Dicen que con el tiempo el Graffitour de la Comuna 13 ha perdido parte de su esencia. El lugar se asemeja hoy a un gran centro comercial a cielo abierto: escaleras eléctricas, una gran cantidad de comerciantes y un gran flujo constante de consumidores. Esa puede ser una lectura simple del lugar, porque la realidad en el sector de Independencias 1 y 2 es más compleja. Sobre todo porque el barrio nunca esperó pasar de los episodios de violencia a un proceso de transformación social y memoria que terminó por atraer un promedio diario de unos 7.000 turistas interesados en las historias, los murales, el Hip-Hop, el breakdance y el rap consciente. Se convirtió en el atractivo más visitado de Medellín.
Por supuesto que esa dinámica transforma los territorios. No es un secreto que el turismo masivo tiene un impacto en cualquier lugar: mayor consumo, generación de empleo, riesgo de informalidad, crecimiento del comercio, inflación, más residuos y basuras, presión sobre el espacio público y cambios en el uso del suelo, entre muchos otros.
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Varias de esas particularidades ya son palpables a simple vista en la Comuna. Ana María López, secretaria de Turismo y Entretenimiento de Medellín, sostuvo que un estudio técnico de 2023 determinó que la capacidad de carga efectiva del sector —es decir, el número de visitantes que el territorio puede recibir sin poner en riesgo la calidad del servicio ni la seguridad— es de 667 personas diarias.
Sin embargo, esa cifras luce distante de la realidad que se vive a diario en el barrio. A partir del primero de julio de 2025 la Secretaría comenzó a medir el flujo de personas mediante la identificación de dispositivos móviles con la fuente de datos de City Data. Los resultados muestran que, en promedio, entre 5.000 y 7.500 personas transitan diariamente por el sector, sin que sea posible diferenciar con precisión entre turistas y locales. Los mayores picos del año se han registrado los fines de semana entre las 3 y 6 de la tarde, cuando se alcanza un flujo de hasta 17.000 personas.
Merinson Mazzuera, director de la Corporación Somos la 13, entidad que agrupa a los distintos gremios que trabajan en el territorio, ofreció una radiografía todavía más contundente. “En un día como hoy (miércoles) podemos recibir entre 6.000 y 8.000 personas. Un fin de semana son arriba de las 20.000 o 30.000 personas”, señaló.
Lo cierto es que a diferencia de un parque temático o un atractivo cerrado, ese sector es un barrio habitado, abierto y sin restricciones, lo que dificulta realizar un control de ingreso.
88% de grafitis tapados
La situación se ha discutido en el Concejo de la ciudad. El pasado 21 de abril, los corporados dejaron sobre la mesa preocupaciones estructurales: pérdida de control institucional, saturación del territorio, informalidad económica, deterioro del patrimonio artístico y riesgos en seguridad, movilidad y convivencia.
Según el reporte de la Corporación, ciudadanos presentes en la plenaria coincidieron en que el Graffitour, tal como se concibió originalmente, “ha perdido su esencia”, transformándose en un espacio predominantemente comercial que requiere mayor respaldo institucional para consolidarse como un verdadero referente de ciudad.
El concejal Alejandro Arias, primer citante del debate, precisó que la intención no era cuestionar el turismo ni el Graffitour, sino mejorar su gestión. “Aquí no hay administración, aquí no hay gerencia, aquí no hay doliente”, cuestionó.
Arias también advirtió sobre un incremento en las extorsiones en el sector y sobre la pérdida de la narrativa histórica que dio origen al recorrido turístico. “Ya muchas personas vienen a consumir incluso a Pablo Escobar, que no hace parte de esa historia, no hace parte de la narrativa”, mencionó.
Lo cierto es que parte de la comunidad reconoce que se está perdiendo la esencia. De hecho, de los 69 murales que tiene el recorrido, 61 —es decir, el 88%— están total o parcialmente tapados por el comercio informal.
Andrés Felipe Rodríguez, concejal de Centro Democrático, coincidió en que la Comuna 13 atraviesa un momento decisivo. Añadió que la falta de control podría derivar en la pérdida del modelo turístico que hizo famoso al barrio, pues más del 90% del ecosistema turístico opera hoy sin regulación clara, con debilidades en control, sanción y medición.
Arias fue enfático en señalar que la responsabilidad está repartida entre varias dependencias sin que exista un liderazgo unificado. “(...) aquí tiene que haber unidad, tiene que haber gerencia, tiene que haber liderazgo, y efectivamente eso es lo que no hay acá”, puntualizó.
Sigue la resiliencia
Mosquera recordó que las escaleras eléctricas, hoy símbolo turístico del sector, nacieron de talleres comunitarios liderados por el gestor cultural César Hernández, y no como una iniciativa original de la Alcaldía. “Ya la Alcaldía se empodera y se mete porque es el ente regulador”, relató.
Recuerda que el turismo comenzó en 2010 con la intención de narrar, a través de murales, hechos como las operaciones militares vividas en el barrio desde 2002 y episodios de memoria como la Operación Orión. “El objetivo era mostrar las cosas que sucedieron (...) y que la gente sacara su propia deducción”, señaló.
Hoy, sin embargo, reconoce que el propósito inicial se ha desdibujado por el crecimiento del comercio. “Hay demasiado comercio, que es muy importante, pero hay que organizarnos mejor para que la gente trabaje y se gane su sustento, pero tengamos un espacio más libre y que los murales se puedan ver”.
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Juan Pablo Osorio, líder cultural del hip hop en la Comuna 13 y conocido artísticamente como 13docemc, también creció en medio de la violencia que marcó al barrio durante décadas, incluidas las llamadas “fronteras invisibles” que impedían el libre tránsito entre sectores.
Osorio destacó el componente de diversidad cultural del territorio, con presencia de población afro, indígena y campesina, y defendió que el turismo, pese a sus problemas, ha sido una vía de oportunidades para los jóvenes del barrio. “La comuna no es guerra, la comuna es cultura; la comuna no era violenta, la comuna fue violentada”, expresó.
Sobre las críticas al comercio informal, Osorio pidió no estigmatizar a quienes trabajan honradamente en la calle y llamó a generar oportunidades en lugar de solo señalar. “No podemos llegar a un barrio a quitarle la oportunidad a las personas sin también garantizar algo”, sostuvo, aunque coincidió en que hace falta una regulación nacional del turismo, no solo local.
Una comunidad que decide organizarse
Frente al desorden y las discusiones entre la institucionalidad y la comunidad surgió una organización que busca tomar cartas en el asunto: la Corporación Somos la 13. Merinson Mazzuera, más conocido como ‘Mencho’ y director del gremio, señaló:
“Nunca pensamos que nos iba a pasar lo que hoy nos está pasando, que es recibir miles de turistas al día”, relató Mazzuera, quien nació y vive en el barrio.
Agregó: “Estábamos acostrumbrados a vivir entre la guerra y ahora vivimos entre turistas. Para nosotros es maravilloso lo que nos está pasando y nos adaptamos a la dinámica que nos trae el turismo, pero sin olvidar que somos un barrio y que hay todavía muchas personas que no viven del turismo y vamos a trabajar para que puedan tener una mejor calidad de vida”.
La Corporación agrupa a representantes de cada gremio que interviene en el recorrido: artistas, bailarines, trovadores, muralistas, vendedores ambulantes, vendedores formales y guías. Según su director, se trata de más de 1.000 negocios y más de 300 guías, cifra que hace compleja cualquier estrategia de organización.
“Estamos teniendo hoy microreuniones (...) porque entre todos sumamos más para ver cómo nos empezamos a organizar”, dijo, y agregó que el primer frente de trabajo fue precisamente con los guías turísticos.
Mazzuera confirmó que existe la intención de “volver a las raíces” y recuperar los murales que hoy están cubiertos por algunos improvisados locales comerciales, aunque aclaró que todavía no se ha definido si habrá reubicación de comerciantes. También reveló que se trabaja en una modificación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para cambiar el uso del suelo del sector, que actualmente está clasificado como de “baja mixtura”, es decir, predominantemente residencial.
Los guías, entre la informalidad y la falta de reconocimiento
Derling García, guía profesional de turismo que vive en la parte alta del recorrido, en el sector de mayoría afrodescendiente de Independencias 2, lleva siete años trabajando en el Graffitour. Comenzó como narradora de historias en una organización impulsada por madres comunitarias y líderes sociales del barrio, antes de que la Alcaldía asumiera procesos de capacitación más formales.
García comentó que el crecimiento del comercio ha ido diluyendo el propósito original del recorrido. “Ya normalmente no contamos la historia como debe ser”, lamentó, y pidió que no se generalice a todos los guías por la desinformación que, según dijo, propagan algunos operadores informales como conductores de plataformas que llevan turistas y narran episodios ajenos a la historia real del barrio, como los relacionados con Pablo Escobar.
Según cálculos que maneja el gremio, cerca de 600 guías dependen hoy del turismo en la Comuna 13, aunque la cifra fluctúa según la temporada. García también denunció que enfrentan dificultades para subir turistas en el Metro de Medellín, pues en ocasiones desde la operación del sistema se desincentiva el uso de guías, lo que termina afectando su sustento económico.
¿Qué está haciendo la Alcaldía para reordenar el territorio?
La secretaria López anotó quela estrategia de la administración se centra en la sensibilización y en la promoción de otros destinos turísticos de la ciudad, como las comunas 11, 3, 8 y 10, esta última sede del centro histórico y cultural de Medellín.
La funcionaria explicó que la Secretaría trabaja de manera articulada con el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo (Dagred), la Secretaría de Movilidad, la Secretaría de Desarrollo Económico y los Proyectos Estratégicos del Distrito para definir una ruta más clara de turismo en la zona.
También reveló que se evalúa crear un área de revitalización similar a la que existe en el sector de Provenza, en El Poblado, que permitiría que la propia comunidad establezca sus reglas de convivencia y uso del espacio, sin que se perciba como una imposición externa.
Sobre la posibilidad de declarar la Comuna 13 como atractivo turístico oficial ante el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, López fue clara: por ahora no es conveniente. “Declararlo como un atractivo turístico no es lo conveniente porque sería promover más un tema que en este momento no está muy organizado”, dijo, y agregó que antes es necesario formalizar la oferta turística y ordenar el componente normativo del sector.
De hecho, recordó que la vocación de las escaleras eléctricas nunca fue turística, sino de movilidad urbana y transformación social, pensada para facilitar el acceso de los habitantes a sus viviendas. Con el tiempo, ese hito de infraestructura se convirtió en la base de un fenómeno cultural que hoy mueve a decenas de miles de personas.
La Secretaría de Cultura Ciudadana, por su parte, ha acompañado procesos de concertación de arte urbano en articulación con la Agencia APP, el colectivo Pictopía Medellín y la comunidad de Independencias I, II y III. En septiembre de 2025 se realizó una reunión con entidades del Distrito y la Policía para definir rutas de gobernanza del Graffitour y atender las problemáticas asociadas al comercio y al espacio público.
Pese a que pueden haber diferencias en algunos diagnósticos, la realidad es que la comunidad y la institucionalidad ya están trabajando, hay un plan y mucho trabajo por hacer. No se puede desconocer que hoy la Comuna 13 es el atractivo más visitado de Medellín, por encima de otros referentes como el Pueblito Paisa o el Parque Arví, según confirmó la propia secretaria de Turismo.
El reto, coinciden funcionarios, concejales y líderes comunitarios, es que ese éxito no termine por borrar la historia que lo hizo posible. La creación de la Corporación Somos la 13, los ajustes al POT, la promoción de otras comunas y el trabajo conjunto entre secretarías apuntan en esa dirección, pero se debe reconocer que la hoja de ruta definitiva para la Comuna 13 todavía se sigue construyendo para resolver los diversos desafíos que trajo el turismo masivo al barrio.
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