¿Para qué los doctorados y las maestrías…y las técnicas y las tecnologías?

Giovanny Cardona Montoya, septiembre 15 de 2019.

 

Hace un par de semanas, un colega me compartía párrafos de un blog en el que se señalaba lo poco rentable que es realizar estudios de Doctorado en Colombia. Los argumentos eran claros: cuesta mucho (matrículo, esfuerzo y tiempo) y no hay un retorno proporcional (bajos salarios para personas con este nivel de formación). Esa perspectiva, microeconómica y utilitarista, no es lejana de la realidad.

No es evidente la demanda de PhD en empresas e, incluso de graduados de maestría; sin embargo, ello no ha sido óbice para que en los últimos años el número de profesionales que realiza una maestría o que obtiene un título de doctorado, haya venido creciendo aceleradamente. Según datos del Ministerio de Educación, mientras en 2003, Colombia graduaba 50 doctores por año , para 2015 dicho número asciende a 400. En el caso de graduados de maestría, el crecimiento es mucho más notorio.

Esta introducción la he hecho para plantear la pregunta en otros términos ¿Para qué un país o una sociedad requiere doctores, magister, profesionales, tecnólogos, técnicos, etc.?

1. Una perspectiva de desarrollo: mirada de largo plazo.

Los países industrializados y algunos de los llamados “economías emergentes” – China, Taiwán, Corea, Singapur- se caracterizan por un variopinto ramillete de niveles de formación, en los cuales se destacan la formación técnica, tecnológica y doctorados. O sea, una enorme masa de trabajadores bien cualificados y una creciente expansión en la formación científicos.

En el caso de Colombia, hay unas particularidades que se traducen en indicadores cuantitativos y cualitativos. De un lado, la formación de pregrado muestra una clara preferencia por los títulos profesionales universitarios en lugar de los técnicos y tecnólogos. Y, curiosamente, porque parece ser una particularidad muy colombiana, la formación de posgrados se concentra en las especializaciones, en lugar de las maestrías y los doctorados.

Contrario a lo que sucede en Colombia, la historia de Alemania es la de formar técnicos con un perfil muy definido que combina lo práctico industrial con lo teórico. La articulación entre empresas y centros educativos es centenaria en dicho país. Y, este enfoque de su modelo educativo (dual) explica en gran medida el proceso industrializador de dicho país y las bajas tasas de desempleo, incluso en los años de crisis reciente (2008-2010) cuando sus vecinos tuvieron las más altas tasas de desocupación.

Una pequeña evidencia microeconómica de la valoración que un país hace de la formación de sus técnicos, es el caso de Alemania en el cual un técnico puede ganar 42000 euros al año, mientras un periodista con dos años de experiencia gana 34000.  No tengo nada en contra de las profesiones liberales (yo mismo soy profesional, no técnico o tecnologo), sólo tomo el ejemplo para señalar la importancia que las economías industrializadas dan a la formación técnica.

En Colombia la formación técnica y tecnológica está devaluada. Es de pobres. Suena duro, pero socialmente esa es la valoración. Quien se matricula en un programa técnico lo hace por falta de recursos o, incluso, lo tiene como un escalón para luego hacerse profesional. El título profesional es la meta. Pero, si bien, la perspectiva microeconómica se fundamenta en una racionalidad utilitarista, la proyección macroeconómica es confusa. No hay claridad sobre los programas de desarrollo del país y sus regiones o de los sectores económicos y su necesaria relación con las instituciones técnicas y tecnológicas.

En el otro extremo de la cadena de valor educativa se hallan las maestrías y los doctorados. En los países industrializados hay una relación directa entre las doctorados y las patentes, las innovaciones y, en general, el desarrollo de I+D+I. No son coincidentes las tasas de formación en maestrias y doctorados, acompañados de las crecientes solicitudes de patentes en dichos países y su incremental participación en las cadenas globales de valor. Más educación científica, más innovación, más exportaciones. Esa parece ser la ecuación ganadora.

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Ahora, si bien en Colombia, ha aumentado la formación de doctores, si se hace un análisis comparativo, es evidente que este creciente número es muy inferior al de países vecinos como Chile, México o Brasil. Incluso, si se pondera el dato con respecto a la población (doctores por millón de habitantes) el retraso colombiano es mucho más evidente.

Sin embargo, con los doctorados sucede algo un poco más halagüeño: las universidades exigen este nivel de formación para ascender en los escalafones docentes. Lo que antes era monopolio de la universidad pública, ahora se está generalizando en el sistema educativo. Y eso es bueno. Se está cualificando el cuerpo docente universitario en Colombia.

Si bien el aparato productivo aún no dimensiona el potencial de los egresados de maestrías y doctorados para sus procesos de innovación y generación de valor, el paso que está dando la universidad, tanto pública como privada, es en la dirección correcta.

niño con computador y abuela en el campo

La perspectiva mercantil: una mirada de corto plazo.

Entonces, regreso a las reflexiones de mi amigo: hacer una maestría o un doctorado cuesta mucho, pero el retorno no parece ser proporcional. Esta lapidaria afirmación tiene mucho de fondo, a través de un lenguaje tácito. En el país han crecido las maestrías, hay una mayor oferta de ellas. Pero en la normativa nacional hay dos tipos de maestrías: las de profundización y las de investigación. No son estas últimas, las de investigación, las que tienen mayor demanda.

En otras palabras, el sistema educativo no está privilegiando la formación de alto nivel, basada en el conocimiento y el método científico. Las maestrías de profundización (que pueden ser de buena y de mala calidad) no ponen su foco en la formación de investigadores, sino en la profundización del conocimiento profesional y en algunos de los métodos de profesión. Pero no buscan formar investigadores.

El círculo vicioso del sistema es que el mercado comienza a privilegiar las maestrías, pero los estudiantes buscan caminos rápidos (maestrías cortas, maestrías de bajo precio, maestrías de poca complejidad), entonces, la oferta crece con programas que tratan de satisfacer  a sus futuros estudiantes: menos ciencias básicas, poca matemática, ausencia de trabajos de investigación rigurosa. Es un tema de mercado.

Es lamentable que un mercado educativo que parece ser muy vigilado y riguroso (tal vez no se audita lo que se debería auditar, pero éste es otro tema), termina cediendo a las tentaciones cortoplacistas y amplía la oferta con “posgrados fáciles y baratos”. No sólo se trata de maestrías en Colombia sino de programas internacionales que se ofrecen con tentadores argumentos de “comodidad”

Mejorar la hoja de vida o subir en un escalafón docente de manera rápida es una tentación inevitable. Pero esto sólo se vuelve realidad si los títulos no reflejan una demanda social real, sino un sofisma que se traduce en prestigio en lugar de conocimiento. No sólo el estudiante, la institución también eleva su prestigio si suma “cartones” a su planta de docentes y de empleados.

Pero, no se trata de cuestionar a los estudiantes o a ciertas universidades. Se trata del problema mas relevante: ¿por qué el aparato productivo, el Estado, las instituciones educativas, etc. no demandan el conocimiento científico y tecnológico para hacer de la innovación el eje de la competitividad territorial, social y empresarial?

Y no sólo se trata de empresas,  también es la salud, son los problemas sociales y ambientales, es la convivencia ciudadana, la cultura, etc.. Todos ellos requieren de un conocimiento riguroso, científico y aplicado.

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En lugar de conclusión:

Mientras el país no renuncie a su economía rentista (tierras de acumulación y no de producción y minería) y se vuelque hacia la agricultura sostenible, la agroindustria, la manufactura y los servicios basados en conocimiento, hacer una maestría o un doctorado en Colombia seguirá siendo más un tema de prestigio (personal e institucional) que de generación de riqueza y bienestar.

Y, por lo tanto, mientras Colombia no renuncie a “la moda”  de la “doctoritis”, de los doctorados y de las maestrías, existirá este desfase entre costo y retorno de la educación. Cuando el país (llámese empresa, organización social, universidad o Estado) reconozca el valor del conocimento científico, técnico y tecnológico, entonces, la demanda de técnicos, tecnólogos, magisters y doctores será remunerada en igual proporción al aporte que hagan a la generación de riqueza y bienestar de la sociedad en general y de las empresas en particular.

 

 

 

La humanidad: entre el Oscurantismo y la Ilustración.

Giovanny Cardona Montoya. Mayo 19 de 2019.

 

La Ilustración es una etapa de la humanidad que se origina en el siglo XVII en Europa y continúa en América del Norte en el siglo XVIII. Muchos habitantes del planeta, especialmente los de Europa y América, nos consideramos hijos de la Ilustración, el movimiento filosófico, científico, cultural y político que creó a “Occidente“, que es una categoría que representa muchos de los valores que predicamos: el imperio de la razón y del escepticismo científico en lugar del dogma; el Estado secular y la tolerancia religiosa; la libertad individual; y el progreso.

El último valor señalado, el progreso, significa que la humanidad va hacia adelante; en otras palabras, los avances científicos y tecnológicos, la instauración de la democracia y el liberalismo económico, por ejemplo, hacen avanzar a la humanidad hacia un estadio superior de su desarrollo.

Pero, ¿realmente vamos hacia adelante?

El desarrollo científico-tecnológico, especialmente en los últimos cien años, ha traido avances increibles que pueden mejorar las condiciones materiales de vida de la humanidad: alimentación, vivienda, salud, movilidad. Adicionalmente, conocemos el planeta a lo largo y ancho y estamos observando y visitando el cosmos a distancias jamás imaginadas.

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Sin embargo, a pesar de tantas claridades fundadas en la razón y en los derechos del hombre; y de los avances científicos, técnicos y tecnológicos:

1. Gran parte de la población mundial vive en condiciones equiparables con la era de la esclavitud o del feudalismo.

– Más de 1.100 millones de habitantes del planeta (15% de la población mundial) viven en condiciones de pobreza multidimensional: ingresos insuficientes, sub-alimentación, con pocas posibilidades de educación y con condiciones infrahumanas de vivienda -sin agua potable, sin electricidad y en condiciones de hacinamiento). Para evidenciar la gravedad de la situación, señalemos que cerca de 2.600 millones de personas no cuentan con un sistema de servicio sanitario (alcantarillados).

– Los datos del Banco Mundial muestran que más de 50 países del planeta tienen tasas de homicidios -anuales-, superiores a 10 por cada 1oo.000 habitantes. Entre estos, se destaca El Salvador con casi 100 muertes.

– Según Naciones Unidas, al día mueren 17.000 niños en el mundo a causa de enfermedades prevenibles. En 2014 murieron más de seis millones de niños en el mundo.

2. Existe una marcada intolerancia y discriminación en el planeta, por distintas razones (género, religión, nacionalidad, raza, ideología, etc.)

– Según datos de la ACNUR, casi 1% de la población mundial sufre desplazamiento forzoso de sus tierras de origen. Entre estos desplazados hay 25 millones de refugiados, quienes huyeron de conflictos o por razones de discriminación -kurdos, palestinos, congoleses, gitanos, líderes LGBT, afro-descendientes, indígenas, musulmanes, etc.-

– Según la Unión Europea, el 79% de la población mundial vive en lugares donde se ejerce algún tipo de discriminación religiosa.

– Según Kinnval, investigadora de la universidad de Lund de Suecia, en 2007 ya el 20% de la población de 19 países de la Unión Europea se reconocía como xenófoba. Este dato se ha venido corroborando con el auge y expansión de partidos nacionalistas, ultraderechistas e, incluso, xenófobos en Francia, Austria, España, Hungría e Italia, principalmente. Con la política anti-inmigratoria del gobierno de Trump en Estados Unidos y el conservadurismo de Bolsonaro en Brasil, se ratifica que no estamos hablando de un hecho aislado.

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3. Estamos destruyendo el planeta.

– Para el año 2008, el 15% de la amazonía (pulmón del planeta) había sido destruido. Según datos existentes, 80% de la deforestación del Amazonas es ilegal.

– Greenpeace asegura que 20% de las especies marinas se hallan en vía de extinción. Desde una perspectiva complementaria, 16.000 especies de flora y fauna están en peligro de desaparecer a causa de la acción humana.

– La ONU señala que se debe asegurar un control al incremento de la temperatura del planeta (riesgo calentamiento global), de modo tal que no supere 1.5 grados centígrados adicionales antes de 2030. La humanidad está en peligro de extinción, no en sus futuras generaciones, sino en el presente.

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¿Se detuvo la humanidad en un mundo anterior a la Ilustración?

La pregunta con la que concluyo este corto escrito tiene que ver con la relación entre las ideas y las acciones. Si desde el siglo XVII prima la razón sobre los dogmas; si la ciencia se ha consolidado, trayendo avances en todo lo relacionado con la sociedad y la naturaleza; y si la democracia es el modelo de gestión del Estado por excelente en el planeta, entonces, ¿por qué hay millones de habitantes que viven -económica, social o culturalmente- en condiciones tan precarias como las señaladas? y, lo más grave aún, ¿por qué el planeta se halla al borde de su destrucción? ¿Por qué la especie dominante lo está destruyendo?

El tema es que lo que hoy se hace muy visible (por la globalización, por el desarrollo de las TIC) no es algo nuevo, sino que ahora es más evidente. El espíritu de la Ilustración y de los Derechos del Hombre y del Ciudadano no ha permeado a las sociedades y a las autoridades de manera masiva y constante. El colonialismo que apenas termina en la segunda mitad del siglo XX, las dos guerras mundiales, las legislaciones anti-migratorias o las sociedades que se manifiestan homofóbicas, racistas o que discriminan a las mujeres, son realidades históricas que han convivido con un discurso que, aunque humanista y ambientalista, no se concreta.

Si bien las constituciones políticas y la Academia parecen ser hijas de la Ilustración, las sociedades y sus sistemas políticos y económicos aún vivimos en el Oscurantismo del Medioevo; aunque nos parezca increible.

 

 

Frente a la recesión: innovar. Frente al subdesarrollo: innovar.

Agosto 14 de 2017.

 

Hace pocos días un colega, Luis Fermando Montoya, me entrevistó para el canal de su empresa de consultoría y preguntó, como es recurrente en estos dias en las reuniones gremiales y universitarias, acerca de la preocupación de los empresarios con respecto al ambiente económico de este año.

En una corta respuesta de 10 minutos (ver video:   https://www.youtube.com/watch?v=9wR1Gt2N2B4&feature=youtu.be) me salí de la cuestión inicial, los temas de coyuntura, y le hice un planteamiento dual en el que le expuse mis argumentos para entender las raíces de la actual desaceleración económica y le expliqué por qué la salida a los empresarios era “tomar más riesgos en función de la inversión”. O sea, no esconderse en refugios (oro, bonos, propiedad raíz, dólares), sino, todo lo contrario, sembrar semillas para el futuro.

1. La incertidumbre de corto plazo no se puede detener, pero hay un problema mayor.

En la primera parte del video señalo que la coyuntura política, cargada de incertidumbre, permanecerá hasta las elecciones del próximo año. Y sólo si hay un claro vencedor en las elecciones al Congreso y presidenciales (los del No o los del Si al proceso de paz), el escenario político volverá a mandar señales de tranquilidad. Si esto no sucede, la zozobra se extenderá por más tiempo. Doy por descontado que la implementación de ciertos acuerdos, relacionados particularmente con la reparación de víctimas, el agro y la erradicación de cultivos, ya de por sí traeran vientos muy positivos a los inversionistas.

Sin embargo, reitero en mi exposición que el problema no es la actual desaceleración económica, ni siquiera la caída de los precios del petróleo desde 2014, sino la desindustrialización provocada con la liberalización económica hace ya más de cinco lustros. La apertura económica implementada en Colombia no se parece mucho al modelo a seguir: el de los tigres asiáticos.

2. ¿Qué hacer?

El mensaje que propongo a los empresarios es no centrarse en la coyuntura de desaceleración e incertidumbre. Temo que los empresarios sigan concentrados en los factores cortoplacistas y que no estén viendo los factores de cambio de esta globalización de la sociedad del conocimiento: las cadenas globales de valor y la innovación como eje de la competitividad en los mercados internacionales.

Como le indicaba a Luis Fernando en el video, nuestros empresarios no pueden seguir atados a que la tasa de interés baje un punto o que se genere algún beneficio fiscal (son bienvenidos, claro está) porque esos son solo paliativos frente a la realidad de que nuestro aparato productivo ha reducido el grado de sofisticación de los productos (de esto puede dar cuenta el Consejo Nacional de Competitividad, a través de sus informes anuales).

sofisticacion de exportaciones emergentes y Colombia

El reto del gobierno, de los empresarios y gremios, al igual que de las instituciones educativas y centros de investigación, es redefinir nuestros procesos empresariales y volcar los recursos hacia la innovación, los desarrollos y la transferencia tecnológica.

En síntesis, lo que quiero señalar es que no podemos seguir buscando la calentura en las sábanas; con un aparato productivo más diversificado y tecnológicamente desarrollado, la caída del precio del petróleo sería algo marginal. El problema es estructural, no coyuntural.

Pero, a la vez, sugiero: a grandes males, grandes soluciones. Este es un país que puede convertirse en un jugador importante en los mercados mundiales agroindustriales, tanto alimentos como biocombustibles; al igual que en otras áreas de la biotecnología (farmacéutica, cosmetología, etc.). Tenemos una de las mayores biodiversidades del planeta y una extensión rural no cultivada inequiparable.

Pero enfatizo en la tesis de la biotecnología y la agroindustria, porque este país no puede volver de la minería a la agricultura extensiva y sin agregación de valor. Innovación es el nombre del juego.

Seguramente también hay potencial en el sector servicios (el extendido auge de la construcción ha generado capacidades en materia de diseños y otros ámbitos ingenieriles y de arquitectura), a la vez que la tradición de industrias como la de textiles y confecciones o la de marroquinería no se puede desdeñar. Pero el reto es el mismo: diversificar y agregar valor.

 

Para los detalles, sugiero que vean el video completo. https://www.youtube.com/watch?v=9wR1Gt2N2B4&feature=youtu.be