Colombia y su economía no competitiva.

Octubre 10 de 2021. Giovanny Cardona Montoya

 

Desde finales de la década de 1980,  en la llamada Sociedad del Conocimiento han proliferado las TIC y las redes; el transporte de personas y mercancías se ha modernizado y masificado; la caída del Muro de Berlín trajo consigo la conexión de Europa del Este al circuito económico global; la ventaja competitiva ha hecho surgir a economías emergentes como Brasil, Chile, Corea, Taiwán, Singapur o China; el sector terciario de la economía ha venido desplazando a la industria manufacturera en el PIB mundial y los mercados globales han bajado sus barreras, especialmente en lo referente al movimiento de capitales y al comercio de bienes manufacturados.

En este contexto, desde la década de 1990, Colombia abandonó el modelo proteccionista y se embarcó en una Apertura Económica. Con este cambio se esperaba una marcada modernización del aparato productivo, una mayor inserción en los mercados globales con participación de exportaciones con valor agregado y, en consecuencia, un incremento de los niveles de bienestar de la población. Como Visión, Colombia en 2005 estableció 3 metas para el año 2032: 1.) Ser la tercera economía más competitiva de LatAm -con exportaciones con valor agregado-; 2.) Una estructura económica menos informal y; 3.) Un ingreso per cápita de nivel de renta media-alta. Pero, los resultados después de 15 años han sido ambivalentes.

A pesar de la relativa estabilidad macroeconómica, el Consejo Nacional de Competitividad -CNC- ha señalado, a través de sus informes anuales, que no hay muchos logros en el proceso de modernización del aparato productivo. Según los datos del Foro Económico Mundial ( 2017), Colombia se mantiene por encima del puesto 60 del Índice Global de Competitividad, por detrás de vecinos como Chile, Panamá, México y Costa Rica y muy cerca de Perú. La explicación de este rezago se da por problemas estructurales en infraestructura, ciencia, tecnología, educación, innovación, salud y empleo formal.

economia informal

Según el CNC, la mayoría de los estudiantes colombianos que presentan las pruebas Pisa están por debajo del nivel dos (2) en ciencias y matemáticas, que corresponde al nivel mínimo. En lectura, llegan a este nivel casi el 50%; mientras, en los niveles altos -4, 5 y 6- no se halla ni el 10% de nuestros estudiantes. Este dato es fundamental si se tiene en cuenta que la comprensión lecto-escritora, la lógica y el pensamiento matemático, al igual que el conocimiento y el método de las ciencias se consideran fundamentales para desarrollar el pensamiento crítico y analítico, para la argumentación y para la innovación.

learn-2398308_640

El CONPES 3674 señala la importancia de una estrategia integrada de gestión de capital humano, lo cual puede implicar, entre otros, fortalecer el perfil de los docentes escolares. El tema de la educación es crítico si se le vincula con su la productividad de los trabajadores en el proceso productivo. Según CNC en todos los sectores (agrícola, manufacturero, servicios y comercio) se presenta una gran brecha entre la productividad promedio de los trabajadores y la mediana. O sea, la mediana muestra que la productividad más recurrente es baja, lo que señala una diferencia en el desempeño de algunas empresas modernas con personal cualificado y procesos organizados, con respecto a la mayoría, Mipymes, ineficientes y de baja productividad.

 

Otra evidencia de este rezago es la falta de inversión en ciencia y tecnología. Mientras los países que nos preceden en el Índice Global de Competitividad (IGC) invierten más del 1% del PIB en I+D+i, Colombia es renuente a reorientar sus recursos de cara a la sofisticación de la producción de bienes y servicios. Según IMD (2017), Corea dedica a I+D+i casi 4% de su PIB, mientras Portugal destina 1.6%. España y Brasil invirten alrededor de 1.5% de su PIB, mientras Colombia apenas rodea el 0.25%. En síntesis, los países que nos preceden en competitividad son aquellos que invierten en educación y en investigación y desarrollo.

Otro indicador que pesa en nuestra baja competitividad es el referente a transporte y logística. Según el ÍGC, Colombia permanece en los últimos años alrededor del puesto 65 con un índice de 2.9, muy por debajo de pares como Chile, Perú, Brasil o México. Según el CNC, los problemas no sólo se asocian con la infraestructura, sino que hay serias debilidades en materia de gestión logística en las empresas.

Otra característica de las condiciones de competitividad que envuelven a las empresas colombianas es la que tiene que ver con el ambiente de competencia. Según el ÍGC, hay una percepción baja de que en Colombia funcione de manera efectiva la ley antimonopolio. Aunque la participación de la Mipyme es importante, la concentración del capital es significativa y se percibe como una tendencia que reduce la competitividad, especialmente en las industrias de la esfera de servicios: transporte aéreo nacional, banca, comercio al detal, medios informativos y de entretenimiento, entre otros.

Todos estos indicadores que señalan un rezago absoluto y relativo en materia de innovación y productividad de las industrias colombianas se evidencian en el deterioro de nuestro desempeño exportador. Según el CNC, se ha venido dando un proceso de reducción de la sofisticación de la oferta de bienes que Colombia vende en el exterior. Entre 2007 y 2013 la participación de los bienes primarios en la oferta exportadora colombiana creció en un 40%, llegando a representar el 66% en el total de ventas al exterior. En cambio, las exportaciones de complejidad tecnológica alta y media, que otrora representaban el 20% del total, apenas alcanzan el 10% en la actualidad. Colombia ha pasado de ser un proveedor de agroindustria a un exportador de minería de hidrocarburos. Según datos de la DIAN, antes de la caída de los precios de los combustibles del 2014 (DANE, 2017), el petróleo y el carbón eran responsables del 70% del total de exportaciones al exterior.

La crisis iniciada en el tercer trimestre de 2014, derivada de la caída en los precios mundiales de commodities, particularmente hidrocarburos, es una clara evidencia de la necesidad de tener un aparato productivo más diversificado y con mayor valor agregado. En 2015, los ingresos por exportaciones de petróleo se derrumbaron en un 50%, o sea, un 25% de la totalidad de las importaciones. Adicionalmente, los hidrocarburos golpearon las finanzas públicas, ya que representan el 16%, y además afectó la entrada de inversión extranjera directa, especialmente direccionada a la minería.

En el largo plazo, nuestros empresarios tienen una gran oportunidad, ya que la diversificación y sofisticación de la producción es un reto en ciernes; adicionalmente, hay enormes posibilidades alrededor del aprovechamiento de las tierras no cultivadas (la mayor parte de las tierras aptas para la agricultura están dedicadas a la ganadería), la biodiversidad y el desarrollo de biocombustibles de segunda y de tercera generación (desechos y micro algas).

En consecuencia, reactivar el sector manufacturero, particularmente la agroindustria, al igual que la producción agrícola y ganadera, será de uno de los principales retos de los empresarios colombianos. Las necesidades de infraestructura y las potencialidades que ofrece un entorno cada vez más exigente en materia de preservación del agua, de los bosques y de la calidad del aire, abren un espacio importante para los negocios. Colombia tiene una biodiversidad preponderante a nivel global y posee tierras cultivables que pueden ser utilizadas en el desarrollo de agricultura orgánica y en la producción de biocombustibles de segunda generación, principalmente.

La economía mundial ahora es un entorno complejo con unos niveles de especialización muy profundos (Cadenas Globales de Valor). Para insertarse en dichas cadenas será necesario trabajar en la innovación de valor y en estrategias de internacionalización; los empresarios deberán fortalecer las redes y alianzas estratégicas con proveedores y asociaciones de consumidores e invertir en recurso humano cualificado y en tecnología avanzada.

Aprovechar estas oportunidades de mercado implica revisar los modelos de gestión de las empresas, lo que exige:
– Fortalecer las competencias gerenciales que le den una visión más completa del negocio, basada en el talento humano;
– Formalización del empleo y consolidación de modelos de gestión de talento humano que estimulen nuevas estructuras oorganizacionales en las que quepa el trabajo en equipo, teletrabajo y trabajo en redes;

– Consolidación de estrategias de largo plazo, fundamentadas en gestión del conocimiento con fines de innovación;
– Gestión de cadenas productivas, esto es, trabajar bajo el esquema de “visión compartida” entre las empresas que integran la cadena;
– Centrarse en la innovación y en las estrategias de diferenciación -foco o  atributos- para no depender de los vaivenes de las tasas de cambio o de los aranceles. La estrategia debe buscar un posicionamiento en el imaginario de los clientes a partir de la agregación de valor.
– Consolidar las empresas familiares para que trasciendan en el tiempo y continúen su aporte al desarrollo económico.

Educación: ¿presencial o virtual? Esa no es la pregunta correcta.

Hace siglos-muchos siglos atrás-, la humanidad decidió que la educación requería de escenarios, metodologías y contenidos escolarizados. O sea, que el aprendizaje silvestre de la vida cotidiana y la familia no alcanzaba. ¿No alcanzaba para qué? En términos generales, no era suficiente para preservar el cada vez más rico y complejo acervo de conocimiento de la humanidad. En términos prácticos, no daba la talla para seguir construyendo ciudadanía, para consolidar la convivencia social, para fortalecer el ejército, para desarrollar la economía, etc. Los grupos sociales (tribus, pueblos, naciones, estados) requieren de ciertos sistemas de educación estandarizada y formalizada (escolarizada) para seguirse desarrollandose como comunidad. De ahí, la Escuela, la Universidad, el Museo, la Biblioteca.

Con esta narración, entre metafórica y simple, explico por qué nació la educación escolarizada.

BPROGRAMA BUEN COMIENZO (37).JPG

Ahora, muchos siglos después, la Universidad ha venido enfrentando el dilema de ofrecer más cobertura o mantener la calidad. ¿Por qué dilema? porque la filosofía económica que nos controla (o nos inspira, si suena menos duro) señala que el conocimiento es un bien escaso. En economía, un bien escaso es aquel que no existe en cantidades infinitas a precio cero. En otras palabras, educar cuesta. Así que, cada paso que damos para ampliar cobertura o mejorar la calidad implica algún nivel de inversión de recursos escasos (tiempo, materiales, suelo, etc.).

El problema de la cobertura tiene que ver con la posibilidad de dar educación a los más pobres y a aquellos que viven más alejados de las grandes urbes. La calidad tiene una doble connotación: una educación que sea consistente con los retos del desarrollo sostenible de la humanidad y la naturaleza y, a la vez, consecuente con el proyecto de vida de cada estudiante.

Resolver ese dilema debería seguir siendo el eje de las preocupaciones de los hacedores de políticas educativas. Sin embargo, la coyuntura de la pandemia del Covid-19 nos está enfrascando en lo que considero es una discusión bizantina: ¿debemos volver al campus presencial o continuar con la educación virtual?

 

Ni lo uno ni lo otro; sino ambos.

Estamos reduciendo el proceso formativo a una mediación. Ni la plataforma zoom, ni un salón con sillas, mesas y tablero, educan; son sólo recursos. La educación es mucho más que eso.

Una experiencia curricular incluye relaciones entre personas, un componente cognitivo (problemas de aprendizaje, objetos de estudio, objetivos y contenidos -conocimientos, habilidades y valores-) y un componente afectivo: métodos, medios, formas y sistemas evaluativos. En el currículo, la plataforma digital o el aula de clases, apenas alcanzan a ser medios.

Sin embargo, la diversidad de medios es ahora una gran oportunidad para redoblar los esfuerzos en pro de una educación con pertinencia, calidad y amplia cobertura. O sea, lo que pretendo con este ensayo es reducir a sus verdaderas proporciones el debate entre presencial o virtual pero, a la vez, quiero elevar a un nivel superior la cuestión sobre el potencial de estrategias como alternancia, blended learning (aprendizaje híbrido) y ubicuidad.

Las primeras dos, alternancia y aprendizaje híbrido, se refieren a una especie de distribución del tiempo -organizada por los educadores-, entre el aula  de clases y la plataforma de comunicación remota. Pero, de otro lado, la ubicuidad como la explica Diego Mazo, rector de la Institución Universitaria CEIPA, es una categoría que abre al estudiante el abanico de oportunidades para elegir su mejor lugar y momento para continuar con el aprendizaje.

En la sociedad del conocimiento, en la cual no deben existir barreras de tiempo o espacio para aprender, la educación puede ser un proceso continuo en ambientes discontinuos.

 

Al pan, pan y al vino, vino.

Hay un conjunto de realidades que necesitamos reconocer para continuar con una discusión sobre cobertura y calidad en nuestros tiempos:

– un buen campus universitario puede ser aprovechado de maneras diversas durante una jornada de aprendizaje: debates con docentes y compañeros, talleres en ambientes físicos, eventos feriales, tertulias informales, deporte, cultura, etc. Pero, cuando aquel se utiliza fundamentalmente para que el estudiante reciba información de sus profesores (clase magistral), entonces, no sólo es un desperdicio sino que se convierte en una barrera injustificable para acceder al conocimiento. Así, por ejemplo, los estudiantes de jornadas nocturnas que llegan literalmente “corriendo” a la universidad desde sus lugares de trabajo, pierden el tiempo de desplazamiento cuando la clase consiste en una sesión teórica de transmisión de información, a la cual se pudo acceder desde una plataforma de comunicación remota.

educacion tradicional, educacion moderna

– una buena propuesta educativa virtual ofrece muchas oportunidades para facilitar el acceso a la información y al conocimiento, a la comunicación bidireccional entre el docente y sus estudiantes e, incluso, a la co-creación y difusión de nuevo conocimiento.

– la educación superior ofrecida bajo modalidad presencial combina inevitablemente la comunicación y los contenidos que se intercambian en el aula con aquellos a los que se puede acceder desde canales, buscadores y plataformas digitales especializadas.

– La informática y el Internet son un recurso enorme para fortalecer procesos de enseñanza, aprendizaje, creación y difusión de conocimiento. La virtualidad (comunicación en línea -sincrónica y asincrónica-, acceso a contenidos y escenario de divulgación) es una oportunidad del mundo moderno para ampliar la cobertura educativa con calidad y pertinencia. ¿Por qué pertinencia? Porque desempeñarse en redes, desenvolverse en ambientes interculturales y co-crear sin barreras de tiempo o espacio, hoy son competencias fundamentales para la profesión y la vida.

– Con la madurez que tienen la pedagogía y la didáctica, la educación de calidad puede expandir su cobertura a todo el planeta, combinando diferentes escenarios de aprendizaje, de comunicación, de acceso y de co-creación de conocimiento. Se aprende en el hospital, en la granja, en el aula de clases, en el museo, en las plataformas virtuales, etc. Maestros y estudiantes se comunican face to face o por medios remotos de manera sincrónica o asincrónica. El menú de oportunidades es amplio. Cada vez más amplio.

– En los países de la OCDE -organización a la que ya pertenece Colombia-, 52, 6% de los jóvenes de 18 a 24 años de edad está estudiando, 33,1% no estudia, pero trabaja y el  14,3% restante es Ni-Ni. Para no ahondar en cifras, es claro que tenemos un gran reto en materia de cobertura.

– Muchas de las personas que no acceden a la educación superior lo hacen por barreras de tiempo (laboran) y/o espacio (viven en el campo o son víctimas de la maraña vehicular de las grandes ciudades.

 

Simbiosis entre virtualidad y educación presencial: más cobertura, más pertinencia.

Si bien el conocimiento es un bien escaso (tiene costo), invertir en él es una decisión altamente rentable. Un ciudadano políticamente culto, un trabajador bien entrenado, un artista bien cultivado, un médico altamente cualificado, un ingeniero creativo, un científico riguroso, un trabajador social comprometido, con seguridad aportarán con creces al desarrollo social, cultural, político y económico de una sociedad.

Por lo tanto, estamos ante una oportunidad que exige dos tipos de inversiones:

inversiones fuertes en ampliación de acceso a la informática y a Internet, por todo el territorio nacional y a todos los estratos socio-económicos. Ello implica, además de redes, acceso a dispositivos y entrenamiento para el uso de los mismos. Este es el nuevo alfabetismo: aprender a leer, escribir, navegar por Internet y usar plataformas digitales. El amplio acceso debe ser para las familias y las instituciones educativas. Ahora no sólo hay que llevar agua, gas y energía eléctrica a los hogares.

inversiones para la reinvensión curricular y cualificación de docentes, de modo tal que la educación sea un proceso de calidad, sin barreras de tiempo y espacio. Eliminar el muro que separa a las modalidades -presencial y virtual- y ofrecer programas híbridos para que los estudiantes “asistan a clases” desde cualquier lugar y en diferentes momentos.  Hermanar el aula de clases con el ciber-espacio, combinar la comunicación sincrónica (face to face o remota) con la asincrónica, enlazar todas las bibliotecas, museos y demás repositorios de información y conocimiento, es una tarea que no se puede abordar desde lo táctico, sino desde lo estratégico y pedagógico: una nueva concepción curricular en la que los objetivos de aprendizaje, los contenidos, las metodologías y las evaluaciones se repiensen para desarrollarse en ambientes discontinuos, desde una perspectiva de la ubicuidad.

Algo es real, ni el docente, ni la biblioteca tienen el monopolio del conocimiento. También es una verdad de a puño que, aunque hay un conocimiento fundamental que no se puede abandonar -la filosofía, las ciencias naturales, la matemática, etc.- y hay retos perennes: la felicidad del ser humano, la justicia social y el desarrollo sostenible, también es cierto que la humanidad debe desarrollar su capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes del entorno social y natural. Por ende el sistema educativo tiene que ser flexible, adaptarse a las nuevas realidades y reconocer los nuevos retos y oportunidades; lo que no significa que deba perder su rigor científico y pedagógico.

Estudiante o maestro: no importa donde estés, el proceso formativo no se debe detener.

 

 

El suicidio de la democracia real.

Giovanny Cardona Montoya, noviembre 3 de 2020.

Recuerdo hace un par de décadas cuando el partido socialista francés convocó a sus electores a votar en segunda vuelta por el conservador Jacques Chirac. ¿Y por qué? porque había que detener al ultraderechista y populista Frente Nacional (FN) de Jean Marie Le Pen. En 2017 se repitió la escena, esta vez los partidos de izquierda apoyaron a Macron para evitar que Marine Le Pen, hija del fundador del FN, tomara las riendas del país.

Por medio de procesos democráticos el mundo ha visto ascender al poder a políticos que representan la negación del pluralismo político e ideológico y de la división de las ramas del poder público. Políticos de talante totalitarista, autocrático o, incluso, teocrático, han llegado a regir los destinos de sus naciones gracias a procesos electorales pluripartidistas.

Hitler, Daniel Ortega, Hugo Chávez,  Robert Mugabe, Vladimir Putin o el mismo Donald Trump son algunos ejemplos de políticos que han usado la democracia para el ascenso a la cúspide del Estado y luego desdecir de sus instituciones.

¿Por qué la democracia sirve de escenario para que populistas, xenófobos, racistas, totalitaristas , guerreristas, negacionistas, etc. asciendan al poder por la vía legal?

Voy a proponer una respuesta a esta pregunta: la democracia a medias no es democracia.

Tenemos varios imaginarios sobre lo que significa democracia. El más común es el que hace referencia a “la voluntad popular”, “el contrato social” o el triunfo de las mayorías. Es una idea que viene de Rousseau y otros representantes de la Ilustración, quienes delinearon los principios de un sistema donde todos los ciudadanos son iguales, racionales y eligen a sus gobernantes.

Pero hay postulados menos idealistas. J. A. Schumpeter sólo reconoce la existencia de la democracia formal: las campañas, las convenciones, los discursos, el día de las elecciones, los escrutinios, etc. Pero, este autor austriaco-norteamericano cuestiona la existencia de la voluntad popular;  para él se trata de una categoría ficticia, utópica.

Schumpeter declara la existencia del Caudilismo Competitivo, que no es otra cosa que la puja de las élites por el voto de las masas. Este autor tiene una perspectiva denominada “realista” opacando la importancia del pueblo a la hora de elegir a los gobernantes. Para Schumpeter es claro que los vencedores en la contienda electoral no tienen compromisos con los votantes, lo que no significa que sus actuaciones no puedan verse como favorables a unos u otros sectores de la sociedad.

elecciones

Más dramática aún es la perspectiva marxista: no puede existir democracia con propiedad privada, ya que, las instituciones del Estado son coptadas por las clases propietarias de los medios de producción. En otras palabras, el Estado es la estructura política de las clases dominantes -la burguesía, no de los trabajadores.

Luego de ver estas tres perspectivas conceptuales, vamos a desarrollar la tesis que provoca esta columna. La democracia supone ciertas condiciones sin las cuales esta institución es simplemente formalidad. Desde la perspectiva del elector sugiero dos condiciones claves: 1. Conocimiento mínimo; 2. independencia del elector.

La idea de conocimiento mínimo se fundamenta en la tesis kantiana de la mayoría de edad. Se trata de ciudadanos dotados de pensamiento crítico y autónomo, capaces de argumentar y debatir alrededor de sus decisiones políticas. La cobertura educativa y la calidad de las escuelas es fundamental para fortalecer un sistema democrático. Bajas tasas de cobertura y un sistema pobre en formación de competencias ciudadanas, son caldo de cultivo para una débil democracia.

La calidad y cobertura educativa se amalgaman con el acceso a información suficiente y confiable. Además de que los medios de comunicación y particularmente los noticieros, puedan representar intereses políticos, económicos, sociales o religiosos particulares (o privados), hoy existe el riesgo de acceder a Fake News en las redes sociales. Un ciudadano no cultivado en lo político es presa fácil de información falsa o poco objetiva.

La independencia mínima del elector está relacionada con su libertad de movimiento y de actuación. Territorios donde el Estado reina son fundamentales para que los electores se puedan expresar sin presiones. Y, tal vez, esta libertad se vive en muchos territorios del planeta, pero no en todos. Zonas donde la ley la imponen las bandas criminales (con fines políticos o de otra índole), la autonomía del elector se constriñe, se reduce. Ahí se debilita la democracia.

Pero, la mayor talanquera para que el elector actue con independencia es la pobreza. Familias con necesidades básicas insatisfechas son presa fácil de la corrupción electoral. La venta del voto y el clientelismo (que se traduce en prevendas estatales a cambio del voto) son el mayor cáncer de la democracia.

Con lo anterior quiero señalar que a lo largo de las décadas hemos estado idealizando una democracia imperfecta. La comparamos con China o con Arabia Saudita o con Corea del Norte y, entonces, nos sentimos orgullosos. Pero nuestra autocomplacencia y la crónica tolerancia frente a las debilidades del sistema corroen a la democracia, la debilitan. La venta de los votos y el clientelismo crónico asfixian a la democracia real.

Ahora, una dimensión más profunda de la ausencia de estas dos condiciones es la marginalidad. Grupos poblacionales de desplazados, de mendigos y de habitantes de la calle se convierten en ciudadanos de segunda y de tercera. Ellos no cuentan, no participan, ni siquiera se dan cuenta; son la máxima evidencia de la ausencia de una democracia real. ¿Dónde queda entonces, la voluntad popular? ¿De qué mayorías hablamos?.

Ahora, cuando las debilidades democráticas del elector -poco conocimiento e independencia- se perpetúan, entonces, crece la privatización de los bienes públicos del Estado: familias que se apoltronan en el poder, empresas que cobran con contratos y personas naturales que lo hacen con cargos públicos, los servicios prestados (dinero y votos) durante las elecciones.

Una democracia débil, caldo de cultivo para candidatos tiranos y populistas.

Ahora, volviendo al punto original, podemos comprender por qué electores insatisfechos, decepcionados de demócratas “aparentes”, de gobernantes que no cumplen sus programas de gobierno y de problemas sociales que no se resuelven o, peor aún, se agudizan, son caldo de cultivo para que mesías, demagogos y vendedores de ilusiones accedan al Estado. Es la frustración de los demócratas de la base la que catapulta a populistas y tiranos a las más altas esferas del poder político.

El populista Trump derrotó hace 4 años a una Hillary Clinton que representaba a las tradicionales castas corruptas y se erigía como símbolo del nepotismo político (la consolidación de la familia Clinton, otro clan como los Bush o los Kennedy). Chávez fue elegido como respuesta a la frustración de los venezolanos con un bipartidismo que gobernó por décadas y dilapidó la riqueza de las bonanzas petroleras.

Una democracia aparente es el suicidio de la democracia real.

 

 

Estado de Derecho Formal vs. Estado de Derecho Real.

Giovanny Cardona Montoya, septiembre 20 de 2020.

 

El Estado es un constructo socio-político que moldea la gobernanza de las complejas relaciones sociales de una nación en un momento histórico determinado. Sin embargo, señalar que cada pueblo o nación “se da el Estado de Derecho que se merece” es mucho decir. La legitimidad del Estado siempre será cuestionada al menos por aquellos que añoran ciertos patrones de comportamiento en decadencia o por los otros que consideran que es anacrónico frente a principios filosóficos, económicos, culturales o sociales emergentes.

Para quienes consideramos que nuestro tiempo es el de los Derechos Humanos, el de las Libertades Civiles, el del impero de la Razón en el mundo del Derecho y el del Respeto por la Naturaleza como entidad proveedora de vida, era anacrónico el Estado de Derecho sudafricano que daba piso legal al Apartheid o la segregación de razas en el Sur de los Estados Unidos a mediados del siglo XX.

La ilegitimidad de esos regímenes llevó a cambios en la legalidad de sus Estados de Derecho. El anhelo social se convirtió en ley.

DERECHOS CIVILES

Del mismo modo, hoy, los seguidores del franquismo español pueden añorar el Estado más centralizado y que restringia el uso oficial o público de las lenguas de la autonomías; también, promotores de los movimientos que defienden los intereses de la población LGBTI pueden considerar que el Estado de Derecho en Colombia aún permite la discriminación legal de este grupo poblacional.

El Estado de Derecho en Occidente (que sugiero, de un modo un poco atrevido, que se entienda como el de las sociedades herederas de la Ilustración, el Humanismo y la Racionalidad) no sólo se debe caracterizar por el imperio de la ley -en principio todos los Estados se caracterizan por ello- sino por contar con mecanismos que permiten que la diversidad social, política, económica y cultural tenga efectiva cabida; o sea, que los gobernados se puedan defender efectivamente de posibles abusos del gobernante, que las mayorías gobiernen pero que las minorías sean atendidas efectivamente en sus reclamos, que la oposición tenga posibilidades reales de acceder al poder y que el individuo pueda ser efectivamente escuchado y atendido ante sus reclamos y necesidades. (Nota: la redundancia de la palabra efectivamente fue intencional.

La tutela, el derecho de petición, de réplica o de apelación, el derecho a la huelga, el derecho a la protesta pacífica y las elecciones transparentes y plurales son algunas de estos mecanismos que deben evitar que “en nombre del Estado” se violen los derechos de los ciudadanos y las comunidades. Cuando estas válvulas existen pero no funcionan o son defectuosas, entonces el Estado de Derecho es Formal, pero no Real.

Actualmente el Estado de Derecho en Colombia corre sus mayores riesgos en la grieta que existe entre el Estado Formal y el Estado Real; esto debido a que existen claras manifestaciones de inoperancia de la ley, de politización de la misma e, incluso de coptación del Estado por parte de privados. Más que una cirugía para transplantarle nuevos órganos, lo que el Estado de Derecho en Colombia requiere es una reanimación. No respira y su corazón late con muy poca fuerza.

JUSTICIA

Veamos algunos ejemplos:

– La Constitución Política de Colombia en su Artículo 67 declara que la educación: “…será obligatoria entre los cinco y los quince años de edad y que comprenderá como mínimo, un año de preescolar y nueve de educación básica.” Sin embargo, Unicef señala que “alrededor de 1.5 millones de niños, niñas y adolescentes en Colombia, entre los 5 y 16 años, no van al colegio por distintas razones. La inequidad social y económica es la principal causa de este panorama.”

– El Artículo 49 de la Constitución Política de Colombia señala: “Se garantiza a todas las personas el acceso a los servicios de promoción, protección y recuperación de la salud.” Sin embargo, un estudio publicado por Banco de la República muestra que a pesar de que entre 1997 y 2012 aumentó la cobertura del aseguramiento (de 56,9% a 90,8%), el acceso a los servicios médicos al momento de necesitarlos, disminuyó  de 79,1% a 75,5%.

– El Artículo 11 de la Constitución Política de Colombia señala que “El derecho a la vida es inviolable”. Sin embargo, mientras la tasa de homicidios en el mundo por cada 100 mil habitantes asciende a ocho, en Colombia dicho guarismo es de 25, incluso superior al promedio de América Latina. Según datos del Banco Mundial, 170 países tienen una tasa de homicidios intencionales inferior a Colombia (datos de 2018).

– El Artículo 86 de la Constitución Política de Colombia reconoce el derecho de amparo. Cualquier ciudadano puede recurrir a la  tutela para reclamar ante los jueces, la protección inmediata de sus derechos fundamentales, cuando éstos sean vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública. En Colombia se presentaron 7 millones de tutelas entre 1992 y 2017. El indicador puede ser interpretado de manera positiva, ya que, el ciudadano cuenta con un instrumento efectivo para defender sus derechos. Sin embargo, es preocupante que 1664 veces al día se presenten solicitudes extraordinarias (tutelas) para defender derechos fundamentales. ¿Qué pasa con los mecanismos ordinarios? ¿Por qué no son efectivos?

Son sólo algunos ejemplos, pero sirven de ilustración para entender que nuestro Estado de Derecho Formal tiene un cúmulo de cualidades que si se materializaran se traducirían en una transformación cualitativa de la convivencia, el bienestar social y el desarrollo de este país.

Fortalecer la democracia (sin financiación privada, con electores educados y sin hambre), despolitizar la justicia, hacer cumplir mandatos emanados de la Constitución Política que aún están “congelados”, sancionar efectiva y ejemplarmente a los funcionarios públicos que transgreden las normas y a los privados que se les alían para coptar el Estado en su beneficio, son cambios trascendentales que se traducirían en el fortalecimiento del Estado de Derecho Real.

Sin embargo, según el Indice Global de Impunidad, que mide el proceso de denuncia, el esclarecimiento de los hechos, el castigo de los delitos, el enjuiciamiento de los responsables y la reparación de la víctima, Colombia ocupa el 8vo lugar entre 59 países medidos. En el análisis hecho por ese estudio, se señala que 57% de los municipios tienen una alta tasa de impunidad y que, la comisión de delitos tiene un estímulo fuerte en la convicción del delincuente de que “nada le va a pasar”. Incluso, en medio del debate sobre la cadena perpetua para violadores, muchos juristas señalaron que el problema no era alargar las penas, sino hacer efectiva la denuncia, la captura, el juicio y la condena.

Educación: sin TIC no hay calidad ni cobertura.

Uno de los componentes más valiosos del acervo de una sociedad es la educación de sus niños y jóvenes. Sin embargo, los rezagos y retos estructurales de los sistemas educativos son de gran envergadura y reclaman consistencia en las políticas públicas de largo plazo.

Los rezagos más evidentes están asociados a la cobertura, pero también hay problemos serios en materia de calidad. Particularmente la actual coyuntura desatada por la pandemia del Covid evidenció un problema cuali-cuantitativo, el cual tiene que ver tanto con la cobertura como con la calidad del sistema educativo: el uso de las TIC en las escuelas.

Problema cuantitativo: cobertura.

En Colombia no existe aún cobertura universal en la educación media -grados 10 y 11-; ésta tan sólo alcanza el 72%. De estos, sólo 52% se matriculan en la educación superior  -técnico profesional, tecnólogo y universitario- y, más crítico aún, 47 de cada 100 estudiantes universitarios no logran culminar satisfactoriamente su carrera.

cobertura educativa en Colombia siglo XXI

En la educación básica y media se encuentra un problema de cobertura asociado a la deserción, el cual denota una profundización de las brechas de inequidad social. Para mediados de la década que acaba de terminar, en las zonas rurales de 100 estudiantes que ingresan al sistema, sólo 48 terminan la educación media, mientras en las ciudades este indicador alcanza el 82% de efectividad.

Problema cualitativo: calidad y pertinencia.

En materia de calidad, hay problemas serios de pertinencia asociados a) a la falta de visión de futuro -formar ciudadanos para un desarrollo sostenible en lo social y ambiental-; b) al desdén por las particularidades y necesidades territoriales locales -currículos centralizados-; c) al papel marginal que juegan los problemas sociales vigentes en las propuestas educativas -problemas de convivencia, inequidad, discriminación y medio ambiente, por ejemplo-; y d) a la desvalorización de la docencia como profesión (los mejores bachilleres no se matriculan en las facultades de licenciaturas y la tasa de profesores de inglés que no tienen la idoneidad es muy alta).

Un indicador interesante para hablar de pertinencia son las pruebas Pisa. La medición histórica que se ha hecho de Lectura, Matemáticas y Ciencias, competencias transversales que son necesarias en diferentes dimensiones de la vida del ser humano, muestra un constante y significativo rezago de nuestros estudiantes con respecto a otros países referentes. Recurrentemente Colombia se ubica entre los puestos 60 y 70, en un universo estadístico de 79 países que presentan dichas pruebas.

pruebas pisa

El uso de TIC, un problema cuali-cuantitativo.

El uso de TIC en la educación es un tema de calidad. Los jóvenes deben aprender a desenvolverse en redes, accediendo a información, produciendo contenidos y estableciendo relaciones con personas de diferentes culturas. Su vida adulta -en la universidad, en el trabajo, en el mercado, en su crecimiento personal y en las relaciones sociales- estará marcada por las posibilidades y retos que implican las tecnologías de información y comunicaciones. Es el momento histórico que nos tocó vivir. Los retos y oportunidades en todas las dimensiones se relacionan con el uso de las TIC.

No se trata de hacer una apología de esta revolución tecnológica. Sabemos de infinidad de problemas y complicaciones que han surgido con la expansión de Internet, pero todo cambio profundo trae consigo retos que pueden ser de índole social, económico, jurídico e, incluso ético y estético. Esta no será la excepción y habrá que enfrentarlos.

En consecuencia, la educación de este siglo XXI para que sea de calidad, debe incluir a las redes de información y conocimiento, tanto en sus contenidos como en las metodologías de enseñanza y aprendizaje. Y esto es una necesidad en todos los niveles del Sistema Educativo.

Pero, la pandemia del Covid hizo visible algo que todos sabíamos, pero de lo que nadie hablaba: la infraestructura y la cultura para el uso de las TIC se hallan rezagadas y dicho retraso también evidencia muestras de inequidad social.

Cuando los países entramos en cuarentena por causa de la pandemia, los sistemas educativos de todo el mundo tuvieron que recurrir a la virtualidad para dar continuidad a los procesos curriculares. ¿Y sí se pudo dar continuidad?

Aún no hay estudios suficientes y amplios, pero está claro que se encontraron problemas de calidad -los diseños curriculares no estabán adecuados para ser gestionados de manera remota; muchos maestros no estaban preparados para guiar el aprendizaje por fuera de su salón de clases y gran parte de los estudiantes no tenían ni las competencias, ni la motivación para sustituir sus clases de aula por sesiones sincrónicas en una plataforma de comunicación virtual.

Esto era de esperarse. A pesar de que Internet ya tiene más de seis lustros expandiéndose por el mundo, las escuelas y universidades aún centran sus esfuerzos en las mediaciones tradicionales. En consecuencia, la coyuntura seguramente será una oportunidad para impulsar a futuro los sistemas educativos combinando mediaciones -el aula presencial, el museo, la empresa, la granja, Zoom, Teams, etc.-. Se enriquece el abanico de oportunidades para las didácticas de los maestros y para el aprendizaje de los estudiantes.

Pero, la virtualidad, que ya se entendía como un vehículo para poder ampliar la cobertura llegando a comunidades lejanas y a personas con restricciones para asistir a los centros educativos -problemas de movilidad en las ciudades o limitaciones laborales o físicas), terminó siendo en esta pandemia una radiografía de inequidad social: durante la cuarentena, muchos niños y jóvenes no pudieron continuar sus estudios, ya que, no tienen conectividad o en sus casas no hay un computador para poder estudiar.

UNESCO señala en un informe que 17% de los niños en edad escolar quedaron literalmente “desconectados” de sus clases durante el cierre de sus escuelas, debido a la ausencia de condiciones tecnológicas: 258 millones de niños y jóvenes en todo el mundo. Este dato catastrófico cobija fundamentalmente a inmigrantes, niños de escuelas rurales, minorías étnicas y mujeres.

Según el mismo organismo, 40% de los países de ingreso medio y bajo no hicieron suficientes esfuerzos para evitar que la población más vulnerable parara sus estudios durante el cierre de las escuelas.  De igual manera, IESALC realizó un estudio que descubre que la pandemia dejó por fuera a 25% de los estudiantes de las universidades de América Latina, tan sólo por problemas de conectividad.

El mensaje es claro. Las inversiones en tecnología para la educación, con todas sus dimensiones -pedagógica, social, económica, ética-, deben ser una prioridad de la entrante década para asegurar una educación de calidad en el marco de una mayor cobertura. 

 

 

 

123