos infantilizados del mundo, mientras Sex and the City y el Agente 86 son la prueba de que Hollywood, cada vez más, tiene que recurrir a refritar lo que ya se ha quemado en la TV.

De todas formas, voy de mala gana al cine, aunque sea a ver al vejete de Harrison Ford hacer de duro y a la cara de caballo de Sara Jessica Parker (como le dijeron en Ed Wood) a dárselas de sexy. Yo sé que es pura basura de Hollywood. Pero me traiciona mi espíritu vagabundo y reciclador. Algo bueno puede salir de tal bazofia, suele suceder, porque de eso está lleno el cine de aquel vano imperio, de polvo de estrellas que se hace pantano o de basura que, bien mezclada, termina contribuyendo a esa mitología que tanto nos gusta y que nos pone a escribir diarios en blogs donde no nos pagan nada.

Muerte sí, tetas no

La torpe e irrespetuosa censura a la que el canal RCN sometió a sus dos películas de un sábado en la noche, es una prueba de dos de los tantos males de Colombia: la doble moral y la mala televisón.

 

 

Un país en donde, en los más o menos veinte noticieros diarios que emiten los distintos canales, es moneda corriente ver historias de asesinatos, masacres, secuestros y violaciones a menores, resulta absurdo cómo la censura parroquiana y de doble moral se empeña en no permitir imágenes relacionadas con el sexo, ya sea desde una teta, pasando por una mujer semidesnuda sobre una cama llena de dólares, hasta -mucho menos- un menage a trois con coito masculino de por medio.

La censura siempre ha existido en el cine y la televisión, pero como ocurrió en el Hollywood del Código Hays,  ésta llegó incluso a servir para aguzar el ingenio de los realizadores al decir y mostrar lo innombrable de las más estimulantes formas. Sin embargo, la censura que mutila la obra original es la de peor calaña, como cuando en la España franquista cambiaban los diálogos en el doblaje o cuando en Cinema paraíso el cura tocaba la campana para condenar al fuego purificador los fotogramas obscenos o lascivos.

Continuar leyendo

A través del universo, de Julie Taymor

Todo lo que necesitas es amor

Por Oswaldo Osorio 

Ésta es una película para los amantes de The Beatles, pero también para quienes se entusiasman por los idealismos y luchas de los años sesenta, así como para los que gustan de un cine colorido, apasionado y estimulante. No se trata tampoco de una obra maestra del lenguaje cinematográfico, de hecho, más bien es una pieza imperfecta en su elaboración, sobre todo en su guión y construcción de los personajes, pues tanto el uno como los otros están condicionados por las letras de la música del cuarteto de Liverpool. Pero es justamente esta música y la época que la produjo, la razón por la que un cinéfilo, más aún si es melómano, debería ver esta cinta.

 

Con esta descripción, por supuesto, se está hablando de un musical, pero uno realmente singular, porque está precedido por un mito casi tan grande y popular como el cine mismo, la banda más famosa de la historia del rock, tan famosa como Jesucristo, como alcanzaron a afirmar ellos mismos en su momento y, de paso, a escandalizar a susceptibles ciudadanos que corrieron a quemar sus discos.

Continuar leyendo

LOS FOTOGRAMAS HABLAN

Después de esta “estirada”, Ida Lowry (Katherine Helmond) quedará más joven que su hijo Sam, el atribulado y soñador protagonista de Brazil (1985), esa obra maestra de Terry Gilliam.

En la sociedad distópica y mounstruosa en que viven, en ese futuro-retro dominado por la burocracia y castigado por otras aberraciones sociales, tenía que haber una alusión al enfermizo culto al cuerpo, a la grotesca superficialidad de los que persiguen la juventud y la belleza eterna. Al final, un ataúd lleno de una colada de carne, víceras y huesos, que contiene lo que queda de otra mujer también sometida a constantes cirugías plásticas, parece ser el futuro que igualmente le espera a la vanidosa Ida Lowry.

I.M.

4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu

Los límites de la imagen

 
Por: Oswaldo Osorio

Nuestra cartelera de cine ciertamente es sensacionalista. Que una película gane el máximo galardón del cine mundial, la Palma de Oro del Festival de Cannes, no es condición suficiente para que llegue a los circuitos de exhibición del país. Esto es posible si, además del premio, es un filme rumano sobe el aborto y tratado de forma dura y casi descarnada. Podría decirse, entonces, que una película con un tema polémico, así como su tratamiento y perteneciente a una cinematografía exótica para nuestro medio, tiene más posibilidades de ser traída, como efectivamente ocurrió con ésta.

 

Esta introducción es más por el resentimiento con que, inevitablemente, se debe ver la caprichosa distribución de cine en Colombia, que por la falta de virtudes de la película  de Cristian Mungiu. Porque se trata sin duda de una cinta con una propuesta importante, sobre todo por la forma como plantea su tema y por lo que dice del contexto en que se desarrolla su historia. Aunque de hecho, no es una película fácil, incluso se puede antojar tediosa hasta para los espectadores cinéfilos. Seguramente el boca a boca, la más eficaz de la formas de promoción de un filme, no la beneficiará mucho.

Continuar leyendo

DIARIO DE ÍÑIGO

Junio 10 de 2008. La ciudad sin Cine Centro. Exterior. Día/noche.
LA ÚNICA forma de volver a entrar a Cine Centro es abjurando de mi ateísmo y volviéndome cristiano. Porque ese lugar donde tantas buenas películas pude ver, es ahora una iglesia cristiana, como ocurrió con el Odeón y el Capri. También pudo ser un teatro porno, pero sus dueños tuvieron que elegir entre dios y la carne. Aunque yo creo que en realidad fue una decisión por cuestiones prácticas más que morales. Porque si hay algo inmoral, es que se estén muriendo una a una las salas de cine del centro (como ocurrió con las de los barrios ya hace años y con los teatros Junín hace unos meses), pero en cambio estén aumentando las panaderías-lavanderías, los centros comerciales y las tiendas de “todo a mil”. Para ajustar, el último reducto de cine en el centro, las salas del Centro Colombo Americano, peligran en su reconocida calidad por la literal falta de seso de quienes ahora las regentan… Esto no parece un diario, sino un panfleto de denuncia, pero es que el tema calienta la sangre. La puedo enfriar con tres padrenuestros o tomándome una cerveza y viendo porno en internet… Abro la nevera y prendo el computador.

Meteoro, de Andy y Larry Wachowski

O el cine infantilizado

Por: Oswaldo Osorio

Hubo un tiempo en que el cine comercial, en Hollywood especialmente, era el que ahora consideramos como el cine clásico. Los grandes estudios y los directores con talento no diferenciaban mucho entre una película comercial y una con altas cualidades cinematográficas, aunque sí distinguían el cine para adultos del que era hecho pensando en los niños. Tal situación, probablemente desde los primeros éxitos de Lucas y Spielberg, ha cambiado radicalmente, y esta nueva película de los hermanos Wachowski es la mejor prueba de ello.

Los mismos realizadores que se atrevieron a darle un giro al cine negro haciendo que lo protagonizara una pareja de lesbianas (Bound, 1996) y que cambiaron el cine de acción reciente con la saga de Matrix, ahora crean un producto, que si bien parece tener esas mismas intenciones de llevar el cine a un nivel inédito en el aspecto visual y cinemático, en su argumento y concepción de fondo es una película que hunde aún más a la industria del cine en un desconcertante proceso de infantilización.

Continuar leyendo

DIARIO DE ÍÑIGO

Mayo 28 de 2008. La ciudad sin cine. Exterior. Noche.
NO hay cine para ver, porque esta ciudad no lo permite, lo tiene restringido a sólo dos o tres películas por semana, como si se tratara de un crimen, de un vicio que se debe limitar. Sólo admite una dosis personal semanal: una superproducción de Hollywood, un filmecito europeo semidecente y algún otro bodrio protagonizado por la estrella (sin aristas) de turno. Y el cine colombiano es como un poste de kilometraje en la carretera: lo vemos cada no sé cuántos kilómetros. Voy más bien a alquilar una película. Pero no cederé a la tentación de siempre, no dejaré que me irrite una vez más mi archi-enemiga: La chica de la video tienda. Fingiré indiferencia y, por dentro, sólo un ligero desprecio.