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Por colegio a punto de caerse, 350 niños reciben clase en un convento

  • Las grietas aparecidas en las paredes del colegio tienen más de cinco centímetros de grosor. FOTO julio césar herrera
    Las grietas aparecidas en las paredes del colegio tienen más de cinco centímetros de grosor. FOTO julio césar herrera
Por miguel osorio montoya | Publicado el 15 de septiembre de 2021

Una construcción contigua generó grietas en la casa, que tiene más de 90 años. La constructora dice que asumirá los costos, pero la institución duda sobre la reparación.

El 16 de agosto, lunes festivo, la casona se estremeció; sus paredes se rasgaron. Todo sucedió en soledad, mientras los 350 niños y adolescentes que allí ven clases estaban descansando. Desde entonces, el colegio Alfred Binet, del barrio Buenos Aires, se quedó sin la sede que lo acogió durante 33 años. Ahora todo es incertidumbre.

La mala hora del colegio comenzó cuando, en un lote contiguo, comenzaron a construir un edificio de cinco pisos. Al parecer, la excavación provocó que la casa que ocupa el colegio, construida a comienzos del siglo XX, se agrietara y entrara en riesgo de colapso. El 17 de agosto, un día después de que las paredes se agrietaran, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín hizo una visita al lugar. La recomendación fue perentoria: había que evacuar.

Viviana Alzate es la coordinadora académica del colegio. Con resignación, cuenta que tuvieron que sacar todo lo de valor que tenían. En varios trasteos se llevaron los pupitres, televisores y computadores. Pero la casona, en sus lóbregos pasillos, aún alberga reminiscencias de los estudiantes: hay juguetes desperdigados por el suelo y dibujos colgados de las paredes.

Entonces, sin la casa, las directivas se vieron en la tarea de buscar un nuevo sitio con urgencia. Y lo encontraron. En la Institución Educativa Madre Laura les abrieron un espacio. Ahora, los 350 niños y jóvenes ven clases en lo que era un convento. Corren por los jardines en los que las religiosas se dedicaban a la contemplación.

Pese a la nueva sede, la coordinadora dice que viven en medio de la incertidumbre: “La constructora no ha entendido la dimensión de lo que es un colegio. Ellos dicen que van a arreglar la sede y nos la entregan en tres meses, pero eso no es así de sencillo. Nosotros tenemos que certificar ante la Secretaría de Educación que estamos en un sitio seguro para los niños y eso no lo vamos a lograr en tres meses”.

El temor de las directivas es que el plazo no se cumpla. Entonces, se verían obligados a continuar en la Madre Laura, en donde pagan un arriendo costoso. Alzate, sin embargo, es optimista: “Lo único seguro es que el colegio no se acabará”.

Respuestas cruzadas

La casona que ocupa el colegio es arrendada. Es decir, el colegio no tiene potestad sobre ella. Álvaro Ramírez es el representante del propietario. “Es una estructura muy vieja, de más de 90 años. No sabemos si se salvará o si se vendrá al suelo. Si pasa lo primero, se seguirá arrendando al colegio”, dice Ramírez.

La coordinadora agrega que el arriendo en la Madre Laura es $2 millones más costoso de lo que pagaban: “Nos hemos gastado $50 millones en arriendo y trasteos de cosas. El daño hecho no se ha compensado”.

Jhon Jaime Buriticá, ingeniero a cargo de la obra contigua al colegio, explica que, pese a seguir todas las indicaciones del estudio de suelos, el terreno sufrió un “asentamiento fuerte”. Es decir, el terreno cedió, lo que provocó las enormes grietas en las paredes de la casa.

Fraguar S.A.S es el nombre de la constructora. “Hemos asumido todas las responsabilidades de lo que le sucedió a la casa. Asumimos el gasto de traslado hacia la nueva sede y el canon de arrendamiento”, dice Buriticá. Y agrega que harán las obras de repotenciación de la casa en tres meses. Desde el colegio, no obstante, se quejan de que Fraguar no se responsabilizó de ningún costo del traslado y que les envió un acuerdo para asumir $10 millones mensuales por el arriendo. “No aceptamos el acuerdo porque no es justo. Con eso no podemos pagar por estar en la sede”, alega Alzate.

Mientras la discusión entre el colegio y la constructora sigue, y los estudiantes reciben clases en el convento, el futuro de la casa está en el limbo

Contexto de la Noticia

ANTECEDENTES La reparación que necesita la casa

Jhon Jaime Buriticá, ingeniero a cargo de la obra, explica que la casa necesita una repotenciación para ser habitada de nuevo. En particular, tendrán que instalar unas pilas de soporte que van hasta 14 metros de profundidad. Entre cada una de las pilas, explica, irá un muro de contención, formando así una “cortina de concreto. “Ese muro servirá para contener el lote, de que la tierra no ceda, y que la casa no se caiga. Para eso estamos trabajando con un calculista y un patólogo”, explica el ingeniero. Según promete, la casa estará lista en tres meses.

Miguel Osorio Montoya

Comunicador Social-Periodista de la UPB. Redactor del Área Metro de El Colombiano. Entre los géneros periodísticos me inclino por la crónica.


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