Para entender la decisión de Trump de no ingresar al TTP.

A veces mezclamos temas:TLC, Unión Europea, OMC o TPP son componentes de un mismo objeto de estudio, pero no significan lo mismo. Para entender la decisión de Trump, al retirar a su país del TPP y amenazar con revisar en general su política de acuerdos comerciales, vamos a explicar algunos conceptos: Continuar leyendo

Razones para explicar mi voto en el plebiscito del 2 de octubre.

Yo sólo necesito una razón para votar por el sí: quiero que mi hijo, mis sobrinos y todos los de su generación tengan la oportunidad de vivir en un país en paz. A mis hermanos, a mis primos, a mis amigos y a mí no nos tocó. No le ofrezco a mi hijo la certeza de un futuro feliz, pero sé que si ganara el NO, sencillamente la guerra continuaría. Tengo la oportunidad de apostarle a un futuro con optimismo en lugar de la prolongación de un pasado gris que mi generación ha tenido que padecer. Continuar leyendo

Incertidumbre cambiaria y escalada inflacionaria, ¿qué esperar?

Por: Giovanny Cardona Montoya (abril 10 de 2016)

 

¿Qué ha pasado?

Tal vez la última vez que el ambiente económico global fue relativamente tranquilo y con bajos niveles de incertidumbre fue el que se vivió entre 2004 y la crisis inmobiliaria de las subprime entre 2007 y 2008. Sin embargo, y aunque los países industrializados aún no emergen plenamente de la crisis, la economía colombiana -al igual que muchas emergentes- se recuperó desde 2009 y los indicadores del ambiente económico se mantuvieron saludables: baja inflación, tasa de cambio sin sobresaltos y desempleo a la baja. Pero a partir del segundo semestre de 2014 el ambiente se ensombreció.

 

¿Cuál es la coyuntura?

La coyuntura que angustia a las empresas colombianas se deriva de la fuerte caída en los precios del petróleo, el acelerado alza de la tasa de cambio y la gradual y escalonada inflación. Estas tres variables se relacionan entre sí: el bajo precio del petróleo afecta nuestra balanza comercial y reduce la entrada de Inversión Extranjera Directa -IED-, lo que ha elevado el precio del dólar, encareciendo las importaciones. La devaluación del peso eleva los costos de los insumos y demás bienes importados, lo que, aunado al fenómeno del Niño, trae más inflación.

La incertidumbre que presenta la economía colombiana se acompasa de una débil recuperación de la economía global. Europa lentamente sale de su crisis, pero sus indicadores apenas sirven para devolver una pequeña porción de los empleos perdidos desde 2008. Si bien Norteamérica muestra una economía más saludable, algunos indicadores aún no generan confianza. Adicionalmente, Japón parece haberse acostumbrado a un crecimiento precario y China sigue su tendencia de desaceleración económica. Esta situación hace prever que el mercado mundial no será el gran jalonador de nuestro crecimiento económico.

 

¿Qué esperar?

Más que un pronóstico, me propongo hacer una sugerencia: seamos prudentes con las predicciones de corto y mediano plazo. En otras palabras, no sugiero marcados optimismos, sino, ubicarnos en escenarios que se aproximen poco al ideal. Tengo dos razones para ello:

1. La economía global no parece tener bases para lograr una recuperación acelerada. Al contrario, parece que China enfrenta problemas que no podrá solucionar sin la implementación de ajustes, los cuales se relacionan fundamentalmente con la dinámica de su mercado doméstico. Tantos años de éxito inevitablemente se traducen en un crecimiento del consumo doméstico, con los consabidos riesgos de inflación y revaluación. Mientras China no enfrie su recalentado mercado, los precios de los no tranzables (vivienda y servicios personales) se alejarán de los de los bienes comercializables, provocando una crisis estructural.

Los demás países emergentes, artífices de la recuperación desde 2009, no parecen tener un mejor ambiente: México, Brasil y sus vecinos latinoamericanos se desaceleran o están en recesión. Igualmente, Europa enfrenta problemas en su modelo de integración, los cuales, aunados al tema migratorio -exacerbado por la guerra de Siria- y a las preocupaciones por el terrorismo fundamentalista, no parecen hacerle fácil el camino hacia una sólida recuperación económica.

2. La inflación en Colombia. Tengo varios argumentos para pensar que en 2016 y al menos en parte de 2017, este indicador seguirá dando dolores de cabeza. Para empezar, los desajustes climáticos no son un fenómeno coyuntural; a las sequias les siguen los temporales invernales, y el ciclo vuelve a empezar. En otras palabras, si la inflación está asociada a las cosechas, entonces, estamos condenados a periódicos ciclos inflacionarios derivados de la crisis global medioambiental.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El otro tema que está provocando inflación es el alza en los tipos de cambio. Colombia es un país que importa una amplia gama de bienes de consumo, incluso de alimentos. Bajo estas circunstancias, actualmente se están negociando las compras del segundo semestre y de la temporada navideña, lo que indica que, al margen de la evolución de la tasa de cambio en el segundo semestre, el efecto inflacionario de este dólar de más de tres mil pesos ya se hace inevitable para 2016.

Entonces, de mediano plazo la pregunta es ¿bajará el precio del dólar a finales del año?

La respuesta depende de dos factores fundamentales, el precio de los combustibles en el mercado mundial y las políticas monetarias de la FED. Con respecto a este segundo argumento no hay certezas. Después de varios años de aplicar políticas expansivas, la FED ha dejado de estimular el crecimiento económico. Elevar las tasas de interés puede ser un vehículo que mantenga una tendencia del dólar hacia la revaluación.

El otro argumento, el del precio del petróleo es más complejo aún; todo indica que su caída se explica por una combinación de razones objetivas (desaceleración económica global) y subjetivas (geopolítica y especulación en los mercados de futuros).  Si nos centramos en los argumentos objetivos, el precio del combustible parace haber encontrado piso, prueba de ello son los acuerdos que se están dando por parte productores para evitar más caídas. Ya el mercado cambiario ha empezado a reaccionar, lo que también se refleja en un dólar de 3 mil pesos, en lugar de 3.300 pesos, como estuvo hace unos meses.

Pero, lo más difícil de predecir son los comportamientos geopolíticos de los Estados y las reacciones especulativas de los mercados. La crisis de relaciones de Estados Unidos con Venezuela y Rusia benefician un petróleo a la baja; pero, los grandes productores de petróleo no convencional (en Estados Unidos principalmente) salen afectados con este combustible tan barato que hace inviables las inversiones en la nueva tecnología del fracking.

 

Conclusiones:

Probablemente el petróleo encontró su piso y el precio del dólar ya baja de su techo…pero esto no es seguro; hay demasiadas variables en juego, y no todas son de racionalidad económica.

En síntesis, invito a que nos movamos en escenarios no muy optimistas, que no finquemos nuestras expectativas en la recuperación de las variables críticas: inflación, tasas de interés o tipos de cambio; sino que construyamos presupuestos y planes de mediano plazo con base en esfuerzos propios dirigidos a la innovación, los nuevos proyectos, mayores eficiencias, alianzas estratégicas con proveedores domésticos y extranjeros y búsqueda de nuevos mercados.

 

 

 

 

 

 

Colombia: una Economía Subdesarrollada con ropajes de Mercado Emergente.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Marzo 12 de 2016.

 

No porque las élites y medios de comunicación lo digan, y porque las mayorías nos lo hayamos creido, este país se ha convertido en una economía emergente. Si nos quitamos el velo de los ojos, sabremos que aún nos arropa el subdesarrollo de las décadas anteriores a la Apertura Económica.

¿Cuáles son las economías emergentes?

Antes de que se popularizara el término “economías o mercados emergentes”, ya eran reconocidos los “tigres y dragones asiáticos”; países del Este y Sudeste Asiático, otrora subdesarrollados, que con un conjunto de estrategias habrían acelerado sus procesos de industrialización, modernización de sus capacidades productivas y de reducción de la pobreza.

Países como Corea, Taiwan y Singapur se volvieron referentes para indicar que un país subdesarrollado podría agregar valor a sus mercancías, fortalecer sus capacidades de innovación y desarrollo, a la vez que generar más y mejor remunerados empleos. Con estos ejemplos, la teoría sobre la ventaja competitiva que se había impuesto en Europa, Norteamérica y Japón, se consolidaba como fuente de desarrollo económico, en lugar de los bicentenarios postulados de la ventaja comparativa de David Ricardo.

Con estos modelos, se abría la ilusión para las naciones subdesarrolladas, las cuales podían creer que sus economías alcanzarían los estándares de modernización y competitividad que las de los países industrializados.

Desde la década de 1980 se evidenció que algo pasaba en el Sudeste Asiático y que, a la par con China, el Oriente daba el salto hacia el primer mundo, el mundo desarrollado. Con el pasar de los años, y particularmente en el marco de un mundo menos proteccionista, otros países subdesarrollados como Brasil, Chile, Turquía, China o India, entran en el selecto grupo de Economías Emergentes. Con el nacer del siglo XXI, comienzan a descollar los BRICS y tras este grupo de punta, se señalan otros seguidores como los CIVETS, sigla en la que se recoge a nuestro país cafetero y petrolero.

Sin embargo, como sucede con todos los paradigmas -en la acepción de Kuhn-, la doctrina se vulgariza, y los teólogos pasan al cuarto de San Alejo, mientras los apóstoles más efusivos pero menos fundamentados se convierten en proclamadores de la verdad revelada: bienvenidos al futuro, al mundo desarrollado, a la OCDE. En otras palabras, más arengas que argumentos.

¿Qué es una economía emergente?

Voy a tomar posición y sobre estos argumentos voy a sustentar mi tesis sobre Colombia: un país que retorna al subdesarrollo.

Las economías emergentes tienen una característica externa, y es su fuerte y creciente conexión con los mercados globales. Ello explica que frecuentemente se les reconozcoa como aquellos que firman muchos TLC y que materializan una fuerte política aperturista. Es evidente que algo que caracteriza a Chile, Corea o Taiwán es la firma de acuerdos comerciales y el desmonte significativo de barreras al comercio, particularmente al de bienes manufacturados. Sin embargo, esta no es la característica más relevante.

Los países emergentes como China, India o Corea se caracterizan por un fuerte direccionamiento económico hacia la modernización de sus aparatos productivos. Las aperturas económicas y los estímulos a la inversión privada, doméstica y extranjera, se han enfocado hacia el fortalecimiento de ciertos sectores estratégicos, los cuales con apoyos en materia de ciencia, tecnología, educación y de políticas fiscales se han venido consolidando y modernizando. Los otrora productores de materias primas como Corea o China o el mismo Brasil, son ahora países productores de bienes de compleja composición tecnológica, con valor agregado.

Estos logros no han sido casuales, ni sólo resultado de decisiones empresariales. Las alianzas público-privadas y las políticas de Estado -o sea, de largo plazo- en materia de infraestructura, educación, ciencia, tecnología y empleo fueron fundamentales para que los Emergentes se pararan sobre los pedestales que hoy les conocemos. El resultado son naciones que agregan valor, que reducen la participación de los commodities en sus exportaciones, que modernizan su infraestructura, que atraen inversión, que desarrollan ciertas industrias estratégicas, que compiten con calidad, que, elevan la calidad  y cobertura educativa, que  generan empleos y reducen pobreza. Colombia no hace parte de este grupo.

El creciente y sólido comercio mundial se da entre países industrializados y nuevos emergentes, es un comercio de bienes manufacturados con alto valor agregado. Ahí no está Colombia.

El creciente y sólido comercio mundial se da entre países industrializados y nuevos emergentes, es un comercio de bienes manufacturados con alto valor agregado. Ahí no está Colombia.

Colombia: ¿por qué la confusión?

Somos un país subdesarrollado que confundió el camino en la década de 1990. ¿Qué hemos hecho?:

– apertura comercial, lo que controla la inflación y mejora las posibilidades de consumo de los colombianos con ingresos medios y altos;

– privatización de empresas, con la esperanza que en manos del sector privado sean más eficientes y competitivas. Pero el resultado ha sido la renuncia del monopolio del Estado para entrar en economías de competencia oligopólica entre grandes grupos concentradores de riqueza,

– elevar la inversión en educación, lo que ha ampliado la cobertura, pero aún deja mucho que desear en materia de calidad y pertinencia.

Pero hay cosas que los coreanos, los chinos o los brasileños han hecho y nosotros no. No tenemos políticas de Estado, no hay un Norte en materia de desarrollo industrial y, en cambio nos hemos convertido en exportadores de commodities no renovables. Las cifras son claras, hace 30 años, nuestras exportaciones estaban más diversificadas y tenian una participación importante de agricultura y agroindustria. En cambio, hace 18 meses, cuando comenzó la escandalosa caida de los precios de los combustibles, el petróleo y el carbón y el oro representaban 3/4 partes de la oferta exportable de este país.

Hemos pasado, en un cuarto de siglo, de ser agrícolas y agroindustriales, a ser mineros y altamente dependiente de importaciones de bienes procesados. ¡Bienvenidos de vuelta al subdesarrollo!

Hemos pasado, en un cuarto de siglo, de ser agrícolas y agroindustriales, a ser mineros y altamente dependiente de importaciones de bienes procesados. ¡Bienvenidos de vuelta al subdesarrollo!

Ahora que tenemos este par de gemelos, petróleo barato y dólar caro, nos hallamos en la encrucijada: ¿con qué vamos a financiar este tren de gasto de importaciones al que nos hemos acostumbrado desde finales del siglo XX?

Es increible, pero la actual coyuntura es altamente favorable para diversificar las exportaciones, pero no se puede. ¿Por qué? porque nuestras manufacturas tienen un alto componente de importaciones, por lo tanto no somos competitivos. Si a esto le agregamos la informalidad en el empleo, la baja calidad educativa y de salud, se hace evidente que no hay posibilidades, desde el desarrollo económico y de capacidades productivas, de aprovechar en el corto plazo las bondades de una tasa de cambio favorable a las exportaciones.

Por esto, porque no tenemos Norte, porque nos hemos desindustrializado, porque no hay políticas de Estado, sino apaga-incendios de gobierno, y porque dependemos de una minería insostenible y un abastecimiento de importaciones inviable, Colombia no es un Mercado Emergente, sino una economía que se sumerge: bienvenidos al pasado.

 

 

 

Comercio exterior: “la pata coja” de la economía colombiana.

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Hace un cuarto de siglo Colombia cambió su modelo de desarrollo económico: de un estructuralismo proteccionista, respaldado con políticas económicas keynesianas se pasó a un modelo de apertura económica apoyado en un régimen monetarista centrado en el control de la inflación.

Características y resultados del modelo de Apertura Económica.

Después de 25 años,evidentemente el país ha cambiado. La clase media y los estratos altos disfrutan de ciudades cada vez más modernas, con una ampliación y perfeccionamiento de la oferta de servicios personales, además del acceso a bienes importados, con precios de talla internacional. Se acabaron los tiempos en los que el acceso a tecnología avanzada era costoso o implicaba viajes a países más avanzados. Hoy en Colombia, se compra un computador o un dispositivo móvil a los precios más bajos del continente.

Este modelo económico se caracteriza por la reducción de barreras aduaneras al comercio, la firma de acuerdos comerciales y una tasa de cambio que poco ha hecho por la competitividad de nuestros productos. Si bien, la inflación ha bajado en dos décadas, la tasa de cambio nominal revaluada y la baja productividad, se han traducido en una marcada pérdida de competitividad de la agricultura y las manufacturas colombianas.

La consecuencia económica más evidente ha sido el cambio en la estructura de las exportaciones de nuestro país. Hace un cuarto de siglo, Colombia tenía una oferta exportable más diversificada que la actual. Antes de esta crisis, los hidrocarburos representaban 2/3 partes de las exportaciones, llegando el petróleo a representar el 50% de las mismas. Hoy somos una economía monoexportadora, mucho más dependiente que en la década de 1990 cuando el café aún era el principal producto.

El café y las llamadas exportaciones menores (flores, bananos, textiles, confecciones, principalmente) han perdido participación en la balanza comercial. Adicionalmente, con la crisis de relaciones comerciales en el mercado andino, muchas industrias manufactureras y el sector rural, han perdido un mercado que era relevante. Colombia era un proveedor importante de comida, confecciones, electrodomésticos y vehículos a Venezuela. Todo esto es tiempo pasado.

Gráfico: Estructura de las exportaciones Colombianas por regiones y décadas

La crisis del modelo.

Hace un par de años comenzaron a sonar las alarmas sobre el bajo nivel de reservas colombianas de petróleo. O sea, la principal fuente con la que hemos financiado nuestro modelo consumista y de servicios, se agota. En consecuencia, los datos sobre reservas comprobadas de petróleo ya advertian el riesgo de no contar en el futuro con suficientes divisas para financiar este tren de gasto.

Sin embargo, lo que ha sucedido con el precio del petróleo en el último año ha adelantado la crisis. Si el crudo ha bajado de precio hasta un 50%, entonces la balanza comercial puede sufrir un gran deterioro, puesto que el petróleo representaba el 50% de los ingresos en exportaciones. En consecuencia, exportando las mismas cantidades de crudo que en los últimos años, pero a precios muy bajos, el déficit comercial se agudizará.

Si observamos la balanza de pagos que elabora El Banco de La República, notaremos que la balanza comercial de los últimos años  se ha caracterizado por déficits poco significativos, ya que los buenos precios y el incremento en las exportaciones de hidrocarburos financiaron el crecimiento de las importaciones. Sin embargo, el modelo económico señala que muchas de las importaciones son bienes de consumo, ya que no se está trabajando en la modernización de sectores como el agro y la industria manufacturera.

Pero, la dependencia de la minería en general y del petróleo en particular nos colocan en otros riesgos mayores: el deterioro general de la cuenta corriente y de la cuenta de capitales. Si bien la balanza comercial no ha sido fuertemente deficitaria, la cuenta corriente sí lo ha sido, particularmente por el pago de intereses de deuda externa y por la repatriación de utilidades de las compañías multinacionales que, estando en el país, trasladan sus ganancias a Europa y Norteamérica.

Ahora, la industria petrolera es altamente dependiente de la Inversión Extranjera Directa (IED); de hecho es el principal rubro de ingreso de capitales extranjeros al país. En consecuencia, si los precios del crudo permanecen bajos, los capitales extranjeros no llegarán, ya que no es rentable explorar y explotar pozos, para vender el producto a un precio tan bajo.

Consecuencia: avanzamos hacia una crisis cambiaria, o sea, agotamiento de divisas.

Colombia o Alicia en el país de las maravillas.

Algunos analistas, pero especialmente funcionarios gubernamentales, se ilusionaron con el hecho de que el peso se ha devaluado, lo que podría incrementar otras exportaciones y reducir el volúmen de las importaciones. Pero eso es un sueño.

El primer hecho los ha cogido por sorpresa, y no debería. Las importaciones no caen a la velocidad esperada, continuan ahondando el déficit. Esperar un cambio en la estructura de las importaciones en el corto plazo, era una ilusión. Con el auge de la construcción, el deterioro de las industrias tranzables y el creciente consumo doméstico, las importaciones demorarán en reaccionar.

El segundo hecho era esperable. El alza en la cotización nominal del dólar no garantiza que las empresas manufactureras o agroindustriales puedan aumentar sus ventas. La baja participación relativa de otros productos exportadores durante estos años, no es una casualidad, tiene que ver con la perdida de competitividad de nuestras industrias.

En consecuencia, para que una empresa productora de bienes industriales aumente sus exportaciones es necesario realizar actividades de inteligencia comercial, negociación, reajustes en los procesos productivos, etc. Así que no esperemos el milagro en el corto plazo.

Moraleja:

No podemos demorar más las decisiones. Este país tiene que dar un viraje a sus políticas comerciales y de desarrollo económico. Es necesario estimular la producción nacional y colocar algunas barreras a las importaciones. Hemos firmado TLC que hasta ahora sólo se traducen en más importaciones; si queremos aprovechar los mercados internacionales en el futuro, es necesario mirar hacia adentro, ordenar la casa y re-construir los sectores manufacturero y agropecuario.

Bienvenidas las inversiones en investigación y desarrollo tecnológico, los programas para estimular el emprendimiento, los esfuerzos para ampliar cobertura educativa y mejorar la insfraestructura; pero ahora, inevitablemente, hay que acompañar estas políticas con medidas comerciales coherentes que desaceleren las importaciones y estimulen la producción nacional de tranzables.

No se trata de decir si es malo o bueno hacer una apertura económica, se trata es de reconocer que nosotros si la hemos hecho muy mal.