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El factor X en Venezuela: así va la pugna por el poder tras la captura de Maduro

Diez días después de la captura de Nicolás Maduro, las fichas del chavismo se están acomodando en Venezuela. ¿Actuarán en bloque? ¿Se destruirán entre ellos? Análisis.

  • En la esquina superior izquierda, los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge; en la esquina superior derecha, Diosdado Cabello; en la esquina inferior derecha, Vladimir Padrino; en el medio, el general Miguel Rodríguez Torres; en la esquina inferior derecha, el dictador Nicolás Maduro Moros, ahora preso en Nueva York.
    En la esquina superior izquierda, los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge; en la esquina superior derecha, Diosdado Cabello; en la esquina inferior derecha, Vladimir Padrino; en el medio, el general Miguel Rodríguez Torres; en la esquina inferior derecha, el dictador Nicolás Maduro Moros, ahora preso en Nueva York.
Luz María Sierra

Directora de EL COLOMBIANO.

12 de enero de 2026
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Tres meses antes de morir, en diciembre de 2012, Hugo Chávez dio su última declaración pública en Caracas para luego viajar a Cuba por una tercera operación contra el cáncer. El propósito de la alocución era dejar claro que Nicolás Maduro era el elegido: “Si algo me inhabilita para continuar al frente de la Presidencia, y sobre todo para asumir el nuevo periodo para el cual fui electo... mi opinión plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, es que ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

No fue un gesto improvisado. Chávez había nombrado a Maduro como su vicepresidente apenas dos meses antes cuando ya tenía claro su destino fatal. Lo prefirió por encima de Diosdado Cabello, de Vladimir Padrino y de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, por mencionar solo las principales facciones chavistas que todavía hoy están vigentes y con poder en Venezuela.

Del viaje no volvió. Murió en marzo de 2013 y el “dedazo” se transformó en una especie de poder mágico para Maduro: no era ya más el funcionario simplón y sin carisma, era el ungido de Chávez.

Ese poder –como si fuera superhéroe de tira cómica– sostuvo a Maduro durante más de 12 años al frente del timón del vecino país y, tal vez lo más importante, sirvió para evitar que se rompiera el chavismo en peleas intestinas de sus diferentes facciones.

Por eso, la pregunta sobre quién manda hoy en Venezuela y cómo se gestiona el poder no tiene una respuesta simple: con la captura del “elegido” el movimiento podría estallar en mil pedazos.

Los Rodríguez: ‘amigos’ de Grenell

¿Por qué el dedazo de Donald Trump fue para los Rodríguez y no para Vladimir Padrino, ministro de Defensa, o Diosdado Cabello, el jefe de inteligencia? “Porque aunque suene simple los Rodríguez saben inglés, y por eso han sido los que han estado en todas las conversaciones con Estados Unidos desde hace tiempo”, explicó, bajo reserva de su nombre, un analista venezolano.

Eso que parece simple no lo es. Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, según un informe del Miami Herald publicado en octubre, se habrían reunido dos veces en Qatar (abril y septiembre) con representantes de Estados Unidos, para una posible transición en Venezuela. Según el diario, Maduro estaba al tanto de esos encuentros. (El mismo Qatar en el cual, valga anotar, curiosamente el gobierno de Gustavo Petro firmó un acuerdo de diálogo con el Clan del Golfo).

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Un miembro de alto rango de la familia real de Qatar habría funcionado como intermediario y las propuestas acordadas habrían sido presentadas al Departamento de Estado por el entonces enviado especial de Trump, Richard Grenell.

Este nombre, según reportes periodísticos, resultó clave para que los Rodríguez estén hoy en el poder, pues fue con ellos que sostuvo múltiples diálogos y negociaciones al punto de que habría entablado una buena relación.

Los Rodríguez y el establecimiento

Delcy, de 56 años, vicepresidenta de Maduro y encargada hoy de la Presidencia, y su hermano Jorge, de 60 años, presidente de la Asamblea Nacional, tienen una historia que es, en sí misma, una enganchadora novela de la política venezolana.

Son hijos de Jorge Antonio Rodríguez, quien como jefe de una guerrilla de los años 70, comandó el secuestro de un empresario gringo. La policía secreta lo capturó y murió tras ser torturado. Hugo Chávez convirtió ese episodio en uno de los pilares morales de su proyecto: en un mito fundacional del chavismo.

Eso ocurrió en 1976 cuando Delcy tenía 7 años y Jorge 9. Llama la atención por qué, con esa historia a cuestas, Chávez no les entregó la posta del poder a ellos y sí a Maduro. No se descarta que Cuba haya jugado un papel crucial en el “dedazo”. Tal vez Maduro podría ser más fácil de manejar para los intereses de la isla que los astutos Rodríguez. “Los Rodríguez son más sofisticados, tienen un maquiavelismo que no tienen ninguno de sus rivales, ni Maduro ni Diosdado ni Padrino ni ninguno”, comenta un venezolano que los conoce.

La muerte de 32 cubanos en la operación de captura del dictador es tan solo una muestra más de la influencia de la isla en Caracas con Maduro.

El ministro de la “verdad”

Los Rodríguez son parte de una élite privilegiada. Delcy se graduó de abogada en la Universidad Central de Venezuela, se especializó en la Sorbona, fue diplomática en Londres y estudió ciencias políticas en el Birkbeck College. Jorge Rodríguez es psiquiatra, antes vivía en una de las urbanizaciones más exclusivas de Caracas, ahora ocupa la que fue la residencia del embajador de Estados Unidos, que él mismo remodeló, colecciona habanos y tiene colgadas obras de Bansky y otros artistas de alto costo.

Los dos, Delcy y Jorge, desde hace tiempo manejan buena parte del poder en Venezuela. Maduro delegó en ella prácticamente toda la economía del país. Al momento de la captura del dictador, Delcy era vicepresidenta –dictadora también–, ministra de Finanzas y ministra de Petróleo, es decir, la encargada de todos los negocios de PDVSA.

Jorge Rodríguez, entre tanto, ha sido el arquitecto de las narrativas del madurismo: es el estratega del discurso. Su conocimiento de psicología de masas le ayuda a definir qué se dice, cómo se dice, cuándo se dice y contra quién se dice.

La estrategia que ha aplicado Rodríguez, desde el relato, para sostener el régimen es conocida: polarizar para cohesionar al chavismo, provocar para desplazar la agenda mediática, saturar para desgastar al adversario y un lenguaje en el que dominan palabras como “golpe”, “magnicidio” y “traición”.

Jorge Rodríguez es una suerte de “ministro de la verdad”, que no gobierna la economía ni las Fuerzas Armadas, sino la interpretación de los hechos. Y en un régimen que sobrevive más por relato que por resultados, ese poder es central.

Además Jorge fue el gran constructor de todo este sistema electoral automatizado en Venezuela, que ha favorecido al chavismo. Y allí, según denuncias de portales de investigación, ha logrado hacer grandes negocios personales.

No es extraño que de todos los chavistas, Rodríguez sea el más cercano a Gustavo Petro: en 2023 vino, por ejemplo, a la Conferencia de Bogotá sobre Venezuela que organizó el presidente colombiano.

Los Rodríguez en modo Trump

Así como la inteligencia estratégica es una fortaleza de los hermanos Rodríguez, se convierte también en una debilidad a la hora de ejercer el poder. “El poder de ellos es como palaciego, como de la corte. No son de la calle, no son carismáticos. No tienen como los otros el control de los cuerpos de seguridad ni son populares”, explica el analista venezolano. Y agrega: “Yo creo que ahora Delcy y Jorge con astucia y probablemente con fuerza bruta están intentando ajustar las cosas a su favor”.

Y por lo menos así también lo ven los consultados por el New York Times. El periódico menciona que Delcy tiene “una vena pragmática que la convierte en una sobreviviente tanto de purgas internas como de cambios geopolíticos”.

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Delcy Rodríguez ha tenido una evidente transformación. La misma que como canciller en 2014 insultaba a los embajadores de otros países porque no le compraban el relato al madurismo, ahora “se dedicó a reactivar una economía devastada, lo que la convirtió en una figura vital para los planes de Estados Unidos de gobernar Venezuela”, anota el diario.

En los últimos años, Delcy se ha metido de lleno en los asuntos económicos, tiene entre sus asesores al expresidente ecuatoriano Rafael Correa y otros técnicos ecuatorianos, y así pasó a entender otras lógicas del mercado.

Así entonces, los Rodríguez sobreviven no solo por los contactos que lograron hacer con el enviado Richard Grenell, sino porque Washington apuesta a que sean ellos, gracias a su vínculo con toda la clase empresarial venezolana, los que puedan reactivar la economía y mantener en calma la situación.

¿Qué pasará con Diosdado y Padrino?

Vladimir Padrino López había sido el hombre del control del aparato armado del chavismo. De su mano, Venezuela construyó su poder militar con equipos rusos: cazas Sukhoi, helicópteros de combate, sistemas antiaéreos, radares y fusilería. Desde que asumió como ministro de Defensa en 2014, Padrino se convirtió en el interlocutor directo de Moscú.

Esa cercanía, que fue una ventaja en los momentos más duros del aislamiento internacional cuando Rusia respaldó a Venezuela, desde el primer fin de semana de enero se convirtió en una fuente de desgaste. “Padrino es el hombre de los rusos y en esta crisis la ayuda rusa se mostró muy ineficaz. Las Fuerzas Armadas equipadas con los equipos rusos hicieron el ridículo ese fin de semana”, lo dice de manera más directa un periodista venezolano.

El equipo militar ruso — costoso y simbólico— no estuvo a la altura. Y en los sistemas autoritarios, el prestigio militar es capital político. Cuando se acaba se lleva por delante a quien lo administra. Por eso, es probable que Vladimir Padrino esté del lado de los Rodríguez.

En cuanto a Diosdado Cabello, que en el régimen actuaba como el hombre llamado a garantizar obediencia en los cuarteles, en la policía, en los servicios de inteligencia y en los grupos armados informales, ha dado señales de no estar conforme.

Denunció el operativo de captura de Maduro como una agresión externa, “un ataque contra la soberanía” y añadió que el país estaba “en resistencia”. Ha sido explícito su rechazo a cualquier acercamiento con Washington: “No habrá negociación con el imperialismo”, sería “traicionar la revolución”, y “aquí nadie se rinde”, son algunas de las frases que ha pronunciado que parecen dirigidas a mantener la moral en las fuerzas que controla.

Más allá de las frases pirotécnicas, el aparato de milicias del régimen bolivariano ha estado algo parco. Después de la captura de Maduro, según The Guardian, se desplegaron “colectivos” paramilitares en las calles de Caracas y otras ciudades, con motos y fusiles de asalto, establecieron puntos de control y revisaron teléfonos de la ciudadanía bajo el pretexto de identificar apoyo a la disidencia. Pero con el paso de los días se han ido desvaneciendo.

La situación en las calles dista mucho de la amenaza que en su momento anunciaron Maduro y Cabello, cuando grabaron videos mostrando cómo se lanzaría a la calle la milicia y los voluntarios en caso de una operación de Estados Unidos. Poco o nada de eso ha pasado. ¿Qué significa? O era más propaganda que realidad el poder armado del chavismo en las calles, o también existe la posibilidad de que los tengan controlados, lo cual significaría que Diosdado estaría dándole tiempo y espacio a la transición.

El factor X: Rodríguez Torres

Para contener el poder de Cabello sobre los organismos de inteligencia y sobre las milicias se ha hablado de la posible repatriación de Miguel Rodríguez Torres.

Ese nombre es del corazón del chavismo y una de sus mayores paradojas: ayudó a construir el aparato de poder del régimen y terminó convertido en prisionero del mismo.

Como general del Ejército acompañó a Hugo Chávez en el intento de golpe de Estado de 1992. Y con la llegada al poder, se convirtió en figura clave del nuevo régimen. Fue uno de los hombres de mayor confianza de Chávez, al punto de que fue el único que sin ser miembro de la familia que lo estuvo acompañando en su lecho de muerte en La Habana, además de Maduro.

Con Chávez dirigió inteligencia militar, transformó la agencia de inteligencia Disip en Sebin y se encargó del aparato de persecución y control político que caracterizó al chavismo en su fase de consolidación.

Cuando asumió Maduro, Rodríguez Torres se convirtió en ministro de Interior y en el rostro visible de la represión durante las protestas de 2014, que dejaron decenas de muertos, miles de detenidos y sistemáticas violaciones a los derechos humanos. En ese momento, el chavismo post Chávez se jugaba el todo o nada y Rodríguez Torres se jugó.

Tiempo después se volvió la voz incómoda dentro del chavismo: empezó a criticar la deriva autoritaria, la corrupción y la pérdida de instituciones. Como cualquier dictadura que no admite la crítica, ni siquiera de uno de sus más entrañables miembros, cayó en desgracia, en 2018 fue detenido por el Sebin por conspiración, rebelión y traición a la patria. El 21 de enero de 2023 y gracias a negociaciones, en las cuales participó el expresidente español Rodríguez Zapatero, lo liberaron y desde entonces vive en el exilio, y en silencio, en España.

Según el diario Miami Herald, Delcy y Jorge Rodríguez le habrían planteado a Estados Unidos que sea Rodríguez Torres quien gobierne a Venezuela hasta 2031 cuando, según ellos, termina “el mandato” de Maduro.

Para algunos tiene lógica que regrese a Caracas para apoyar a los Rodríguez en el vínculo directo con los militares en la transición. Si bien está claro que podría cumplir la tarea de Diosdado para mantener el frágil equilibrio de fuerzas en el país, lo que no es tan claro es qué lugar ocupa en los escenarios que tiene en mente la Casa Blanca.

Como escribió el analista político José Carlos Rodríguez en el portal español The Objetive: “Cuando Donald Trump dijo que María Corina Machado no tenía el apoyo del país, se refería a que ella no tenía ninguna autoridad sobre las distintas bandas que controlan los resortes del poder. Y, por tanto, no le era útil en ese momento. Para controlar el país necesita aliarse con uno de los grupos criminales, y la moneda ha caído del lado de los hermanos Rodríguez. El momento de MCM es otro”.

El chavismo, concluye el analista, “ha actuado siempre en bloque. ¿Seguirán haciéndolo? ¿Se destruirán entre ellos y Washington a todos? El resultado no se puede adelantar”.

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