Internacionalización de la economía: más pragmatismo, menos dogmatismo.

Cuando los estrategas de una organización planean su futuro, fijan el rumbo guiados por una Visión, la cual indica el Norte de su desarrollo. La Visión es el faro que inspira las decisiones estratégicas de los directivos de una empresa. ¿Cuál es la Visión que lleva a Colombia hacia el futuro?

Internacionalización de la economía colombiana: medidas y resultados.

Hace casi un cuarto de siglo, Colombia renunció al modelo proteccionista y abrazó el proyecto neoliberal de apertura y modernización de la economía. Más allá de las presiones de organismos financieros internacionales, promotores del Consenso de Washington, hay que reconocer que el relativo éxito de los llamados tigres asiáticos inspiró a muchas naciones latinoamericanas para liberalizar sus economías.

En esta tabla se evidencia que desde finales de la década de 1980, los países latinoamericanos han venido reduciendo sus barreras aduaneras al comercio, ya sea vía unilateral -curva roja- o a través de convenios preferenciales bilaterales -líneas amarillas-. En promedio, los aranceles han bajado de 42% a poco más del 12%.

 

En el marco de esta estrategia, el país ha liberalizado su comercio y ha firmado una docena de acuerdos comerciales, algunos con vecinos de la región -CAN, G-2, Chile, Mercosur- y otros con mercados de otras latitudes: TLC con Estados Unidos, Unión Europea o el reciente con Corea. En esto  nos parecemos a muchas naciones de la región y del planeta que han desarrollado un regionalismo abierto, fundamentalmente apoyado en la firma de TLC.

La presente tabla muestra que las exportaciones de muchos países latinoamericanos se realizan gozando de preferencias arancelarias fruto de acuerdos comerciales regionales (barra roja) o extrarregionales (barra azul).

 

Como resultado de esta estrategia, las exportaciones colombianas también han sido beneficiadas con preferencias aduaneras, primero con países latinoamericanos en el marco de los acuerdos subregionales reconocidos por la ALADI, y a través de preferencias unilaterales de Europa y Norteamérica (SGP y ATPDEA). En el futuro cercano estas preferencias estarán enmarcadas en los TLC recientemente firmados.

Sin embargo, tras 23 años de apertura económica un hecho relevante se presenta: la oferta exportadora colombiana no cambia, seguimos siendo exportadores de commodities, sin valor agregado. El proceso de apertura económica no se ha traducido en una modernización evidente del sector industrial, lo que se notaría en una diversificación y sofisticación de la oferta exportadora colombiana.

A pesar de las preferencias arancelarias, Colombia sigue siendo un exportador de combustibles (carbón, petróleo, ferroníquel), de bienes agrícolas tropicales (café, bananos) y de unas pocas manufacturas de baja complejidad tecnológica (confecciones). De hecho, el peso significativo de las manufacturas en las exportaciones sólo es evidente en el marco del mercado andino. ¿Por qué no se ha dado la transformación económica?

 

¿Dónde se embolató la receta?

Cuando miramos casos exitosos como los de Corea o de sus vecinos asiáticos, encontramos que los resultados han sido más que evidentes: diversificación de su oferta exportadora, agregación de valor a sus bienes y servicios, crecimiento significativo de sus exportaciones y del PIB per capita, caída en los niveles de pobreza, entre otros. Chile, nuestro vecino, con resultados menos asombrosos pero que van en la misma dirección, ha reducido su dependencia de las exportaciones de cobre, y ha ganado mercados importantes en Asia y Latinoamérica, además de incrementar sus ventas a Europa y Norteamérica.

Tanto en el caso asiático como en el chileno, el Estado no ha renunciado a su rol director de la economía, implementa políticas fiscales enfocadas al estímulo a la inversión, la innovación, el desarrollo tecnológico y la investigación. Además, son crecientes los recursos que utiliza para fortalecer las capacidades productivas: educación, infraestructura, capacidades científicas y tecnológicas, etc. O sea, las razones de su éxito no se reducen a la firma de acuerdos comerciales.

La formación bruta de capital fijo es la creación de capacidades para aumentar y diversificar la producción: nuevas industrias, infraestructura, tecnología, etc. Chile es un país que desde hace más de 20 años viene dedicando más de 1/4 de su PIB a formación bruta de capital fijo.

 

En Colombia no surgen nuevas industrias, los recursos para Colciencias son limitados, además de los problemas de gestión que aún vive, en Colombia no se patenta, la cobertura educativa sigue siendo baja, se tienen grandes problemas de vías terrestres y de puertos, además de una ausencia de opciones ferroviarias y fluviales. Pasados más de 20 años desde el cambio de modelo, Colombia no tiene nuevas industrias, el país sigue dependiendo de hidrocarburos, de café, de flores, de bananos y de una industria liviana tecnológicamente poco desarrollada.

En la cadena global de valor, donde la producción de bienes conecta a fábricas de países de todo el mundo, distribuyendo tareas de diversa complejidad, Colombia participa sólo en las puntas: de un lado, abastecemos de combustible a las fábricas asiáticas, europeas y norteamericanas y, del otro, ensamblamos productos de baja tecnología, vendiéndoles nuestra mano de obra barata.

En ejemplos más complejos que el que veremos a continuación, hay grandes oportunidades para empresas que incursionen en procesos tecnológicos apoyados en estrategias de innovación y de investigación. En estos eslabones de la cadena es que debemos incursionar si queremos, realmente, superar los niveles de pobreza y ausencia de oportunidades para gran parte de la población:

El comercio mundial de tareas representa casi el 50% del intercambio de mercancías y servicios entre el Este Asiático y las empresas de Europa y Norteamérica. Si un producto tan simple como éste requiere la participación de fábricas de 6 países, entonces, mayores oportunidades existen en la cadena global de valor de aeronaves, TIC, agroindustria, biotecnología, entre otros.

 

La firma de TLC y la apertura unilateral de comercio son parte de una estrategia que no nos llevará muy lejos si no la complementamos con acciones contundentes para fortalecer nuestra capacidad productiva: infraestructura, educación, desarrollo, investigaciones, innovación y emprendimiento, principalmente.

¿Por qué aranceles específicos para proteger al sector textil-confección?

Aranceles ad-valorem y aranceles específicos.

Pregunta: ¿por qué el gobierno colombiano no subió el arancel ad-valorem a las posiciones arancelarias del sector textil-confección que desea proteger y, en su lugar, aprobó, adicional al existente, un gravamen específico?

La decisión nos lleva, en consecuencia, a un arancel compuesto (ad-valorem más específico), lo que será el objeto del presente análisis.

Ideas a tener en cuenta:

1. El más recurrente de los aranceles es el ad-valorem, el cual consiste en un gravamen equivalente a un porcentaje del valor de la mercancía que se importa. En Colombia normalmente los aranceles son ad-valorem y equivalen a un porcentaje del valor CIF (costo de la mercancía, más seguro, más flete). Este tipo de proteccionismo ha bajado gradualmente en todo el mundo, especialmente en el intercambio de bienes manufacturados. Colombia también ha bajado sus aranceles colocando la mayoría de las mercancías importables en gravámenes inferiores al 20%. Hay algunas excepciones que se hallan por encima de esta tarifa, como es el caso de los vehículos, gravados hasta en un 35% del valor CIF.

Según este cuadro de Mitrano y Gimeno de Sciences Po, entre 1947 y 1995 -fecha en la que entran en vigencia los últimos acuerdos del sistema GATT-OMC-, los aranceles ad-valorem promedio a nivel mundial han bajado de 40% a menos del 5%.
 

2. Los aranceles específicos son tarifas que se cobran independiente del valor de la mercancía importada. O sea, se establece un impuesto monetario el cual se paga por unidad de medida de la mercancía: kilo, docena, metro, tonelada, etc. Este tipo de gravámenes es poco recurrente, se utiliza a nivel internacional especialmente en casos de bienes agropecuarios: 100 euros por tonelada de banano, por ejemplo.

3. Las medidas tomadas buscan esquivar un posible dumping de prendas originarias de China principalmente. Ante la ausencia de pruebas que demuestren la práctica de competencia desleal por parte de ciertas empresas o países, el gobierno decide elevar el nivel de proteccionismo de manera generalizada, gravando a todos los importadores de este sector. Pero, si hubiera incrementado la tasa del arancel ad-valorem, digamos del 10 al 20%, por ejemplo, entonces, estaría afectando por igual a las confecciones que se importan con alto precio -incluso de alto valor agregado- y a los productos genéricos de bajo precio. El objetivo es afectar especialmente a estos últimos.

4. Por lo tanto, el arancel específico es la salida. Si un importador trae al país confecciones con alto valor agregado y precios elevados, sentirá un menor efecto del gravámen de US$5,0 por kilo. En cambio un importador de genéricos o de productos traídos bajo la modalidad de dumping -competencia desleal- sufrirán un efecto mayor.

En otras palabras, 1 kilo de mercancía genérica que cueste 50 dólares, sentirá un efecto adicional del 10% como resultado del arancel específico de US$5,0. En cambio 1 kilo de mercancías con valor agregado que tenga un precio de US$200, será afectado en 2,5%, lo que es un menor impacto de proteccionismo.

5. Es probable que el proteccionismo que el gobierno colombiano está implementando sea sólo temporal ya que es muy difícil demostrar dumping y los países afectados comenzarán a aducir que Colombia los está discriminando. O sea, las medidas tomadas han sido argumentadas como preventivas, mientras se demuestra supuesto dumping, pero esto no tiene presentación en el concierto internacional. En consecuencia, este tema puede llegar a un panel en el Sistema de Solución de Disputas de la OMC.

En lugar de conclusiones. Es claro que si no revisamos el actual modelo económico, que abre las puertas a la competencia externa pero no crea condiciones para desarrollar una industria competitiva, muchos sectores emblemáticos y generadores de empleo seguirán languideciendo hasta desaparecer.Si esto está pasando con TLC apenas en ciernes o aún sin entrar en vigencia, ¿cómo será cuando nuestra economía libere su mercado totalmente a competidores de Europa y Asia, principalmente?

Las barreras temporales o salvaguardias no son la solución definitiva para un fenómeno estructural como lo es la apertura de los mercados globales. ¿Tenemos claro lo que hay que hacer?

Colombia internacional: una tarea pendiente

Concertación económica internacional: ordenando la Aldea Global.

Acabo de leer el libro de Gordon Brown (ex – primer ministro del Reino Unido): Beyond the crash. Overcoming the first crisis of globalization, publicado en 2010 por Free Press. Aunque no creo que se le pueda considerar un bestseller, debemos reconocer que su autor fue observador en primera fila, de la génesis de la crisis financiera global, la cual rompió el cascarón en 2008 y aún no cesa de tensionar el ambiente económico internacional.

Pero, lo que más me llama la atención del libro no es la reseña que Brown hace de la crisis, sino la insistencia del autor en la necesidad de una “concertación global”. Y es que la realidad muestra que los escenarios de decisiónes regionales y multilaterales han crecido a través de las últimas décadas, en concordancia con las tendencias globalizantes de la economía, la tecnología y la cultura. En otras palabras, aunque los Estados siguen siendo los principales actores de las Relaciones Internacionales en el orden político, la realidad es que la internacionalización de las dinámicas sociales está obligando a una mayor concertación entre los gobiernos para mantener un orden en este -parodiando a Baghwati- “spaguetti bowl” en el que se está convirtiendo la Aldea Global.

Colombia regional y global: ¿relaciones internacionales improvisadas?

Todo este escenario del que estamos hablando obliga a cada país a tener una política exterior consistente, con cuerpo de Estado, de modo tal que sirva de faro a la gestión doméstica y, a la vez, dé continuidad en el largo plazo a las relaciones que se mantienen con los demás actores de la escena internacional: estados, empresas multinacionales, organizaciones interestatales y ONG. Pero en el caso colombiano las cosas no parecen ser muy claras en este sentido.

Para empezar, digamos que Colombia es uno de los países más grandes del mundo desde la perspectiva económica: nuestro PIB es el 3º de América Latina y aproximadamente el 30º a nivel global. En extensión territorial y población, nos encontramos, también, entre los 30 países más grandes del mundo. Igualmente, nos hallamos entre los 25 mayores productores mundiales de petróleo.

Estos datos los traemos a colación para indicar que Colombia tiene un gran peso en la economía global, lo que se debe reflejar en su participación en los escenarios internacionales donde se toman muchas de las grandes decisiones que sirven de derrotero para el futuro del planeta: OMC, ONU, BM, UNCTAD, FAO, Conferencias mundiales sobre medio ambiente, etc.

Pero la realidad es contraria a los intereses del país. Colombia es una nación que se caracteriza en el escenario  global por manejar un “bajo perfil”, por no liderar ninguna causa y por demostrar posiciones gregarias en los grandes debates del planeta. No conocemos una propuesta importante surgida y liderada desde nuestro país en temas que nos son tan sensibles –y donde somos protagonistas de primer orden-: narcotráfico, biodiversidad, recursos fluviales y marinos, café, petróleo, para citar sólo algunos ejemplos.

Si el gobierno colombiano –y algunos expresidentes de este país- ya consideran que la lucha contra el narcotráfico ha sido un fracaso, entonces, ¿porque no lideran una nueva propuesta?; si la cancelación del Pacto Cafetero en 1989 ha sido la base de la mayor crisis de los caficultores colombianos en un siglo, entonces ¿por qué nuestro país no lidera la generación de nuevas estrategias globales para mejorar las condiciones del mercado?; si Colombia tiene un potencial agrícola enorme, y éste puede ser la base para menguar las condiciones de conflicto armado en el campo y de caos e inseguridad en las ciudades, entonces, ¿por qué Colombia no hace parte del G-20 agropecuario que, al interior de la OMC, negocia con Estados Unidos y la Unión Europea para que estas potencias bajen sus niveles de proteccionismo rural (aranceles, subsidios, contingentes, etc.)?

Posiciones tan pasivas como éstas, nos hacen preguntarnos qué esperamos lograr al solicitar el ingreso de Colombia a la APEC o a la OCDE. ¿Tenemos un plan estratégico o simplemente queremos figurar?

En la misma dirección podemos decir que se mueve nuestra política regional: no somos protagonistas de la OEA, no lo somos en UNASUR, y nuestra muy querida Comunidad Andina de Naciones, CAN, se desmorona por falta de liderazgo, a pesar de que el país que más se ha beneficiado de su importante comercio ha sido Colombia.  Con pocas excepciones, como la creación del Grupo de Contadora durante el gobierno de Belisario Betancur, raras veces se ha visto a Colombia liderando proyectos internacionales cuando se ha tratado de mejorar las condiciones del subcontinente latinoamericano.

Pero, poco se puede esperar de un país que justifica ““el envío de diplomáticos “no profesionales” (léase, las élites políticas y económicas) a los puestos más apetecidos en el exterior (más del 56% del total, según datos del Ministerio) con el argumento de que el reducido tamaño de la carrera diplomática, así como la mala calidad de sus funcionarios, sobre todo los del más alto nivel, no dejan otra opción.””

Según Arlene Tickner “En Estados Unidos, por ejemplo, existe una regla no escrita de que no más de un 30% de los embajadores nombrados por el presidente deben ser “políticos”. Hace poco, el presidente Sebastián Piñera de Chile anunció que un 80% de los suyos eran diplomáticos profesionales, monto similar al que existe en Filipinas. Por su parte, Brasil y Francia no admiten “políticos” más allá del 2% de los casos.”

Moraleja: la Aldea Global no es un hecho terminado, pero si es un proceso ineludible. Cada vez estamos más conectados internacionalmente y, por ende, es más difícil tener políticas domésticas ajenas a las realidades regionales y mundiales. Un país como Colombia, debe crear una estructura diplomática adecuada para sus necesidades y las potencialidades que ofrece la globalización. El país debe definir un “norte” en materia de política exterior, el cual debe involucrar lo regional y lo multilateral, tanto en las dimensiones de diplomacia como de comercio.

El Pacífico Asiático, el Caribe –no olvidemos lo que nos acaba de suceder con Nicaragua- Suramérica, la OMC, la FAO, entre otros, deben ser objetivos de largo plazo de nuestra política exterior. No podemos seguir supeditados a las decisiones que toman las grandes potencias o al caos en nuestro vecindario, mientras nosotros “vemos la corrida desde el burladero.”

Expansión del Mercosur: ¿desaparecerá la CAN?

English version: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez

¿De qué estamos hablando?

Desde que en 1960 se creara la ALALC, redefinida en 1980 como ALADI, en esta región se ha planeado crear un bloque económico latinoamericano o, al menos, suramericano. En el marco de la ALADI surgieron la CAN y el Mercosur, dos proyectos de integración que buscan, cada uno por su lado, la consolidación de un territorio aduanero subregional equivalente a una Unión Aduanera (UA). Por lo anterior, la firma del acuerdo CAN-Mercosur se podía entender como un puente entre dos subgrupos que nacieron para fundirse en uno solo.

¿Se desmorona la CAN?

Sin embargo, la firma del TLC entre Colombia y Estados Unidos -hace ya cinco años-  y la crisis política vivida por Paraguay a mediados de este 2012, han sido los detonadores de un cambio significativo en la estructura de los dos grandes bloques suramericanos. La salida de Venezuela de la CAN, acompañada de su posterior ingreso al Mercosur parece ser sólo el inicio de un proceso de expansión de éste y de deterioro del bloque andino, puesto que ya se ventila el ingreso de Bolivia y de Ecuador al bloque que lidera Brasil.

Con la salida de Venezuela de la CAN cayó uno de los intercambios comerciales más significativos del bloque: las exportaciones desde Colombia hacia Venezuela. Sin embargo, a pesar de que el comercio intra-andino sólo representa el 7% de las exportaciones de los 4 países del bloque, se debe destacar que casi ¾ partes del mismo son de bienes manufacturados; y ello es muy significativo para economías mono-exportadoras, que dependen en gran medida de los mercados de hidrocarburos.

Según estadísticas oficiales, Venezuela llegó a representar más del 50% de las compras intra-andinas, siendo el 2º principal mercado mundial para las exportaciones colombianas. En 2008, Venezuela importó a la CAN mercancías por un valor superior a 8 mil millones de dólares, mientras el resto del bloque compró poco más de 7 mil. Para 2011 – ya sin Venezuela-, Ecuador y Bolivia representa casi el 40% de las importaciones intra-bloque. Por lo tanto, un posible ingreso de Bolivia y Ecuador al Mercosur no es un tema poco relevante para los exportadores de Perú y Colombia, los supervivientes de la CAN.

 COMUNIDAD ANDINA: EXPORTACIONES, SEGÚN ZONA ECONÓMICA, 2008-2011(Millones de dólares)

ZONA ECONÓMICA                  2008          2009                2010             2011       

TOTAL MUNDO                            93.654      77.680               98.003        131.626

COMUNIDAD ANDINA             7.005         5.774               7.810           9.187

Bolivia                                                479              535                   636              714

Colombia                                              2.456        2.116           3.063                     3.428

Ecuador                                           2.491        1.586           2.127                2.770

Perú                                                       1.579          1.538            1.984                   2.275

MERCOSUR                                        5.516          3.578            5.517                   7.462

Chile                                                      4.284         2.328            3.187                   5.130

México                                                   1.037            865            1.034                   1.272

Venezuela                                        8.080       5.449         3.174                4.335

Resto del Mundo                             25.528         23.791          30.394                41.489

Fuente: http://estadisticas.comunidadandina.org/eportal/contenidos/compendio2012.htm

¿Será Mercosur el futuro de Colombia?

Si reducimos el tema a una cuestión aduanera, entonces, hay que destacar algunos temas principales:

– el proteccionismo del Mercosur es más elevado que el de la CAN. En consecuencia, ingresar al Mercosur implicaría elevar nuestras barreras, lo que rompería con un modelo económico aperturista que se ha posicionado en la política comercial colombiana desde hace un par de décadas. ¿Estamos dispuestos a ello?

– Entre el año 2006 y el 2012, el promedio arancelario colombiano ha bajado de 12% a 6,2%. Sin embargo, la mayoría de las importaciones están gravadas, adicionalmente, con un IVA, y en el caso de bienes agrícolas se utiliza el sistema de Franja de Precios Andina.

– Colombia ya tiene TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea, hecho que no se presenta en ninguna de las naciones del Mercosur.

– Todo lo anterior nos lleva a concluir que ni Perú -que también tiene un modelo de apertura económica-, ni Colombia, tendrían posibilidad de ser miembros plenos del Mercosur, si así lo desearan. La posición más coherente y viable sería la actual: tener un acuerdo comercial con el Mercosur, sin ser miembros plenos de éste. Algo similar al modelo chileno.

Pero, si llevamos el tema más allá de lo aduanero, entonces, quedan más preguntas que respuestas:

No tener un bloque regional fuerte (por ejemplo la Unión Aduanera Andina) debilita nuestra capacidad de negociación con países de otras latitudes. Tal es el caso de nuestra poco activa participación en los escenarios de negociación de la OMC.

– El ingreso de países andinos al Mercosur reduce el potencial de mercado regional para las manufacturas colombianas. La pérdida del mercado venezolano fue notoria en el comercio colombiano de los últimos años, si sucede lo mismo con Ecuador, el impacto también será significativo. Es claro que Argentina y Brasil pueden aprovechar impactos de desviación de comercio o de erosión de preferencias colombianas en los países andinos, desplazándonos como sus proveedores principales.

– Recordemos que la estrategia chilena de tener acuerdos con todo el mundo, pero sin incursionar plenamente en un bloque que le restringa su autonomía en materia de políticas aduaneras, se ha acompañado de políticas de desarrollo económico que lo han llevado a una gran diversificación de sus mercados: Este asiático, Norteamérica, Latinoamérica y Europa Occidental son mercados importantes para las exportaciones del país austral. El caso colombiano es muy diferente, tenemos una gran concentración del mercado exportador en Norteamérica y la Unión Europea, con productos mineros  o de otros sectores con bajo nivel de complejidad tecnológica.

Reflexión final: lo crítico de esta situación  no es que nuestros vecinos busquen refugio en el Mercosur, lo verdaderamente grave es que la política comercial colombiana no se está definiendo en nuestro país, sino que tendrá que ser una reacción a las estrategias activas de las demás naciones.

La CAN, como el Mercosur, ha tenido una retórica activa pero un accionar débil. Ambos proyectos han tratado de crear bloques con un importante nivel de supranacionalidad que no se materializa. Sin embargo, mientras estén latentes, pueden ser fuente de bienes públicos que estimulen el desarrollo interno y que fortalezcan las capacidades de negociación con países industrializados y con bloques del mundo.

¿Sabe Colombia para dónde vá en materia de comercio exterior? ¿Tenemos claro cuál es nuestro horizonte? Me temo que no.

TLC con E-U en el spaguetti bowl del comercio mundial: ¿una oportunidad?, sí; ¿la tierra prometida?, no.

Este martes 15 de mayo de 2012 es “quincena” para los exportadores colombianos, el TLC con Estados Unidos entra en vigencia y con éste, una lista importante de posiciones arancelarias queda exenta indefinidamente de gravámenes para ingresar al mercado norteamericano. Algunos productos serán beneficiados por primera vez mientras otros conservarán la franquicia de la que ya gozaban con el ATPDEA. Pero hoy quiero llamar la atención sobre la verdadera dimensión del TLC para los exportadores, puesto que esta oportunidad ni es Maná caído del cielo, ni equivale al único mercado potencial para nuestras ventas al exterior.

1. El TLC en el spaguetti bowl del regionalismo abierto.

Para empezar debemos entender que el tratado que entra en vigencia este mes de mayo no nos da una preferencia, sino que nos quita una desventaja que teníamos frente a competidores directos que ya gozaban de exenciones en el mercado de Estados Unidos. Antes que los productos colombianos, los de México, Centroamérica, El Caribe, Chile y Perú, habían sido beneficiados con acuerdos comerciales semejantes.

Lograr la apertura del mercado norteamericano básicamente sirve a algunos productores colombianos para que compitan en igualdad de condiciones con exportadores de otras latitudes que ya venden desde hace varios años con franquicia a este mercado. Para otros sectores (textil-confección, por ejemplo) el TLC es el aseguramiento de beneficios aduaneros con los que ya se contaba desde 2001 a través del sistema de preferencias unilaterales ATPA/ATPDEA. La reciprocidad que exige el TLC debe ofrecer mayores garantías para los inversionistas, quienes pueden sentir la tranquilidad de que las franquicias concedidas serán estables y no sujetas al vaivén del debate político en Estados Unidos, como sí sucedía con el ATPDEA.

Pero, el “plato de spaguettis en el que se ha convertido el Regionalismo, lleno de tratados comerciales Norte-Sur y Sur-Sur, implica que entendamos que Colombia tiene intereses presentes y potenciales en otros mercados: somos integrantes de la CAN con importantes compradores en Ecuador, tenemos un G-2 con un creciente mercado en México, hacemos parte de un acuerdo presto a entrar en vigencia, CAN-Mercosur, con un enorme Brasil que consolida el segundo mercado más grande del continente. Adicionalmente, estamos próximos a inaugurar un TLC con la Unión Europea, el cual complementa acuerdos vigentes con Chile y con los países centroamericanos del triángulo norte. Para rematar, las negociaciones con Corea, Japón y próximamente China, amplían posibilidades en el mercado asiático. China es el gran exportador del mundo y eso lo convierte en un enorme y creciente comprador. ¿Qué vamos a venderle al mercado más atractivo de las próximas décadas?

2. ¿Qué vamos a exportar en el marco del TLC y demás acuerdos comerciales?

Este es un punto significativo y crítico. Las exportaciones colombianas, por décadas, han contado con preferencias para ingresar a los mercados más importantes: Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, las cifras no han sido las mejores. A pesar de las preferencias del ATPA/ATPDEA y del SGP a productos manufacturados principalmente, Colombia sigue dependiendo de las exportaciones de combustibles y algunos otros commodities que tienen pocas restricciones de importación. Ni la apertura económica (desde 1990), ni las preferencias unilaterales (SGP  y ATPA/ATPDEA) han servido para lograr que la economía colombiana diversifique su potencial exportador.

Las cifras son relevantes, no solamente dependemos de las exportaciones de bienes sin procesar: 70% de nuestras ventas son de café, petróleo, ferroníquel y carbón, siendo el crudo y algunos derivados el 49% del total de las exportaciones, sino que las ventas al extranjero de bienes manufacturados se componen, principalmente, de productos de bajo nivel de complejidad, por lo tanto, poco valor agregado y, en consecuencia, baja cotización en los mercados internacionales. Menos del 2% de  nuestras exportaciones se componen de productos de Alta Tecnología. Y esto no va a cambiar ya que somos un país que no patenta, que no investiga y que invierte poco en ciencia y tecnología (0.3% del PIB) si nos comparamos con países que avanzan como Brasil y Estados Unidos, los cuales dedican 1.4% y 2.8%, respectivamente.

3. A modo de reflexión final:

La importancia que pueda tener el TLC con Estados Unidos para las exportaciones y la inversión dependerá en gran medida de la capacidad de gestión de los empresarios y de la diligencia del gobierno colombiano para subsanar las deficiencias que en materia de infraestructura y legislación se deban abordar para crear unas condiciones que permitan realmente aprovechar las ventajas aduaneras que se crean. Sin embargo, el potencial de ese mercado en el largo plazo, no se podrá aprovechar sino se invierte en calidad en la educación, desarrollo científico y tecnológico, innovación y emprendimiento. Y esta tarea no es del gobierno sino de la articulación Empresa – Estado – Academia. No vamos a patentar, ni a exportar productos de Alta Tecnología en el corto plazo, ese es un hecho; pero si no se toman decisiones ahora, entonces, el TLC será un canto a la bandera porque seguiremos vendiendo café, petróleo, bananos, flores y algunas prendas de vestir.

Los acuerdos firmados y en proceso de negociación, a la par de las cifras, demuestran que Estados Unidos no es nuestro único mercado de interés y que hay regiones a las que se les debe dar igual o mayor importancia: Mercosur, China, México, Ecuador, Unión Europea, Sureste de Asia, etc. No olvidemos que por años nuestro principal comprador de manufacturas fue Venezuela y que, en la última década sólo 10% de las exportaciones a Estados Unidos se beneficiaban del ATPDEA. Así que es posible que en América Latina y otros mercados emergentes -China, India, Suráfrica- se hallen los potenciales compradores para sustituir en el corto plazo al vecino país, en lugar de concentrarnos en un mercado norteamericano más exigente y que en la actualidad apenas trata de salir de  una recesión.