Sube el precio del crudo: cantos de sirena para una economía colombiana insostenible.

Por: Giovanny Cardona Montoya.

Septiembre 30 de 2018.

 

El ajuste-precio: corto plazo.

La teoría monetaria del Comercio Internacional explica a través del Ajuste-precio como se equilibran las balanzas de pagos a partir de las fluctuaciones de la tasa de cambio. Si aplicamos esta teoría al desajuste sufrido por la balanza comercial colombiana desde que el precio mundial del petróleo comenzó a caer a partir del segundo semestre de 2014, podremos ver que el mercado, en el corto plazo, tiende a equilibrarse de manera autónoma, sin intervención de las autoridades gubernamentales. Continuar leyendo

Un país que exporta hidrocarburos y “personas” para comprar productos chinos.

Agosto 21 de 2017.

Aunque la balanza de pagos es el espejo en el que podemos ver las relaciones de un país con el resto del mundo, aquella también se puede utilizar para observar algunos de los hilos conductores de la dinámica económica doméstica.

1. EL CONCEPTO.

La balanza de pagos tiene dos grandes componentes, la cuenta corriente y la cuenta de capitales. El primer componente evidencia las operaciones de compra-venta internacionales de un país. Sin embargo, dicho componente no sólo incluye las mercancías, sino también los servicios y los pagos que se realizan por los factores de producción. Así, los intereses que se pagan por la deuda internacional y las utilidades que repatrian las empresas multinacionales se consideran compensaciones al capital, por lo tanto aparecen en la cuenta corriente. Pero, y de modo más sorprendente, debemos señalar que las remesas que envían los compatriotras que abandonan el país por diversas razones, también se reportan en la cuenta corriente, como una especie de pago por la exportación de la mano de obra.

El segundo componente, la cuenta de capitales, contabiliza los ingresos y salidas internacionales de capital, ya sean en forma de deuda externa o de inversiones extranjeras. En esta cuenta se incluyen los capitales de corto plazo y de largo plazo.

2. COLOMBIA OPTIMISTA

A lo largo de las últimas dos décadas, la balanza comercial (componente de la cuenta corriente que registra las importaciones y exportaciones de bienes) ha reflejado un comportamiento poco alarmante. No se han presentado déficits notorios, incluso en algunos años se ha tenido superávit comercial.

De igual manera, la cuenta de capitales evidencia que el país a lo largo de dos decenios ha atraído  Inversión Extranjera Directa y créditos de largo plazo. Este tipo de capitales tienden a ser productivos, relacionados con el desarrollo de empresas y obras de infraestructura, no dedicados a financiar el consumo.

neoliberalismo money

Hasta aquí, estas dos evidencias muestran un país optimista con una relación positiva con el resto del mundo: no hay exceso de importaciones y el país es atractivo para los inversionistas extranjeros.

3. COLOMBIA AMARGA.

Si bien la balanza comercial de Colombia no presenta síntomas críticos en el largo plazo (no se presenta un crónico, estructural o profundo déficti comercial), la cuenta corriente sí es deficitaria, de manera profunda y crónica. Aunque la relación entre exportaciones e importaciones de mercancías es estable, el país tiene un crónico déficit en cuenta corriente, el cual se explica por la salida de divisas en forma de utilidades repatriadas (las empresas extranjeras se llevan las ganancias) o de pago de intereses de la deuda externa.

Este déficit no es de mayor envergadura gracias a que los casi dos millones de colombianos que han salido del país buscando mejores oportunidades, envian remesas que son más importantes que el valor total de las exportaciones de café. Aunque las remesas se han reducido con la crisis económica de España y la desaceleración de la economía de Estados Unidos, su peso sigue siendo muy relevante.

Aunque la cuenta de capitales también se ha visto favorable en las últimas décadas, en realidad hemos venido incubando una crisis. La mayor parte de las inversiones extranjeras que llegan al país vienen para la industria minera, particularmente hidrocarburos, lo que explica su sensible descenso desde que los precios internacionales del petróleo se vinieron al piso en 2014.

El tema es que las evidencias empíricas señalan que nuestra economía no es atractiva para los inversionistas extranjeros, excepto en la minería, la banca o el comercio. O sea, ni el agro, ni la industria manufacturera son destinos significativos de los inversionistas extranjeros. Durante varios artículos hemos señalado la importancia de innovar y agregar valor a nuestros productos y para ello sería de mucha utilidad la transferencia de know how por parte de las empresas extranjeras. Pero eso no está sucediendo.

juan valdez

4. A MANERA DE CONCLUSIÓN.

La balanza de pagos no sólo es una herramienta para conocer las relaciones económicas internacionales de un país. Con los datos que se pueden leer en la información que aporta el Banco de La República, se ratifican varios hechos que dan a entender la crisis estructural de la economía colombiana:

– dependemos de las exportaciones de hidrocarburos, a pesar de que no tenemos reservas de petróleo a largo plazo. La importancia del café y otros productos de agroindustria ha caído significativamente. Ni qué hablar de otros sectores de la industria manufacturera.

– atraemos inversiones extranjeras pero fundamentalmente para la exploración y explotación de hidrocarburos y la venta de empresas en el sector financiero, comercio y telecomunicaciones. Pero no llegan capitales para modernizar la industria manufacturera o el agro. Adicionalmente, la repatriación de utilidades evidencia que los países industrializados no están interesados en reinvertir sus utilidades en el país.

– las remesas de colombianos que se han ído del país financian una parte importante del déficit en cuenta corriente.

O sea, estamos vendiendo nuestras empresas, explotando el subsuelo y exportando mano de obra para financiar nuestro tren de consumo.

Crecimiento Compartido entre las Naciones: base necesaria para un Desarrollo Sostenible.

El final de una época: la del crecimiento aislado de los países.

Como lo señalábamos en el artículo anterior, la humanidad ha recorrido un camino que la ha traído a una sinsalida: crecer y consumir hasta agotar las posibilidades de un futuro.  Las razones centrales de este apocalíptico pronóstico son, la desunión de las naciones y la sobrevaloración del consumo individual como eje del bienestar.

Las fronteras de los países son el resultado de complejos procesos históricos, de ahí que dificilmente puedan ser analizadas desde una perspectiva unidimensional. Los países son lo que son, esa es la realidad. La pregunta necesaria es ¿se puede alcanzar un desarrollo sostenible a partir de indicadores que se centran en el crecimiento doméstico?

Si bien, especialmente desde el final de la segunda guerra mundial, la comunidad internacional ha cimentado una compleja arquitectura de cooperación -bajo la tutela de las Naciones Unidas-, la realidad es que el principio de Competencia ha sido más relevante a la hora de definir las prioridades en materia de política pública. A partir de los preceptos filosóficos de Smith y Ricardo (laissez faire, laissez passer), los cuales fueron reforzados por las teorías de Porter sobre Ventaja Competitiva de los territorios, la sociedad mundial se ha constituido en un enorme mercado planetario de competencia permanente.

Sin embargo, el éxito de una economía global centrada en la competencia de las naciones y las empresas ha devenido en una transformación del aparato productivo en particular y del planeta en general, que desdice de la posibilidad de continuar con el modelo. La nueva realidad tiene dos características centrales:

– existen serios problemas de la humanidad que no se pueden resolver al interior de las fronteras nacionales: el deterioro del medio ambiente, pandemias como el SIDA, la escasez de alimentos y la hambruna, el terrorismo internacional, entre otros; y

– las fuerzas productivas rompieron las fronteras nacionales y, en consecuencia, la producción de bienes es el resultado de un Comercio Mundial de Tareas en el marco de Cadenas Globales de Valor. Ningún país puede autoabastecerse de todo lo que necesita, ninguna empresa puede producir sin contar con el apoyo de otra empresa.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

El nuevo modelo económico requerido no puede ser compatible con una concepción de desarrollo cuasi-autárquico que se apoya en un crecimiento nacional del PIB a partir de una balanza de pagos favorable. Tanto el PIB doméstico como la balanza de pagos son instrumentos que guían la política pública y se basan en el privilegio de lo nacional sobre lo extranjero. En otras palabras, la interdependencia es una realidad más compleja y evidente, en consecuencia, buscar el crecimiento a costa del de otros países o empresas es una premisa que destruye valor.

Las crisis planetarias y la interdependencia de producción (cadenas globales de valor) exigen repensar el concepto de lo nacional y de la competencia de mercado. La coo-petencia y el crecimiento compartido tendrán que ser las nuevas claves del desarrollo.

Aunque la Unión Europea está viviendo una de sus mayores crisis, no se puede desconocer que medio siglo de integración en el viejo mundo dejan lecciones sobre el potencial de la unión de economías domésticas alrededor de objetivos compartidos. De igual manera, la importancia que en las últimas décadas han tenido economías tractoras como China, México o India, alrededor de las cuales giran las Cadenas Globales de Valor, evidencia que no se puede tener un crecimiento sostenido de la economía de un país sino se garantiza el dinamismo productivo y de consumo de las demás naciones.

Pero, el factor más determinante de la necesidad de pensar en un Desarrollo Sostenible Planetario en lugar de una sumatoria de Desarrollos Sostenibles Nacionales, es la existencia de una globalización que se manifiesta en escenarios que vinculan a los países a través de grandes problemas: lo ambiental, la pobreza y la violencia del terrorismo y las guerras.

 

Un desarrollo sostenible depende de la capacidad del planeta para dar vida  a la creciente población, para lo cual debe resolver sus antagonismos dialécticos:  oxígeno en la amazonía suramericana y polusión en las grandes urbes del planeta; pobreza y hambre en el Sur a la vez que escasea (envejece) la población productiva en el norte; mestizaje cultural alimentado por las migraciones y las TIC a la vez que la xenofobia, el odio religioso y el racismo crecen.

migraciones globales

Estas premisas dialécticas (unidad de contrarios) no se podrán resolver en el plano de intereses nacionales, egoistas y limitados. Sólo una concepción planetaria de Desarrollo Sostenible hará viable la supervivencia de la especie y el planeta. Y, en este contexto, el egoismo de una economía que idolatra los mercados y la propiedad no puede ejercer supremacía.

 

 

 

 

Comercio exterior: “la pata coja” de la economía colombiana.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Hace un cuarto de siglo Colombia cambió su modelo de desarrollo económico: de un estructuralismo proteccionista, respaldado con políticas económicas keynesianas se pasó a un modelo de apertura económica apoyado en un régimen monetarista centrado en el control de la inflación.

Características y resultados del modelo de Apertura Económica.

Después de 25 años,evidentemente el país ha cambiado. La clase media y los estratos altos disfrutan de ciudades cada vez más modernas, con una ampliación y perfeccionamiento de la oferta de servicios personales, además del acceso a bienes importados, con precios de talla internacional. Se acabaron los tiempos en los que el acceso a tecnología avanzada era costoso o implicaba viajes a países más avanzados. Hoy en Colombia, se compra un computador o un dispositivo móvil a los precios más bajos del continente.

Este modelo económico se caracteriza por la reducción de barreras aduaneras al comercio, la firma de acuerdos comerciales y una tasa de cambio que poco ha hecho por la competitividad de nuestros productos. Si bien, la inflación ha bajado en dos décadas, la tasa de cambio nominal revaluada y la baja productividad, se han traducido en una marcada pérdida de competitividad de la agricultura y las manufacturas colombianas.

La consecuencia económica más evidente ha sido el cambio en la estructura de las exportaciones de nuestro país. Hace un cuarto de siglo, Colombia tenía una oferta exportable más diversificada que la actual. Antes de esta crisis, los hidrocarburos representaban 2/3 partes de las exportaciones, llegando el petróleo a representar el 50% de las mismas. Hoy somos una economía monoexportadora, mucho más dependiente que en la década de 1990 cuando el café aún era el principal producto.

El café y las llamadas exportaciones menores (flores, bananos, textiles, confecciones, principalmente) han perdido participación en la balanza comercial. Adicionalmente, con la crisis de relaciones comerciales en el mercado andino, muchas industrias manufactureras y el sector rural, han perdido un mercado que era relevante. Colombia era un proveedor importante de comida, confecciones, electrodomésticos y vehículos a Venezuela. Todo esto es tiempo pasado.

Gráfico: Estructura de las exportaciones Colombianas por regiones y décadas

La crisis del modelo.

Hace un par de años comenzaron a sonar las alarmas sobre el bajo nivel de reservas colombianas de petróleo. O sea, la principal fuente con la que hemos financiado nuestro modelo consumista y de servicios, se agota. En consecuencia, los datos sobre reservas comprobadas de petróleo ya advertian el riesgo de no contar en el futuro con suficientes divisas para financiar este tren de gasto.

Sin embargo, lo que ha sucedido con el precio del petróleo en el último año ha adelantado la crisis. Si el crudo ha bajado de precio hasta un 50%, entonces la balanza comercial puede sufrir un gran deterioro, puesto que el petróleo representaba el 50% de los ingresos en exportaciones. En consecuencia, exportando las mismas cantidades de crudo que en los últimos años, pero a precios muy bajos, el déficit comercial se agudizará.

Si observamos la balanza de pagos que elabora El Banco de La República, notaremos que la balanza comercial de los últimos años  se ha caracterizado por déficits poco significativos, ya que los buenos precios y el incremento en las exportaciones de hidrocarburos financiaron el crecimiento de las importaciones. Sin embargo, el modelo económico señala que muchas de las importaciones son bienes de consumo, ya que no se está trabajando en la modernización de sectores como el agro y la industria manufacturera.

Pero, la dependencia de la minería en general y del petróleo en particular nos colocan en otros riesgos mayores: el deterioro general de la cuenta corriente y de la cuenta de capitales. Si bien la balanza comercial no ha sido fuertemente deficitaria, la cuenta corriente sí lo ha sido, particularmente por el pago de intereses de deuda externa y por la repatriación de utilidades de las compañías multinacionales que, estando en el país, trasladan sus ganancias a Europa y Norteamérica.

Ahora, la industria petrolera es altamente dependiente de la Inversión Extranjera Directa (IED); de hecho es el principal rubro de ingreso de capitales extranjeros al país. En consecuencia, si los precios del crudo permanecen bajos, los capitales extranjeros no llegarán, ya que no es rentable explorar y explotar pozos, para vender el producto a un precio tan bajo.

Consecuencia: avanzamos hacia una crisis cambiaria, o sea, agotamiento de divisas.

Colombia o Alicia en el país de las maravillas.

Algunos analistas, pero especialmente funcionarios gubernamentales, se ilusionaron con el hecho de que el peso se ha devaluado, lo que podría incrementar otras exportaciones y reducir el volúmen de las importaciones. Pero eso es un sueño.

El primer hecho los ha cogido por sorpresa, y no debería. Las importaciones no caen a la velocidad esperada, continuan ahondando el déficit. Esperar un cambio en la estructura de las importaciones en el corto plazo, era una ilusión. Con el auge de la construcción, el deterioro de las industrias tranzables y el creciente consumo doméstico, las importaciones demorarán en reaccionar.

El segundo hecho era esperable. El alza en la cotización nominal del dólar no garantiza que las empresas manufactureras o agroindustriales puedan aumentar sus ventas. La baja participación relativa de otros productos exportadores durante estos años, no es una casualidad, tiene que ver con la perdida de competitividad de nuestras industrias.

En consecuencia, para que una empresa productora de bienes industriales aumente sus exportaciones es necesario realizar actividades de inteligencia comercial, negociación, reajustes en los procesos productivos, etc. Así que no esperemos el milagro en el corto plazo.

Moraleja:

No podemos demorar más las decisiones. Este país tiene que dar un viraje a sus políticas comerciales y de desarrollo económico. Es necesario estimular la producción nacional y colocar algunas barreras a las importaciones. Hemos firmado TLC que hasta ahora sólo se traducen en más importaciones; si queremos aprovechar los mercados internacionales en el futuro, es necesario mirar hacia adentro, ordenar la casa y re-construir los sectores manufacturero y agropecuario.

Bienvenidas las inversiones en investigación y desarrollo tecnológico, los programas para estimular el emprendimiento, los esfuerzos para ampliar cobertura educativa y mejorar la insfraestructura; pero ahora, inevitablemente, hay que acompañar estas políticas con medidas comerciales coherentes que desaceleren las importaciones y estimulen la producción nacional de tranzables.

No se trata de decir si es malo o bueno hacer una apertura económica, se trata es de reconocer que nosotros si la hemos hecho muy mal.

El dólar comienza a zigzaguear: ¿hacia dónde va?

 

Por: Giovanny Cardona Montoya

¡Como si fuera ayer!

Quienes vivimos parte de nuestra vida en una Colombia anterior a la apertura económica, que ya lleva un cuarto de siglo, recordamos el estatuto cambiario 444 de 1967. Este, que rigió hasta 1991, nos acostumbró al crawling peg que hacía que el peso se devaluara gradual y nominalmente alrededor de las tendencias inflacionarias. Pero, esos ya parecen tiempos muy remotos.

Lo que ha pasado después de las leyes 7a y 9a de 1991, ha sido muy diferente. Particularmente desde 2002, cuando el dólar llegó a tocar el listón de los 3 mil pesos, comenzó un proceso de revaluaciones, nominales y reales, que con escasas excepciones nos acompañó hasta 2014.

(Nota aclaratoria: la revaluación nominal se evidencia cuando el precio del dólar ha bajado, y la real cuando el precio del dólar se mantuvo bajo a pesar de que nuestra inflación era más alta que la de nuestros mercados principales: Estados Unidos y Unión Europea).

¿De qué dependerá el precio del dólar en el futuro cercano?

Desde el segundo semestre de 2014 el precio del dólar ha venido en alza, lo que en principio se explica por la caída en los ingresos de exportaciones por cuenta de los bajos precios internacionales del petróleo. Sin embargo, para pronosticar el valor futuro de la divisa, no es suficiente este indicador. Veamos:

1. Factores económicos que bajan el precio del petróleo.

Sobre este punto ya hemos hablado varias veces en este blog (1) (2). La crisis de 2008 aún deja secuelas; mientras Europa no consolide su recuperación y Japón continúe estancado, los mercados emergentes no pueden asegurar en el largo plazo un ritmo acelerado de la locomotora de la economía mundial.

El caso más evidente es China, que ha venido enfriando sus calderas, instalándose en unas tasas de crecimiento cercanas al 7%, muy por debajo de sus históricas del 10-11%. Este ritmo lento, acompañado de un mayor autoabastecimiento norteamericano y de exploraciones de combustibles no convencionales por la técnica de fracking, cambia la ecuación del mercado de petróleo, conllevando una relativa sobreoferta y una consecuente caída en el precio.

2. Factores geopolíticos que afectan el precio del petróleo.

Por más que se hable de incremento en el autoabastecimiento norteamericano y de la desaceleración del la economía china, es evidente que la caída en los precios del petróleo ha sucedido muy rápido: más de 50% en unos cuantos meses. La velocidad y la profundidad de la caída dan pie a suponer que algo de geopolítica y de especulación bursátil hay en esta dinámica.

En los últimos años se han agudizado las relaciones conflictivas de Estados Unidos con Irán, Rusia y Venezuela. En el caso de Irán, Arabia Saudita es un aliado estratégico de las potencias nucleares de Occidente, ya que quiere frenar la expansión chiita en el Medio Oriente; con respecto a Rusia, la Unión Europea también es incondicional, ya que está en juego el posible acuerdo comercial con Ucrania.

Estos tres países tienen un patrón común: grandes reservas de hidrocarburos y una alta dependencia de la exportación de los mismos. Ello permite lanzar la hipótesis de que los bajos precios del petróleo pueden responder a una estrategia consciente de Occidente y de Arabia Saudita para ahogar o, al menos, presionar, a sus gobiernos.

En el caso de Rusia, el tema tiene que ver con el futuro de la unidad de Ucrania; en el de Irán están en juego, su programa nuclear y su influencia teocrática sobre movimientos fundamentalistas de la región; ello explicaría la actitud reacia de Arabia Saudita a reducir la producción de la OPEP para detener la caída en el precio. Con Venezuela el conflicto se deriva del modelo económico antineoliberal del chavismo.

En consecuencia, es posible que el acuerdo nuclear al que están llegando las potencias occidentales e Irán, y el nuevo escenario que se genera en América con el ingreso de Cuba al sistema interamericano, acompasado de un discurso menos rígido de Estados Unidos hacia Venezuela, pueden ser factores que inclinen levemente la balanza hacia una recuperación del los precios del petróleo. Quedaría pendiente la evolución de los sucesos en Ucrania.

3. La balanza de pagos colombiana y el mercado de capitales.

El vaso conductor más claro que nos trae de los escenarios mundiales a la devaluación del peso, es el comportamiento de la balanza de pagos. El primer indicador es la caída en los flujos de ingresos corrientes por la alta dependencia de las exportaciones petroleras. La segunda fuente de devaluación podría ser la reducción de inversión extranjera directa (IED), desmotivada por los mismos argumentos: no es rentable invertir en exploración y explotación de un petróleo que se vende a tan bajo precio. La IED llega a Colombia fundamentalmente a esta industria.

Adicionalmente, la cuenta corriente de la balanza de pagos colombiana tiene un componente deficitario muy fuerte, el de servicios factoriales. Desde la crisis de 2008, esta cuenta ha agudizado su déficit, ya que las grandes firmas europeas y norteamericanas trajeron sus capitales a los mercados emergentes para seguir generando ganancias, pero éstas se repatrian a sus matrices para sostenerlas.

En consecuencia, si en el corto plazo no se consolida la llegada de IED, ya sea para obras de infraestructura o por la privatización del algunas empresas, si no se diversifica la oferta exportadora -lo que dificilmente sucederá en el corto plazo- y si las multinacionales no desaceleran su proceso de repatriación de utilidades, el dólar se mantendrá costoso en el mercado colombiano.

Sin embargo, hay una variable adicional que no se puede descuidar: la tasa de interés. Tanto en Estados Unidos como en Colombia se tiene en la mira este indicador. La Reserva Federal ha dejado de estimular su economía norteamericana con tasas de interés bajas y hay ciertos indicios de que en el segundo semestre comenzará a elevarlas para controlar el consumo.

El caso es que en Colombia, la situación monetaria también se halla tensa por las mismas razones. La fuerte devaluación, algunos problemas climáticos que afectan la agricultura y los paros de transportadores, tienen a la inflación de 12 meses por encima de la meta establecida. Es probable que el Banco de La República en el segundo semestre también se anime por una medida en esta dirección.

La evolución de las tasas de interés no sólo alteraría las decisiones de inversión y de consumo, sino que, además, provocaría migraciones de capitales golondrina en una u otra dirección: Norte o Sur.

Reflexión final:

La mayoría de analistas considera que el mercado de combustibles ya tocó fondo, por lo tanto, el precio del dólar habría encontrado su techo de corto plazo (2600-2650 pesos); adicionalmente, nadie pronostica una fuerte recuperación del precio del petróleo, de ahí que se considera que la divisa hallará su equilibrio el resto de año entre 2250 y 2500.

Sin embargo, las variables económicas y políticas señaladas aún no son claramente predecibles, por lo tanto, pronosticar el precio del dólar más allá de un par de meses, no parece ser muy viable. La geopolítica y las tasas de interés mandarán señales en los próximos meses; tal vez, entonces, podramos enunciar una hipótesis de tipo de cambio hacia finales del año y el año 2016.

 

 

 

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