Según reportes, el Aeropuerto Internacional de Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, fue alcanzado por un proyectil —presuntamente un dron o misil iraní— que causó daños visibles en una de sus terminales, obligó a evacuar a pasajeros y trabajadores, y dejó al menos cuatro heridos leves, según informó la autoridad aeroportuaria. Este aeropuerto es uno de los hubs internacionales más importantes del mundo, conectando rutas aéreas entre Occidente y Asia, por lo que su interrupción afecta no solo el tráfico civil sino también la logística global.
La ofensiva iraní también ha sido dirigida específicamente contra infraestructuras energéticas, en un movimiento que analistas consideran parte de un intento deliberado por generar presión económica global a través del mercado energético. Este 2 de marzo, la gigantesca refinería de Arabia Saudí en Ras Tanura, operada por la estatal Aramco y una de las más grandes del mundo, fue objetivo de drones iraníes. Aunque dos de los aparatos fueron interceptados por las defensas saudíes, el ataque provocó un incendio y la planta debió cerrar temporalmente como medida de precaución.
Esa refinería, con una capacidad de procesamiento de más de 550.000 barriles diarios, es un pilar del suministro petrolero del Golfo y su interrupción ha tenido efectos inmediatos en los mercados energéticos. La combinación de ataques, el cierre de instalaciones y la interrupción en el transporte marítimo ha elevado los precios del petróleo Brent a niveles superiores a 80 dólares por barril, anticipando temor de una crisis similar a las observadas en décadas pasadas.
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La escalada no se ha limitado a refinerías. Información de agencias internacionales señala que otras instalaciones relacionadas con el gas en la región han sido afectadas: el complejo de gas licuado de Qatar, una de las mayores plantas de gas natural liquado (LNG) del mundo, ha detenido su producción, y el campo de gas Leviathan en Israel fue obligado a suspender temporalmente operaciones, impactando contratos de exportación de gas a países como Egipto.
La crisis energética se ha visto agravada por la paralización del tráfico en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta para el transporte de petróleo y gas. Como resultado de las tensiones y advertencias de Irán, más de 150 petroleros y buques de gas han quedado fondeados fuera del paso marítimo o han suspendido sus operaciones por riesgos de seguridad, lo que representa un porcentaje considerable del comercio energético global.
El impacto económico se ha sentido con fuerza. Los precios del gas natural en Europa se han disparado en torno al 50% tras la paralización de la producción en Qatar, y los futuros del diésel europeo se han incrementado notablemente, reflejando la elevada incertidumbre en los mercados energéticos globales.
Además de estos blancos directamente vinculados al petróleo y al gas, Irán ha lanzado misiles y drones contra bases militares estadounidenses y sitios en países aliados en la región, incluyendo Kuwait, Baréin, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros territorios del Golfo. En varios casos, las defensas aéreas han logrado interceptar los proyectiles, pero los fragmentos y la presencia de misiles han generado daños materiales y provocado cierres de espacios aéreos enteros, con miles de vuelos cancelados y consecuencias para la aviación civil.
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La amplitud de los objetivos de Irán en esta respuesta contrasta con represalias anteriores de menor escala. En esta ocasión, según corresponsales de seguridad internacional, Irán ha utilizado todos sus recursos defensivos y militares disponibles, argumentando que actúa bajo el derecho a la autodefensa tras las ofensivas de Estados Unidos e Israel, que incluyeron el asesinato de líderes clave y ataques a infraestructura militar iraní.
Los ataques a infraestructuras energéticas han generado advertencias de los mercados y de gobiernos importadores de crudo. El estrecho de Ormuz, por su importancia estratégica —por donde transita una quinta parte del petróleo y gas marítimo mundial— se ha convertido en un punto crítico de la crisis regional, y analistas advierten que incluso una interrupción parcial prolongada podría empujar el precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril.
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Ante esta situación, varias naciones han expresado preocupación por la escalada y los efectos colaterales en la economía mundial. La extensión de los ataques a infraestructura petrolera y rutas energéticas ha colocado al conflicto en una dimensión que va más allá de lo militar, influyendo directamente en el comercio global de energía y en los mercados financieros internacionales.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Por qué subió el precio del petróleo?
- Los ataques a refinerías y la interrupción del tránsito en el estrecho de Ormuz generaron temor por escasez de suministro, impulsando el Brent por encima de los US$80.
- ¿Qué tan importante es el estrecho de Ormuz?
- Por allí transita cerca del 20% del petróleo y gas que se comercia por vía marítima en el mundo.
- ¿Qué países han sido afectados por la respuesta de Irán a bombardeos de EE. UU. e Israel?
- Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Qatar, Israel y otras naciones del Golfo, además de bases estadounidenses en la región.
- ¿Podría haber una crisis energética global?
- Sí. Si la interrupción persiste, los precios podrían superar los US$100 por barril y afectar inflación, transporte y mercados financieros.