Prospectiva: repensar Desarrollo y Bienestar

Octubre 13 de 2020.

En 2007, con la crisis global de las subprime, el modelo económico neoliberal entró en una profunda crisis de la que aún no sale: el crecimiento económico de Estados Unidos es inestable, Europa sigue semi-deprimida, Japón no crece y la economía China continúa en una constante desaceleración económica.

Ante el costo social del modelo económico, la primera respuesta había sido una especie de post-neoliberalismo que nació en América Latina y que a la ligera se le denominó Socialismo del Siglo XXI. Sin embargo, la crisis de la economía griega, acompañada del Brexit y el ascenso del neoproteccionista Donald Trump, han sido los verdaderos detonantes que minan desde su interior, las estructuras de esta economía aperturista que reina en el planeta desde hace seis lustros.

Pero, la economía global presenta mayores problemas -algunos engendrados desde el siglo XIX-, los cuales están colocando a la especie humana y a la naturaleza en una encrucijada que parece sólo dejar dos caminos: continuar la senda de la autodestrucción o hacer la pausa y repensar las ideas que tenemos sobre desarrollo y bienestar.

Desde que la economía de mercado tuvo su génesis (hace 500 años, más o menos) el péndulo de la historia ha oscilado entre el proteccionismo y el libre cambio. Dichos movimientos, de cadencia dialéctica, han guiado a la humanidad hacia una cosmovisión consumista fundada en la competencia creativa. Sin embargo, el horizonte desolador que divisamos, obliga a una creatividad disruptiva que rompa con la miope discusión entre fronteras abiertas o fronteras cerradas.

Repensar la idea de que bienestar es poseer y que desarrollo es sinónimo de crecimiento, implica tener en cuenta:

1- El deterioro del medio ambiente. Entre lo empírico y lo científico hay suficientes evidencias del cambio climático; aunque aún hay voces que llaman alarmistas a aquellos que se preocupan por el futuro de nuestro planeta.

Se han masificado los problemas presentes relacionados con la calidad del aire, el acceso al agua potable y la reducción de la biodiversidad. O sea, ni siquiera se trata del devenir de la especie humana, sino de la calidad de vida en nuestras ciudades y en el menguante campo en el presente.

A pesar de los tecnicismos, es claro que los combustibles fósiles, las chimeneas de las fábricas y la deforestación están acabando con el hábitat natural de las especies vivas. La muerte y el deterioro de la salud por culpa de las temperaturas extremas, los fenómenos desbordados de la naturaleza (veranos severos con incendios, inviernos extremos, lluvias que provocan inundaciones) y las cosechas perdidas a pesar de nuestro conocimiento científico-tecnológico, son una constante.

A esta realidad no se le puede llamar desarrollo.

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2- Migraciones: el territorio local se ha quedado pequeño. La mente humana, los sueños o el miedo han dado alas a la especie humana. Por siglos nos hemos adscrito a un territorio que nos da identidad. Pero las cosas están cambiando, los ciudadanos del mundo, la generación del Milenio, la doble nacionalidad, el turismo, la globalización de idiomas como el inglés, al igual que las hambrunas y las guerras, están llevando a las personas a recorrer el planeta, a desarraigarse, a mestizarse, a reinstalarse…o simplemente a buscar donde sobrevivir.

La economía doméstica se está quedando pequeña para dar bienestar a una ciudadanía global.

migraciones entre 2010 y 2015

3- Violencia ideologizada: en nombre de Dios, de la libertad, de la patria, de la cultura (occidental, oriental, etc.) y de toda idea sublime que pueda ser “utilizada” nos venimos matando por siglos. Las guerras han sido una constante de la historia humana, pero las armas que hoy poseemos las hacen mucho más fratricidas y perversas: armas químicas, armas biológicas, armas nucleares, etc. Hemos desarrollado la capacidad de destruir a la especie.

A esto no se le puede llamar, ni desarrollo, ni bienestar.

4- Miseria crónica y estructural, fundada en insolidaridad. A pesar de que el egoísmo ha sido explicado como motor de desarrollo (la propiedad privada y la mano invisible del mercado) y que pueden existir evidencias empíricas que demuestren que el libre mercado ha hecho crecer las economías, que se ha aumentado y mejorado, gracias a ello, la producción de bienes y servicios, la verdad es que dos mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, que millones de personas mueren por causas relacionadas con el hambre y la desnutrición y que porcentajes importantes de la población de las naciones sufren de la ausencia de un empleo digno.

Esto no puede ser Desarrollo Sostenible.

muro entre ricos y pobres

En síntesis, no podemos seguir estimulando un modelo de desarrollo económico centrado en el consumo ilimitado y el crecimiento sin condiciones. Es hora de colocar por encima de variables como inflación o tasas de interés, las de crecimiento compartido y consumo responsable. Qué las políticas económicas se inspiren en estas dos categorías.

Es inviable una humanidad que persiga el crecimiento perenne y el consumo sin restricciones. No hay futuro si no retomamos valores como la frugalidad, la solaridad y la creatividad.

El día después de mañana.

Giovanny Cardona Montoya, 3 de mayo de 2020 (8 semanas desde el inicio del confinamiento).

 

Se ha vuelto lugar común decir que las cosas no serán igual después de esta pandemia. Pero son palabras vacías si cada uno de nosotros no las reflexiona. Facilmente, como ya ha sucedido, podemos caer en los cambios de las apariencias y de las formas, dejando que la naturaleza de los hechos que nos han traido ésta y otras crisis siga incólume.

 

El día de ayer.

Son incontables las veces que la humanidad ha sufrido encierro, hambre, angustia o enfermedad por culpa de sí misma.

La segunda guerra mundial acabó con la vida de 50 millones de personas y dejó hambre, dolor y desolación por toda Europa, parte de Asia y Africa, duante seis largos años. Y después de semejante catástrofe no amprendemos la lección. Han habido más guerras; decenas de guerras en los últimos 75 años.

Y no son sólo las guerras. En la década de 1970 la ONU y luego el Club de Roma con su documento “Los límites del crecimiento” prendieron las alarmas sobre los riesgos de insostenibilidad de un modelo de desarrollo basado en el consumo ilimitado de recursos. En 1987 la Comisión Brundtland en su informe “Nuestro futuro común” formalizó el concepto Desarrollo Sostenible  como «la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades».

Muchas de las catástrofes ambientales (sequías con las consecuentes hambrunas; tormentas y derrumbes) son resultado de la mala gestión que hacemos de los recursos del planeta. Recursos finitos para una población que se multiplicó por 5 en el último siglo. Somos demasiados para conservar el tren de destrucción de recursos -agua, aire, flora, fauna- que traemos del pasado. Por encima de una ética ascética, la realidad señala que es materialmente imposible mantener la actual cultura de consumo. El planeta tierra es insuficiente para esta sociedad derrochadora.

Desde 1970 venimos evidenciando que la humanidad consume

Pero también sufrimos catástrofes cuyo origen puede ser difícil de explicar. Tal vez el hombre ha hecho enojar la naturaleza; tal vez aquellas son resultado de la esencia misma del planeta. Pero, con culpa o sin culpa, son reiterativas y podemos aprender de lecciones pasadas: terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, epidemias y pandemias. La gripe española, gripe porcina, gripe asiática, ébola, dengue, cólera, malaria, H1 N1. La naturaleza no se cansa de darnos lecciones.

 

El día de hoy.

Muy seguramente la pandemia la superaremos. En un par de años tal vez habremos sido vacunados y algunos hábitos habrán cambiado: aviones con sillas separadas, tapabocas cada vez que tengas gripe, restaurantes con mesas más distantes, algo de teletrabajo, más educación virtual, termómetro en todos los hogares y oficinas, etc. Cambios de forma, de apariencia.

Pero, ¿qué hemos aprendido de la  primera pandemia que amenazó al planeta entero al mismo tiempo? ¿qué aprendimos de las nefastas guerras, catástrofes y pandemias que han traído sufrimiento y muerte en el último siglo? ¿Qué estamos aprendiendo de la crisis  de este modelo de desarrollo socio-económico?

La llamada Cultura Occidental que se predica particularmente en Europa y América, tiene profundas raíces. La Ilustración Francesa, la Racionalidad Kantiana y el Liberalismo Inglés dieron cuerpo a lo que en la actualidad reducimos a Democracia Occidental y Economía de Mercado.

Pero, cuando volvemos a dichas raíces encontramos que el uso de la razón y la mayoría de edad kantiana son una invitación a hacernos cargo, a hacernos responsables de nuestras palabras, de nuestros actos y de nuestras omisiones. Por lo tanto, no podemos vivir tutelados por medios de comunicación amarillistas o entregados a intereses políticos y económicos, por redes sociales cargadas de fake news o por gobernantes que entienden la democracia exclusivamente como un juego electoral entre élites (Schumpeter).

Pero la ética kantiana y la ilustración francesa también traen como paradigma, el valor supremo de la humanidad como un fin, no como un medio; al igual que la democracia como un acuerdo de voluntades, no como un negocio de partidos.

voto si o no

Por lo anterior, deberían estar arraigados, en el ciudadano y en el gobernante, los valores supremos del bienestar individual y colectivo, del respeto al prójimo y de la fraternidad entre diferentes.

El espíritu liberal de Occidente no hace referencia solamente al mercado. No, lejos de eso. Se trata de la convivencia entre la individualidad (emocional, material, ética, estética) y la colectividad social. La idea de tener deberes y derechos implica la necesidad de reconocer al otro, a la vez que me reconozco frente a él. Soy “yo” y hago parte de un “nosotros”, pero también está “él” que existe y es en sí mismo, a la vez que es parte de “nosotros” también.

Debemos dejar de reducir el liberalismo filosófico a la premisa de la libertad de empresa y la libertad del mercado. No, se trata de la libertad de ser. Para “yo” poder ser y para “nosotros” poder ser, es necesario el ejercicio efectivo de deberes y de derechos.  Ambos a la vez.

Pero, un planeta en el que el 10% de su población vive con menos de 1,90 dólares al día, y 20% son pobres en todos los sentidos (no tienen suficientes alimentos, agua potable, electricidad) no puede ufanarse de que se respira la libertad. Es una falacia.  Este es un planeta en el que a muchos (demasiados) se les tienen negados los derechos y unos pocos no están cumpliendo con sus deberes.

Sacar al 20% de la pobreza es sólo el primer paso para que ellos puedan comenzar, al menos, a hacer consciencia de que tienen derechos. Quitar el hambre no es sinónimo de libertad, pero no hay libertad con hambre.

El hambre y la enfermedad son comprensibles en un mundo sin recursos y en una sociedad sin capacidades. Pero no es éste el caso. Según CNN “La fortuna combinada de las 26 personas más ricas del mundo llegó a US$ 1,4 billones el año pasado (2018), la misma cantidad que la riqueza total de los 3.800 millones de personas más pobres.” Los recursos son suficientes para que todo el planeta haga la cuarentena, nadie debería estar en la calle rebuscando el alimento en medio de la pandemia.

muro entre ricos y pobres

El día después de mañana.

En medio de nuestras vicisitudes y de los errores cometidos por la humanidad en general a lo largo de los últimos siglos, la sociedad del siglo XXI tiene unos paradigmas ideológicos que se deben rescatar. Rescatarlos es salvar la humanidad. ¿Salvarla de qué? Salvarla de su autodestrucción.

Covid 19 nos ha demostrado que somos inviables con los niveles de pobreza existentes. No se le puede pedir a 1300 millones de pobres multidimensionales que se queden en sus casas a esperar que la pandemia pase. No, no se puede, los matará el hambre.

Tenemos los recursos suficientes para permanecer en nuestras casas varias semanas y salvar a toda la humanidad del contagio. Pero, Covid 19 nos ha puesto a prueba y hemos demostrado que no lo vamos a hacer, que no tenemos suficiente capacidad de reconocer al otro como igual. Nos hemos educado un egoismo extremo que invita al autocuidado en detrimento del prójimo. Pero, Covid 19 nos dice que no hay auto-protección sin la protección del otro. Si otra persona está en riesgo de contagiarse, entonces, yo también lo estoy.

Por eso, el Estado, la idea de Empresa y el Individuo debemos repensar nuestros valores para construir el trinomio yo-él-nosotros como célula indisolubre y fundacional de la sociedad sostenible. La idea de riqueza que nos inspira actualmente, nos va a destruir.

Por lo anterior, ésta debe ser la primera lección: la ética racional y la solidaridad puestas en un mismo pedestal.

Nuestro futuro se debe apalancar en un Estado Social de Derecho que garantice a todos -absolutamente a todos-, unos recursos materiales y culturales mínimos -significativamente superiores a los requeridos para superar la pobreza multidimensional-, que coloquen a cada individuo en un punto de partida suficiente para que pueda ejercer efectivamente sus derechos.

La segunda lección. La actual Sociedad de Consumo es Inviable.

Décadas de discusión sobre Desarrollo Sostenible no fueron suficientes. Sin embargo, hoy, el Covid 19 nos ha obligado a la frugalidad, a la mesura, a la racionalidad del gasto. Todos en nuestras casas, preocupados por el empleo incierto, la empresa incierta, el ingreso incierto, hemos recurrido a la austeridad. El pánico nos ha acercado a una cotidianidad ascética. Incluso, reflexiva.

La pandemia pasará, pero la lección debe quedar. No existe un futuro posible con el actual tren de consumo desmesurado e inequitativo. Esto debe parar.

Por lo tanto, cuando pienso que el mundo no será el mismo después de la pandemia, quiero proponer que sea un mundo inspirado en las raíces de la la razón humanista, la democracia y la libertad. No me refiero a la precaria democracia y  a la casi exclusiva libertad de mercado. No me refiero a un mundo poblado por personas que no se pueden dar la mano, pero que siguen reproduciendo el veneno del consumismo ilimitado, la inequidad vergonzosa y la insolidaridad, que van destruyendo el planeta.

Si realmente el mundo después de mañana va a ser diferente, debemos preguntarnos por las condiciones para el verdadero ejercicio de la democracia (ciudadanos educados y sin necesidades básicas insatisfechas, eligiendo a sus gobernantes); y por las nuevas características del Bienestar como bien público en convivencia con la libertad del mercado.

El concepto de Bienestar se debe reconstruir, no puede seguir fundado sobre las posesiones materiales, se requiere una categoría más cercana al “estar y al ser” de la persona y a su “convivir” con los demás y con el planeta. Un bienestar que se sienta, que se viva, no que se posea. 

Por lo anterior, no debe haber dudas sobre el derecho efectivo a la educación de calidad, a la salud, a la vivienda digna, a la nutrición adecuada y a la libertad de expresión. La verdadera libertad de informar conlleva que los medios de comunicación  se desaten de los intereses de las élites políticas y económicas. Parodiando al Juez Hugo L. Black de la Corte Suprema de los Estados Unidos, la libertad de prensa fue concebida para proteger al gobernado (al débil), no al gobernante (al poderoso).

Por último, no todo puede ser objeto de mercado y el mercado no puede ser entendido como un recinto sagrado. El equilibro requerido entre Estado y Mercado como ordenadores sociales debe revisarse y ajustarse en función del Desarrollo Sostenible, el cual se refiere a una triada indisoluble, lo económico, lo social y lo ambiental.

Si el mundo después del Covid 19 va a ser diferente, hagamos que valga la pena para todos y para el planeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Las TIC y la Interacción Social en el futuro.

Giovanny Cardona Montoya, abril 26 de 2020.

 

Aunque el Covid nos cogió por sorpresa, el mundo ya venía mutando gradualmente: nos hemos acostumbrado a climas extremos, a reducir la movilidad por la baja calidad del aire y, lentamente vamos cambiando hábitos (no usar plástico, reciclar, etc.)

Sin embargo, hoy afrontamos una gran incertidumbre por la salud y la seguridad económica. Tal vez nos parezca una sin salida, incluso, podemos pensar que lo que está sucediendo es algo sin precedentes. Ni lo uno, ni lo otro.

Si de precedentes se trata, la historia está llena de hechos lamentables que han tenido que ser sorteados por poblaciones enteras: las guerras del medio oriente, el ébola en África, la malaria en selvas tropicales, la gripe española, el mismo SIDA que recorre el planeta en la actualidad. O sea, esta no es la primera vez que grandes grupos poblacionales enfrentan retos de proporciones descomunales. Sólo que, tal vez, es la primera vez que nos sucede a nosotros. Esa es la diferencia.

Vivimos en un mundo en el que la competitividad se da en entornos abiertos, cambiantes e inciertos, todos los días enfrentamos supuestas sin salidas…y seguimos adelante.

¿Quién hubiera creído que Gran Bretaña se retiraría de la Unión Europea o que más de un millón de venezolanos migrarían a Colombia en tan solo 18 meses? ¿Quién hubiera sospechado que el Muro de Berlín caería en 1989 y que la Unión Soviética se disolvería sin que se disparara un solo tiro?, Nadie esperaba que en pleno siglo XXI un barril de petróleo llegase a costar centavos. El mundo no es tan predecible como creíamos.

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La economía también está llena de transformaciones que han conllevado la mutación o el cierre de empresas. Los propietarios de tiendas de ventas de CD y DVD al igual que Blockbuster vieron como Internet destruía sus negocios, mientras se erigía una nueva industria: la del streaming. Hoy sólo hablamos de Netflix, Amazon prime video, Disney + y Webinars.

Las mecanógrafas hace tres décadas se quedaron sin trabajo, lo mismo que los ascensoristas y el técnico que reparaba radios o equipos de sonido. ¿Quién tiene aún una línea de teléfono fijo en su casa? ¿En serio? ¿Y la usas? ¿Te llaman?

El mundo muta permanentemente. Los autos volarán y los taxis no tendrán conductor, la declaración de renta nos saldrá automática y un robot nos diagnosticará y hará la receta médica.

El futuro vino para quedarse. Así que la incertidumbre no nos puede detener, porque vivimos en el tiempo de la No Certidumbre. Es nuestro momento histórico.

Hablemos claro, todo esto comenzó en China a finales de 2019, tal vez noviembre. En marzo de 2020 la OMS declaró la pandemia planetaria; ahora los contagiados confirmados se cuentan en millones y los muertos diarios en miles. Tal vez la cuarentena termine en días o meses, pero nuestra cotidianidad social y laboral va a seguir condicionada por meses, incluso por años.No hay vacuna y no hay certeza de que el contagio nos inmunice.

De las muchas cosas que claramente no volverán a la normalidad anterior, una será la de la interacción social. Tendremos que crear una nueva normalidad en lo referente al contacto entre personas.

Por lo tanto, debemos continuar nuestros proyectos personales, familiares, profesionales, empresariales y sociales bajo las nuevas y cambiantes circunstancias. La nueva normalidad de la interacción social.

Así que la pregunta no es si continuar o detenernos. La pregunta es ¿cómo vamos a continuar? Hoy estamos en casa. Convivimos con la familia, con el profesor, con el jefe y con los clientes en el mismo espacio. Eso nunca lo habíamos hecho…y lo tenemos que hacer bien.

- No nos hace mal un diálogo en la familia. Algo de reglas concertadas nos puede facilitar el proceso.

- Un diálogo conmigo mismo. Soy vulnerable a las crisis emocionales. El encierro, la convivencia 7/24, las preocupaciones económicas, académicas o de cualquier índole me pueden sacar de foco. Debo establecer el balance entre lo físico, lo emocional y lo racional.

- Revisar y apropiar los patrones de comportamiento que exige mi trabajo. Gestión de horarios, pausas activas, interacción asertiva y proactiva con compañeros, proveedores y clientes, en línea.

- No debo detener mis estudios. El crecimiento académico y profesional son la semilla del futuro. Debo mantener el ritmo de estudio, afinar las comunicaciones con los profesores y compañeros y gestionar los contenidos de manera organizada es ahora la nueva tarea del estudiante.

¿Qué papel juegan las tecnologías de información en todo esto?

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La Sociedad del Conocimiento se caracteriza por el auge de trabajadores que no interactúan con herramientas físicas, sino con información y conocimientos. Cierra los ojos y mira todas las personas que pasan horas diariamente en la pantalla de un computador: los ingenieros mecánicos y los de aviación, los banqueros y los corredores de bolsa, los contadores públicos, los investigadores de mercados, los jefes de recursos humanos, los arquitectos, los periodistas, los expertos que nos reportan el clima, etc. El trabajo en línea vino para quedarse y el teletrabajo es su heredero natural.

En el sistema educativo también ha pasado algo a lo largo de estos lustros. La educación de calidad se hace con software, redes, dispositivos móviles, simuladores digitales, Internet. No todo sucede en el aula de clases, no todo es face to face

Hoy los chicos visitan más Google y bases de dato especializadas que las instalaciones físicas de las bibliotecas. Las universidades tienen correo electrónico para cada  estudiante y algunas utilizan plataformas digitales, al menos como repositorios de contenidos.  Otras universidades van más lejos, realizan videoconferencias, tienen plataformas LMS con contenidos organizados bajo modelos instruccionales definidos o, incluso, ofrecen educación virtual. No son la mayoría, pero las hay. Los mismos estudiantes crean contenidos e intercambian información entre ellos a través de las redes sociales más populares.

Si esto ya sucede, entonces, quiere decir que estamos preparados para la Nueva Normalidad de la Convivencia Social.

Por último, no es sólo la pandemia. Los problemas de movilidad en las grandes urbes, la mala calidad del aire por los gases de efecto invernadero, la falta de tiempo de personas que trabajan y son cabeza de hogar, la falta de claustros universitarios en las provincias y otras limitantes hacen que la educación del siglo XXI no pueda seguir centrada en encuentros físicos en espacios determinados.

¡Debemos hacer consciencia y prepararnos para la masificación del blended learning!

El devenir cercano de la educación es con virtualidad. La calidad de los procesos educativos en el futuro inmediato va a estar asociada a la capacidad de las universidades de ofrecer programas que cuenten con docentes preparados, modelo pedagógico y mediaciones adecuadas para que el conocimiento se pueda crear, preservar, usar y comunicar sin que el tiempo o el espacio configuren barreras.

Internet y las pantallas son aliados para la Nueva Interacción Social, para cuidad la salud, preservar el empleo y construir futuro.

Crónica de una Recesión Inesperada.

Giovanny Cardona Montoya, Abril 19 de 2020.

Este artículo se fundamenta en el Editorial de mi autoría, publicado en el Boletín de posgrados de la Institución Universitaria CEIPA

 

Introducción:

El año 2020 comenzó con tímidas insinuaciones de una desaceleración económica global. Al Brexit y al menguante crecimiento económico de China se sumaron la guerra comercial entre Trump y el coloso asiático y la casi inevitable recesión alemana.

El año 2020 no pintaba muy bien. Pero, nadie se esperaba lo que vino después de febrero.

La humanidad jamás había tenido una pandemia que se expandiera por todo el planeta en tan poco tiempo. Estos también son los tiempos de la globalización: más interacción sin fronteras entre los ciudadanos del mundo trae como consecuencia mayores relaciones de causa-efecto.

Estamos viviendo una naciente recesión económica derivada de una fuerte pausa en el consumo y la inversión; pausa gestada no por razones económicas sino sanitarias. Consumidores y productores nos encerramos en las casas para controlar una pandemia y, en consecuencia, detuvimos el aparato productivo: no hay quien produzca y no hay quien consuma.

Las escuelas cerraron, al igual diversas plantas de producción; los aviones se quedaron en las pistas de los aeropuertos, los equipos de fútbol no salieron a jugar el domingo y los restaurantes cerraron sus puertas. Como piezas de dominó, tras estos fueron cerrando otros eslabones de sus cadenas de valor: transporte terrestre, operadores logísticos, proveedores de insumos, etc. Así funciona la economía, todos hacemos parte –con mayor o menor importancia- de un engranaje de producción, intercambio y consumo.

Y aunque la caída producción/consumo no se dio en el contexto progresivo del ciclo económico, sino, más bien, al margen de éste, las consecuencias y las recetas de corto plazo serán similares a lo que ya conocemos.

Los gobiernos, en esta fase del ciclo económico -desaceleración y recesión-, tratan a través del Gasto Público y la Política Monetaria (tasas de interés a la baja) de menguar el daño que produce la caída en la actividad privada. Compensar salarios, subsidiar arriendos, dar liquedez a los bancos y empresas, transferir recursos, son recetas conocidas cuando el Estado trata de dar oxígeno a una economía que se asfixia por el lado del mercado. Y eso es lo que están haciendo en mayor o menor medida todos los gobiernos del mundo.

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¿Qué se ve venir en el futuro cercano?

Inversiones urgentes del sector público, especialmente en el sistema sanitario y en obras de infraestructura. Este es combustible inicial para poner a marchar nuevamente la locomotora de la economía.

Luego vendrán las ayudas a sectores seleccionados: los de mayor potencial de recuperación y los de mayor incidencia en el empleo. En el caso colombiano, la locomotora dependerá mucho de la recuperación de los mercados mundiales y de las decisiones de la OPEP para levantar el precio del petróleo. Elevar el precio del petróleo significa más divisas para el país –por exportaciones y por inversión extranjera- y recursos para el Estado para financiar su política expansiva de Gasto Público.

El mercado laboral arrancará desde abajo. Recuperación del empleo a salarios bajos y, por qué no, aprovechar la situación para que se filtre en el congreso alguna reforma relacionada con los costos laborales (eliminación de parafiscales, salario diferencial u otra medida que estimule la contratación a costa de los ingresos de los trabajadores).

En los mercados de bienes y servicios, el problema mayor será la gradualidad. Sectores como la construcción y las cadenas de valor de alimentos y salud reiniciarán labores más rápidamente. Sin embargo, la industria de esparcimiento y turismo lo hará después, probablemente se demore varios meses, en consecuencia, la aviación también arrancará a media máquina.

Ahora, como la economía es un sistema y no una nave dividida en compartimentos estancos, las industrias que comiencen más tarde (conciertos, turismo, eventos deportivos, etc.) ralentizarán a las que comiencen a dinamizarse antes. Si hay pocos vuelos, menos pasajeros y baja ocupación hotelera, entonces, la demanda de alimentos y bebidas disminuye, y así sucesivamente.

La delgadez de la cadena se evidencia en la frágil recuperación del empleo, lo que dibuja un círculo vicioso: la lenta recuperación económica se traduce en poco empleo; y este último trae como consecuencia débil recuperación de la demanda de bienes y servicios lo que, por ende, ralentiza su producción.

 

¿Y el futuro de largo plazo?

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Nada más propicio para un futurólogo que esta nueva realidad. Muy seguramente los padres de la prospectiva francesa dirían: “el futuro no está escrito, es una construcción colectiva”

Después de 60 años de reconocer y afrontar tímidamente una crisis de sostenibilidad que se ha ido agudizando por todo el planeta, la pandemia del Covid-19 nos ha ratificado lo vulnerable que es la humanidad.

¿Cuál es el futuro que nos vamos a construir? El futuro de largo plazo será mejor o peor, todo depende de las lecciones aprendidas y de las decisiones que tomemos después de que culmine la cuarentena.

Realmente el debate apenas comienza, después de que la crisis sea superada -en unos meses cuando nos acostumbremos a convivir con el virus y en un par de años cuando ya se cuente con una vacuna en todo el mundo-, vendrán las propuestas paradigmáticas.

Algunos apelarán a la necesidad de hacer ajustes al modelo existente; tal vez, volver la vista al intervencionismo estatal -un poco de Keynes y algo de socialdemocracia- para menguar la velocidad con la que el neoliberalismo nos estaría llevando hacia un desarrollo “insostenible”.

Otros señalarán la importancia de dar un giro de 180 grados al modelo de producción, intercambio y consumo que ha guiado al planeta en los últimos siglos. Tal vez una nueva sociedad con patrones de comportamiento y valores más asociados a la previsión, la solidaridad y la frugalidad.

Pero, sin lugar a dudas, cualquier propuesta que se presente pondrá sobre la mesa la discusión sobre el papel de las tecnologías avanzadas (transformación digital), particularmente las TIC, en la sociedad post-covid19.

Es claro que si los procesos productivos -incluidas las fases de intercambio y distribución- estuviesen más automatizadas, la pandemia hubiera encerrado a las personas en las casas, pero la economía estaría menos estancada. Entonces, ¿puede el actual paradigma económico lograr la armonía suficiente entre propiedad privada, transformación tecnológica y desarrollo sostenible en lo social y lo ambierntal?

Si el teletrabajo, la robotización de plantas de producción, la educación virtual, los vehículos sin conductores, etc, fuesen la constante, entonces ¿qué características debería tener el modelo de generación y distribución de riqueza para que éste fuese viable? ¿Qué relaciones dialécticas le caracterizarían?

usuarios de internet, celular y redes en 2020

https://wearesocial.com/blog/2020/01/digital-2020-3-8-billion-people-use-social-media

 

 

Prospectiva: las fábricas no manufacturarán productos, harán tareas.

Marzo 8 de 2020.

La División Internacional del Trabajo -DIT- ha moldeado el comercio internacional a lo largo de los siglos. ¿Qué producir y qué importar? La DIT ha respondido siempre esta pregunta para cada país o territorio.

El eurocentrismo característico de la época en la que se origina el capitalismo moldeó un comercio internacional bipolar en el que el Norte se industrializó y el Sur se convirtió en proveedor de materias primas. A Europa se le unieron, con el tiempo, los norteamericanos, los australianos, los canadienses y finalmente los japoneses. Esta DIT dividió al planeta en países industrializados y naciones en vía de desarrollo.

Sin embargo, el volumen del comercio internacional fue creciendo de manera desequilibrada, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX. Son los productos manufacturados los que pasan a ocupar la mayor parte de las exportaciones del planeta:

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores ¿En qué estábamos pensando los colombianos?

Desde mediados del siglo XX se ha evidenciado que la agregación de valor es la principal fuente de riqueza de los exportadores.

 

Esta distribución geográfica de las exportaciones -commodities o manufacturas- fue, por varias décadas, un referente de la distribución mundial de la riqueza. Los países industrializados fueron los dueños del porcentaje más alto del PIB mundial mientras, los exportadores de minería y agricultura, las naciones pobres.

Como consecuencia de dicha estructura geoeconómica y de la DIT, el comercio mundial se concentró en gran medida entre los países industrializados: eran estos los países capaces de elaborar productos con alto valor agregado -vehículos, dispositivos electrónicos, etc.- y los compradores de los mismos son sus mismos ciudadanos con alto poder adquisitivo:

Imagen1Como se puede ver en este mapa de 2003, la mayor parte del comercio mundial se da entre norteamericanos, europeos occidentales y naciones del Este Asiático. Es destacable el alto volumen de comercio entre los mismos países de la Unión Europea, el mayor flujo comercial del planeta. Las naciones de América Latina y África no tienen una participación significativa en el comercio mundial, ni producen con valor agregado, ni tienen capacidad de compra para adquirirlos. En el caso de Asia, el poder adquisito de los japoneses es elevado, al igual que su capacidad de manufacturación. Sin embargo, la alta participación del Este Asiático tiene nuevas explicaciones…

La DIT no ha dejado de profundizarse, la evolución de la Ciencia, Tecnología e Innovación -C+T+I+i- hace que la especialización tome rumbos nuevos, tanto en la producción de las mercancías, como en la distribución de la riqueza.

La necesidad de innovar para agregar valor a las mercancías y a los servicios coloca en la cúspide del comercio mundial a aquellos territorios y empresas con mayor capacidad de investigar y adaptar tecnológicamente los desarrollos de la ciencia. Por lo tanto, una empresa exitosa es ante todo innovadora; del mismo modo que tiene una participación en los mercados globales (directa o indirectamente).

economias de escala globalesLa participación en los mercados globales es una estrategia necesaria para competir en la economía presente y venidera: la constante innovación reclama retornos suficientes y rápidos para financiar las áreas y procesos de I+D+i. Las economías de escala son claves en el éxito de una empresa o territorio en el comercio mundial.

Esta simbiosis entre innovación y economías de escala conlleva la profundización de la especialización. Bienes y servicios cada vez más complejos y diversos, distribuidos a lo largo y ancho del planeta no pueden ser elaborados en una factoría única, incluso, en un mismo territorio. En este nuevo nivel de desarrollo de la DIT aparecen las economías emergentes, países que avanzan en ciencia y tecnología, logros que aunados a mano de obra cualificada y barata les permiten integrarse a las Cadenas Globales de Valor. Hablamos especialmente de naciones del Este y del Sudeste Asiático, además de México, Sudáfrica, Brasil, Chile, Turquía, principalmente.

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Casi la mitad de las exportaciones que van de la Unión Europea y de Estados Unidos hacia el Este Asiático son partes, diseños y componentes que se integran en esta región para convertirse en productos finales.

De la elaboración de partes y subproductos hemos pasado al desarrollo de microcomponentes, software y diseños. Ahora la especialización se basa en nanotecnología, biotecnología, genética, microbilogía, química, entre otros. Los proveedores no sólo aportan componentes materiales, algunos son innovadores dueños de patentes que derivan en licencias sin las cuales los productos finales no adquirian las cualidades por las cuales los clientes adquieren los productos.

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Como resultado de esta complejidad tecnológica ha emergido una nueva tendencia prospectiva: las empresas han pasado de ser productoras de mercancías a desarrolladores de tareas en cadenas globales de valor. O sea, un producto final es el fruto del trabajo integrado de diversas factorías (sean estas de la misma firma o no -sucursales o outsourcing-). Así, por ejemplo, un Iphone es diseñado en California, Estados Unidos, siendo de propiedad de la empresa Apple, sin embargo, sus componentes y microcomponentes son elaborados en diversos países y ensamblados en China, país desde el cual se distribuyen hacia los mercados finales. De ahí que la aduana pueda señalar que éste es un producto “made in China“. ¿Pero realmente lo es? -ver gráfico-:

cadena global de valor del IphoneEl Iphone tiene compontes de fabricantes de diferentes países, incluso, de empresas que compiten con Apple en el mercado de telefonía y dispositivos móviles. 

En consecuencia, las Cadenas Globales de Valor son la integración consciente de factorías de todo el planeta -pertenecientes o no a la misma firma-, la cual se da para generar riqueza a través de una economías de escala entre territorios y fábricas altamente especializadas. Cada factoría hace una tarea, no un producto. Por lo tanto, estamos hablando de un Comercio Mundial de Tareas.

Según el BID “Los servicios globales de exportación son fruto de un modelo de negocios caracterizado por trasladar una actividad y/o proceso interno de una empresa al exterior, ya sea mediante la subcontratación de un proveedor en el extranjero (outsourcing) o el traspaso de dicha actividad y/o proceso a una subsidiaria de la propia empresa en el exterior (offshoring).”

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

En síntesis, el futuro de la División Internacional del Trabajo es el de la integración del mundo como una gran fábrica planetaria. Cada empresario deberá comenzar a mirar a los demás fabricantes a la vez como competidores y como colaboradores. Hablar de coo-petencia adquiere sentido en este nuevo modelo de la economía mundial. Los estrategas de las empresas deberán desarrollar acciones concretas para que los demás integrantes de su cadena de valor compartan propósitos e información. La competitividad de mi producto depende de la gestión que haga cada uno de los eslabones y de la integración de los mismos en la Cadena de Valor.

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