Elecciones presidenciales en la Sociedad del des-Conocimiento.

Giovanny Cardona Montoya

Marzo 31 de 2018.

 

El presente proceso electoral colombiano no sólo es importante por el momento histórico en el que se desarrolla -después de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC-, sino porque parece ser el proceso político más influenciado por las llamadas redes sociales.

Sin embargo, a pesar de que las redes sociales son una manifestación de la denominada Sociedad del Conocimiento, la realidad es que su rol en los procesos electorales de diferentes latitudes (la colombiana no es la excepción), parece estar más vinculado al caos mediático y a la desinformación que a las dinámicas de una sociedad del siglo XXI.

Ahora, culpar a las redes sociales de la desinformación y la confusión de los electores es simplificar el fenómeno; hay un conjunto de factores que se entrelazan y que están debilitando a la frágil democracia colombiana.

1. ¿Cuál es el aporte de las encuestas?

Se ha vuelto lugar común oir a periodistas decir “los ciudadanos tienen derecho a la información“. Con ese estribillo los noticieros y los periódicos nos informan diariamente sobre conductores ebrios, maridos infieles, intimidades de personajes públicos y de muchos Juan Nadie -parodiando la clásica película de Capra-. Más que preguntarme si tenemos derecho, me surge la pregunta de si necesitamos estar informados acerca de tantos asuntos banales como aquellos que ocupan una gran franja de los noticieros.

Bueno, algo parecido me sucede con las encuestas electorales en la actualidad. Pero no me refiero a que sean banales, sino a la verdadera utilidad que pueden tener para los electores. De hecho, la primera pregunta que me hago, y no la voy a responder, es: ¿por qué cómo elector me es útil saber la preferencia de todos los demás ciudadanos? Si voy a votar por aquél que considero el mejor candidado ¿para qué me es útil conocer la intención de voto de los demás colombianos?

Pero bueno, por un minuto renuncio a mi pregunta y asumo que saber cómo van a votar los compatriotas, es un bien público. Ahora, en teoría, una encuesta es un instrumento fiable, riguroso, basado en la ciencia estadística, que permite predecir -con un pequeño márgen de error- el comportamiento que tendrá la población el dia de las elecciones, a partir de la consulta previa que se hace a una muestra representativa de ella.

Sin embargo, las encuestas pueden ser manipuladas: un encuestador interesado puede sesgar la muestra privilegiando electores de cierta ubicación geográfica, de algún estrato socio-económico, de cierto género, de cierto rango de edad, etc. O sea, para que una encuesta pueda cumplir su tarea de ser un bien público, sería necesario garantizar que las firmas encuestadoras y sus clientes tengan un genuino interés por saber la verdad, no por acomodarla. Entonces, me hago otra pregunta ¿la normatividad que regula las encuestas tiene suficiente rigor para que las encuestas den “luces” y no “tinieblas” a los electores?

Ahora, ya no se trata solamente de cuestionar las encuestas en sí mismas, sino lo que está sucediendo con ellas en los últimos años. La historia del Brexit, el referendo por la paz en Colombia y la elección de Donald Trump, son fenómenos que encendieron alarmas sobre la fiabilidad de las encuestas. Yo añadiría a ese fenómeno lo que está sucediendo en Colombia en el actual proceso electoral: en el transcurso de semanas -de pocas semanas, para ser más exactos-, se han dado cambios abruptos en la supuesta decisión de voto de los electores colombianos.

Este fenómeno puede tener dos explicaciones que se me ocurren: la primera, que se relaciona con las encuestas, es que éstas se hallan manipuladas intencionalmente; la segunda es que tenemos un elector inmaduro, sumamente manipulable por la información que ofrecen los medios de comunicación y las redes sociales.

Veamos la segunda hipótesis.

2. Información y desinformación en las redes sociales.

facebook en la mirada

El artículo de hoy lo centramos en la llamada Sociedad del Conocimiento. Asumimos que la base de la producción de bienes y servicios ya no es la dotación de recursos, sino el conocimiento: el nuevo factor de producción. Y la base de este fenómeno es que ya podemos acceder a la información sin barreras. La información está ahí, 7/24, para todos -para casi todos, o sea, para las personas con una educación mínima y acceso a un computador en red o a un smart phone-. Incluso, ya no sólo podemos acceder a la información, sino que podemos ser autores, ser generadores de información para todo el planeta.

Pero en ese avance es que nace el debilitamiento de nuestra precaria democracia. Por las redes fluyen verdades pero también mentiras, muchas mentiras: mentiras piadosas, verdades a media y mentiras escritas con tinta de veneno de serpiente. Todo tipo de mentiras.

Tenemos tanta información de mala calidad (no confiable) que estamos en el peor de los mundos: antes el ignorante sabía que era ignorante, ahora cree tener la verdad revelada.

Pero las noticias falsas y la manipulación de datos en redes sociales no sólo es un tema de fanáticos o de algunos políticos malintencionados. Ya se sabe que estamos hablando de un gran negocio: todo indica que se han utilizado o creado empresas para manipular datos e información en redes para influir en el resultado de las elecciones en Estados Unidos. Hoy hay certezas sobre Cambridge Analytica, de la cual se especula, también podría influir en las elecciones colombianas.

red social escena de crimen

3. La educación puede, de manera efectiva, fortalecer la democracia.

El problema que venimos analizando parece estar centrado en las fuentes que generan la información: noticieros que se pelean el ranking y que responden a los intereses de las empresas que pautan y a sus accionistas; encuestas de dudosa fiabilidad y redes sociales llenas de información que se publica sin ningún filtro de calidad pero que al volverse viral deja de ser cuestionable: una mentira se repite tantas veces que muta en verdad.

Así que si las fuentes responden a intereses creados o no tienen filtros suficientes para dar fe de la veracidad de la información que se publica, entonces, la democracia sólo se podrá fortalecer si el elector madura en su pensamiento autónomo y crítico. Pero, para eso, necesitamos que los colombianos estudien.

Según el Ministerio de Educación Nacional, en Colombia menos del 50% de los bachilleres entran a la educación superior (técnica profesional, tecnológica o universitaria). Adicionalmente, de cada 10 estudiantes matriculados en la educación superior menos de la mitad se graduan.  En aritmética simple, más o menos 25% de los bachilleres terminan una carrera. Ahora, si incluimos los jóvenes que entran al colegio y no se graduan de bachilleres, además de los niños que terminan la primaria y no ingresan a la secundaria, entonces el panorama se hace más desolador. Más grave aún, según el MEN, en Colombia tasa de analfabetismo (no saber leer y escribir) es 5,8% (casi 2 millones de habitantes).

Y aún no hablamos de la calidad de la educación, sólo reconocemos que el problema inicial es la falta de cobertura.

enseñando en el bosque

Reflexión final:

Qué hayan elecciones y participen candidatos no es suficiente para hablar de democracia (o democracia sólida si es que a la democracria se le puede gradar). No es democracia elegir a ciegas y hoy hay tanta falsa información que no sólo estamos ciegos, sino que nuestros lazarillos nos guían hacia el abismo mientras les aplaudimos.

 

 

 

 

Para no banalizar el debate entre izquierda y derecha

BVOTACIONES BELÉN DE BAJIRA (46).JPG

Después de leer a Juan Fernando Londoño, quien hace una muy esclarecedora descripción de los verdaderos perfiles de los actuales candidatos en la contienda electoral colombiana, me animo a señalar matices que son necesarios para entender lo que históricamente hemos llamado “debate entre la izquierda y la derecha”.

Continuar leyendo

Caudillismo Competitivo (J. A. Schumpeter) a la colombiana.

Si hay una categoría política de múltiples significados, esa es La Democracia. Desde el Contrato Social de Rousseau hasta la denominada Democracia Participativa, pasando por la Dictadura del Proletariado de Marx y el Caudillismo Competitivo de Schumpeter, diversas corrientes de pensamiento han tratan de explicar el significado “real” y la forma “como se manifiesta” esta categoría cuya etimología griega se traduce como “poder del pueblo“.

Viendo lo que sucede en el tinglado político colombiano, particularmente desde el referendum de refrendación del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC, y especialmente en este período de cara a las elecciones de 2018, vienen a mi memoria algunas de las lecciones de Joseph Alois Schumpeter, particularmente aquellas en las que denuncia que la democracia real -la que existe, no la que soñamos- es sólo un instrumento de élites para capturar el voto de masas, sin que ello genere compromisos vinculantes de las primeras para con las segundas.

En pocas palabras, el Caudillismo Competitivo es la pugna entre las élites por el voto de las masas. Para este autor austriaco-norteamericano, lo único real en la democracia es “la fiesta“: las campañas, las convenciones, la plaza pública, los panfleto y banderines. En otras palabras: pan y circo. La fórmula no ha cambiado.

Y es que lo que estamos viendo en esta contienda electoral es eso, una lucha por la “mermelada” a través de un show mediático sin precedentes en el cual lo menos importante son los argumentos ideológicos, las propuestas programáticas o simplemente la verdad. Todo es válido con tal de ganar adeptos.

elecciones

Del Frente Nacional a un nuevo “Frente Nacional disfrazado”

Si el Frente Nacional unió a las élites para compartir el poder, diluyendo el color del “trapo rojo” y el de la bandera azul hasta tal punto que no importaba quien ganara las elecciones -al final se repartirían el botín-, la Constitución de 1991 y especialmente el triunfo del uribismo en las elecciones de 2002, parecían abrir el compás para que giráramos alrededor de un sistema real de gobierno y oposición. Pero el nuevo modelo no alcanzó ni a dar una vuelta.

La crisis electoral de los partidos comenzó con el desgaste del conservador a finales de la década de 1990 y se afianzó con la debacle del partido liberal a la sombra del naciente éxito de Álvaro Uribe en las elecciones de 2002. Sin embargo, estas realidades sólo representaban una reubicación “electorera” de la mayoría de los otrora caciques del partido liberal y un reacomodamiento del menguante partido conservador que se ha alineado en los últimos 19 años con la campaña ganadora. Sin candidato propio, los conservadores han gobernado desde Andrés Pastrana hasta nuestros días.

En otras palabras, con el fracaso del proceso de paz de Andrés Pastrana, gran parte de las élites liberales se unieron al naciente uribismo, a la vez que el partido conservador se hizo su aliado más ferviente, renunciando a su “vocación de poder” como partido. Este nuevo “Frente Nacional disfrazado” gobernó por 8 años el país y pretendió seguirlo haciendo al menos por dos períodos más. Fueron uribistas tanto Vargas Lleras como Juan Manuel Santos al igual que muchos caciques de la costa, antioqueños, vallunos y demás.

Las élites se acomodan y se reacomodan.

La expansión de las FARC en la última década del siglo XX fue el detonante para que Uribe pudiera dar sentido a un nuevo Frente Nacional. Sin embargo, con los éxitos militares de sus dos períodos de gobierno y el consecuente debilitamiento de las FARC, el ungido – Santos- dio viraje a la llamada Seguridad Democrática y buscó el final de conflicto por la vía de las negociaciones. Esto incomodó al líder natural pero no a la mayoría de sus seguidores. Para su sorpresa (no para Schumpeter) las mayorías del naciente partido de la U (entonces, partido de Uribe) se quedaron con Santos y su proceso de paz…y su mermelada.

Tal vez alguna ilusión hubo en los pequeños partidos de centro y de izquierda (los verdes y el Polo Democrático) al ver que se consolidaba una gran alianza para terminar el coflicto, reivindicar las víctimas, obtener la dolorosa verdad del prolongado conflicto y un poco de justicia. Pero las élites marginadas se levantaron y en las elecciones de 2014 el país se vio claramente dividido. Aunque las mayorías de Santos se mantuvieron, era claro que las mismas no eran sólidas; la mayor evidencia de esto fue la victoria del NO en el plebiscito refrendatorio del Acuerdo de Paz.

Ahora que el Acuerdo de Paz está en su fase de implementación a la vez que se avecinan elecciones, la fragilidad de la alianza por el SI se evidencia. Que Cambio Radical ahora desdiga de un acuerdo que apoyó para que se firmara, que los conservadores comiencen a titubear si se quedan con Santos o se acercan a Uribe, que los congresistas de la U (ahora de Santos) falten a las sesiones y no permitan que se aprueben las leyes de implementación del Acuerdo, son evidencias de que lo menos importante son los argumentos ideológicos o programáticos. Llegó la hora de los cálculos electorales.

Llegó la hora, nuevamente, de una pugna de las élites por el voto de las masas.

Ahora hay que convencer al electorado de lo que sea, con tal de conquistar su voto. “Qué hay cosas del acuerdo que no comparto”, “qué esto no es lo que yo esperaba”, “qué no estoy de acuerdo con que las FARC lleguen al congreso”, “Qué lo único que Santos quería era un premio Nóbel”. Todo se vale con tal de limpiar la imagen para conseguir los votos. O sea, las élites que fueron liberales o conservadoras, que fueron uribistas y que fueron santistas, ahora serán nuevamente uribistas porque es lo que conviene.

Con seguridad hay genuinos líderes partidarios del acuerdo de paz al igual que otros que no lo son. Seguramente unos y otros darán la batalla por sus principios. Pero los cambios que se viven actualmente, que desdibujan las mayorías existentes, evidencian que la interpretación que Schumpeter hace de la democracia sigue vigente, y que se puede palpar en el actual proceso electoral.

Es altamente probable que la victoria de uno u otro frente político (los del SI o los del NO) dependa del péndulo en el que se moverán las élites que han gobernado el país y sus regiones por décadas, y que se acomodarán nuevamente -al margen de las ideas-, para conservar su pedazo de pastel en el poder del Estado (léase: mermelada).

voto si o no

 

 

 

 

 

Pronóstico muy conservador para la economía colombiana 2018.

1. Factores críticos de la economía colombiana:

  • El comportamiento de la economía global, la dependencia de exportaciones de commodities (hidrocarburos) y la desindustrialización histórica conllevan que la economía colombiana se mantenga en bajas tasas de crecimiento desde 2014.
  • El consumo de los hogares representa 3/5 partes del PIB. (Fuente: DANE)
  • La política monetaria del Banco de la República (gestionar la tasa de interés de intermediación) ha demostrado alta eficiencia en el control de la inflación (subir las tasas de interés) pero no muestra la misma evidencia en la recuperación económica (bajar las tasas de interés).
  • El desempleo estructural colombiano (alrededor del 10% de la PEA) es el doble del promedio de América Latina
  • En la última década, las exportaciones de hidrocarburos (petróleo, carbón) pasaron a representar 70% de la canasta de bienes (Fuente DANE).
  • Los bienes exportados manufacturados, con complejidad tecnológica media y alta apenas representan el 12%. (Fuente: Consejo Nacional de Competitividad).
  • La inversión Extranjera Directa –IED- llega fundamentalmente a la industria extractiva y a la banca y servicios. En menor medida a los sectores, agropecuario y manufacturero.
  • Dentro de las finanzas públicas, los ingresos derivados de la renta petrolera, representan 1/6 parte.

PIB y Demanda AgregadaFuente: diseño propio con datos del DANE.

2. Componentes relevantes del PIB colombiano.

Como se verá en el siguiente gráfico y datos complementarios, la economía colombiana es altamente concentrada, poco industrializada, y ha dejado de ser rural.

– el sector servicios representa más de la mitad del aparato productivo del país,

– dentro del sector servicios se destacan, el sector bancario y el sector de servicios personales y sociales,

– el sector manufacturero concentra en cinco industrias, más de la mitad de la producción del sector,

– en la minería, los hidrocarburos concentran el 90% de la industria,

– el sector agropecuario, de poco peso, ya no depende del café, el cual equivale apenas al 11% del sector.

PIB y serviciosFuente: diseño propio con datos del DANE

3. Dinámica de la Economía Global (Fuente: Congreso Nacional de Exportadores, memorias):

  • Fuerte desaceleración económica desde 2008, con estancamiento sostenido en la Unión Europea y Japón. Frágil recuperación de Estados Unidos y desaceleración permanente de China.
  • Caída en los precios mundiales de los commodities, especialmente hidrocarburos.
  • Participación pequeña de América Latina en el PIB global, mientras aumenta la participación del Este Asiático.
  • Crisis de los acuerdos comerciales en el mundo: Unión Europea (Brexit y Catalunya), NAFTA (Estados Unidos y México) y CAN (Colombia y Venezuela). Estancamiento de los Mega-tratados TPP y TTIP y de las negociaciones Multilaterales (OMC).

La economía global no presenta indicios de recuperación. Los pronósticos para 2018 señalan un crecimiento semejante al de 2017 (entre 3,3% y 3,8% según FMI); el cual es jalonado por los mercados emergentes y desacelerado por los países industrializados. Este crecimiento desacelerado no permite prever aumentos importantes de los precios del petróleo en 2018. El FMI pronostica que el precio del crudo se eleve sólo 2-4% en 2018 con respecto a 2017.

4. Escenarios socio-políticos para el año 2018 en Colombia:

La estabilidad política también marca el curso de la economía. En el caso colombiano, el proceso electoral será fundamental y, dentro de éste, las posiciones de los candidatos frente al proceso de paz. Para los empresarios, la clave de sus decisiones de inversión se halla relacionada con la certidumbre o incertidumbre que genere el ambiente político. Para ello, planteamos tres posibles escenarios y su relación con la incertidumbre del ambiente para los negocios:

  • Escenario 1: los candidatos favorables al SI en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 2: los candidatos favorables al NO en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 3: quien gana las presidenciales no logra mayorías en el congreso. Se incrementa la incertidumbre política.

El ambiente político, a medio año de las elecciones, indica que estamos más cerca del tercer escenario, esto es, el de mayor incertidumbre.

Conclusiones generales de corto plazo -2018-:

  • El año 2018 comienza con fuerte incertidumbre en lo interno y con un ambiente externo poco favorable al crecimiento económico. En consecuencia, ni el PIB, ni el empleo deben mostrar variaciones positivas relevantes. De hecho, debe ser un año de bajas inversiones, crecimiento desacelerado y estancamiento de la tasa de empleo.
  • El año 2018 no presenta factores favorables para la recuperación económica: los mercados de crudo no crecen, el precio del mismo permanece cerca a sus niveles actuales, Venezuela y Ecuador siguen siendo mercados poco atractivos y otras exportaciones que sustituyan al petróleo sólo crecerán lenta y gradualmente.
  • El mercado doméstico no crecerá en 2018, el ambiente no permite pronosticar crecimiento del empleo.
  • La ley de garantías electorales se suma al déficit fiscal como un fenómeno que mantendrá comprimido el gasto público.
  • La incertidumbre electoral, además de los bajos precios del petróleo, mantendrán bajos los niveles de inversión, al menos durante el primer semestre de 2018.

 

 

 

 

 

 

¿Parar está de moda?…No, es una válvula de escape de la sociedad.

Hoy no voy a recurrir a cifras para expresar mis ideas alrededor del tema de los paros en Colombia.

Hay una “ola” de paros en este país: paran los cafeteros, los productores de papa y los transportadores. Los mineros también se manifiestan y seguramente luego les seguirán maestros y otros actores de la economía y la sociedad de nuestro país.

Las redes sociales juegan un papel novedoso pero ambiguo en esta dinámica. Gracias a ellas, las convocatorias y solidaridades crecen, las personas se enteran y la manifestación social adquiere mayores dimensiones. Se podría decir que la plaza pública se democratiza porque la participación crece: en la calle unos cientos o miles de ciudadanos expresan abiertamente sus preocupaciones, solicitudes o,  incluso, exigencias; al mismo tiempo, en la web, decenas o cientos de miles se solidarizan con la causa.

Sin embargo, si bien crece la participación, al menos virtual, también es cierto que ésta se banaliza: muchos compatriotas tienen “totalmente claro” que la culpa es de este “gobierno incapaz”, al que le quedó grande el puesto; pero muchos de los mismos, semanas atrás, cuestionaban a los manifestantes porque eran “idiotas útiles” de las FARC y, tan sólo un año atrás, alababan el “imprescindible” TLC con Estados Unidos; el cual cuestionan hoy con indeclinable vehemencia, ya que “es el culpable de todas las desgracias de nuestros pobres campesinos.”

Ahora no voy a sentar cátedra para “demostrar nada“. Yo también me siento confundido ante la complejidad de la realidad que vivimos. Sin embargo, quiero refrescar la memoria y traer a colación algunos hechos de nuestra historia y algunas recetas de los textos de la teoría económica.

1. La crisis que provoca estas manifestaciones comenzó a incubarse hace un cuarto de siglo.

Pongamos las cosas en blanco y negro: la apertura económica iniciada en 1990 (aproximadamente) fue un cambio radical en nuestro  modelo económico. Los argumentos eran: competir, modernizarnos, crecer, dar mayor bienestar. ¿La receta?: abrir las puertas a la competencia externa y modernizar el aparato productivo; el orden de los factores no altera el resultado, eso se decía. ¿El modelo o ejemplo?: los tigres asiáticos.

Pero el orden de los factores sí altera el resultado; incluso, algo peor, si sólo se trabaja un factor (competencia externa) creyendo que el segundo se desarrolla por inercia (modernizar el aparato productivo), entonces, los resultados son lo que tenemos hoy: un país que sólo produce y exporta materias primas.

Sin embargo, recordemos que en medio de las dificultades del analfabetismo y el atraso tecnológico rural, un conflicto que nació a mediados del siglo XX y la falta de vías de comunicación para llevar los productos del campo a la ciudad, este país era autosuficiente en materia alimentaria: los campesinos colombianos daban de comer a los citadinos.

La calidad de vida del campesino era precaria, pero algunas empresas rurales y subsectores  se modernizaron: cafeteros, bananeros, floricultores, exportadores de papaya, maracuyá, granadilla, pitalla, lograron hacer del campo un buen negocio. Pero esto se acabó para la mayoría de ellos con el nuevo modelo económico.

Con la apertura económica sí llegó la competencia externa pero no se dio la modernización del sector rural. La explicación es muy simple y tiene dos componentes. El primero, el campo en los países industrializados y grandes mercados emergentes no es un sector de libre competencia. No, es un sector altamente protegido con subsidios, aranceles, contingentes y barreras técnicas.

El segundo componente tiene que ver con el modelo: los países asiáticos. El éxito de Corea, Taiwán o Singapur no radica en que sus economías fueron dejadas “al garete” para que el mercado las arreglara. No, en esos países las barreras aduaneras sí bajaron, pero el Estado siguió siendo un director de orquesta que con Gasto Público “inteligentemente direccionado” estimuló la educación, la investigación, la innovación y el emprendimiento -nada que ver con la rapiña por las regalías que administra Colciencias-.

En Colombia se ha delegado al sector privado y al mercado que direccionen la economía. Se privatizó la educación (sin subsidios) pero con ello sólo se logró más cobertura pero no con más calidad. Lo mismo pasa con la salud y las EPS. No hablemos de Colciencias o de los programas nacionales de emprendimiento empresarial, porque allí, ni siquiera cobertura se logra.

Durante más de medio siglo, este país vivió de los cafeteros; la industria del grano alimentó un modelo económico que dio origen a la incipiente economía manufacturera que tenemos: gaseosas, cervezas, textiles, confecciones, siderurgia, ensamblaje de vehículos, electrodomésticos. Si no fuera por la economía cafetera (hasta 1989), muchas empresas industriales ni siquiera existirían.

 

2. Los TLC son el postre de una amarga cena.

Los problemas de desindustrialización, minería informal o de altos costos del combustible, no nacieron con este gobierno, ni con los TLC. Sencillamente estamos viviendo la continuación de un modelo fallido (o de la ausencia de modelo).

Antes de la apertura exportábamos, en su orden: café, minería, confecciones y agroindustria; siendo los dos últimos, un tercio de nuestra balanza comercial. Hoy exportamos, en su orden: productos de minería, café, confecciones y algo de agroindustria, siendo los dos últimos, menos del 15% de las ventas al exterior. En otras palabras, hemos retrocedido en materia de sofisticación de nuestra capacidad productiva. Los TLC con Estados Unidos y Europa están en pañales, aún no hay nada de qué culparlos, son una simple continuación de un regionalismo abierto que nos tiene sumidos en el subdesarrollo: igual o peor que hace un cuarto de siglo.

3. ¿Reversar o seguir?

Ni reversar, ni seguir: corregir. Si las élites de este país (incluidos los industriales del campo y la ciudad) creen que el modelo aperturista es el camino, entonces hay que aplicar “correctivos fundamentales”. Hagamos lo que debimos comenzar a hacer hace 25 años:

Subsidiar la calidad educativa y la investigación. No sólo se trata de graduar más bachilleres, más tecnólogos, más técnicos o más magísteres: hay que tener una población con competencias en lectoescritura, lógica y pensamiento matemático, capacidad de análisis, de síntesis, de adaptación al cambio, y bilingue. No estoy diciendo nada nuevo, no me estoy inventando nada, pero no sigamos esperando que el libre mercado lo haga, no lo va a hacer. El libre mercado sólo pondrá más sillas y tableros en las aulas y profesores con salarios más precarios. Eso no es sinónimo de calidad educativa.

Formalizar el trabajo en el campo y la ciudad. Seguir creyendo que los bajos salarios nos van a hacer competitivos es una falacia centenaria. El texto de economía dice “salarios productivos”. No se trata de pagarle menos al trabajador, se trata de que el trabajador produzca más y de más calidad. Para eso, el trabajador tiene que estudiar, tiene que capacitarse.

- Subsidiar la innovación empresarial: las empresas necesitan apoyo -las del campo y las de la ciudad-. Los subsidios a los exportadores fueron perversos en su concepción, no estimulaban la productividad, la calidad o la eficiencia, sólo los volúmenes. Si una empresa va a investigar, que se le subsidie; si va a renovar equipos, que se le apoye; si va a capacitar su personal que se le financie. Punto.

Proteger el campo. No es casual que el tema en el que menos se avanza en las negociaciones de la OMC sea el agrario. Lo mismo pasa en los TLC, es el último tema que se cierra. Convirtamos el campo en una política de Estado, que si la seguridad va a seguir siendo prioritaria en la agenda de los gobiernos, entonces, que esa lista la encabece la seguridad alimentaria. Todo el mundo protege el campo, ¿nosotros por qué no?

No tomemos a la ligera las negociaciones con la guerrilla. Este no es un tema electoral, se trata de uno de los mayores karmas de la sociedad colombiana en medio siglo. Nadie mejor que los campesinos sabe lo que han significado estas décadas de guerra. No quiero banalizar el tema, pero los semáforos de las ciudades son una muestra representativa de lo que ha sufrido este  país, especialmente sus campesinos: desarraigo y miseria.

Negociar o  no negociar no puede ser un ejercicio de cálculo electoral.