¿Educación virtual o virtualidad en la educación?

Giovanny Cardona Montoya, julio 19 de 2020.

 

Los modelos de “escuela” han mutado a lo largo de los siglos. La tradición oral, la lectura del texto escrito o la video-conferencia son manifestaciones de forma de la esencia de las instituciones educativas: la preservación de la cultura. Que las nuevas generaciones apropien el acervo cultural de la humanidad -las ciencias, las artes, las técnicas, etc.-, esa es la razón de ser de la escuela.

A pesar de que la coyuntura que viven los sistemas educativos en el mundo, como consecuencia del requerido distanciamiento social, ha revivido el interés por el uso de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) en los procesos formativos, la realidad es que la virtualidad lleva más de un cuarto de siglo permeando todos los centros de formación: la escuela técnica, el colegio, la universidad; todos.

Ahora se oyen voces -inclusos voces muy autorizadas- que declaran que la virtualidad nunca sustituirá a la presencialidad; que debemos volver al campus -a los edificios con aulas y bibliotecas- cuando la pandemia lo permita. Pero, ¿acaso nos estamos haciendo la pregunta correcta?

- Nos negamos a abandonar el pasado.

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Quienes vivimos la actual coyuntura somos personas nacidas en el siglo XX o en el XXI. De hecho, más del 90% de la población mundial nació después de la segunda guerra mundial. Por lo tanto, tenemos una idea muy lineal y clásica de lo que es una escuela: un salón, una sillas enfiladas hacia el frente, un tablero. Si bien, hay multiplicidad de alternativas, como los talleres, los laboratorios o las granjas, la realidad es que el aula tradicional sigue siendo el eje principal alrededor del cual giran los imaginarios sobre la educación escolarizada.

Pero, la arquitectura del aula de clases no es un capricho o una moda. El aula de clases es el escenario de interacción entre docentes y estudiantes alrededor del conocimiento; y aquel responde a condiciones socio-económicas,  políticas y culturales de la época.

Y, cuando hablamos de época nos referimos a condiciones temporales características de clusters de generaciones que han vivido bajo un paradigma socio-cultural determinado: tal vez la modernidad y la sociedad industrial (siglos), la explosión demográfica (más de un siglo) o la segunda post-guerra mundial (casi un siglo) puedan servir de hitos para diagramar la época en la que se ha desarrollado el actual sistema educativo.

Pero, cada época es un constructo teórico de cualidades dialécticas que indican que persisten rezagos de épocas anteriores, a la vez que se engendran las células de una posterior. Así que, aunque la modernidad tiene su esencia en el uso de la lógica y la razón, las escuelas públicas conservaron por siglos la enseñanza de la religión como componente de sus currículos.  De igual, manera, la necesidad de ampliar la cobertura educativa -por las crecientes aspiraciones de la mujer y la necesidad de cualificar trabajadores para el sector industrial- y la dificultad para crear escuelas fuera de los grandes centros poblacionales, dieron origen a la “educación a distancia”, la cual fue evolucionando del correo a las mediaciones de radio y televisión, para luego fortalecerse con las oportunidades que emergen de la informática e Internet.

- La Sociedad del Conocimiento: el presente hito.

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Desde hace medio siglo la productividad del conocimiento ha sido el motor del crecimiento económico mundial (Drucker, Castells). Y esta realidad -aceleración y globalización de la producción, acumulación, difusión y uso de la información y del  conocimiento- es uno de los ejes de la nueva época. La hegemonía de las escuelas como escenarios de transmisión de información y conocimiento ha caído. La nueva era reclama de las instituciones educativas y particularmente de sus procesos curriculares y de sus docentes, un repensarse de cara a las nuevas posibilidades que ofrecen las TIC y a las nuevas necesidades que enfrentan las sociedades.

Algunos retos de la nueva escuela son heredados de la época anterior: asegurar la suficiente cobertura educativa, detener el holocausto ambiental y crear posibilidades para que millones de personas marginadas accedan a los medios para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Otros retos se derivan de las nuevas realidades: preparar jóvenes para desempeñarse en red, convivir con diversas culturas, enfrentar la incertidumbre y mitigar la angustia que generan, la velocidad de los cambios y el creciente debate alrededor de paradigmas morales históricamente consolidados.

Por lo tanto, el necesario debate acerca de las instituciones educativas después de la pandemia no se puede enfocar en un supuesto antagonismo entre la virtualidad y la educación denominada “presencial”. En esta sociedad del conocimiento no hay educación de calidad si ésta no incluye dispositivos tecnológicos, acceso a suficiente y permanente  información, comunicación en red y uso de softwares especializados.

- Repensar la institución educativa.

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Una propuesta curricular es un sistema consciente de relaciones entre profesores y estudiantes alrededor de las necesidades de aprendizaje, los contenidos, las metodologías y la evaluación de resultados. Por lo tanto, el aula de clases es sólo un componente, un ambiente que facilita la experiencia curricular. El aula ideal de clases (el salón en una escuela, la plataforma zoom, la granja agrícola, la sala de cirugías, etc.) depende de los componentes señalados (objetivos, contenidos, métodos) y de las particularidades y condiciones socio-económicas y culturales de los participantes del proceso de formación.

La educación de calidad debe llegar a jóvenes cuya actividad principal es el estudio, pero también debe atender a los campesinos, a las personas que trabajan en el día y deben estudiar en la noche, a las personas con limitaciones físicas (de movilidad, auditivas, de la vista, etc.). Frente a necesidades tan diversas, las mediaciones virtuales son una excelente herramienta que complementa (siempre) o sustituye (en muchos casos) a la educación que se puede realizar en encuentros presenciales.

Si bien, hay actividades de aprendizaje que deben llevarse a cabo en escenarios especializados (el hospital, la granja, la obra de construcción), también es verdad que la virtualidad no se reduce a una comunicación en línea entre estudiantes y profesores (la video-conferencia). La virtualidad en la educación tiene que ver con el acceso y uso de información pertinente producida por toda la humanidad (bases de datos, virtualtecas); el uso de softwares y simuladores especializados para diferentes actividades sociales y económicas; y la co-creación de conocimiento en red (comunidades de conocimiento).

Con seguridad los encuentros en el campus físico de una universidad tienen un sinnúmero de bondades para el aprendizaje y la co-creación de conocimiento, entre otras, gracias a los efectos emocionales que puede tener el contacto personal y la comunicación face to face. Pero, eso no significa que los encuentros en línea, al igual que la comunicación asincrónica, no puedan ofrecer otras ventajas en el proceso de formación. La comunicación en red tiene una mayor cobertura (estudiantes con dificultades de movilidad), acerca al diálogo a profesores extranjeros (calidad sin costos de desplazamiento) y a estudiantes de otras regiones y países (interculturalidad).

En síntesis, las fortalezas de la virtualidad o de los campus universitarios en los procesos educativos no son fuente de antagonismos. La educación de calidad en la actualidad debe asegurar que el acervo de conocimiento de la humanidad se preserve y ello incluye las capacidades desempeñarse en red y convivir en un mundo multicultural.

Las particularidades de los saberes especializados (las ciencias puras, las ciencias sociales, las tecnologías, las técnicas, las humanidades, la estética), las condiciones socio-económicas de los estudiantes, el desarrollo de las didácticas por parte de los pedagogos y los retos de futuro, deben ser los factores que determinen la combinación ideal de mediaciones (presenciales y virtuales) para asegurar una amplia cobertura educativa con calidad.

En cambio, estamos en mora de revisar los calendarios rígidos, los contenidos excesivamente estandarizados que desconocen las particularidades del estudiante, las metodologías tradicionales y unidireccionales que aún acostumbran muchos docentes y las evaluaciones “enciclopedistas” que verifican la asimilación de contenidos pero no las capacidades o competencias que deben desarrollar los estudiantes para vivir en esta compleja sociedad del conocimiento: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a preguntar, aprender a debatir, aprender a conocer y respetar la diferencia, aprender a descubrir, aprender a co-crear…

 

 

 

 

 

Educación: ni presencial ni virtual, blended (híbrida).

Giovanny Cardona Montoya, mayo 12 de 2020.

 

La pandemia del Covid-19 trajo consigo un cambio inesperado: el cierre de las instituciones educativas. Dicho cierre cogió por sorpresa a la mayoría de educadores en Colombia y gran parte del mundo. La respuesta inmediata del sistema educativo fue trasladar el aula de clases a las plataformas de comunicación digital como Zoom y Microsoft Teams o, incluso, a las redes sociales, -clases por Whatsapp-.

Este inesperado cambio colocó sobre la mesa la discusión acerca de la educación virtual en el futuro del sistema, aunque ha habido una tendencia a simplificar el tema y a confundir el e-learning con la comunicación mediada por TIC.

1. La educación como proceso social.

La educación escolarizada es un proceso social condicionado por las características económicas, políticas y legales de la época; la cual delimita las dimensiones, cognitiva, afectiva y ética de los procesos formativos. Así, las tradicionales aulas de clase y la metodología magistral -el profe habla, el estudiante toma nota-, son una réplica de la producción en serie que caracterizó al aparato productivo desde finales del siglo XIX hasta las postrimerías del XX.

De otro lado, la normatividad que regula la vida escolar y universitaria tiende a responder con lentitud a los cambios socio-econoómicos y tecnológicos que exigen  actualizaciones de los procesos formativos. La situación presente no es la excepción.

Actualmente, la legislación colombiana reconoce tres modalidades de educación superior: presencial, distancia tradicional y distancia mediada por tecnologías (virtual). Esta clasificación evidencia tanto su anacronismo, como la falta de una visión pedagógica que caracterice las propuestas de educación para diferenciar los procesos formativos de acuerdo a sus principales cualidades didácticas.

2. La educación tradicional.

El sistema educativo tradicional, aquel que asociamos con aulas de clases estandarizadas y una relación vertical entre el docente y los estudiantes, fue un modelo necesario en un momento histórico en el que se requería ampliar la cobertura llegando a una creciente población (en 200 años la población mundial se ha multiplicado por 7), atendiendo las necesidades políticas del Estado (formar ciudadanos) y las de una economía industrial que requería trabajadores preparados para gestionar la producción en serie que le caracterizaba.

Pero el modelo tradicional no sólo respondía a las necesidades de la época sino, también, a las condiciones y posibilidades de la misma. Hasta la segunda mitad del siglo XX acceder a la información y al conocimiento era un reto condicionado por la tecnología y los canales existentes: los textos impresos, la radio y posteriormente la televisión.

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En este contexto, las bibliotecas y las clases presenciales se convirtieron en dinamizadores fundamentales del aprendizaje.  Por lo anterior, los exámenes tradicionales “a libro cerrado” cumplian el papel de verificar que el estudiante había accedido a la información (leyó, asistió a la clase) y la había aprendido (podía repetirla o, mejor aún, explicarla, deconstruirla o cuestionarla).

Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología digital (la informática) y el Internet el mundo de la creación, preservación y transferencia de la información y el conocimiento se expandió exponencialmente. Y el sistema educativo se ha demorado en darse cuenta de ello.

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3. El proceso curricular.

La educación escolarizada es más que las clases en el aula. Las instituciones educativas estructuran procesos curriculares, los cuales requieren mínimamente de un propósito (objetivos de aprendizaje), participantes (docente y estudiantes), metodologías, mediaciones y evaluaciones.

El objetivo de aprendizaje (por ejemplo, el desarrollo de una competencia) es el eje rector del proceso formativo. Teniendo claridades sobre dicho objetivo, el método de enseñanza y aprendizaje, las mediaciones y las evaluaciones pueden mutar.

Aunque el proceso curricular en la actualidad conserva formas muy tradicionales (la clase magistral; aulas de clase estándares, horarios fijos), aquel viene mutando gradualmente. Ciertas universidades y facultades han transformado sus mediaciones y espacios físicos desde hace varias décadas.

De hecho, algunas profesiones nacieron con mediaciones y metodologías innovadoras. Las granjas, los viveros, los laboratorios y talleres de prácticas, los hospitales, las empresas, etc. son espacios en los que se desarrollan procesos de aprendizaje cada vez con más frecuencia.

Adicionalmente, la informática, los dispositivos (computadores, tabletas y smart phones), Internet, la televisión por cable, etc., están cambiando no sólo las posibilidades de acceder, preservar y transferir información y conocimiento, sino, más que eso, están permitiendo crear nuevo conocimiento y, en general, están transformando la vida laboral y social de las personas y las organizaciones. La vida en la red es cada vez más amplia y profunda.

En consecuencia, las dinámicas de aprendizaje están permeadas por todos estos cambios. Los estudiantes consultan en Internet videos y documentos elaborados por diferentes expertos; las bibliotecas digitales se “visitan” a cualquier hora; los profesores dan videoconferencias que se graban y publican en la web; docentes y estudiantes intercambian mensajes con contenidos diversos a través del correo electrónico. Cada vez son  más las acciones de enseñanza y aprendizaje que se realizan por fuera del aula de clases.

No importa si la comunicación es sincrónica o asincrónica o si se da en el aula de clases o través de mediaciones digitales, el proceso formativo no se detiene. Lo importante es que haya un modelo pedagógico que guié la experiencia curricular. La comunicación face to face entre el profesor y sus  estudiantes es sólo un segmento del proceso de aprendizaje.

4, El falso dilema: educación presencial o educación virtual.

niño con computador y abuela en el campo

Por lo anterior, la pregunta de si la educación debe ser presencial o virtual es inútil en el contexto de la sociedad del conocimiento. No sólo los estudiantes que viven en poblados alejados requieren propuestas curriculares flexibles; la realidad es que la mayoría de los modelos pedagógicos deben dar los lineamientos para garantizar a los estudiantes la comunicación oportuna y suficiente (sincrónica y asincrónica, presencial y a distancia), el acceso oportuno a los contenidos curriculares e, incluso, una cada vez más dinámica interactividad con éstos desde diferentes plataformas.

No es la presencia física o el contacto a través de un computador lo que hace la diferencia.Prueba de ello es el estudio que realiza la institución universitaria CEIPA, el cual, basado en el análisis comparativo de los resultados de sus egresados presenciales y virtuales en las pruebas Saber Pro durante los úlitmos seis años, no encuentra diferencias estadísticas significativas en el desempeño.

Mientras los propósitos u objetivos de aprendizaje estén claros, las instituciones educativas pueden combinar todas las didácticas posibles para alcanzar los resultados. El aprendizaje en esta época es un proceso continuo en ambientes discontinuos: el aula, la biblioteca, el campus virtual, las plataformas de comunicación digital, las redes sociales, la empresa, el laboratorio, etc.

En consecuencia, el carácter híbrido (blended) de los procesos formativos es el nuevo nombre del juego.

El coronavirus ha hecho que la mayoría de universidades y colegios en Colombia tengan que atender una contingencia: sustituir los encuentros en aulas por clases en línea. Estos primeros auxilios seguramente están dando resultados diversos. Algunos currículos y las respectivas comunidades académicas estaban mejor preparados que otros; por ejemplo, las instituciones que ya ofrecen educación virtual tienen un acervo que y una comunidad docente que facilitó la adaptación a las nuevas circunstancias.

Pero todo indica que la convivencia social no será la misma después de la crisis sanitaria, por lo tanto, el sistema educativo requiere “una cirugía”.

La sociedad del conocimiento permite crear, preservar, usar y transferir el conocimiento sin barreras de tiempo o espacio. Adicionalmente, la población estudiantil es diversa: centennials, millennials, personas que trabajan y estudian, madres cabeza de hogar, estudiantes que viven en ciudades con dificultades de movilidad, etc. Por lo tanto, es posible y a la vez se requiere, un sistema educativo verdaderamente flexible.

Es necesario ajustar los diseños curriculares para que las mediaciones y las evaluaciones se flexibilicen, reconociendo los objetivos de aprendizaje, las metodologías, las particularidades de los estudiantes, las necesidades sociales y las restricciones del entorno.

La comunicación puede ser sincrónica y asincrónica, se puede dar en línea o en el aula de clase. Los exámenes se pueden presentar en un salón o en una plataforma digital, los estudiantes pueden escuchar la conferencia magistral en el auditorio o verla grabada en la web.

Algunos estudiantes llevarán un ritmo más guiado por el docente y sus compañeros (aprendizaje colaborativo), mientras otros andarán a su propio ritmo (autoaprendizaje). Y todo esto puede suceder en una misma propuesta curricular.

Hay que tumbar los muros de las aulas de clase, flexibilizar horarios y calendarios, hacer un diseño creativo de la partitura (plan de estudio), abrir todos los escenarios de aprendizaje y ofrecer un acompañamiento permanente para que  cada estudiante desarrolle su aprendizaje al ritmo y con las condicionesa adecuadas.

La nueva labor de la comunidad docente no es transmitir información y conocimiento; es diseñar la ruta y guiar al estudiante en su proceso de aprendizaje. Las mediaciones requeridas para ello crecen y se desarrollan exponencialmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Educación Presencial o Virtual? Falso Dilema.

Giovanny Cardona Montoya, 5 de abril de 2020 -tercera semana de la cuarentena por el Covid-19-

 

1. El detonante.

Enfrentamos un virus que ha alterado el ritmo de nuestras vidas. No hubo tiempo para preparar un “Plan B”. A las escuelas y universidades les sucedió lo mismo y la respuesta fue: ¡vámonos a la virtualidad!

Las instituciones educativas dieron un virage de 180 grados a sus procesos formativos al trasladar las clases de las aulas a las plataformas digitales. La medida era necesaria, eso no se discute, y la respuesta de docentes y estudiantes  ha estado a la altura de las circunstancias: todos hacen lo que está en sus manos para que esta experiencia salga lo mejor posible.

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Sin embargo, aunque este cambio ha sido necesario, la premura con la que se tuvo que dar el cambio conlleva que lo que está sucediendo se distancie de un proceso formativo virtual estructurado.

 

2. El contexto.

Alvin Toffler en sus reflexiones sobre el futuro señala que los fenómenos tecnológicos, sociales o económicos van a una gran velocidad, la escuela lo hace a una velocidad mucho menor, mientras la legislación es como una tortuga.  Y esa contradicción es la que actualmente se vive en la relación entre la comunicación a través de ambientes virtuales, las escuelas y la legislación de educación superior en Colombia.

La legislación colombiana diferencia las carreras universitarias según la mediación que conecta al docente con sus estudiantes: presencial -face to face-, distancia tradicional y distancia virtual. Tanto la distancia tradicional como la virtual se pueden complementar con encuentros esporádicos entre el docente y sus estudiantes. De hecho las normas establecen que la educación virtual puede tener encuentros presenciales equivalentes a, máximo, 20% del curso.

 

3. La realidad.

En la Sociedad del Conocimiento y con el desarrollo de las tecnologías de información y comunicaciones -informática, computadores y dispositivos móviles, Internet, redes, softwares, plataformas, etc.-, la creación, preservación, utilización y transferencia del conocimiento no tiene barreras, ni de tiempo, ni de espacio. La época en la cual el estudiante iba al aula de clase para “ilustrarse”, o sea, para recibir información y conocimiento, es ya pretérito; el aula de clases debe cumplir propósitos superiores.

La biblioteca global funciona 7/24, los docentes publican en la web sus contenidos -textos, videos, presentaciones, fotos-, las comunidades de conocimiento comparten todo tipo de dudas y respuestas en Internet. Un sinnúmero de softwares permiten simular realidades laborales -laboratorios financieros, simuladores jurídicos, sanitarios o ingenieriles, etc.-

Every time, everywhere learning es el nombre del juego.

En síntesis, la educación no sólo sucede en el aula de clases. Hoy quienes aprenden, quienes enseñan y quienes ponen en práctica los conocimientos profesionales se encuentran todo el tiempo en Internet, en las redes y en plataformas especializadas; conviven virtualmente intercambiando conocimiento.

De hecho, es tan claro que el aula de clases es sólo uno de los ambientes de aprendizaje, que la legislación habla de formación por créditos académicos. Y el crédito académico mide el tiempo que el estudiante dedica al aprendizaje -dentro del aula y fuera de ella. ¿Y fuera del aula qué sucede? Fuera de sus clases el estudiante consulta bases de datos bibliográficas, interactúa con sus compañeros, visita páginas web, entrevista expertos, hace simulaciones, ve videos, visita lugares de práctica, publica sus trabajos, etc.

En consecuencia, lo que hoy llamamos educación presencial es un proceso continuo de aprendizaje en ambientes discontinuos.

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Ahora, así como la educación presencial no se reduce al aula de clases, la educación virtual no se puede simplificar como un encuentro docente-estudiante mediado por una plataforma de video-conferencia aunado a unos e-mails de ida y vuelta.

 

4. La Educación Virtual.

Cuando se habla de educación virtual o presencial, siempre estamos haciendo referencia a un proceso curricular, lo que no se reduce a unas clases magistrales o a unas conversaciones entre estudiantes y profesores.

El currículo es un sistema de relaciones entre diferentes actores  -docentes y estudiantes- que se llevan a cabo alrededor de un objeto de estudio con el fin de lograr ciertos aprendizajes. En términos simples, el currículo se compone de objetivos, contenidos, metodología, participantes, mediaciones y evaluaciones.

La educación virtual es la estrategia didáctica que permite la materialización del currículo, sin barreras de tiempo o espacio.

Hay dos corrientes de pensamiento que tratan de explicar la naturaleza de la educación virtual. Según Wedemeyer, Garrison y otros, la educación virtual es la nueva etapa de la educación a distancia que nació con el correo hace siglo y medio. Sin embargo, otros autores -Keagan, Moore- consideran que la educación virtual (al igual que la educación a distancia en general) tiene su propia naturaleza y ésta puede explicarse a.) desde las mediaciones, b.) desde los contenidos o c.) desde el nivel de autonomía de los participantes.

Para explicar de una manera básica, se puede decir que la educación virtual se mueve entre dos extremos: el autoaprendizaje o el aprendizaje colaborativo. El primero caracteriza a procesos de formación virtual que se centran en las plataformas y los materiales alojados para que el estudiante gestione de manera autónoma su formación (a qué horas estudio, con qué ritmo). En cambio en el aprendizaje colaborativo se privilegia la comunicación entre los actores (videoconferencias, debates, asesorías, correos). Entre estos dos extremos hay multiplicidad de opciones que implican encuentros sincrónicos, exámenes en línea, materiales de estudio en plataformas virtuales, intercambio de correos, asesorías a los estudiantes, etc.

Lo que deben hacer los colegios e instituciones de educación superior en la actual crisis no es trasladar el aula de clases a una pantalla de computador o de un dispositivo móvil. No, su reto es darle continuidad al proceso curricular adecuándolo a las nuevas mediaciones, reconociendo las particularidades de sus estudiantes y conservando las metodologías y objetivos propuestos.

Las plataformas digitales gestionadas bajo principios pedagógicos y metodológicos claros facilitan procesos de aprendizaje complejos, tal y como lo ha demostrado la educación virtual con sus dos décadas de experiencia. Así, por ejemplo, la Institución Universitaria CEIPA ha venido monitoreando en los últimos cinco años el desempeño de sus egresados en las pruebas Saber Pro -tanto los presenciales (40%), como los virtuales (60%)-. Los análisis estadísticos demuestran que en este caso no hay brechas significativas de desempeño entre ambas modalidades (diferencias inferiores al 5% en todos los casos y no siempre a favor de los presenciales).

 

 5. El futuro: la educación blended (híbrida).

La educación presencial ya tiene cualidades de una modalidad blended. Las aulas de clase son invadidas por estudiantes que llevan sus computadores conectados a Internet, el correo electrónico es un canal de comunicación entre docentes y estudiantes y entre estos últimos; algunas universidades utilizan plataformas digitales para alojar sus contenidos curriculares, los estudiantes visitan escenarios de prácticas, se dictan video-conferencias con expertos internacionales, los estudiantes utilizan más el material bibliográfico de las bases de datos digitales que los libros o revistas impresos.

Sin embargo, a pesar de esta realidad y del hecho de que la educación se mide en créditos académicos -con una gran relevancia del trabajo autónomo de los estudiantes-, los docentes, el gobierno y la misma comunidad de estudiantes no han entendido que la frontera entre la virtualidad y la educación presencial se ha diluido. No hay calidad educativa en el presente sin computadores, sin redes, sin softwares especializados, sin comunidades virtuales, sin bases de datos digitales. No, no la hay.

El paso que sigue es darle coherencia pedagógica y didáctica al potencial que ofrecen las TIC. El estudiante no siempre puede ir al aula de clases -movilidad, trabajo, distancia- y no todo el conocimiento se gestiona en un aula de clases -también se logra en los centros de prácticas, en comunidades virtuales, en plataformas LMS, en virtualtecas, etc.-

Por lo tanto, el futuro de la educación es una simbiosis pedagógicamente bien concebida entre los encuentros presenciales y las mediaciones digitales, en el marco de una clara propuesta curricular que reconozca las necesidades de los que aprenden, las oportunidades que ofrece el desarrollo de las TIC y las posibilidades limitadas del entorno socio-económico.

 

 

 

La educación no puede ser sólo para el empleo. Debe ser para la vida.

Giovanny Cardona Montoya, febrero 09 de 2020.

 

Es recurrente oir debates, tanto en escenarios especializados como en redes sociales y medios de comunicación, sobre los alcances y retos de una educación con calidad. Actualmente la discusión se halla conectada con el ODS #4, lo que genera movilidad social y política por el tema, aunque también abre la puerta para la retórica, los lugares comunes y el debate superficial.

Más allá de los ODS, la humanidad ha descubierto en la educación un vehículo genuino y fundamental para impulsar las diferentes etapas de aquello que hemos denominado “desarrollo social y económico”. Y he escogido con cuidado mis palabras, porque con el tiempo y con el cambio de generaciones, hemos aprendido a comprender que la categoría DESARROLLO tiene un alto grado de subjetividad y una fuerte carga ideológica.

Brertrand Russell decía en uno de sus escritos que si una especie extraterrestre vigilara la historia del planeta hasta nuestros días, podría pensar que éste ha venido avanzando en un continuo desarrollo; sin embargo, se preguntaba el pensador británico si las larvas y especies unicelulares estarían de acuerdo con esta interpretación de la evolución histórica de la vida en la tierra.

Así que, retomando el hilo original de este ensayo, la idea de una educación de calidad y con amplia cobertura, hace parte del lenguaje coloquial de la sociedad pero también es un eje fundamental de diversos proyectos de desarrollo social, político y económico de los territorios. El papel de la educación se halla plasmado en paradigmas diversos del desarrollo económico, ya sean estos neoliberales, estructuralistas o marxistas. Todos al unísono reconocen el rol central de la educación en el desarrollo socio-económico.

Y si nos movemos en ambientes políticos, los inspiradores del conservatismo, del liberalismo político o de las corrientes socialistas, declaran sin discusión que la educación es un derecho de la persona y, a la vez, una herramienta para el desarrollo social.

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Pero, en la cotidianidad enfrentamos discusiones muy concretas sobre los verdaderos alcances de la educación en nuestra sociedad. Dichos debates pueden tener carácter semántico e, incluso, epistemológico; como los referentes a la calidad y la pertinencia pero, también, económicos y políticos como aquellos que tienen que ver con la cobertura.

En el caso colombiano la discusión gira, cotidianamente, alrededor de la cobertura. Esto es, muchos colombianos no tienen un acceso al sistema educativo. En principio, la idea es lograr una plena cobertura hasta la educación terciaria (ya sea formación para el trabajo y el desarrollo humano o los niveles de pregrado en la educación superior). Digamos que esa es la apuesta suprema.

Según datos del DANE, el nivel máximo de escolaridad de la Población Económicamente Activa (PEA) para 2017 es el siguiente:

– Sin Primaria Completa: 15,2%

– Con Básica Primaria: 23,2%

– Con Básica Secundaria: 5.7%

– Con Educación Media: 33,5%

– Con Formación Superior (técnica, tecnológica o universitaria): 18.9%

– Con Posgrado: 3,4%

Si bien este dato es la fotografía de un momento determinado y sólo estudia a la PEA, o sea, sin tener en cuenta menores de edad, ancianos, amas de casa y demás personas no interesadas en buscar trabajo, la verdad es que es bastante diciente del reto de mediano y largo plazo. Ahora, corriendo la película a lo largo de los años, entre 2010 y 2017, la PEA que alcanza la educación media pasa de 43% a 53%, lo que evidencia avances no desdeñables.

En lo que respecta a la calidad y la pertinencia, el debate es mucho más complejo. ¿Cuál es la educación que requieren las nuevas generaciones? ¿Qué criterios se deben tener en cuenta para definir un portafolio curricular social, ético, política, cultural y ambientalmente correcto o adecuado?

Actualmente se destacan algunos principios valiosos que tienen que ver con el respeto a la individualidad y cuya materialización podría dar cuenta de un futuro promisorio para el libre desarrollo de la personalidad. La separación de cualquier dogma religioso de los currículos académicos y el propósito de desarrollar pensamiento autónomo y crítico son claves en el futuro de una educación con calidad. En ese contexto, trabajar ciertas competencias transversales como la lectura crítica, la escritura, el pensamiento numérico y las competencias ciudadanas, se convierte en un andamiaje para la construcción de “mayoría de edad” -en lenguaje de Kant- por parte de los estudiantes.

De otro lado, las personas estamos organizadas en sistemas sociales y económicos que enmarcan y limitan (esto no es una crítica es un reconocimiento del hecho) nuestro desempeño individual. Así, la economía actual es de mercado con un mayor o menor nivel de regulación por parte del Estado. Excepto Cuba o Corea del Norte, ésta es una realidad global.

Así, la formación para el empleo o para el emprendimiento empresarial se convierte en un requerimiento de supervivencia del sistema.  La educación es un instrumento que también existe para asegurar el recurso humano cualificado de las organizaciones. Las empresas requieren de personal y las familias buscan empleos. Esa es la ecuación del sistema.

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En la doble perspectiva de formar al hombre para su “mayoría de edad kantiana”, para que sea libre y asuma con criterio propio las decisiones de su devenir, y de formarlo para el mundo laboral (empresario o empleado), se deben revisar los indicadores que pueden dar cuenta de la calidad y pertinencia del sistema.

En un escalón inferior vamos a colocar los indicadores que miden la eficiencia y efectividad del sistema. Así, las pruebas Pisa y las Saber (Saber 3, 5, 9 y 11 y Saber Pro) son instrumentos que permiten medir cómo vamos en el camino, antes de que los jóvenes salgan a vivir su vida con plena responsabilidad, ejerciendo su pensamiento crítico y autónomo. En ese contexto, reconociendo que son indicadores de proceso, estas pruebas adquieren sentido y pueden ser aprovechadas con pertinencia en la revisión de las dinámicas curriculares, de las políticas y de la distribución de los presupuestos para el sistema educativo.

No es una novedad reconocer que la educación rural arroja los peores resultados en estas pruebas, siguiéndole las escuelas e IES privadas de bajos recursos. Estos hallazgos deberían guiar decisiones en el manejo de los recursos y en la definición de la política pública de educación.

A propósito del anterior párrafo, es fundamental entender el carácter público de la educación, sea ésta servida por instituciones oficiales o no oficiales. La decisión de separar las escuelas en públicas y privadas responde a cálculos presupuestales y a pilares ideológicos del sistema político vigente: democracia liberal participativa y libertad de mercado con regulación estatal. Por lo tanto, los retos de la educación son del sistema en su totalidad, no de cierto tipo de institución educativa. Todos los ciudadanos tienen derecho a una educación de calidad, estudien donde estudien.

Un indicador de impacto es el referente al ingreso a la educación superior y al empleo.  Si el ingreso a la educación superior dependiera exclusivamente de los logros en la educación básica y media, entonces, la matrícula universitaria daría cuenta de la calidad de los colegios. Sin embargo, el ingreso a la educación superior gratuita es limitada, por lo tanto, los jóvenes que terminan la secundaria y pasan al mercado laboral no cualificado (por ende mal remunerado) o que engrosan las listas del desempleo, son aquellos que no cuentan con recursos económicos (para la matrícula y/o la manutención) y que no hacen parte de una pequeña élite de jóventes talentos que acceden a becas especiales.

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En el caso de la universidad, la tasa de ocupación, la movilidad laboral y los ingresos, son indicadores que permiten medir en parte la calidad de la educación superior. Las cifras sobre desempleo y los estudios que señalan gaps entre el perfil del egresado y los requerimientos de las empresas y demás organizaciones, dan cuenta de mayor o menor calidad en el sistema educativo.

Adicionalmente, los retos del desarrollo sostenible de las sociedades y los territorios y el relativo rezago tecnológico y de competitividad del aparato productivo en comparación con naciones y empresas más avanzadas, son base para la generación de otros indicadores que den cuenta de la calidad del sistema educativo. ¿Un país determinado tiene la capacidad intelectual ingenieril y de gestión para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, manteniendo o elevando la competitividad de las empresas? ¿Está la economía de un país incrementando su acervo de innovación y agregación de valor a los bienes y servicios que produce? La respuesta a estas preguntas indica también el nivel de desarrollo del talento humano de un país o región.

Pero esta perspectiva funcionalista y lineal se queda corta para hablar de calidad. La convivencia ciudadana y la felicidad del individuo a partir de su desarrollo personal, son retos del sistema educativo. ¿Estamos formando para la felicidad y para el reconocimiento de la diferencia, la tolerancia y la pacífica convivencia? ¿Estamos desarrollando la capacidad del ejercicio de la solidaridad y la ciudadanía plena por parte de los estudiantes?

Cuando un país enfrenta problemas relevantes de corrupción, de intolerancia de género, raza o identidad territorial, por ejemplo; cuando se incrementan los niveles de depresión derivados de la convivencia social o la frustración personal -incluso, suicidios-, entonces, está se evidencia que hay retos trascendentales que el sistema educativo no está abordando con suficiencia. La formación de ciudadanos con pensamiento autónomo y crítico, que ejerzan su “mayoría de edad” es una categoría que se debe impregnar no sólo de conocimientos y habilidades, sino que debe combinar dimensiones éticas, estéticas y políticas para el pleno desarrollo de la individualidad en el marco de la convivencia social y con las demás especies del planeta.

Hablar de calidad en la educación implica atender el triángulo Individuo-Sociedad-Territorio, en tanto cada lado de esta figura geométrica tiene sus propias necesidades, intereses y motivaciones. Pero aquellos lados no existen de manera independiente, hacen parte de un sistema vivo. En lenguaje de pensamiento complejo, se debe atender cada lado a la vez que se reconoce el triángulo en su integralidad.

 

 

Caen las matrículas en las Universidades: ¿cuáles son los retos?

Giovanny Cardona Montoya, octubre 14 de 2019.

 

Sonó la campana: desde 2017 la matrícula universitaria en Colombia muestra señales de agotamiento. Esto no sucede muy a menudo, así que se han encendido las alarmas en todo el sistema de educación superior.

Vamos a revisar algunos de los números que se han divulgado pero como las señales aún son tenues, vamos a aprovechar la oportunidad para hacernos algunas preguntas de fondo sobre los retos de la Universidad de cara al futuro de los jóvenes y de la sociedad en general.

¿Cuáles son los números?

En 2013 se presentó una leve caída en la matrícula de “primíparos” pero, en general, el ingreso de estudiantes a educación superior ha crecido consistentemente hasta 2017. En este último año, los nuevos cayeron con respecto a 2016 en casi 8%. Si hablamos de admitidos (personas que aprobaron el proceso de ingreso), estos han descendido en 2017 y 2018 con respecto al año inmediatamente anterior. Los admitidos de 2018, son 100 mil menos que en 2016.

Sin embargo, para empezar a matizar los datos, el número de inscritos (personas que tienen interés en hacer una carrera en la educación superior) ascendió en 10% entre 2016 y 2017. Adicionalmente, en 2017, los admitidos representaban tan sólo el 40% de los inscritos, lo que deja una enorme brecha entre los interesados en estudiar y los que efectivamente logran un cupo en la Universidad.

Los datos publicados por el MEN señalan que en diferentes momentos ha habido caídas, tanto en las públicas (2015), como en las privadas (2017 y 2018). Pero, tal vez la alarma mayor se evidencia en la educación secundaria -cantera de las universidades-, ya que, las pruebas Saber 11 fueron presentadas por 2.000 estudiantes menos en el año 2017 con respecto al año 2016.

Por último, los datos generales aún no muestran una señal aguda de crisis -aunque evidencian que la caída se da en la universidad pública y en la privada- y, por lo tanto, vale la pena destacar el constante crecimiento de la matrícula en los programas de modalidad distancia-virtual. Actualmente, esta modalidad cuenta con cerca de 200.000 estudiantes.

EDUCACION ANTICUADA

¿Cuáles son las preguntas de fondo?

En materia de cobertura educativa, el país ha avanzado de manera significativa, lo que se explica en gran medida por los esfuerzos hechos por el sector público, tanto del nivel nacional como local, para financiar estudios superiores. Sin embargo, la cobertura apenas supera el 50% de los bachilleres.

Esto sin tener en cuenta que aún persiste un enorme grupo de niños y adolescentes, especialmente en las regiones, que abandonan el sistema educativo sin alcanzar su título de bachiller. Según un estudio de la Universidad de Los Andes, 44% de los jóvenes entre 16 y 24 años no terminan la educación secundaria. En las ciudades la tasa de éxito supera el 60%, pero en el rural apenas alcanza el 31%.

Por lo anterior, frente a la pregunta de cobertura la respuesta es: no hay escasez de jóvenes para matricular, hay muchos jóvenes que deberían estudiar y, entre estos, muchos buscan hacerlo pero no lo logran.

Y todos los caminos conducen a Roma: son jóvenes que no tienen recursos económicos para pagar sus estudios y/o que, por la baja calidad de su educación básica y media (escuelas pobres en recursos) no pueden aspirar a un cupo gratuito en la universidad -en la pública o a través de una beca por alto rendimiento, en la privada-.

Teniendo en cuenta la brecha entre las ciudades y el campo (incluso los pequeños y recónditos pueblos), es fundamental pensar en las metodologías para una educación a distancia-virtual y semi-presencial. La apuesta de Estado por una amplia cobertura en Internet -70% del territorio naciona con banda ancha para 2022- es una oportunidad que debe ser aprovechada para llevar educación de calidad a todas las regiones del país.

Ahora, el tópico no analizado en esta temática es que no sólo los jóvenes necesitan estudiar: la democracia los necesita formados y las empresas los requieren competentes. Es un pésimo negocio no apostar por una amplia cobertura educativa. Perdemos todos.

En 2007, de cara a las elecciones regionales de la época, se levantaron denuncias de trashumancia de votos que involucraban 726 municipios de Colombia. El trasteo de votos es de carácter nacional y es un síntoma, más que de pobreza, de bajo nivel educativo. Según la Mesa de Observación Electoral, MOE, 40% de los colombianos ha recibido una oferta de compra de votos en los últimos 5 años. Este país, según la MOE, es el tercer país latinoamericano donde más se compran votos, después de México y República Dominicana.

De otro lado, elevar la competitividad de nuestro aparato productivo es un propósito evidente. El Consejo Nacional de Competitividad señala que un Potenciador de Eficiencia es la educación, destacando como indicadores: la cobertura, la formación en media técnica, el número de doctores y postdoctores, las carreras de ingeniería y ciencias, el dominio de una segunda lengua y la tasa de desempleo juvenil.

La magnitud del rezago en materia de cobertura educativa, desde la perspectiva del aparato productivo nos la resume el DANE de la siguiente manera (2017):

Para el año 2017, la proporción de la población económicamente activa (PEA) que habían completado la educación media fue 33,5%. La distribución de los demás niveles educativos en la PEA fue la siguiente: el 23,2% había completado la educación básica primaria, el 5,7% la educación básica secundaria, 10,9% la educación técnica profesional o tecnológica, 8,0% la educación universitaria y el 3,4% postgrado.

En otras palabras, la verdadera preocupación del país no se debe ubicar en la reducción de las matrículas por una posible caída en la población joven o por la baja motivación de las nuevas generaciones para enrolarse en una carrera universitaria. El tema de fondo es que hay una enorme brecha de jóvenes que deben estudiar y no lo pueden hacer, porque les es económicamente imposible.

Colombia tiene un modelo educativo dual, el cual combina instituciones públicas con instituciones privadas. Pero, a pesar de la diferencia entre ambas, su tarea es la misma: prestar un servicio público, el de la educación.

Frecuentemente se presentan debates en Colombia sobre la necesidad de financiar a la Universidad Pública pero, como se puede ver, el problema es mayor: la pregunta es cómo se financia el servicio público de la educación. Son los jóvenes de todo el país, la sociedad democrática y el aparato productivo, los que necesitan que se asegure una cobertura educativa de calidad.

Hoy por hoy, la cobertura educativa es responsabilidad del Estado y del bolsillo de los padres de familia. Con estos recursos, tenemos los resultados que tenemos: baja cobertura, débil democracia y un aparato productivo poco competitivo.

Si dejamos de mirar la educación como uno de los retos, y lo entendemos como la raíz que afianza el verdadero desarrollo sostenible, la democracia y la paz, entonces, cambiariámos la ecuación y el sector empresarial, las familias y el Estado establecerían como prioridad la financiación de un plan agresivo de mediano y largo plazo que cierre la brecha en materia de cobertura educativa; sin cinismo y sin sofismas de distracción.

niño con computador y abuela en el campo

¿Ah y a las instituciones educativas que les decimos?

La Sociedad del Conocimiento es una realidad que obliga a repensar la forma cómo enseñamos. El mundo de la Transformación Digital está cambiando nuestras vidas y ello se debe reflejar en las metodologías, las mediaciones y los contenidos curriculares. El maestro de hoy no tiene por qué reemplazar a Youtube o a Google. Su nuevo rol es preparar a los jóvenes para un mundo abierto, cambiante y complejo.

El desarrollo sostenible, con sus dimensiones, ambiental y social, reclama un nuevo ciudadano. La Universidad debe repensar su currículo y colocar en el corazón del aprendizaje una ética acorde a los nuevos retos de la especie humana. Es impensable un futuro sostenible, con el espíritu mercantilista y consumista de la actual sociedad; y adicionalmente, es inaceptable que con los desarrollos que  la ciencia y la tecnología nos ofrecen, dos mil millones de personas vivan en la informalidad o mueran de enfermedades fácilmente prevenibles o curables.

Y, por último, efectivamente, la generación Z (centennials) no quiere asistir a clases anticuadas. Es posible que el esquema de programas largos (4 o 5 años) acompasado de metodologías tradicionales no sea atractivo para las nuevas juventudes. Y en ese punto, la Universidad debe dotarse de nuevas herramientas para atraer estudiantes. Existen desarrollos didácticos (pedagogía activa, learning by doing, aula invertida, gammification, etc.) que pueden hacer de la educación una experiencia más atractiva y significativa, sin que se pierda rigor.

 

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