Colombia 2015: incertidumbre en el frente económico.

Por Giovanny Cardona Montoya (diciembre 21 de 2014)

Cómo cierra el año 2014

Si nos comparamos con la región, Colombia va muy bien; si lo hacemos con el mundo, vamos “super”; y si miramos nuestra historia, el año 2014 “pasa raspando”.

Aunque el segundo semestre ha traído zozobra, hay que recordar cuatro cosas: 1) el desempleo está por debajo del 10%; 2) el Banco de La República no modificó las tasas de interés en las últimas reuniones de su Junta; 3) la inflación se mantiene controlada y; 4) el PIB viene creciendo de manera más o menos sostenida a pesar de la frágil recuperación de Estados Unidos y Europa y la desaceleración de China.

Sin embargo, si aceptamos que el petróleo es un referente clave para monitorear la economía colombiana, entonces no todo fue color de rosa en este 2014. El año no empezó bien para Ecopetrol, empresa que ha visto reducir sus reservas de crudo a 6,6 años; este hecho, aunado a debates relacionados sus refinerías y bajos resultados en las exploraciones y a la caída en los precios internacionales del crudo, ha derrumbado el precio de la acción a niveles insospechados.

¿Qué nos depara el año 2015?

  1. El tema principal de corto plazo es el relacionado con los precios internacionales del crudo. La recuperación del mismo depende de diversos factores: las decisiones de la OPEP, el ambiente geopolítico en el medio oriente y el crecimiento económico de Europa, Norteamérica y China. En el plano interno, el cambio de timonel (Javier Gutiérrez abandona la empresa) podrá dar luces sobre el Norte que guiará a la empresa en materia de exploraciones, incluido el tema del fracking. De esto depende que Ecopetrol mejore su nivel de reservas y recupere el valor de la acción en el mediano plazo.
  2. Si los precios internacionales siguen a la baja, se desestimularía la inversión extranjera para exploraciones (cuenta de capitales) y caerían los ingresos por exportaciones (balanza comercial). En consecuencia, se resentirían la balanza de pagos y las finanzas públicas, lo que haría pensar que la actual reforma tributaria tendría que ser complementada en 2016.
  3. Adicionalmente está el tema de la tasa de cambio. En este último año el dólar ha subido una pendiente inesperada. Que la tasa de cambio se mantenga alta depende especialmente del mercado internacional petrolero. Si el precio se mantiene muy bajo y las inversiones caen, el dólar se mantendrá alto, de lo contrario, la divisa podría volver a niveles cercanos a los 2000 COP.
  4. Con la decisión de Junta del Banco de La República (este viernes 19 de diciembre), manteniendo las tasas de interés estables y frenando las compras de divisas, las señales se aclaran bastante: no hay preocupaciones mayores en el frente inflacionario y se espera que el dólar se mantenga relativamente alto, por lo menos en los primeros meses del año. Ello indica que el mercado interno está asegurado, o sea, el consumo de los hogares y la dinámica de la construcción (obras civiles y vivienda) pueden ser las principales razones para mantener una meta de crecimiento del PIB superior al 4% para el próximo año.
  5. El dólar revaluado puede darle una mano a otros exportadores, como por ejemplo los confeccionistas, los bananeros y los cafeteros, además de dar algo de respiro a la pyme que no resiste la competencia externa.

En síntesis, 2015 es un año que nace con muchas incertidumbres debido a la alta dependencia de la industria de hidrocarburos. Sin embargo, la tarea para los empresarios para este nuevo año es trabajar con optimismo, aprovechar el buen escenario del mercado interno y monitorear muy de cerca el mercado mundial de combustibles y la evolución de la tasa de cambio.

Starbucks y las Cadenas Globales de Valor.

La llegada de Starbucks a Colombia ha generado fuertes reacciones en las redes sociales. Particularmente es evidente la preocupación que manifiestan muchos compatriotas al ver a esta cadena multinacional como una especie de enemigo del café colombiano. Algunos otros se han expresado por un problema tal vez más evidente: que la llegada de esta empresa ratifica nuestra condición de país productor de commodities e importador de bienes procesados.

Sobre el tema es pertinente hacer varias precisiones:

1. Starbucks no es la causa, pero sí es evidencia de que somos un país que se estanca como proveedor de materias primas a empresas que agregan valor y se quedan con las mayores utilidades de esta economía global. Con sus 5000 tiendas en el mundo, esta empresa ha diseñado un concepto de negocio que gira alrededor de la bebida que se elabora con nuestro grano. De hecho, Starbucks ha sido un gran comprador de café suave colombiano para elaborar sus productos en todo el mundo.

Ahora, el Consejo Nacional Privado de Competitividad ha llamado la atención sobre la “dessofisticación” de nuestra oferta exportadora. Hace un cuarto de siglo exportábamos el doble de manufacturas que hoy. Evidentemente estamos en retroceso, tal y como lo muestra el siguiente cuadro de exportaciones colombianas al mundo y por regiones, durante más de tres décadas:

Según datos de Buitrago y Garay, década tras década, nuestras exportaciones dependen más de los hidrocarburos que de las manufacturas o, inclusive, los bienes agropecuarios. Sólo algunos mercados andinos han sido importantes para venderles manufacturas y alimentos made in Colombia. Europa Occidental y Estados Unidos nos aprecian por el petróleo, el carbón, el café, las flores y los bananos.

2. El problema no es que llegue Starbucks; de hecho es una empresa que generará nuevos empleos y que consumirá más café colombiano. El problema es que el país no está tomando decisiones agresivas para fortalecer la capacidad creativa, productiva e innovadora de su sociedad. Como se ha reiterado en este mismo espacio, nuestros avances en materia educativa son lentos. Ni qué decir en materia de investigación, desarrollo, innovación y emprendimiento.

En días pasados se armó un escándalo nacional por una supuesta reducción de recursos a Colciencias. Pero, con o sin reducción, el país no avanza. El uso de las regalías se ha politizado y Colciencias es un monstruo sin dientes; a la vez que el resto de la comunidad de investigadores nos hemos convertido en generadores de “puntos” para que Colciencias nos suba en su escalafón.

El país no avanza en materia de patentes, la formación en matemáticas, ciencias naturales e idiomas es débil. Pero no se toman decisiones de largo plazo, sólo se aplican paños de agua tibia.

Se requieren políticas de Estado para cambiar el rumbo, las universidades deben focalizarse en los problemas de desarrollo del país, los preescolares y la primaria deben priorizar las competencias relacionadas con la cotidianidad de las personas y con el espíritu crítico y analítico de nuestros niños, y las empresas deben crear condiciones para una gestión del conocimiento coherente con su visión y las tendencias del mundo.

3. Por último, la división internacional del trabajo se ha transformado en cadenas globales de valor en las cuales las empresas NO HACEN PRODUCTOS, sino que HACEN TAREAS. La profundización de esta división internacional del trabajo es una realidad que debemos comprender y aceptar, sin ello, no podremos convertirnos en eslabones que generen mayor valor agregado. La integración inter-empresarial es el mayor potencial de generación de valor agregado.

No es pecado tener tierras tan fértiles, ni caficultores tan laboriosos como los que tenemos; pero debemos conectarnos a la Cadena Global del Café para obtener mayores beneficios de nuestro trabajo. Participar en la producción  de bebidas especiales, de cafeina, de repostería, de confitería, etc., etc. Juan Valdez va por el camino correcto.

Pero en esa misma dirección deben entrar los bananeros, los floricultores, los textileros y confeccionistas, etc., etc., etc.

La división internacional del trabajo es una realidad y si no fortalecemos nuestro talento humano podremos quedar por fuera de la elaboración de productos tan elementales como el siguiente: http://chain.net/photo/today-s-globalized-toy?overrideMobileRedirect=1#.U8sObLEuLXA

La elaboración de un juguete de peluche requiere del concurso de 12 fábricas ubicadas en seis países diferentes. Cada una de ellas, realiza una tarea particular, sin la cual no se logra el producto final.

 

 

 

 

 

Colombia competitiva: algunas tareas pendientes.

Hace pocos días estuve revisando el informe de competitividad de Colombia 2012-2013 y comparaba algunos de sus datos con los retos que hemos destacado en este blog y que tienen que ver con la incursión de nuestras empresas en las cadenas globales de valor. La conclusión a la que llegué es que hay varias tareas pendientes y, en esta ocasión, deseo centrarme en un par de ellas que tienen que ver con la AGREGACION DE VALOR A NUESTRAS MERCANCIAS, a partir de una estrategia de largo plazo.

El problema: des-sofisticación de nuestra oferta exportable.

Según el informe del Consejo Nacional de Competitividad, este país arrastra una tendencia de varios lustros que nos lleva a la época jurassica: cada vez dependemos más de las exportaciones de commodities.

Fuente: diseño propio con datos de CPC 2012. Esta gráfica señala como en una década, el país ha incrementado la dependencia de sus exportaciones de materias primas. No sólo exportamos más hidrocarburos, sino que, en cualquiera de los niveles de tecnología -alta, media o baja- ha caído el grado de sofisticación de nuestros bienes.

Como lo hemos señalado en los artículos anteriores, el comercio mundial se mueve a través de cadenas globales de valor. Evidentemente, los datos presentados muestran que nuestra economía tiende a moverse hacia los últimos eslabones de esta cadena: abastecemos de combustibles a las factorías de países industrializados y de exitosas economías emergentes.

Fuente: diseño propio con datos de CPC 2012. Esta tabla muestra como economías exitosas, como Corea, tienen 85% de exportaciones manufacturadas con tecnología de nivel alto, medio o bajo. Incluso España, en medio de su crisis, exporta 3/4 de bienes manufacturados. Además, vecinos nuestros como México han reducido sustancialmente su dependencia de exportaciones de materias primas.

Algunos analistas podrán considerar que nuestra estrategia, centrada en la locomotora de la minería, tiene sentido, puesto que la demanda básica de energía depende de los hidrocarburos y eso es lo que estamos exportando. Sin embargo, ni tenemos reservas de petróleo para varias décadas, ni vamos en la dirección de las exitosas economías emergentes.

Un par de tareas sin realizar: educación e innovación.

El caso es que llevamos ya varios años culpando a la revaluación o a la firma de TLC por los problemas de competitividad de nuestras empresas, pero evadimos los problemas de fondo: la ausencia de políticas domésticas que creen condiciones para que en el mediano y largo plazo el aparato productivo pueda tener fortalezas en materia de productividad, innovación y sofisticación de los productos y servicios.

Una de estas tareas pendientes es el fortalecimiento del sistema de educación básica y media. En Colombia hay un problema que va mas allá de la cobertura educativa y es la poca importancia que se le da a tener una planta docente de alta calidad: ser maestro en Colombia no da reputación, ni dinero, contrario a lo que sucede en Finlandia, Corea o Singapur.

Esta tabla nos señala 3 grandes problemas: en las facultades de educación (licenciaturas) no se matriculan los mejores bachilleres, ésta no es una profesión atractiva ni por estatus ni por remuneración. El segundo problema es que hay más docentes que vacantes, sin embargo, estas últimas no se llenan ya que los docentes no tienen los perfiles requeridos. Por último, sólo el 20% de los profesores se presentan a procesos de evaluación para escalafonarse, lo que se asocia con bajos niveles de preparación. (Datos sintetizados del Informe Nacional de Competitividad 2012).

La educación básica tiene que ver con competencias fundamentales: creatividad, observación, pensamiento lógico, dominio de una segunda lengua, entre otros. Si no se invierte en la alimentación (consumo de proteinas) y educación de la primera infancia, la próxima generación tendrá limitaciones para liderar proyectos que mejoren la economía y el bienestar de la sociedad. Estamos hablando de limitaciones para la investigación, el desarrollo, la innovación y el emprendimiento.

Si no se toman decisiones de fondo en esta materia, nuestra economía seguirá mostrando debilidades en un indicador clave como el de las patentes:

Para cerrar: la ausencia de políticas de Estado y el marcado énfasis en las políticas cortoplacistas no permite enfrentar los retos que marcan la evolución de la economía colombiana en el largo plazo: las inversiones adecuadas que se hagan en la infancia actual repercutirán en la competitividad y el desarrollo de la economía de este país en un par de décadas. ¿Habrá clase política que esté dispuesta a mirar a lo lejos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OMC, Seattle y Eduardo Sarmiento: un poco de todo.

Preámbulo:

Estoy en casa viendo una película, Noviembre Negro, la cual presenta una perspectiva de lo que sucedió en 1999 cuando los manifestantes antiglobalización se tomaron las calles de Seattle y bloquearon las negociaciones de la OMC. Al final, la película me recordó la Conferencia de Cancún, 2003, en la cual los países industrializados y naciones como Brasil se trenzaron en una batalla diplomática por el tema de la protección a las patentes de laboratorios farmacéuticos y el derecho a la salud pública.El balance de Cancún fue la congelación de negociaciones en el marco de la Ronda de Doha de la OMC.

Este momento me llevó a revisar los apuntes que levanté durante un conversatorio la semana pasada, al que asistió Eduardo Sarmiento, uno de los economistas más prestigiosos del país, y uno de los mayores críticos al proceso de apertura económica. Pero, a diferencia de la película, Sarmiento no se centra en la perspectiva socio-política, sino en una mirada muy técnica, haciendo uso de metodología y modelos econométricos.

Los argumentos:

Para Sarmiento, la economía de apertura lleva un cuarto de siglo de crisis. Después de tantos años, la economía colombiana se ha fortalecido en la minería y el sector servicios. Pero, el primero no es un sector intensivo en mano de obra y el segundo se lucra significativamente de la economía informal, expandiendo el subempleo. Ello implica que el rezago del agro y la industria es una nefasta consecuencia en materia de generación de empleos.

Pero, la crítica de Sarmiento es técnicamente más elaborada: en este modelo económico, el Estado sólo se ha ocupado de lo monetario, dejando relegadas las políticas fiscales. En opinión del experto, los bancos centrales se han concentrado en el control del poder adquisitivo de la moneda (inflación y tasa de cambio) mientras los gobiernos no le dan a los impuestos y al gasto público el rol de eje macroeconómico que les corresponde. En otras palabras, desde que nuestros países abrazaron el modelo de apertura económica, el Estado ha dejado al mercado que decida cuáles son los sectores económicos que se van a desarrollar.

Como lo planteaba el profesor Sarmiento, no tiene ningún sentido la planeación estatal si es el mercado el que va a tomar las decisiones. Ahí están las consecuencias: menos agro,  menos industria, más minería. En consecuencia, si bien por períodos significativos la economía colombiana ha tenido tasas de creciimiento importantes (1993-1994; 2005-2007), la productividad de las empresas colombianas no ha crecido en 20 años, a la vez que los índices de distribución de la riqueza no muestran avances significativos. No sólo hemos entrado en un proceso gradual y constante de desindustrialización, sino que la concentración de la riqueza se ha exacerbado.

Según Sarmiento, una política fiscal que reduce los impuestos alos ricos para trasladárselos a la clase media es una política errónea. Además, una política asistencialista, si bien puede ayudar a reducir la pobreza extrema, no reduce la inequidad. Como se lo pregunta el analista: ¿cómo conciliar crecimiento con equidad?

En lugar de conclusiones:

Estamos viviendo un momento histórico, se incrementan los cuestionamientos al modelo actual. No exactamente en términos de criticar la apertura per se, sino de reclamar un Estado más protagonista, con una política fiscal que conscientemente busque el desarrollo de ciertos sectores de la economía, aquellos intensivos en mano de obra y capital, que estimulen el crecimiento sostenible de un empleo de calidad.

¿Tiene Colombia un modelo de desarrollo o es un barco a la deriva?

 

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez

Versión en inglés: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?p=1469

El siglo XX fue en gran medida el siglo de proteccionismo. En ese contexto, los países latinoamericanos -incluido Colombia- llevaron a cabo una política de sustitución de importaciones buscando promover la naciente industria nacional. En la década de 1960, dicha política se complementó con estrategias de promoción de exportaciones para diversificar la oferta y vender al mundo mercancías diferentes a las mineras y agrícolas.

Sin embargo, para las corrientes económicas emergentes a finales del siglo XX, para la academia y para los gobernantes de turno, éste modelo económico cepalino se agotó. En su reemplazo, el neoliberalismo fundamentó estrategias de apertura para modernizar las economías, liberalizando el comercio y atrayendo la inversión extranjera. Sin embargo, un cuarto de siglo después, hay razones de peso para preguntarnos hacia donde va Colombia en materia de desarrollo económico.

Las expectativas:

El modelo proteccionista del siglo XX dio origen a una industria liviana importante, con algunos avances, incluso, en producción de electrodomésticos, instumentos eléctricos y ensamblajes de vehículos.  Paralelo a ello, las exportaciones se habían diversificado, reduciendo la dependencia del café y aumentando la producción de otros bienes, especialmente agroindustriales y del sector textil-confección. Sin embargo, el paradigma de la ventaja competitiva se imponía en el mundo, por lo tanto, había que abrir la puerta a la competencia, a nuevos proveedores y a inversionistas que crearan condiciones para modernizar la economía colombiana.

Como lo muestra este mapa de Sciences Po, la mayor parte del comercio mundial es al interior de los bloques del Norte (circunferencias) y entre éstos (Flechas gruesas). Ello se debe a que se trata de productos manufacturados de alto nivel de complejidad tecnológica, y en estos circuitos pocos latinoamericanos participan, Colombia incluida: hay que crear ventaja competitiva.

En consecuencia, a partir de la apertura económica, se esperaba lograr que la inversión extranjera modernizara nuestro aparato productivo, que se sofisticara nuestra producción, que la competencia extranjera obligara a nuestra incipiente industria a mejorar para competir. Con esos pilares se esperaba fundamentar una nueva economía centrada en la creación de ventaja competitiva por parte de las empresas.

La realidad

Sin embargo, a pesar de que algunas empresas se han modernizado, en general las cifras señalan que Colombia no avanza en esta dirección. Según estudios del Banco de La República, hasta comienzos de la apertura económica (1990) el café representó entre el 50 y el 70% de las exportaciones. En la década de 1990, exportaciones diferentes a café y petróleo llegaron a ser casi 50% del total de la oferta exportadora. Pero, ello no significa que haya sido la industria manufacturera la gran potenciadora, aunque algo de ello si había: Venezuela fue, en el marco de la CAN, un gran mercado para vehículos ensamblados, confecciones y agroindustria, principalmente.

Sin embargo, el balance de la primera década del siglo XXI señala que lo poco que se había avanzado en materia de diversificación se ha ido desvaneciendo. Si bien ya no dependemos significativamente de las exportaciones cafeteras, los productos mineros no procesados han pasado a ocupar este privilegiado puesto. Entre el petróleo, el carbón, el ferroníquel y el oro se halla el eje de las ventas colombianas al exterior, las cuales se complementan con una industria liviana que no evoluciona: confecciones, bananos y flores. Según el Consejo Privado de Competitividad, el 88% de nuestras exportaciones son materias primas o bienes de bajo nivel tecnológico.

En consecuencia, nos hallamos en una situación ambigua: iniciamos un modelo de apertura económica, inspirados en los principios de la Ventaja Competitiva, lo que implica ciencia, tecnología e innovación. Pero la sofisticación de nuestra industria y de la agricultura no está sucediendo. Tenemos mejores comunicaciones, una banca más internacionalizada, una mayor oferta educativa, pero seguimos exportando bienes sin procesar. Algo no estamos haciendo bien.

La macroeconomía:

nos hemos transformado en una economía minera. El carbón y el petróleo se han convertido en nuestra principal fuente de divisas: exportaciones y atracción de inversión extranjera. Sin embargo, esta situación es un determinante (aunque no exclusivo) de la revaluación del peso. En consecuencia, la bonanza minera es causante parcial de las debilidades de otras industrias con aspiraciones de participar en los mercados internacionales. Los confeccionistas, los floricultores, los bananeros y los cafeteros pierden competitividad como consecuencia de una tasa de cambio desfavorable. Estamos viviendo síntomas de una enfermedad holandesa. ¿Es esto sostenible?:

Según estos datos de la compañía BP, trabajados por Nelson Hernández, 10 países poseen 80% de las reservas mundiales de petróleo, pero Colombia no aparece entre éstos. Por lo tanto, un modelo de desarrollo minero, fundamentado en la industria de hidrocarburos no parece sostenible en el largo plazo para Colombia. No hay señales de que podamos sostener el modelo a largo plazo con divisas derivadas de la inversión y las exportaciones de petróleo, mientras que las otras industrias -manufacturera y agrícola- se deprimen como consecuencia de la revaluación que la primera provoca.
 

La innovación y el desarrollo sostenible:

No sólo la tasa de cambio afecta a las manufacturas y al agro colombianos. Este país presenta muy malos indicadores en materia de innovacion, desarrollo, educación y ciencia. Según datos optimistas, Colombia podría estar dedicando poco menos del 0,5% de su PIB a procesos de I+D, mientras países exitosos del Este Asiático invierten en este rubro cerca del 4%. Vecinos como Brasil o Chile, invierten más del 1%. Nuestra falta de visión se traduce en pocas patentes y baja innovación empresarial. No es casual que una de las pocas empresas que patenta en Colombia sea Ecopetrol.

En temas de educación, si bien hay cambios en lo cuantitativo -mayor cobertura, más maestrías, menos analfabetismo-, en lo cualitativo aún hay dificiencias significativas: las universidades realizan poca investigación y no se ven fuertes avances en su enfoque hacia los grandes problemas del país, particularmente hacia la sofisticación de nuestra capacidad productiva. Hay poco interés por el estudio de las ciencias básicas y en biliguismo aún nos encontramos fuertemente rezagados.

Por último, el país vive un gran debate en materia de explotación minera. En este contexto hay una seria preocupación por la baja relación que existe entre la búsqueda de una minería moderna y el desarrollo sostenible de Colombia: no sólo la agricultura puede ser afectada sino, en general, puede producirse un daño ambiental irreparable si no se clarifica el tema de una “minería sostenible“. Son muchos los interees en juego y poca la claridad jurídica y ejecutiva al respecto.

Para cerrar:

si bien el presente es minero, el futuro es incierto. Ni la apertura económica iniciada hace un cuarto de siglo, ni los números mineros son argumentos para indicar que el país va en una u otra dirección. Somos un barco a la deriva firmando TLC con todo el mundo sin pensar qué será lo que les ofreceremos en el futuro a nuestros socios comerciales.    Como lo hemos dicho en artículos anteriores: para exportar hidrocarburos no se necesita firmar acuerdos…¡¡Tenemos la brújula perdida!!!