Elecciones presidenciales en la Sociedad del des-Conocimiento.

Giovanny Cardona Montoya

Marzo 31 de 2018.

 

El presente proceso electoral colombiano no sólo es importante por el momento histórico en el que se desarrolla -después de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC-, sino porque parece ser el proceso político más influenciado por las llamadas redes sociales.

Sin embargo, a pesar de que las redes sociales son una manifestación de la denominada Sociedad del Conocimiento, la realidad es que su rol en los procesos electorales de diferentes latitudes (la colombiana no es la excepción), parece estar más vinculado al caos mediático y a la desinformación que a las dinámicas de una sociedad del siglo XXI.

Ahora, culpar a las redes sociales de la desinformación y la confusión de los electores es simplificar el fenómeno; hay un conjunto de factores que se entrelazan y que están debilitando a la frágil democracia colombiana.

1. ¿Cuál es el aporte de las encuestas?

Se ha vuelto lugar común oir a periodistas decir “los ciudadanos tienen derecho a la información“. Con ese estribillo los noticieros y los periódicos nos informan diariamente sobre conductores ebrios, maridos infieles, intimidades de personajes públicos y de muchos Juan Nadie -parodiando la clásica película de Capra-. Más que preguntarme si tenemos derecho, me surge la pregunta de si necesitamos estar informados acerca de tantos asuntos banales como aquellos que ocupan una gran franja de los noticieros.

Bueno, algo parecido me sucede con las encuestas electorales en la actualidad. Pero no me refiero a que sean banales, sino a la verdadera utilidad que pueden tener para los electores. De hecho, la primera pregunta que me hago, y no la voy a responder, es: ¿por qué cómo elector me es útil saber la preferencia de todos los demás ciudadanos? Si voy a votar por aquél que considero el mejor candidado ¿para qué me es útil conocer la intención de voto de los demás colombianos?

Pero bueno, por un minuto renuncio a mi pregunta y asumo que saber cómo van a votar los compatriotas, es un bien público. Ahora, en teoría, una encuesta es un instrumento fiable, riguroso, basado en la ciencia estadística, que permite predecir -con un pequeño márgen de error- el comportamiento que tendrá la población el dia de las elecciones, a partir de la consulta previa que se hace a una muestra representativa de ella.

Sin embargo, las encuestas pueden ser manipuladas: un encuestador interesado puede sesgar la muestra privilegiando electores de cierta ubicación geográfica, de algún estrato socio-económico, de cierto género, de cierto rango de edad, etc. O sea, para que una encuesta pueda cumplir su tarea de ser un bien público, sería necesario garantizar que las firmas encuestadoras y sus clientes tengan un genuino interés por saber la verdad, no por acomodarla. Entonces, me hago otra pregunta ¿la normatividad que regula las encuestas tiene suficiente rigor para que las encuestas den “luces” y no “tinieblas” a los electores?

Ahora, ya no se trata solamente de cuestionar las encuestas en sí mismas, sino lo que está sucediendo con ellas en los últimos años. La historia del Brexit, el referendo por la paz en Colombia y la elección de Donald Trump, son fenómenos que encendieron alarmas sobre la fiabilidad de las encuestas. Yo añadiría a ese fenómeno lo que está sucediendo en Colombia en el actual proceso electoral: en el transcurso de semanas -de pocas semanas, para ser más exactos-, se han dado cambios abruptos en la supuesta decisión de voto de los electores colombianos.

Este fenómeno puede tener dos explicaciones que se me ocurren: la primera, que se relaciona con las encuestas, es que éstas se hallan manipuladas intencionalmente; la segunda es que tenemos un elector inmaduro, sumamente manipulable por la información que ofrecen los medios de comunicación y las redes sociales.

Veamos la segunda hipótesis.

2. Información y desinformación en las redes sociales.

facebook en la mirada

El artículo de hoy lo centramos en la llamada Sociedad del Conocimiento. Asumimos que la base de la producción de bienes y servicios ya no es la dotación de recursos, sino el conocimiento: el nuevo factor de producción. Y la base de este fenómeno es que ya podemos acceder a la información sin barreras. La información está ahí, 7/24, para todos -para casi todos, o sea, para las personas con una educación mínima y acceso a un computador en red o a un smart phone-. Incluso, ya no sólo podemos acceder a la información, sino que podemos ser autores, ser generadores de información para todo el planeta.

Pero en ese avance es que nace el debilitamiento de nuestra precaria democracia. Por las redes fluyen verdades pero también mentiras, muchas mentiras: mentiras piadosas, verdades a media y mentiras escritas con tinta de veneno de serpiente. Todo tipo de mentiras.

Tenemos tanta información de mala calidad (no confiable) que estamos en el peor de los mundos: antes el ignorante sabía que era ignorante, ahora cree tener la verdad revelada.

Pero las noticias falsas y la manipulación de datos en redes sociales no sólo es un tema de fanáticos o de algunos políticos malintencionados. Ya se sabe que estamos hablando de un gran negocio: todo indica que se han utilizado o creado empresas para manipular datos e información en redes para influir en el resultado de las elecciones en Estados Unidos. Hoy hay certezas sobre Cambridge Analytica, de la cual se especula, también podría influir en las elecciones colombianas.

red social escena de crimen

3. La educación puede, de manera efectiva, fortalecer la democracia.

El problema que venimos analizando parece estar centrado en las fuentes que generan la información: noticieros que se pelean el ranking y que responden a los intereses de las empresas que pautan y a sus accionistas; encuestas de dudosa fiabilidad y redes sociales llenas de información que se publica sin ningún filtro de calidad pero que al volverse viral deja de ser cuestionable: una mentira se repite tantas veces que muta en verdad.

Así que si las fuentes responden a intereses creados o no tienen filtros suficientes para dar fe de la veracidad de la información que se publica, entonces, la democracia sólo se podrá fortalecer si el elector madura en su pensamiento autónomo y crítico. Pero, para eso, necesitamos que los colombianos estudien.

Según el Ministerio de Educación Nacional, en Colombia menos del 50% de los bachilleres entran a la educación superior (técnica profesional, tecnológica o universitaria). Adicionalmente, de cada 10 estudiantes matriculados en la educación superior menos de la mitad se graduan.  En aritmética simple, más o menos 25% de los bachilleres terminan una carrera. Ahora, si incluimos los jóvenes que entran al colegio y no se graduan de bachilleres, además de los niños que terminan la primaria y no ingresan a la secundaria, entonces el panorama se hace más desolador. Más grave aún, según el MEN, en Colombia tasa de analfabetismo (no saber leer y escribir) es 5,8% (casi 2 millones de habitantes).

Y aún no hablamos de la calidad de la educación, sólo reconocemos que el problema inicial es la falta de cobertura.

enseñando en el bosque

Reflexión final:

Qué hayan elecciones y participen candidatos no es suficiente para hablar de democracia (o democracia sólida si es que a la democracria se le puede gradar). No es democracia elegir a ciegas y hoy hay tanta falsa información que no sólo estamos ciegos, sino que nuestros lazarillos nos guían hacia el abismo mientras les aplaudimos.

 

 

 

 

Caudillismo Competitivo (J. A. Schumpeter) a la colombiana.

Si hay una categoría política de múltiples significados, esa es La Democracia. Desde el Contrato Social de Rousseau hasta la denominada Democracia Participativa, pasando por la Dictadura del Proletariado de Marx y el Caudillismo Competitivo de Schumpeter, diversas corrientes de pensamiento han tratan de explicar el significado “real” y la forma “como se manifiesta” esta categoría cuya etimología griega se traduce como “poder del pueblo“.

Viendo lo que sucede en el tinglado político colombiano, particularmente desde el referendum de refrendación del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC, y especialmente en este período de cara a las elecciones de 2018, vienen a mi memoria algunas de las lecciones de Joseph Alois Schumpeter, particularmente aquellas en las que denuncia que la democracia real -la que existe, no la que soñamos- es sólo un instrumento de élites para capturar el voto de masas, sin que ello genere compromisos vinculantes de las primeras para con las segundas.

En pocas palabras, el Caudillismo Competitivo es la pugna entre las élites por el voto de las masas. Para este autor austriaco-norteamericano, lo único real en la democracia es “la fiesta“: las campañas, las convenciones, la plaza pública, los panfleto y banderines. En otras palabras: pan y circo. La fórmula no ha cambiado.

Y es que lo que estamos viendo en esta contienda electoral es eso, una lucha por la “mermelada” a través de un show mediático sin precedentes en el cual lo menos importante son los argumentos ideológicos, las propuestas programáticas o simplemente la verdad. Todo es válido con tal de ganar adeptos.

elecciones

Del Frente Nacional a un nuevo “Frente Nacional disfrazado”

Si el Frente Nacional unió a las élites para compartir el poder, diluyendo el color del “trapo rojo” y el de la bandera azul hasta tal punto que no importaba quien ganara las elecciones -al final se repartirían el botín-, la Constitución de 1991 y especialmente el triunfo del uribismo en las elecciones de 2002, parecían abrir el compás para que giráramos alrededor de un sistema real de gobierno y oposición. Pero el nuevo modelo no alcanzó ni a dar una vuelta.

La crisis electoral de los partidos comenzó con el desgaste del conservador a finales de la década de 1990 y se afianzó con la debacle del partido liberal a la sombra del naciente éxito de Álvaro Uribe en las elecciones de 2002. Sin embargo, estas realidades sólo representaban una reubicación “electorera” de la mayoría de los otrora caciques del partido liberal y un reacomodamiento del menguante partido conservador que se ha alineado en los últimos 19 años con la campaña ganadora. Sin candidato propio, los conservadores han gobernado desde Andrés Pastrana hasta nuestros días.

En otras palabras, con el fracaso del proceso de paz de Andrés Pastrana, gran parte de las élites liberales se unieron al naciente uribismo, a la vez que el partido conservador se hizo su aliado más ferviente, renunciando a su “vocación de poder” como partido. Este nuevo “Frente Nacional disfrazado” gobernó por 8 años el país y pretendió seguirlo haciendo al menos por dos períodos más. Fueron uribistas tanto Vargas Lleras como Juan Manuel Santos al igual que muchos caciques de la costa, antioqueños, vallunos y demás.

Las élites se acomodan y se reacomodan.

La expansión de las FARC en la última década del siglo XX fue el detonante para que Uribe pudiera dar sentido a un nuevo Frente Nacional. Sin embargo, con los éxitos militares de sus dos períodos de gobierno y el consecuente debilitamiento de las FARC, el ungido – Santos- dio viraje a la llamada Seguridad Democrática y buscó el final de conflicto por la vía de las negociaciones. Esto incomodó al líder natural pero no a la mayoría de sus seguidores. Para su sorpresa (no para Schumpeter) las mayorías del naciente partido de la U (entonces, partido de Uribe) se quedaron con Santos y su proceso de paz…y su mermelada.

Tal vez alguna ilusión hubo en los pequeños partidos de centro y de izquierda (los verdes y el Polo Democrático) al ver que se consolidaba una gran alianza para terminar el coflicto, reivindicar las víctimas, obtener la dolorosa verdad del prolongado conflicto y un poco de justicia. Pero las élites marginadas se levantaron y en las elecciones de 2014 el país se vio claramente dividido. Aunque las mayorías de Santos se mantuvieron, era claro que las mismas no eran sólidas; la mayor evidencia de esto fue la victoria del NO en el plebiscito refrendatorio del Acuerdo de Paz.

Ahora que el Acuerdo de Paz está en su fase de implementación a la vez que se avecinan elecciones, la fragilidad de la alianza por el SI se evidencia. Que Cambio Radical ahora desdiga de un acuerdo que apoyó para que se firmara, que los conservadores comiencen a titubear si se quedan con Santos o se acercan a Uribe, que los congresistas de la U (ahora de Santos) falten a las sesiones y no permitan que se aprueben las leyes de implementación del Acuerdo, son evidencias de que lo menos importante son los argumentos ideológicos o programáticos. Llegó la hora de los cálculos electorales.

Llegó la hora, nuevamente, de una pugna de las élites por el voto de las masas.

Ahora hay que convencer al electorado de lo que sea, con tal de conquistar su voto. “Qué hay cosas del acuerdo que no comparto”, “qué esto no es lo que yo esperaba”, “qué no estoy de acuerdo con que las FARC lleguen al congreso”, “Qué lo único que Santos quería era un premio Nóbel”. Todo se vale con tal de limpiar la imagen para conseguir los votos. O sea, las élites que fueron liberales o conservadoras, que fueron uribistas y que fueron santistas, ahora serán nuevamente uribistas porque es lo que conviene.

Con seguridad hay genuinos líderes partidarios del acuerdo de paz al igual que otros que no lo son. Seguramente unos y otros darán la batalla por sus principios. Pero los cambios que se viven actualmente, que desdibujan las mayorías existentes, evidencian que la interpretación que Schumpeter hace de la democracia sigue vigente, y que se puede palpar en el actual proceso electoral.

Es altamente probable que la victoria de uno u otro frente político (los del SI o los del NO) dependa del péndulo en el que se moverán las élites que han gobernado el país y sus regiones por décadas, y que se acomodarán nuevamente -al margen de las ideas-, para conservar su pedazo de pastel en el poder del Estado (léase: mermelada).

voto si o no

 

 

 

 

 

Elecciones presidenciales: mi candidato es…

Estamos a pocas horas de la primera vuelta en las elecciones presidenciales en Colombia. El panorama, por lo menos desde la perspectiva de las encuestas, señala que no hay claridad sobre quien ganará los próximos comicios. ¿Estamos ante un momento democrático trascendental?

¿Qué es la democracia?

En ciencia política no hay un mensaje unívoco sobre el significado de democracia. Rousseau nos propone el “Contrato Social” como el acuerdo entre todos los ciudadanos, el cual se materializa con unas elecciones en las que develamos nuestra voluntad. Nuestros gobernantes estarían llamados a hacer realidad la voluntad popular, a representar nuestros intereses.

Pero, en este tema de la voluntad popular, J.A. Schumpeter hace una revelación significativa: ¿se puede reconocer la voluntad popular? ¿Es un objeto social identificable, definible, precisable? Imaginémos a un gobernante honesto tratando de sintetizar los intereses de campesinos y citadinos, de hombres y mujeres, de jóvenes y ancianos, de ricos y pobres. ¿Cómo construir una voluntad popular a partir de ello? Esto lo dice el autor sin hablar ya de los corruptos…

¿Estamos viviendo la fiesta de la democracia?

Volviendo al pensamiento schumpeteriano, éste nos presenta una definición crítica del significado de democracia. Para este autor austro-americano de mediados del siglo XX, la única democracia que existe es la parafernalia de las elecciones, las camisetas, los discursos, los debates. O sea, una democracia formal, porque el Contrato Social no existe. Para Schumpeter “la lucha de las élites por el voto de las masas” es la realidad. Elegimos a gobernantes que luego hacen “su propio plan de gobierno”, el cual puede parecerse a la voluntad popular o no. El resto es solo el “espectáculo de las campañas.”

Este “caudillismo competitivo” del que habla Schumpeter -la lucha de las élites por el voto de las masas- tiene una manifestación exacerbada en la actual contienda electoral en Colombia. Los colombianos asistimos a un show donde “pareciera un juego” adivinar si un video, prueba de un delito, es original o está manipulado; donde no sabemos si la mafia financió una campaña hace cuatro años, y el ungido ha vuelto al ruedo para hacerse reelegir.

La publicidad de estas campañas no tiene nada que ver con propuestas de gobierno para el futuro de nuestro país; lo más notorio es el manejo mediático de hechos que tienen un cariz jurídico. La labor investigativa y el escrutinio de posibles actos delictivos de algunos de los candidatos no se están desarrollando en la rama judicial del poder público, sino en la redes sociales.

Sin embargo, voy a votar…

Hechas estas apreciaciones, quiero develar mi voto para estas elecciones presidenciales 2014. Mi candidato(a) debe ser una persona que:

entienda que la educación es clave para la productividad. Debe saber que el reto educativo comienza en la primera infancia. Si queremos emprendedores, hay que educar al niño para que sea creativo, osado, con iniciativa, motivado. Necesitamos que los niños no le teman, si no, todo lo contrario, quieran a las matemáticas, a la física, a la química, a la biología. ¿Para qué? para que cuando crezcan, realmente se animen a innovar.

entienda que la educación no es sólo clave para la productividad. Que la educación es para la formación de ser. Este es un país con altos niveles de violencia e intolerancia. El preescolar, la escuela y las universidades deben crear espacios para que se estimule la tolerancia, el debate racional, respetuoso y crítico y para que se promuevan valores como la solidaridad y el compromiso con el medio ambiente.

entienda que si no se hace algo radical con el campo, el país no saldrá de sus mayores crisis. Si el campesino encuentra un ambiente propicio para producir y para vivir, entonces no migrará a la ciudad. Este campesino nos alimentará a los citadinos y cuidará el medio ambiente; nosotros le venderemos manufacturas y él no querrá migrar a las ciudades porque disfrutará de un hábitat que le da calidad de vida. La migración de campesinos pobres y desesperanzados afecta las finanzas públicas, el ordenamiento territorial y la convivencia.

entienda que los TLC no son panacea. Chile, Corea, Taiwan o Singapur son países relativamente exitosos y han firmado TLC. Pero su éxito combina estrategias de estímulo a la inversión productiva, a la infraestructura, a la educación, a la salud, etc. Estos son países que ofrecen seguridad jurídica a los empresarios y a los trabajadores, que estimulan el empleo formal y que guían con Gasto Público la inversión hacia sectores elegidos estratégicamente.

entienda que NADA DE LO ANTERIOR se hace en 4 años…ni en 8 años. Así que, más que invertir en políticas de corto plazo para hacerse reelegir o para inaugurar obras, lo que debe hacer es tomar decisiones DE ESTADO, que siembren semillas, aunque a él no le toque ver florecer sus maticas. Si queremos ser un país seguro, con calidad de vida y productividad, hay que tomar medidas que se deben sostener por décadas. No hay recetas secretas para volver industrializado un país minero como el nuestro, de la noche a la mañana…

..Hay que cultivar hoy EN EL CAMPO Y EN LA CIUDAD…para cosechar mañana un MEJOR PAÍS,