Innovaciones en Colombia: ¿somos realmente un Mercado Emergente?

¿Entendemos qué significa ser un Mercado Emergente?

Desde que se popularizó el término Tigres Asiáticos, la literatura especializada y la no especializada se han dedicado a la creación de categorías y siglas que pretenden sacar, al menos en el papel, a varias naciones del tercer mundo de su condición de subdesarrolladas. Es así como hoy hablamos de Mercados Emergentes y de los BRICS.

En los últimos años, el acrónimo CIVETS ha llenado de orgullo a los colombianos, ya que, según Robert Ward y el CEO de HSBC, Michael Geoghegan, éstas son economías emergentes que tendrían un gran dinamismo en los próximos años. Sin embargo, a pesar de la “popularización” mediática, hablar de tigres asiáticos en las décadas pasadas o de mercados emergentes en la actual, implica darle significado al mensaje que se desea transmitir. Estos son países que presentan cambios cuantitativos y cualitativos en sus estructuras productivas, lo que se traduce en un fortalecimiento de su capacidad para innovar, diversificar e internacionalizarse.

Sin embargo, en Colombia las noticias de consumo doméstico van en otra dirección. Las evidencias señalan serios problemas estructurales que presenta la formación del talento humano. Los bajos resultados de nuestros estudiantes en las pruebas PISA o las alarmas que prende el MEN sobre la calidad docente en escuelas y colegios, son una prueba de que una cosa es entusiasmarse con el auge de las exportaciones de hidrocarburos y otra muy diferente es asumir la condición de Mercado Emergente.

En esta misma dirección, el Consejo Nacional de Competitividad ya ha señalado ciertos factores críticos relacionados con los retos que se ha colocado el país para el año 2032. Dentro de los factores críticos, tal vez una de las mayores evidencias del éxito de los Mercados Emergentes son sus avances en materia de innovación.

Un reporte de los investigadores de la SIC, Jacobo Campo Robledo y Juan Pablo Herrera, indica que entre 1990-2011, un incremento de 10 por ciento en las patentes de invención registradas por residentes nacionales de un país provoca, a largo plazo, un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de 0,25 por ciento. Entre tanto, cuando esa misma variación del registro de patentes (10 %) se presenta por residentes extranjeros, el PIB de un país se incrementa en 0,44 por ciento. ¿Cómo está Colombia y cómo va el mundo en materia de patentes?

¿Quién innova en el mundo? ¿En qué se está innovando?

Según la OMPI, en 2012 China se pone a la cabeza del escalafón de solicitudes de patentes presentadas, a la vez que se convirtió en el país que más solicitudes recibió. En otras palabras, los innovadores chinos fueron los más productivos en dicho año y, a la vez, ese país fue el más requerido para tramitar patentes. El liderazgo de China es notorio en los cuatro tipos de registro de Propiedad Intelectual: patentes, modelos de utilidad, marcas, y diseños industriales.

De las cinco principales oficinas de Propiedad Intelectual del mundo, la de China tuvo una tasa de crecimiento superior al 10% con respecto a 2011. Pero, lo más llamativo es que a pesar de la crisis económica que aún era bastante evidente en 2012 en Europa y Norteamérica, las solicitues de patentes presentadas a nivel mundial aumentaron en 9%, siendo la tasa de crecimiento más elevada de las últimas dos décadas. Si bien en 2009, se presentó una contracción del 4%, las solicitudes de patentes han  venido creciendo año tras año en el mundo. Si miramos el crecimiento de patentes por oficinas, no sólo es evidente el auge de registros de patentes en China (25%), sino en otros mercados emergentes: México (9%), Brasil (5%), India (4%) y Sudáfrica (3%).

Otro indicador relevante, además de las solicitudes de patentes, es el de las patentes concedidas. Según la OMPI, en 2012 por primera vez en la historia se certificaron más de un millón de patentes. El crecimiento fue de casi 15% con respecto a 2011, siendo la mayor tasa de crecimiento desde 2006, dos años antes del inicio de la recesión global. Al China le fueron aprobadas cerca de 50 mil, mientras que Corea del Sur superó las 70 mil.

Los ámbitos de innovación en los que se presentan mayores avances en el mundo son informática, tecnologías médicas, química orgánica y química de materiales, metalurgia de materiales, semiconductores y tecnologías relativas al transporte. Las solicitudes de patente presentadas en sectores de tecnologías relacionados con la energía aumentaron en un 5,3% en 2012.  En China y Suiza, se centraron en energía sola, mientras los europeos y japoneses tramitaron patentes de avances relacionados con pilas de combustible.

Patentes en Colombia

Mientras en el mundo se tramitan cerca de un millón de patentes al año, en Colombia se presentaron menos de 1300 solicitudes, de las cuales, por estadísticas, cerca del 60% no serán aprobadas por no cumplir todas las condiciones. Sin embargo, lo más crítico es que de este pequeño número de patentes, ni siquera el 20% son tramitadas por empresas colombianas; del total de solicitudes de patentes, sólo 134 fueron tramitadas por nacionales y más de 110 corresponden a extranjeros. De igual manera, de 515 concedidas, sólo 57 fueron aprobadas a colombianos.

La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) señaló que entre 2004 y 2014, más del 50% de las patentes concedidas conrresponden a innovaciones en materia de ingeniería mecánica, las demás se distribuyen entre ingeniería eléctrica, biotecnología, química e ingeniería química.

Otro rasgo de nuestro país en materia de innovaciones es el grado de concentración. Bogotá es, de lejos, la ciudad que más patentes obtiene, seguida de Santander, Antioquia y Valle.

En lugar de conclusiones

Si tenemos en cuenta que en el mundo se tramitan cerca de un millón de patentes, las 515 que se registraron en Colombia en el último año son un número demasiado pequeño para pretender ser reconocidos como Mercado Emergente.

El estudio de la SIC consultado, señala que la propiedad intelectual es una fuente de crecimiento económico y que el efecto de las patentes sobre el aumento del PIB es más evidente en países con mayor apertura económica. El caso es que en materia de apertura, Colombia es un país de referencia en América Latina.

 

La OMC será dirigida por un latinoamericano.

Actualmente, la OMC se halla en el proceso de elección de su nuevo Director General. A Pascal Lamy se le acaba su tiempo y ahora dos latinoamericanos han llegado a la final en el proceso de selección de su sustituto. Herminio Blanco de México y Roberto Carvalho de Brasil se disputan el puesto más importante del comercio mundial.

¿Pero qué significa la OMC en el comercio mundial actual?

La Cátedra Abierta Gerenci@ de la Institución Universitaria CEIPA abrió sus puertas para que, en una sesión on line, habláramos sobre el tema.Para ver la conferencia completa, accedan al siguiente link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=xqfYy_gBmq4

Estas son las principales conclusiones de la misma:

1. La OMC ha expandido su influencia a 159 países, los cuales representan el 95% del comercio mundial; y ha bajado significativamente el proteccionismo global -los aranceles promedio mundiales se hallan por debajo del 5%.

2. Para los mercados industrializados (NAFTA, UE y Japón) y las potencias emergentes (Corea, Brasil, China, India, principalmente), los acuerdos de la OMC son el eje que guía la mayor parte de sus exportaciones.

Nota: la mayor parte del comercio de los países industrializados y los grandes mercados emergentes se rige por las reglas de la OMC (barra azul) el resto depente de TLC firmados con países en vía de desarrollo, principalmente.

 

3. Sin embargo, para los países en vía de desarrollo, los Acuerdos Regionales de Comercio (ARC) son la principal herramienta para abrir mercado a sus exportaciones (aunque los países dependientes de hidrocarburos y otros commodities estratégicos, no tienen barreras para sus exportaciones). Pero, muchos países subdesarrollados fincan la esperanza de aumentar sus exportaciones no tradicionales en la firma de TLC con las potencias de Norteamérica, Europa y el Este Asiático.

Nota: aunque la OMC ya reune a casi 160 naciones planeta y ha bajado los aranceles aplicados menos del 5%, en promedio, paralelamente se da una expansión de los Acuerdos Regionales de Comercio (ARC), principalmente en forma de TLC.
 

4. Pero los bloques regionales históricos, como la CAN, Mercosur o el Mercado Común Centroamericano, se están debilitando. Los países latinoamericanos han perdido interés en los proyectos regionales y, en cambio, han volcado sus ojos en los TLC que firman con la Unión Europea, Estados Unidos y naciones asiáticas, principalmente.

5. Pero un fenómeno objetivo explica esta dinámica. La división internacional del trabajo cada vez es más especializada. Las factorías y los países ya no se especializan en la producción de bienes, sino que hacen parte de una Cadena Global de Valor (CGV) en la que se distribuyen diferentes tareas a lo largo del planeta. Así, por ejemplo, un Ipod ensamblado en China, tiene componentes norteamericanos, alemanes, coreanos, taiwaneses y de una docena de países más. ¿Entonces, cuál es el país productor?

Nota: el Comercio Mundial de Tareas, la nueva forma de entender la División Internacional del Trabajo, significa que una mercancía es hecha para fábricas de diversos países. Ningún producto procesado es hecho totalmente en un sólo país.

 

6. ¿En esa CGV qué papel juegan economías como la colombiana? somos los proveedores de hidrocarburos con los que se ponen a funcionar las fábricas del planeta: los demás son los responsables del Valor Agregado.

 

Política Nacional de Competitividad: rosario de buenas intenciones.

Por Giovanny Cardona Montoya.

Versión en inglés: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?p=1146

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez.

Hace ya más de 20 años, Colombia, al igual que la mayoría de las naciones latinoamericanas, renunció al modelo desarrollista inspirado por la Cepal y se matriculó en el modelo aperturista derivado del Consenso de Washington. Este cambio conllevó la reducción en la participación del Estado en la dinámica económica, la privatización de empresas, la liberalización unilateral del comercio y la masificación de acuerdos regionales de comercio (ARC) con los vecinos y con naciones del resto del mundo.

Para darle un marco de referencia que legitime política y  económicamente el nuevo rumbo el país ha sido dotado de documentos como el Informe Monitor, también hace 20 años, y una docena de CONPES que han pretendido ser faro para guiar hacia un puerto seguro.  Pero, el tiempo pasa y el balance no es nada satisfactorio. A pesar de ser, por décadas, una de las naciones más estables de la región en materia macroeconómica, de lograr un significativo crecimiento exportador y de ser una nación atractiva para la inversión extranjera, especialmente en los últimos años, los datos de desarrollo –que no es sinónimo de crecimiento- indican que el país no avanza en ninguna dirección.

La brújula:

En 2006 se aprobó el Conpes 3439 que creó el Sistema Nacional de Competitividad. Dicho sistema estableción una Visión del país para el futuro:

“En 2032 Colombia será uno de los tres países más competitivos de América Latina y tendrá un elevado nivel de ingreso por persona, equivalente al de un país de ingresos medios altos, a través de una economía exportadora de bienes y servicios de alto valor agregado e innovación, con un ambiente de negocios que incentive la inversión local y extranjera, propicie la convergencia regional, mejore las oportunidades de empleo formal, eleve la calidad de vida y reduzca sustancialmente los niveles de pobreza”.

Pero, el tiempo nos está pasando cuenta de cobro por las tareas no realizadas. En 2006, en el Indicador Global de Competitividad del Foro Económico Mundial -que mide a 142 naciones-, el país se ubicaba en el puesto 65 entre 125 países. En 2011, Colombia se ubicó en el puesto 68 y en 2012 en el 69. Si nos comparamos con nuestros vecinos latinoamericanos, el escenario no es mejor: pasamos del 5º a 8º puesto.

Este indicador muestra que nuestra posición relativa no ha mejorado. Ahora, para lograr esta meta es necesario tener avances en otros indicadores relacionados con la producción y el ingreso:

–          Según el Consejo Privado de Competitividad, entre 2006 y 2010, el ingreso por persona en Colombia ha venido creciendo a una tasa promedio de 4,4%. Sin embargo, considera el Consejo, si se quisiera cumplir con la meta de ser al año 2032 un país de ingresos medios altos, se deberán alcanzar tasas de crecimiento entre 6% y 7% anual en promedio.

–          A comienzos de la última década del siglo XX, Colombia dependía en gran medida de las exportaciones de café, algunos hidrocarburos y otras exportaciones agrícolas o agroindustriales, principalmente. Después del hallazgo de petróleo en Cusiana y de la crisis mundial cafetera, Colombia  se hizo más dependiente de la minería. En 2006, las exportaciones colombianas con bajos niveles de innovación ascendían a 83% del total, para 2012, esta cifra alcanzó el 90%.  ¿Estamos retrocediendo? Todo indica que sí.

¿Es malo crecer dependiendo de la minería casi que exclusivamente?

No, no es malo. Primero hay que decir que un país con suficientes reservas para varias décadas puede financiar la dinámica de sus proyectos de desarrollo, incluso, apalancarse en aquellas para generar nuevas industrias (manufactureras, de servicios, etc.). Sin embargo, Colombia no ha logrado un aumento sustancial de sus reservas de petróleo. Estas se encuentran en promedio en 2.200 millones de barriles, una cifra muy baja comparada con otros países de América Latina como Ecuador que tiene 6.200 millones o México con 11.400 millones o Venezuela que tiene casi 300.000 millones.

Entonces, además de que necesitamos que los recursos de la “bonanza de hidrocarburos” se utilicen para crear capacidades (infraestructura, educación, CT+I, etc.) también se requiere que las exploraciones incrementen las reservas para tener el colchón que financie la reconversión industrial de nuestra economía.

Pero, a pesar de la relativa y sostenida estabilidad macroeconómica, del auge exportador minero y del creciente flujo de inversiones extranjeras, en el país se preservan unos lastres que no nos permiten avanzar hacia una economía más competitiva:

–          Debilidades del sistema educativo. Además de la baja cobertura -25% de los adultos no son bachilleres, menos del 40% de los bachilleres entran a la educación superior y sólo la mitad de estos se gradúa- hay serios problemas de calidad: la carrera de maestros (licenciados) no es elegida por los mejores bachilleres, hay poca demanda de cupos para estudiar carreras agropecuarias –sector que tiene gran potencial-, a la vez que los jóvenes manifiestan poco interés por la formación en matemáticas, física, química o biología, disciplinas fundamentales para la innovación y el desarrollo de nuevos productos, procesos y servicios;

–          Ausencia de una política de Estado en materia de infraestructura. Desde décadas atrás en este país se habla de la necesidad de un canal interoceánico, de túneles que faciliten el tránsito entre tantas montañas, de una nueva propuesta ferroviaria, de un proyecto de navegación por el río Magdalena, de otro puerto en el Pacífico, etc. Sin embargo, la mayoría de estas propuestas aún están en el papel y las que están en construcción tienen años de retraso.

–          Alta informalidad laboral. Lo que se maneja como una estrategia de reducción de costos laborales, la informalidad, es  realmente un lastre que no permite modernizar nuestra economía: hay trabajadores que no cotizan a la seguridad social,  existen cooperativas de trabajo asociado que precarizan el salario, existen oficios que se desempeñan a través de contratos de prestación de servicios en lugar de vinculaciones laborales a término indefinido, etc. Todo esto agudiza el déficit fiscal –SISBEN-, debilita la base de ingresos de los hogares y, por ende, su capacidad de compra y endeudamiento, estancando al mercado doméstico.

–          Abandono del sector rural. El campo no es el proveedor de materias primas para la ciudad y, en consecuencia, no es un mercado sólido para la compra de bienes industriales y servicios. Aunque el conflicto armado es un determinante de este abandono, la informalidad rural, el latifundismo extensivo y de “engorde”, acompañados de un minifundismo improductivo, no facilitan el paso hacia un campo competitivo.

–          Colombia: un país que no invierte en I+D. Esto se evidencia de manera simple: nuestra oferta exportable de alta y mediana tecnología apenas alcanza el 9%, además somos un país sin trayectoria en materia de patentes. Mientras mercados emergentes exitosos dedican varios puntos de su PIB a CT+I, Colombia apenas dedica menos del 0,3%.

Aunque se ha definido un nuevo Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación y a Colciencias se le ha dado la condición de Departamento Administrativo –un grado menos que  Ministerio-, a la vez que se han aprobado cuantiosos recursos de regalías para la investigación y la innovación, ya hay indicios de que la rapiña política por los recursos se impondrá por encima de las aspiraciones de largo plazo de este país.

Todas estas insuficiencias evidencian que estamos lejos de un nuevo Proyecto País, en otras palabras, que Colombia 2032 es un canto a la bandera…y nada más.

2013: ¿recesión global?

English translation: 2013: ¿year of global recession?

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez.

 

La economía mundial está cerrando uno de los peores lustros de su historia. Desde 2008 no se percibe una tendencia sostenida de recuperación económica. Lo que inició como la debacle del sector inmobiliario en Estados Unidos (la burbuja de las subprime), pasó a ser una crisis del sector financiero en Norteamérica y Europa, hecho que no permitió que el mundo abandonara la recesión que se inició en el último trimestre de 2007. Cinco años después de que el ciclo económico mundial comenzara su fase recesiva, todo indica que seguiremos moviéndonos cuesta abajo.

Para países como Colombia, al igual que otros mercados emergentes de América Latina y el este asiático, los cuales salieron rápidamente de la crisis y han tenido un desempeño satisfactorio en los últimos cuatro años, esta información es relevante porque las señales muestran que el deterioro de la economía de los países industrializados inevitablemente desacelerará a todo el planeta.

Esta es la locomotora que nos empuja hacia una recesión global:

1. Europa no se recupera. La crisis de Grecia, España e Italia y el bajo crecimiento de Francia, se han convertido en la prioridad de las políticas económicas de la Eurozona. En consecuencia, como una orquesta que responde a la batuta de los alemanes, estos países se hallan en un proceso de ajuste que busca reducir el déficit fiscal y el costo del endeudamiento público, para lo cual se reduce el gasto público, con los consabidos efectos recesivos.

 Si bien se expande el discurso heterodoxo que exige que los ajustes se acompañen de políticas comunitarias contracíclicas, como la emisión de eurobonos, para enfrentar al mercado que ha colocado la prima de deuda de estos países en niveles inaceptables, la realidad es que la ortodoxia, liderada por Angela Merkel, sigue ganando el pulso, imponiendo un modelo inflexible de medidas contraccionistas que buscan reducir el déficit a cualquier precio.

2. Estados Unidos no sostiene su recuperación económica.  La economía norteamericana ha enviado algunas señales positivas pero éstas son inestables. Aunque el desempleo ha cedido en este país, y hay indicios de que cada vez menos norteamericanos acuden a la seguridad social para buscar ayuda por cesantía laboral, la confianza de consumidores y de inversionistas no es estable, lo que indica que la recuperación económica no es sólida en el corto plazo.

Ahora, el hecho de que este sea un año electoral y que Obama ya no cuente con mayorías en las dos cámaras (senado y cámara de representantes), conlleva que las medidas estructurales que se deban implementar se aplacen hasta el próximo año. En otras palabras, la economía norteamericana necesita que se aceiten las locomotoras del crecimiento, pero el ambiente político no permite que se tomen medidas inmediatas.

3. La desaceleración de China. El motor del crecimiento mundial, a pesar de la crisis en Europa y Norteamérica, ha sido el coloso asiático. China ha logrado sostener tasas de crecimiento cercanas al 9% durante estos años, lo que, acompañado por una mayor estabilidad de los países latinoamericanos y asiáticos, ha mantenido a flote a la economía del mundo. Pero el combustible se le acaba a los mercados emergentes. No es sostenible un crecimiento global sin la participación de los países que tienen el nivel de ingresos más alto del mundo: las naciones industrializadas.

La economía mundial es un sistema en el cual Europa, Japón y Norteamérica siguen siendo los líderes en el manejo de marcas, innovaciones, diseños de ingeniería y gestión de marketing, pero ahora, las grandes firmas multinacionales han desplegado un “comercio mundial de tareas”, donde se delega a los mercados emergentes la producción de partes y componentes y a China el ensamblaje de bienes industriales. En este proceso, India cumple tareas de servicio, especialmente postventa.  Pero, el mercado chino no crece a la velocidad requerida, en consecuencia, mientras Europa y Norteamérica no se recuperen, la locomotora china tiene que enfriar un pocos sus motores porque no hay suficiente mercado mundial para vender todo lo que se procesa. De no hacerlo, el recalentamiento de su economía sería inevitable.

4. La caída de los precios mundiales de commodities. Muchos países latinoamericanos -Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela, principalmente-, han fincado su crecimiento en las exportaciones de materias primas. La creciente y sostenida demanda por parte de China y otros mercados emergentes de commodities, han garantizado un superávit comercial en nuestras economías, el cual se ha convertido en motor para atraer inversiones extranjeras, focalizadas principalmente en el sector minero. Pero, la desaceleración de la economía china inevitablemente enfriará los precios de las materias primas, lo que afectará sensiblemente nuestro crecimiento.

Moraleja: no estábamos blindados en la crisis de 2008, no estamos blindados para la recesión que se avecina y no es posible estar blindados para ninguna otra crisis, porque la economía global es un sistema donde todos nos afectamos recíprocamente. Pero, una política macroeconómica consistente y anticíclica, acompañada de un modelo de desarrollo que reduzca la dependencia de la economía extractiva, incentivando a sectores que sean intensivos en ciencia, tecnología e innovación, y promoviendo la expansión del mercado doméstico, haría de nuestra barca una nave más resistente a las turbulencias del mercado global.  

  

TLC con E-U en el spaguetti bowl del comercio mundial: ¿una oportunidad?, sí; ¿la tierra prometida?, no.

Este martes 15 de mayo de 2012 es “quincena” para los exportadores colombianos, el TLC con Estados Unidos entra en vigencia y con éste, una lista importante de posiciones arancelarias queda exenta indefinidamente de gravámenes para ingresar al mercado norteamericano. Algunos productos serán beneficiados por primera vez mientras otros conservarán la franquicia de la que ya gozaban con el ATPDEA. Pero hoy quiero llamar la atención sobre la verdadera dimensión del TLC para los exportadores, puesto que esta oportunidad ni es Maná caído del cielo, ni equivale al único mercado potencial para nuestras ventas al exterior.

1. El TLC en el spaguetti bowl del regionalismo abierto.

Para empezar debemos entender que el tratado que entra en vigencia este mes de mayo no nos da una preferencia, sino que nos quita una desventaja que teníamos frente a competidores directos que ya gozaban de exenciones en el mercado de Estados Unidos. Antes que los productos colombianos, los de México, Centroamérica, El Caribe, Chile y Perú, habían sido beneficiados con acuerdos comerciales semejantes.

Lograr la apertura del mercado norteamericano básicamente sirve a algunos productores colombianos para que compitan en igualdad de condiciones con exportadores de otras latitudes que ya venden desde hace varios años con franquicia a este mercado. Para otros sectores (textil-confección, por ejemplo) el TLC es el aseguramiento de beneficios aduaneros con los que ya se contaba desde 2001 a través del sistema de preferencias unilaterales ATPA/ATPDEA. La reciprocidad que exige el TLC debe ofrecer mayores garantías para los inversionistas, quienes pueden sentir la tranquilidad de que las franquicias concedidas serán estables y no sujetas al vaivén del debate político en Estados Unidos, como sí sucedía con el ATPDEA.

Pero, el “plato de spaguettis en el que se ha convertido el Regionalismo, lleno de tratados comerciales Norte-Sur y Sur-Sur, implica que entendamos que Colombia tiene intereses presentes y potenciales en otros mercados: somos integrantes de la CAN con importantes compradores en Ecuador, tenemos un G-2 con un creciente mercado en México, hacemos parte de un acuerdo presto a entrar en vigencia, CAN-Mercosur, con un enorme Brasil que consolida el segundo mercado más grande del continente. Adicionalmente, estamos próximos a inaugurar un TLC con la Unión Europea, el cual complementa acuerdos vigentes con Chile y con los países centroamericanos del triángulo norte. Para rematar, las negociaciones con Corea, Japón y próximamente China, amplían posibilidades en el mercado asiático. China es el gran exportador del mundo y eso lo convierte en un enorme y creciente comprador. ¿Qué vamos a venderle al mercado más atractivo de las próximas décadas?

2. ¿Qué vamos a exportar en el marco del TLC y demás acuerdos comerciales?

Este es un punto significativo y crítico. Las exportaciones colombianas, por décadas, han contado con preferencias para ingresar a los mercados más importantes: Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, las cifras no han sido las mejores. A pesar de las preferencias del ATPA/ATPDEA y del SGP a productos manufacturados principalmente, Colombia sigue dependiendo de las exportaciones de combustibles y algunos otros commodities que tienen pocas restricciones de importación. Ni la apertura económica (desde 1990), ni las preferencias unilaterales (SGP  y ATPA/ATPDEA) han servido para lograr que la economía colombiana diversifique su potencial exportador.

Las cifras son relevantes, no solamente dependemos de las exportaciones de bienes sin procesar: 70% de nuestras ventas son de café, petróleo, ferroníquel y carbón, siendo el crudo y algunos derivados el 49% del total de las exportaciones, sino que las ventas al extranjero de bienes manufacturados se componen, principalmente, de productos de bajo nivel de complejidad, por lo tanto, poco valor agregado y, en consecuencia, baja cotización en los mercados internacionales. Menos del 2% de  nuestras exportaciones se componen de productos de Alta Tecnología. Y esto no va a cambiar ya que somos un país que no patenta, que no investiga y que invierte poco en ciencia y tecnología (0.3% del PIB) si nos comparamos con países que avanzan como Brasil y Estados Unidos, los cuales dedican 1.4% y 2.8%, respectivamente.

3. A modo de reflexión final:

La importancia que pueda tener el TLC con Estados Unidos para las exportaciones y la inversión dependerá en gran medida de la capacidad de gestión de los empresarios y de la diligencia del gobierno colombiano para subsanar las deficiencias que en materia de infraestructura y legislación se deban abordar para crear unas condiciones que permitan realmente aprovechar las ventajas aduaneras que se crean. Sin embargo, el potencial de ese mercado en el largo plazo, no se podrá aprovechar sino se invierte en calidad en la educación, desarrollo científico y tecnológico, innovación y emprendimiento. Y esta tarea no es del gobierno sino de la articulación Empresa – Estado – Academia. No vamos a patentar, ni a exportar productos de Alta Tecnología en el corto plazo, ese es un hecho; pero si no se toman decisiones ahora, entonces, el TLC será un canto a la bandera porque seguiremos vendiendo café, petróleo, bananos, flores y algunas prendas de vestir.

Los acuerdos firmados y en proceso de negociación, a la par de las cifras, demuestran que Estados Unidos no es nuestro único mercado de interés y que hay regiones a las que se les debe dar igual o mayor importancia: Mercosur, China, México, Ecuador, Unión Europea, Sureste de Asia, etc. No olvidemos que por años nuestro principal comprador de manufacturas fue Venezuela y que, en la última década sólo 10% de las exportaciones a Estados Unidos se beneficiaban del ATPDEA. Así que es posible que en América Latina y otros mercados emergentes -China, India, Suráfrica- se hallen los potenciales compradores para sustituir en el corto plazo al vecino país, en lugar de concentrarnos en un mercado norteamericano más exigente y que en la actualidad apenas trata de salir de  una recesión.