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Subida del 23% del salario mínimo abriría un hueco fiscal de $5 billones en el sistema pensional, ¿de dónde saldrá la plata?

El aumento del salario mínimo al 23% en 2026 tensiona las pensiones, dispara costos fiscales y agrava riesgos de sostenibilidad del sistema colombiano.

  • El aumento del salario mínimo al 23% aumenta la nómina de Colpensiones en $6,7 billones, desfinancia el presupuesto nacional entre $4 billones y $35 billones, acelera el agotamiento del FGPM y eleva a más de $525 millones las reservas necesarias por afiliado en los fondos privados. FOTO: El Colombiano.
    El aumento del salario mínimo al 23% aumenta la nómina de Colpensiones en $6,7 billones, desfinancia el presupuesto nacional entre $4 billones y $35 billones, acelera el agotamiento del FGPM y eleva a más de $525 millones las reservas necesarias por afiliado en los fondos privados. FOTO: El Colombiano.
hace 6 horas
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El alza del salario mínimo en Colombia siempre levanta discusiones cada año. Pero más allá de consignas, conviene mirar la evidencia completa. En Colombia, solo cerca del 10% de los trabajadores gana exactamente un salario mínimo. Es decir, apenas uno de cada diez vivirá de manera directa el incremento decretado para 2026.

En la última década, además, ha crecido el número de personas que ganan menos del mínimo y quienes ganan exactamente el mínimo, lo que refleja una mayor concentración de ingresos en la parte baja de la distribución salarial.

Además, según explica Andrés Felipe Izquierdo, gerente general de Integral Soluciones Pensionales (ISP), dos de cada tres afiliados que cotizan al sistema lo hacen sobre la base de un salario mínimo, y cerca del 52% de las pensiones en Colombia equivalen exactamente a ese nivel.

Si se amplía el rango, casi el 80% de las mesadas están entre uno y dos salarios mínimos. “Eso significa que cualquier modificación no justificada del salario mínimo impacta de manera directa las finanzas de la Nación”, señala.

Bajo este contexto, Juliana Morad, directora del Departamento Laboral de la Universidad Javeriana, advierte que el incremento del 23% del salario mínimo en 2026 tiene efectos directos sobre el sistema pensional.

“Con órdenes de magnitud actuales, un aumento del salario mínimo del 23% representa varios cientos de miles de millones de pesos adicionales cada mes y más de $5 billones adicionales al año para cubrir únicamente las mesadas mínimas”.

Por eso, la directora alerta que el efecto neto es una presión significativa sobre las finanzas públicas y sobre la sostenibilidad de los regímenes que garantizan la pensión mínima. “Esta presión aumenta cuando más pensiones se reconocen y se pagan en el nivel del salario mínimo, conectando el debate salarial con la sostenibilidad del sistema”.

Lea más: Gobierno arranca el 2026 con decreto que obligará a las personas a trabajar y ahorrar más para pensionarse

En el plano individual, Kevin Hartmann, abogado experto en pensiones y doctor en Ciencias Jurídicas de la Universidad de Lovaina, señala que quienes devengan exactamente un salario mínimo ven un incremento proporcional pleno, del orden del 23%, mientras que quienes ganan apenas un peso más solo reciben ajustes ligados a la inflación.

Esa diferencia, precisa, va cerrando con el tiempo la brecha entre las tasas de reemplazo de quienes se pensionan con montos superiores al salario mínimo y quienes lo hacen en el mínimo. “Ese proceso acelera una reducción real de las tasas de reemplazo y hace que muchas pensiones terminen convergiendo hacia un salario mínimo”.

El abogado ilustra el fenómeno con un ejemplo histórico: una pensión que en los años 90 equivalía a 5 salarios mínimos terminó, poco más de una década después, reducida en términos reales a un salario mínimo, debido a que el salario mínimo creció mucho más rápido que la inflación.

Impacto del alza del 23% en el sistema pensional

Morad precisa que cuando una proporción creciente de pensiones se liquida al salario mínimo, el sistema pensional se vuelve altamente dependiente de la dinámica de ese salario.

“Cada aumento del salario mínimo se traduce automáticamente en un aumento del gasto pensional, independientemente de la situación fiscal o del comportamiento del mercado laboral. Esto genera un efecto de compresión de mesadas: las pensiones más bajas se concentran en el piso y el salario mínimo pasa a ser el principal determinante del gasto”, explica la académica.

Este fenómeno, según Morad, puede debilitar la relación entre esfuerzo contributivo y beneficio esperado, ya que para muchos trabajadores el resultado final tiende a ser una pensión mínima, aun con trayectorias de cotización irregulares. “Esto reduce los incentivos a mantener la formalidad y la cotización continua”, especialmente entre quienes enfrentan ingresos inestables o cercanos al mínimo.

Para Germán Machado, economista y profesor de la Universidad de los Andes, el principal impacto es fiscal. “El efecto más importante es un costo adicional que no estaba previsto. Cuando el Gobierno hizo el presupuesto de 2026 calculó que el salario mínimo crecería 7,1%. Con un aumento del 23%, las cuentas se descuadran”, señala.

El punto crítico está en que dos de cada tres pensionados reciben una pensión de salario mínimo. Eso implica que esas mesadas ya no crecerán al 7,1% presupuestado, sino al 23%. “El resultado es un costo adicional cercano a $5 billones solo en 2026 para Colpensiones, que deberá salir del Presupuesto General de la Nación”, dice.

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Machado también advierte sobre el deslizamiento, es decir, el aumento del salario mínimo por encima de la inflación. Por norma, el Ministerio de Hacienda debe pagar ese diferencial a las AFP. En los últimos diez años, este concepto ha representado más de $2,3 billones de gasto adicional.

Pensionarse será cada vez más difícil en Colombia

Otro efecto clave, según Machado, es el aumento del capital necesario para pensionarse en el régimen privado. Hoy, en promedio, se requieren $525 millones para financiar una pensión de salario mínimo. En la práctica, esto significa menor probabilidad de pensionarse y que quienes lo logren lo hagan, cada vez más, por el mínimo.

Esto, además, acelera la descapitalización del Fondo de Garantía de Pensión Mínima (FGPM), que podría agotarse en la próxima década y dejar a la Nación frente a una deuda pensional difícil de pagar.

En ese sentido, Izquierdo aclara que el golpe no recae solo sobre Colpensiones, que administra el régimen público. En primer lugar, porque este régimen arrastra un déficit desde 2003 que se cubre con recursos del Presupuesto General de la Nación.

El problema, coincidiendo con Machado, es que el presupuesto de 2026 se calculó bajo el supuesto de que el salario mínimo crecería alrededor del 7%, pero el aumento real fue cercano al 23%. “El propio Gobierno se pone la zancadilla, hace cuentas con un supuesto y luego triplica el gasto que depende directamente de sus decisiones”.

Solo por esa diferencia, para el abogado Izquierdo, el impacto fiscal adicional en Colpensiones ronda los $4 billones, en un contexto de déficit fiscal ya elevado.

Lea aquí: Las mujeres se pensionarán en menos semanas: así será la reducción progresiva desde 2026

En el régimen de ahorro individual, el efecto tampoco es menor. Izquierdo explica que la mayoría de las pensiones de salario mínimo en los fondos privados, causadas con 1.150 semanas, se respaldan con recursos del Fondo de Garantía de Pensión Mínima (FGPM).

Desde esa perspectiva, Hartmann agrega que en el Régimen de Ahorro Individual (RAIS), que administran los fondos privados, el aumento del salario mínimo ejerce una fuerte presión sobre el Fondo de Garantía de Pensión Mínima. “El gasto del fondo crece, pero los ingresos siguen siendo los mismos: el 1,5% de la cotización. Eso puede adelantar su agotamiento, que estaba previsto hacia 2045”.

Cuando el salario mínimo crece por encima de la inflación y de la productividad, el llamado incremento real, la presión financiera sobre ese fondo aumenta de manera automática. “Eso significa más gasto y más presión fiscal para poder responder por esas pensiones”, añade Izquierdo.

En el Régimen de Prima Media (Colpensiones), el impacto es distinto. Aunque el aumento del salario mínimo presiona las finanzas públicas de un sistema no fondeado, el incremento simultáneo del ingreso base de cotización atenúa parcialmente el golpe. Aun así, Hartmann reconoce que estimar con precisión el costo fiscal adicional es complejo.

En el sistema privado, el efecto es más claro: el costo de autofinanciar una pensión de salario mínimo pasó de unos $420 millones a cerca de $550 millones. Para Hartmann, esta dinámica confirma que, mientras el salario mínimo siga creciendo más rápido que la inflación, más pensiones tenderán a deslizarse hacia el mínimo, trasladando crecientemente ese costo al Estado. De ahí, enfatiza, los cambios recientes en la fórmula del “deslizamiento”, orientados a reducir la carga fiscal asociada.

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Las consecuencias para las rentas vitalicias en Colombia

Otro frente de impacto son las rentas vitalicias. Izquierdo explica que el llamado deslizamiento del salario mínimo, la diferencia entre el aumento del mínimo y la inflación, históricamente ha sido asumido por el Estado, al reconocer que se trata de una decisión con alto componente político.

Sin embargo, con el proyecto de decreto que se conoció desde diciembre, que exige mayores provisiones a las aseguradoras, el producto de rentas vitalicias se ha encarecido. “Entre más sube el salario mínimo y más exigencias regulatorias se imponen, más difícil será pensionarse por esta vía”, advierte.

El efecto también se traslada al mercado laboral. Para un trabajador independiente o informal, cotizar hoy sobre un salario mínimo implica destinar cerca de $500.000 mensuales entre salud y pensión, una suma elevada para la mayoría de los colombianos.

“Las personas priorizan las necesidades del presente sobre las del futuro. Entre más caro sea cotizar, mayor será la barrera para la formalización”, explica.

Además, advierte que la eventual entrada en vigencia de la reforma pensional no puede convertirse en una “caja” para tapar desequilibrios fiscales de corto plazo. “El régimen privado está constitucionalmente respaldado por la Nación. El día que no tenga cómo responder, esa bomba pensional se traslada al Estado. Esa es la próxima gran crisis fiscal del país”.

Señales de alerta del sistema pensional

¿Qué señales de alerta debería leer hoy el Gobierno frente a sostener el sistema pensional con un alza del 23%? Ante esta pregunta la directora Morad describe varias alertas. La primera es la rigidez del gasto pensional: aumentos fuertes del salario mínimo elevan el gasto de manera automática, sin posibilidad de ajuste gradual.

Una segunda señal, según la académica, es el riesgo de ampliar la brecha entre quienes pueden y no pueden cotizar, al encarecer el costo mínimo de entrada y permanencia en el sistema contributivo.

Y la tercera señal se relaciona con el efecto sobre el equilibrio actuarial del régimen de ahorro individual, donde el aumento del salario mínimo eleva el capital necesario para financiar la pensión mínima, incrementando la dependencia de mecanismos de garantía.

“Estas señales advierten que sostener el sistema pensional únicamente a través de aumentos del salario mínimo puede agravar los problemas de sostenibilidad y equidad, si no se acompaña de reformas que ajusten los mecanismos de cotización y permanencia a las trayectorias laborales reales”.

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