Una inusual sucesión de temblores en distintos puntos del planeta ha reabierto un debate que resurge cada vez que la actividad sísmica se concentra en pocas semanas: ¿está la Tierra atravesando un período geológico inestable?
El 10 de agosto se registró el terremoto de magnitud 7,4 en Colombia, mientras que el Instituto Geográfico Nacional de España (IGN) registró, cinco días después, un movimiento de 3,7 grados en Zurgena, Almería. A la lista se sumó un fuerte remezón de magnitud 7,7 en Indonesia, cerca de la localidad de Ende, que despertó sospechas sobre posibles conexiones entre estos eventos, separados por miles de kilómetros.
Tanto Colombia como Indonesia son territorios de alta sismicidad, cuyos movimientos telúricos la tecnología actual transmite de manera instantánea a cualquier parte del mundo. En España, el IGN supervisa de forma continua los sismos percibidos, e incluso aquellos desde magnitud 1,5, tanto en la península como en Baleares y Canarias.
Justamente, esta inmediatez informativa alimenta la sensación de que el planeta atraviesa un período especialmente convulso, aunque confirmar un incremento real de la actividad requiere revisar las series históricas de largo plazo.
¿Realmente hay un aumento de terremotos en 2026? Esto dicen los registros del USGS
Los registros históricos del USGS desmienten que exista un repunte atípico de la actividad sísmica global. Un ciclo anual normal contempla cerca de 16 sismos de gran magnitud: 15 de magnitud 7 y uno que alcanza o supera el grado 8. Bajo ese parámetro, los recientes eventos en Colombia, Indonesia y España se mantienen dentro de los rangos esperados de la dinámica terrestre, aunque siempre existan variaciones anuales imprevistas.
Cada temblor obedece a factores independientes que ocurren en distintas placas continentales, y no a una reacción en cadena entre ellos. El sismo en Colombia de magnitud 7,4, por ejemplo, se originó a 110 kilómetros de profundidad por un movimiento lateral de las placas, mientras que el temblor indonesio ocurrió a apenas 10 kilómetros bajo la superficie. Esta diferencia en las condiciones geológicas confirma que la cercanía temporal entre ambos fenómenos fue meramente casual.
La percepción de que “la Tierra no para de temblar” se explica, en gran parte, por la inmediatez de las redes sísmicas modernas y de las aplicaciones que notifican al instante cualquier movimiento detectado en el planeta.
Además, los sismógrafos actuales son mucho más sensibles y logran registrar sismos pequeños que antes pasaban desapercibidos. Ese flujo constante de información no refleja un aumento real en la frecuencia de los terremotos.
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Es importante también enfatizar algo que el USGS (Servicio Geológico de Estados Unidos) ha aclarado constantemente: nadie ha logrado predecir con exactitud la fecha, el lugar y la magnitud de un futuro terremoto.
¿Y sobre la pregunta de si hay un “efecto dominó” entre terremotos lejanos?
Uno de los principales temores que circula en redes sociales es que un terremoto en un continente pueda “activar” otro en un punto diferente del planeta.
La evidencia científica descarta esta hipótesis: los sismos recientes registrados en distintas regiones del mundo responden al movimiento natural y autónomo de sus respectivas placas tectónicas, procesos que no están conectados entre sí. La ciencia actual no cuenta con mecanismos comprobados que permitan afirmar que un terremoto desencadene otro a miles de kilómetros de distancia.
Aunque la ciencia no puede predecir cuál será el próximo país afectado por un terremoto, los especialistas sí construyen escenarios probabilísticos a partir del estudio de fallas activas y registros históricos. En la región, la interacción entre la placa de Nazca y la placa Suramericana mantiene bajo constante monitoreo a Perú, Chile, Ecuador y Colombia.
En Perú, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) ubica la máxima aceleración del suelo en la franja costera del país. Sus análisis confirman un fuerte acoplamiento de placas frente al departamento de Lima, y un informe técnico advierte que la energía acumulada en esa zona podría generar, eventualmente, un sismo de magnitud 8,8 o superior. Se trata de una estimación de riesgo a largo plazo, no de un pronóstico con fecha exacta.
Chile y Ecuador enfrentan una vulnerabilidad similar debido al proceso de subducción de las placas tectónicas. El Centro Sismológico Nacional de Chile vincula su sismicidad frecuente al hundimiento continuo de la masa oceánica bajo el continente, mientras que el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador identifica ese mismo mecanismo como el detonante central de los sismos en su territorio. Ante este panorama, las autoridades de ambos países priorizan el refuerzo de estructuras y el monitoreo permanente de la amenaza sísmica.
Qué es el “silencio sísmico” y qué zonas del mundo concentran mayor riesgo de un megaterremoto o el llamado “Big One”
El silencio sísmico es el nombre que reciben los intervalos de calma prolongada en fracturas geológicas activas que, pese a la ausencia de movimientos telúricos importantes, siguen acumulando tensión tectónica. Esa energía, advierten los científicos, tarde o temprano se libera en un megaterremoto.
Dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, el litoral central de Perú —con especial atención en Lima y Callao— registra un período sin grandes liberaciones de energía superior a 280 años, un lapso que no ha logrado ser mitigado por sismos menores a magnitud 7.0. De forma paralela, el norte de Chile experimenta una fuerte acumulación de presión cortical debido al empuje constante de la placa de Nazca bajo la placa Suramericana.
En Norteamérica y Centroamérica, los geólogos también mantienen la mirada puesta en zonas de alto peligro acumulado. La Falla de San Andrés, en territorio estadounidense, conserva tramos meridionales sin fracturas considerables desde hace más de un siglo, un escenario que sostiene la expectativa sobre la llegada del llamado “Big One”. Por su parte, la Brecha de Guerrero, en México, permanece bajo estricta vigilancia técnica tras superar 110 años sin registrar un movimiento sísmico superior a magnitud 7.0.
El panorama de riesgo se extiende también a Asia y Europa, donde existen fallas con un enorme roce tectónico acumulado. Japón mantiene una alerta permanente sobre la Fosa de Nankai, donde la fricción entre placas amenaza con generar un megaterremoto acompañado de tsunami. Turquía, por su parte, vigila de cerca la Falla de Anatolia del Norte, cuyo bloqueo actual reaviva el temor a réplicas catastróficas similares a las registradas en episodios históricos previos del país.
Estos son los terremotos más fuertes registrados en 2026
Durante el año en curso se ha documentado un período de intensa actividad sísmica global, con al menos 11 eventos de magnitud igual o superior a 7.0, concentrados principalmente en el Cinturón de Fuego del Pacífico. El fenómeno más destructivo del año afectó a Venezuela el 24 de junio, cuando dos movimientos telúricos ocurridos en un intervalo de apenas 39 segundos provocaron el colapso masivo de infraestructuras y dejaron un saldo de 6.301 personas fallecidas, según el balance entregado el pasado lunes 10 de agosto, la mayor emergencia sísmica reciente en la historia del país.
Filipinas, magnitud 7.8: el más potente del año, ocurrido el 7 de junio al sur del país, con epicentro frente a la costa de Mindanao Central, a 26 kilómetros al suroeste de Glan, y una profundidad de 57 kilómetros. Causó severos daños en viviendas y la muerte de unas 107 personas.
Indonesia, magnitud 7.7: detectado el 14 de agosto en altamar, en la provincia de las Islas Menores de la Sonda Orientales, 68 kilómetros al norte-noroeste de Ende. Su baja profundidad, de 10 kilómetros, amplificó los efectos en superficie, generando derrumbes, deslizamientos de tierra y al menos 47 fallecidos, además de una alerta de tsunami que posteriormente fue cancelada.
Venezuela, magnitudes 7.5 y 7.2: ocurridos el 24 de junio. El primer movimiento, de 7.2 grados, tuvo epicentro en Yaracuy e inició apenas segundos antes del sismo principal, de 7.5 grados, con epicentro en altamar frente a La Guaira y Catia La Mar.
Tonga, magnitud 7.5: registrado el 24 de marzo en el Pacífico Sur, 158 kilómetros al oeste de Neiafu. Su localización a 234 kilómetros de profundidad redujo el impacto en superficie y evitó víctimas mortales o daños mayores.
Colombia, magnitud 7.4: sacudió el occidente del país el 10 de agosto, con epicentro en el departamento del Chocó, en San José del Palmar, y una profundidad de 110,3 kilómetros. La destrucción de estructuras frágiles en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó acumula, hasta el momento, 287 fallecidos.
Japón, magnitud 7.4: reportado el 20 de abril frente a la costa de Iwate, en la región de Sanriku, sin dejar víctimas graves.
Indonesia, magnitud 7.4: registrado el 1 de abril en el Mar de Molucas.
México, magnitud 7.3: detectado el 17 de julio en altamar, frente a Chiapas, cerca de Puerto Madero, con alta percepción en el sur del país.
Vanuatu, magnitud 7.3: ocurrido el 30 de marzo en la provincia de Sanma.
Malasia, magnitud 7.1: registrado el 22 de febrero frente a la costa de Sabah, a una profundidad extrema de 629 kilómetros.
National Geographic hizo un balance de los últimos años que confirma que 2026 está dentro del promedio y no supera las expectativas.
2026: 11
2025: 9
2024: 8
2023: 15
2022: 4
2021: 13
2020: 7
2019: 9
2018: 5
2017: 3
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- ¿Existe un aumento real en la cantidad de terremotos a nivel mundial en 2026?
- No, según los registros históricos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), no existe un repunte atípico de la actividad sísmica global este año. Un ciclo anual normal contempla aproximadamente 16 sismos de gran magnitud (15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior), y los eventos recientes en Colombia, Indonesia y España se mantienen dentro de los rangos esperados de la dinámica terrestre.
- ¿Puede un terremoto en un continente activar otro sismo en un punto distante del planeta?
- La evidencia científica actual descarta la existencia de un “efecto dominó” o reacción en cadena entre terremotos lejanos. Cada temblor obedece al movimiento natural, autónomo e independiente de sus respectivas placas tectónicas, por lo que la cercanía temporal entre sismos en distintos continentes es considerada meramente casual por los expertos.
- ¿Por qué parece que hay más terremotos ahora que en años anteriores?
- Esta percepción se explica principalmente por la inmediatez de las redes sísmicas modernas, las aplicaciones que notifican movimientos al instante y la mayor sensibilidad de los sismógrafos actuales, que registran temblores pequeños que antes pasaban desapercibidos. Este flujo constante de información no refleja un incremento real en la frecuencia de los terremotos, sino una mayor capacidad de detección y difusión.
- ¿Qué es el “silencio sísmico” y por qué preocupa a los científicos?
- El silencio sísmico se refiere a intervalos de calma prolongada en fallas geológicas activas que, a pesar de no registrar movimientos telúricos importantes, continúan acumulando tensión tectónica. Los científicos advierten que esta energía acumulada tarde o temprano se libera, lo que podría dar lugar a un megaterremoto en el futuro.