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Gastronomía: la apuesta para que la gente vuelva al centro de Medellín

El centro de la ciudad tiene una oferta de comida y diversión que nada le envidia a las de otras ciudades del mundo.

  • Oferta de La Hacienda, uno de los restaurantes del centro de Medellín. Foto: Camilo Suárez
    Oferta de La Hacienda, uno de los restaurantes del centro de Medellín. Foto: Camilo Suárez
  • Plato de Palazzetto, uno de los restaurantes con más tradición en Medellín. Foto: Camilo Suárez.
    Plato de Palazzetto, uno de los restaurantes con más tradición en Medellín. Foto: Camilo Suárez.
Sara Kapkin

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hace 38 minutos
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Casi todo lo que pasa en Medellín pasa por el centro. Los turistas y los migrantes, las autoridades locales y un montón de gente, alrededor de un millón y medio de personas, transitan a diario por ahí.

Pero muchas cosas están dejando de pasar y entre los más afectados están los restaurantes. Por eso, se juntaron algunos líderes del sector para crear el Candelaria Food Fest, un festival gastronómico y cultural que se celebró por segunda vez el pasado viernes 28 y sábado 29 de noviembre, sobre la Avenida La Playa, entre el teatro Pablo Tobón Uribe y la carrera Girardot.

El festival, que le dio la bienvenida a la Navidad en el centro, con el encendido de los alumbrados, contó con la participación de 26 restaurantes y más de 50 emprendimientos con una oferta de todo tipo.

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“Lo que queremos con el festival es que la gente venga al centro, que conozca la oferta que hay, que es deliciosa, sorprendente: hay de todo. Queremos resignificar la idea que la gente tiene del centro, construir una nueva realidad, que la gente lo habite. Es un esfuerzo enorme”, dice Carlos Maya, uno de los creadores del festival y propietario de Simone, el restaurante ubicado en el último piso del edificio del Centro Colombo Americano.

Carlos abrió el restaurante Simone hace seis años, poco antes de la pandemia. Así que, además de todas las dificultades que encuentra cualquier negocio que empieza, se enfrentó, de entrada, a todo lo que dejó la pandemia. Entre otras cosas, dice que muchas empresas se fueron del centro y con ellas se fue mucha gente. Además, muchos problemas que había de antes se agravaron: asuntos de seguridad, habitantes de calle, mal uso del espacio público; en fin, ausencia del gobierno.

El trabajo es doble. Hay que trabajar por el restaurante y por el centro, mejor dicho, hay que hacer que la gente vuelva para que vayan al restaurante. A Simone y a los demás. La oferta gastronómica del centro es enorme y diversa: Pedacito Burger, Lenteja Express, Restaurante Candelaria, Salón Centro, Rusto Pizza, Tenzo Gastrobar, Salvaje Café Bistró, Chori Pits, la taquería Canta y No Llores y más.

La competencia es difícil. Medellín ya no tiene un solo centro. Cada vez menos la gente tiene que ir por obligación –para hacer diligencias o comprar cosas, como ocurría hace años– y cada vez más la oferta gastronómica y cultural de los barrios es mayor.

“Las economías de nosotros, los restaurantes del centro, son incipientes. Es una realidad muy dura porque los problemas son muchos, pero queremos que no se hable solo de los problemas, sino de todo lo bueno que hay, de la oferta, más allá de Simone, aquí hay muchas cosas, Salón Centro, Lenteja Express, pero no solo los restaurantes, sino la oferta cultural: están la Oficina Central de los Sueños, Bellas Artes, Candelaria, Doña Ratona Cabaret. Si usted licúa todo eso sale una cosa muy interesante, tenemos todo y queremos que la gente lo sepa”, dice Maya.

Simone, su restaurante, está en pleno centro, pero no parece. En el décimo piso del Centro Colombo Americano el ritmo es otro, lejos de ese afán que corre por las calles de esta comuna. En Simone el tiempo es otro. Es un espacio para comer, para trabajar, para escuchar música. El nombre del restaurante recuerda a Nina Simone, la cantante favorita de Carlos. Así que en el sitio suena sobre todo a jazz, pero muchas cosas más. La carta, dice Carlos, es el centro del universo: hay pastas y ensaladas, cortes finos, pizzas, ramen y una oferta de cócteles enorme, que incluye más de 30 preparaciones de Gin Tonic. Hay de todo, como en el centro, que es tan singular, tan distinto al resto de la ciudad.

“El centro de Medellín es como Colombia, que cada región es como si fuera un país distinto. Aquí, casi que todas las cuadras viven realidades diferentes, es una locura”, dice Carlos.

Plato de Palazzetto, uno de los restaurantes con más tradición en Medellín. Foto: Camilo Suárez.
Plato de Palazzetto, uno de los restaurantes con más tradición en Medellín. Foto: Camilo Suárez.

Italia en Medellín

A menos de una cuadra de Simone está el Palazzetto de Italia, un restaurante fundado en 1986 por Elena Cuccia Alloni, hija de una familia que llegó de Génova, Italia en 1959.

En parte llegaron por Elena, que le mostró a su papá un aviso en el periódico con la oferta de trabajo que los trajo aquí.

“Cuando fundamos el restaurante, esto no era el centro, era parte de Boston, de Prado. Todas las casas eran muy bonitas, era otra época, pero la ciudad se expandió”, recuerda Elena.

El Palazzetto nació del recuerdo, quería ser un pedacito de Italia en Medellín, y así se siente casi 40 años después.

Ubicado en un segundo piso, Palazzetto es una puerta abierta a las películas italianas. La oferta de la carta incluye platos típicos de la gastronomía italiana, y otros creados por Elena.

El plato insignia es la lasaña, que es famosa en Medellín, pero la pasta toda es deliciosa y casera. El Palazzetto es un restaurante de tradición. Sus trabajadores hacen las pastas, las salsas, el pan.

No hay nada más italiano en Medellín que esa esquina, porque antes del Palazzetto, ya había ahí un restaurante familiar fundado por dos hermanas, también italianas.

El Palazzetto se ha mantenido a pesar de todos los cambios que ha tenido el centro de Medellín.

Cuando empezaron, en los 80, los primeros clientes fueron sobre todo empleados de Avianca, Postobón, la Cámara de Comercio y otras grandes empresas que han tenido sede en el centro. La fama llegó antes de las redes sociales, se fue haciendo en el voz a voz de los clientes.

Y aunque la pandemia los golpeó, como a todos, ellos implementaron algunos cambios, fortalecieron los domicilios, pero dejaron de abrir en las noches.

El paso de los años los ha convertido un restaurante insignia del centro. El Palazzetto es un lugar entrañable, un sitio especial. Allí se celebran grados, matrimonios, cumpleaños, despedidas y hasta reuniones de trabajo.

El Palazzetto tiene espacio para todos. Cuenta con dos pisos, aunque el tercero sólo se habilita cuando la demanda es mucha, y eso puede pasar un miércoles cualquiera.

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Los turistas son los locales

A pocas cuadras del Palazzetto, sobre la tradicional pasaje Junín, se encuentra Hacienda Origen, un restaurante fundado en 1991, el peor año en la historia Medellín.

Con la idea de ser un referente no solo del centro, sino de la gastronomía local, Hacienda quiere promover el sector, busca que, como en las grandes ciudades del mundo, el centro de la ciudad sea de paso obligado, un lugar que todos, locales y extranjeros, quieran visitar.

“En los últimos 10 años hemos visto mucho más turismo, pero también vemos que la gente de la ciudad está volviendo a divertirse al centro, como un espacio de ocio. El centro está viviendo un resurgir”, dice Andrés Escobar, gerente general de Hacienda Origen.

Esa ha sido la apuesta del restaurante, por eso se han esforzado por mantener viva la tradición, y eso consiste en servir lo de siempre, pero al modo contemporáneo.

“Nosotros somos como cirujanos, no buscamos modificar sino actualizar y mantener vigente la tradición”, dice Escobar.

Por estar ubicados en el pasaje Junín, pero sobre todo porque el restaurante está diseñado como una casa típica antioqueña de principios del siglo pasado, Hacienda es muy visitada por los turistas extranjeros que llegan a Medellín. Aún así, ese no es el foco del restaurante.

“Nosotros no somos un restaurante pensado para el turismo, sino para el origen, para la autenticidad, para mantener las tradiciones en el tiempo. Queremos que la gente vuelva al centro y a la comida de siempre, que la vuelva a mirar con ojos curiosos”, dice Escobar.

Hacer que la gente de la ciudad vuelva a habitar y disfrutar el centro es un esfuerzo que han hecho todas las alcaldías y que hacen, cada día, los negocios, los particulares. Los resultados son todavía insuficientes, pero el camino lo van abriendo entre todos para que los paisas vuelvan, que conozcan. Los turistas del Centro son los locales que dejaron de ir hace tantos años.

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