TLC Estados Unidos-Colombia: ¿panacea o quimera?

Comencemos este ensayo contestando a la pregunta planteada en el título: el TLC con Estados Unidos no es una panacea para el crecimiento de la economía colombiana, pero tampoco se puede negar que hay sectores ganadores que se beneficiarían significativamente con  su ratificación.

Pero, todo debe tener su verdadera medida. El TLC tiene implicaciones “ofensivas” y “defensivas”. Las ofensivas tienen que ver con los sectores exportadores que ingresarán al mercado norteamericano sin el pago de aranceles. En este grupo se encuentran principalmente los rubros que durante dos décadas se han beneficiado del ATPA y ATPDEA. O sea, para estos sectores, dentro de los que se destacan los de la cadena textil-confección, el TLC es la garantía de poder entrar permanentemente al mercado norteamericano con franquicia arancelaria, y no tener que estar “mendigando” periódicamente la preferencia, como sucede actualmente con el ATPDEA. Aunque poco se puede hablar de diversificación de exportaciones, gracias a la preferencia.

Adicionalmente, esas preferencias de largo plazo tienen un costo: los sectores colombianos que pueden salir afectados por la competencia de productos norteamericanos en el mercado nacional. Tal es el caso de productos agrícolas como carne de pollo, maíz, arroz, entre otros. En este caso hay dos atenuantes de importancia: los subsidios del agro norteamericano que pueden generar competencia desleal pero, de otro lado, la gradualidad con la que se liberarán estos sectores, lo que le da tiempo a los productores colombianos para prepararse.

Adicionalmente, así como el ATPDEA no transformó nuestro país, el TLC no será una panacea. Incluso, México que lleva más de 15 años en el NAFTA es un ejemplo de lo que estamos planteando. Verdaderamente las exportaciones mexicanas se han disparado y Estados Unidos se ha consolidado como el gran mercado de los productos “manitos”. Pero, el desarrollo mexicano aún deja mucho que desear, este país se ha convertido en un gran exportador de mano de obra barata, lo que se traduce en empleos crecientes pero no muy bien remunerados.

Por lo tanto, si bien el TLC con Estados Unidos impactará de manera importante al comercio exterior colombiano, nuestros empresarios y el gobierno deben valorar también otras opciones que tenemos en la actualidad:

TLC con la Unión Europea. Europa es nuestro segundo mercado a nivel mundial y haber firmado este tratado nos coloca en igualdad de condiciones con respecto a competidores de Africa, Asia y  América Latina que ya gozaban de esta preferencia.

Acuerdo CAN-Mercosur. Latinoamérica es un mercado muy importante para el mundo. En el caso colombiano, Venezuela y Ecuador han tenido históricamente mucho peso en nuestra balanza comercial. Brasil y Argentina son dos de los mercados emergentes más atractivos del mundo y, por último, Chile es un país que tiene grandes intereses comerciales en la región. Digamos que Suramérica es el segundo mercado más importante del país austral…por algo será.

Tratados comerciales con China y demás países asiáticos: este es el coloso que más crece en el mundo. Hay que mirar hacia el Asia, que hoy maneja más del 50% del comercio mundial. Colombia debe priorizar su salida al pacífico. No sólo se trata de ingresar al APEC, en lo que está empeñado el gobierno colombiano, sino que hay que revisar nuestro plan de desarrollo con respecto al puerto de Buenaventura, al departamento del Chocó y al Darién: vías de acceso al Pacífico e infraestructura portuaria, Carretera Panamericana y Canal Interoceánico.

Para cerrar, es importante decir que el tema CAN-Mercosur debería ser mirado con mayor profundidad. La posibilidad de crear una Unión Aduanera suramericana tiene muchas implicaciones políticas y económicas. Pero, de avanzarse en esa dirección, estaremos creando un bloque suramericano con una gran capacidad de competir en los mercados mundiales. Pero, para ello, debemos mirar geopolíticamente y geoeconómicamente a nuestra región, este no es sólo un tema comercial.

Economía global 2011: en cuidados intensivos

Introducción:

Una mala época es una buena oportunidad para explicar que significa el término Globalización. Las economías mundiales están más conectadas desde la última década del siglo pasado que lo que lo estuvieron durante el resto del siglo XX. Eso hace que el ciclo económico posea unas correas de transmisión mucho más engrasadas y por ende, los contagios sean más rápidos y evidentes. En consecuencia, a pesar de que los precios  mundiales de commodities han impulsado el crecimiento de países subdesarrollados y los mercados emergentes más representativos salieron rápidamente de la crisis,  el riesgo de una segunda recesión sigue latente como consecuencia de los problemas de Europa, Norteamérica y Japón.

Pronóstico de crecimiento en el mundo

Según el DAES, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, las perspectivas  de crecimiento de los países industrializados para 2011 no son alentadoras:

Estados Unidos 2,2%  (0,4% menos que en 2010).

Unión Europea 1,3%  y 1,9% en 2012.

Pero, de otro lado, los mercados emergentes, según el FMI, presentan un horizonte de corto plazo más optimista. Sus proyecciones de crecimiento para 2011, son:

China: 9.6%

India 8%

Brasil 4.1% (desacelerado con respecto a 7.5% de 2010)

Rusia 4.3% (idéntico al 2010, a pesar de los excelentes precios de los combustibles, principal fuente de exportaciones de Rusia).

Todo lo anterior se sintetiza en una proyección de crecimiento global de 4.3% . Veamos gráficamente el pronóstico del FMI para el mundo en general y para los países industrializados en particular:

Sin embargo, estos pronósticos –que no son muy optimistas- pueden empeorar por variables de alta sensibilidad en el corto plazo. En concepto del DAES, los altos niveles de desempleo –agudizados con la recesión de 2008- la fragilidad financiera, la deuda soberana y la no resuelta guerra de monedas, son los mayores obstáculos de la recuperación económica.

Igualmente, para el FMI, cualquier turbulencia en los mercados de la deuda pública podría desencadenar una bola de nieve que absorbería al sector financiero, afectando la recuperación global. Además, la crisis presupuestaria de varios países de la Zona Euro desaceleró la recuperación del segundo semestre de 2010. En consecuencia, la austeridad presupuestal será recurrente en estas naciones durante 2011, lo que afectará al  crecimiento económico.

Las preguntas del 2011

¿Podrán las naciones industrializadas y China concertar compromisos en materia cambiaria; en otras palabras, frenar la guerra de monedas? La respuesta a esta pregunta no es simple, ya que un acuerdo en esta temática tiene que ver con una redistribución global de los empleos en el corto plazo. Es difícil que Europa o Estados Unidos renuncien a sus prioridades en esta materia. El desempleo estructural en Europa es alto -una bomba de tiempo para su sistema de seguridad social- mientras que Obama sabe que se juega su reelección sino muestra resultados concretos en materia de recuperación de empleos.

¿Se frenará el dominó de crisis fiscales en las naciones de la Zona Euro? La proactividad de las naciones en riesgo de contagio es fundamental. Será necesario que se realicen ajustes fiscales en el nivel nacional y que se lleven a cabo reformas institucionales en el nivel comunitario –la Zona Euro no puede seguir manejando las crisis como nacionales, éstas tienen dimensión comunitaria-.

¿Podrán ver la luz al final de túnel las negociaciones de la Ronda de Doha de la OMC? El escenario oscuro de la economía mundial en el 2011 es un ambiente altamente negativo para negociaciones comerciales. Es difícil pensar que se pueda llegar a acuerdos comerciales entre Japón, Unión Europea, Estados Unidos y los mercados emergentes, en este contexto. Esto también me sirve de argumento para pensar que el optimismo que se vislumbra en Colombia con respecto al TLC con E-U, para este 2011, también debe ser moderado. Si bien el regreso de las mayorías republicanas al Congreso  puede verse como un punto a favor, el ambiente económico no lo es.

Comentario Final:

La economía mundial enfrenta una de sus mayores encrucijadas. Después de haber derrotado al comunismo, el capitalismo requiere de una mayor concertación entre sus principales actores. Pasar del G-7 al G-20 no es un cambio cosmético. Las naciones industrializadas y los mercados emergentes deben ponerse de acuerdo y repartirse los costos de la recuperación económica. La recuperación del empleo en Europa y Estados Unidos está asociada a la dinámica económica en China y al creciente consumo de sus habitantes. Ningún país o bloque saldrá de la crisis sin el concurso de sus socios y competidores del mercado mundial.

La guerra de monedas ha sido la manifestación más evidente de la “des-concertación” entre los diferentes mercados de la economía mundial. Pero, la tasa de cambio  no es una variable independiente. La fuerte revaluación que sufren las monedas de América Latina, de Japón y de Europa se traduce en efectos de déficit fiscal y desempleo, principalmente. En consecuencia, lo que está en debate no es la estabilidad cambiaria sino la competitividad de las economías y el bienestar de las poblaciones.

Por último, los esfuerzos fiscales que se han hecho en muchos países para salir de la crisis de 2008 no son gratuitos. El déficit fiscal crece como espuma y los gobiernos tendrán que empezar a ajustar sus cinturones y deberán salir a buscar nuevos recursos para cubrir su deuda pública. El ajuste de gasto afectará directamente al empleo y la búsqueda de liquidez para cubrir sus pasivos elevará las tasas de interés, afectando la inversión privada y contrayendo nuevamente al empleo.

Crisis en Irlanda: ¿segunda caída del Muro de Berlín?

Cuando se señalan los tres grandes centros de la economía mundial, se habla de dos países, Estados Unidos y Japón y de un subcontinente: Europa Occidental. Con la creación y evolución del bloque europeo -el cual comenzó siendo Mercado Común para evolucionar en Comunidad Económica hasta llegar a la hoy denominada Unión Europea (UE)-,  se tiende asociar a Europa con un mercado integrado, con políticas e instituciones económicas unificadas.

La UE recoge el 8% de la población mundial pero casi 25% del PIB global. La mayoría de los países de la UE pertenecen a la Zona Euro, o sea que han renunciado a su moneda propia para aceptar el Euro, cediendo su soberanía monetaria a un ente supranacional.

- Zona Euro (16 en azul);
- Estados obligados a incorporarse a la Zona Euro (9 en verde);
- Estado con cláusula de exclusión de la Zona Euro (Gran Bretaña);
- Estados que tienen previsto un referendum para incorporarse a la Zona Euro (Dinamarca),
-  Zonas no pertenecientes a la Unión Europea que utilizan el Euro sin un acuerdo (en morado).
Fuente: Archivo:Euro accession.png

Igualmente, sus integrantes no tienen política comercial propia, ni aduanas. Es por eso que en las negociaciones de la OMC no aparece ningún delegado de los países, sino los Comisarios Europeos, quienes representan a todo el bloque. Esto es muy significativo, ya que a la Ronda de Doha o a cualquier negociación bilateral -léase TLC con Colombia o Chile o México, por ejemplo-, el vocero europeo lleva una sola voz, pero  en representación de 27 naciones.

Sin embargo, últimamente hablamos de la Crisis Griega, la Crisis Española, la Crisis Irlandesa y todo indica que, dentro de pronto, hablaremos de la Crisis Portuguesa. He aquí lo extraño, puesto que nadie habló hace dos años de la recesión en Nueva York o la Crisis de Washington, sino de la crisis de la economía norteamericana. Entonces, ¿por qué no hablamos de la Crisis de la Unión Europea o, al menos, de la Zona Euro?

Si bien, la crisis financiera que se inició en 2007 y la recesión mundial son fenómenos que prueban la interdependencia de las economías del mundo, también hay que reconocer que las crisis suscitadas en Grecia, España y, ahora, Irlanda tienen un denominador común que las diferencia del resto del mundo: son economías que no tienen moneda propia y, por lo tanto, tampoco poseen una política cambiaria. Estas naciones tienen amputada su soberanía monetaria.

Mientras Estados Unidos emite moneda para mantener competitivas sus exportaciones, Beijing aplica una política cambiaria de anclaje, colocando al Yuan a la par del dólar americano y la Banca Central en Brasil incrementa sus compras de dólares y coloca restricciones a los capitales de corto plazo, Grecia, España o Irlanda no tienen instrumentos monetarios para palear la crisis.

Esta limitación no es de poca monta. Sus gobiernos deben recurrir directamente a medidas como reducciones salariales, despidos de empleados públicos y recortes al presupuesto del Estado. Medidas políticamente impopulares que, tradicionalmente, tumban gobiernos. Por lo tanto, estas crisis consecutivas no sólo son problemas monetarios de  países vecinos, sino síntomas de crisis del bloque.

Lo anterior explica que se establezcan planes de rescate desde Bruselas (sede de la UE) para recuperar estas economías. Pero, estos no se deben entender como medidas de solidaridad. Europa no es un país, es un bloque, pero sus integrantes son países “incompletos” y al ingresar a la UE eso es claro: se renuncia a la soberanía a cambio de los beneficios de la integración.

En los momentos difíciles es que se ve realmente si los matrimonios son sólidos. Bueno, entonces, esta “poligamia” europea está viviendo una crisis conyugal y, por lo tanto, ésta se debe resolver en pareja (mejor dicho, en grupo).

Lo que realmente está en juego es la solidez de la Unión Europea. Si los demás países que integran la UE entienden que los problemas de sus vecinos son endógenos al interior de Europa y no exógenos a economías fuertes como Alemania, Francia o Gran Bretaña, la Zona Euro saldrá fortalecida de esta crisis.

Pero si la realidad es que se asume que los problemas son  particularmente de Grecia, España, Irlanda o (pronto) Portugal, entonces, estaremos asistiendo a la segunda caída del Muro de Berlín: el inicio del desmoronamiento de la Zona Euro.

OMC: ¿Qué pasa con Doha?

Los colombianos nos hemos acostumbrado a escuchar sobre los TLC (Tratados de Libre Comercio) y, además, lo hacemos con cierto optimismo. A pesar de las críticas de algunos sectores que se declaran afectados de algún TLC en particular, los medios de comunicación y el gobierno tienden a promover con bombos y platillos la llegada de estos acuerdos. Hubo regocijo por el TLC con la Unión Europea, aunque el sector lechero puso el grito en el cielo. Hay expectativas enormes por el TLC con Estados Unidos –que se halla en el fondo del congelador del Congreso de  Estados Unidos-. Igualmente, se anunciaron con orgullo los tratados con el triángulo norte de Centroamérica, con Chile o el convenio CAN-Mercosur.

Sin embargo, estos tratados no son hechos aislados, todo lo contario. Hay una búsqueda masiva de acuerdos por parte de la comunidad internacional. Los acuerdos comerciales están a la orden del día y cobijan todos los continentes. Incluso, no sólo hay TLCs, que generalmente se concentran en el libre comercio de bienes y servicios. Existen Uniones Aduaneras, que crean aduanas pluriestatales (como la naciente Unión Aduanera del Mercosur, como la Unión Aduanera de Europa Occidental o como el proyecto de la CAN). Incluso, hay mercados comunes que permiten, además, la libre migración de trabajadores y el movimiento de inversiones entre varios países (la Unión Europea es el mejor ejemplo.)

(Mapa de Sciences Po)

Ahora, estos tratados se están firmando en pequeños grupos regionales, a pesar de que 153 naciones del mundo llevan a cabo unas negociaciones comerciales globales en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La Ronda de Doha, así se denomina la actual negociación global, comenzó en 2001 y aborda infinidad de temas. Pero, por eso, por abordar infinidad de temas y tratar de poner de acuerdo a  tantos países es que no logra terminar.  Hagamos una síntesis de las talanqueras que no permiten que Doha llegue a buen puerto:

(gráfico: Historia de las negociaciones GATT OMC. Fuente: OMC, 1995)

1. El tema agrícola. Este es el mayor dolor de cabeza. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón se autoabastecen de alimentos (granos, cárnicos, lácteos y azúcar) a pesar  de que poseen las peores condiciones para la producción agropecuaria. Por ello, son altamente proteccionistas: subsidios, cuotas y aranceles. De otro lado, Brasil, Argentina, Australia y otras naciones del denominado grupo G-20, son exportadores potenciales que exigen que Europa, Norteamérica y Japón abran sus mercados a la competencia mundial.

Este tema agrícola se complica con los problemas de hambre de las Naciones Menos Avanzadas (NMA) que se benefician de la compra de alimentos subsidiados de Europa y Norteamérica. Por último, la producción de biocombustibles y la preocupación por el medio ambiente enrarecen aún más las negociaciones en materia agropecuaria.

2. La propiedad intelectual. La economía mundial vive un constante debate: proteger a los investigadores que desarrollan nuevos avances de ciencia y tecnología –patentes- o asegurar el empleo y el acceso de la comunidad a los bienes y servicios. Este tema es particularmente complejo en el caso de los medicamentos. Si a los grandes laboratorios no se les protegen sus patentes, se detendrán las investigaciones para encontrar nuevas moléculas que permitan curar enfermedades que preocupan a la humanidad: VIH, hepatitis B y C, cáncer, influenza porcina, etc. Pero, de otro lado, una excesiva protección de patentes y licencias encarece los medicamentos y, en consecuencia, la  cobertura de servicios de salud pública. Gran dilema

Otros temas complejos son: comercio mundial de servicios (turismo, salud, ingeniería, transporte, comunicaciones), comercio electrónico (el mundo aún no explotado del Internet), comercio de la industria cultural (libros, televisión, cine, música) sin perjudicar la identidad cultural de los pueblos, etc.

En la Ronda de Doha está puesta toda la carne en el asador; si se llega a un acuerdo final se habrá dado un gran paso hacia un comercio más transparente y libre pero, la incertidumbre es grande y se ve más cerca una gran decepción que el descorche de botellas de champaña…Amanecerá y veremos.