Trump desata guerras comerciales: ¡crisis del Neoliberalismo Global!

Giovanny Cardona Montoya

Julio 8 de 2018.

Desde finales de la década de 1980, el liberalismo comercial se abrió camino como modelo de desarrollo económico. Después de décadas de proteccionismo keynesiano, las aperturas comerciales y las negociaciones de Tratados de Libre Comercio -TLC- se masificaron por todo el planeta. La consecuencia de esta nueva dinámica es la relajación de barreras no arancelarias y la reducción de aranceles, particularmente en el tráfico mundial de mercancías manufacturadas. Los colombianos podemos recordar cómo antes de 1991, la importación de vehículos estaba gravada con aranceles del 300% y unos años después la tasa de aduanera bajó al 35%.

Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el espíritu del libre comercio mundial queda en entredicho. Los primeros afectados con la medida fueron los Megatratados Comerciales, diseñados para liberalizar el comercio entre la Unión Europea, Norteamérica y el Este Asiático. Estados unidos renunció a pertenecer al TPP, tratado que involucra naciones del Pacífico Asiático, de Oceanía y América; luego vino la renegociación del NAFTA -Tratado de Librecomercio de Norteamérica-, provocando incertidumbre entre los inversionistas con respecto al mercado mexicano.

Como un paréntesis a este artículo es menester señalar que el nuevo gobierno norteamericano evidencia un claro desdén no sólo por el libre comercio, sino, más allá, por el Sistema Multilateral de Cooperación: la potencia norteamericana anuncia su retiro del  Acuerdo Climático de París, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de la UNESCO.

TLC de Estados Unidos

Trump contra el Multilateralismo Comercial del Sistema GATT – OMC.

La crisis del libre comercio también toma visos multilaterales. Si bien Estados Unidos primero denunció los TLC con sus vecinos de Norteamérica y el TPP, en este 2018 ha desatado guerras comerciales que involucran a la Unión Europea y a China. ¿Por qué estas guerras comerciales tienen una dimensión multilateral? Para ello vamos a dar algunas explicaciones básicas:

El Sistema GATT surgió en 1947 y dos de sus propósitos fundamentales fueron, evitar las guerras comerciales entre países -imperios para la época- y que el comercio mundial se mantuviera dividido en bloques separados entre sí. Para ello se establecieron unos principios al Comercio Multilateral, los cuales fueron heredados por la OMC desde 1994:

1. El primer principio del GATT es el de Comercio Sin Discriminación, basado en la cláusula de la Nación Más Favorecida -NMF-; la cual significa que si un país miembro de la OMC ofrece una ventaja comercial a otro país, todos los demás países se benefician de la misma. O sea, que todos los estados signatarios son tratados con las mismas barreras.

4. El segundo principio del sistema GATT-OMC es el de la Transparencia y Previsibilidad, el cual consiste en que los países reportan a la OMC sus aranceles consolidados, esto es, sus “techos”. Por lo tanto, cualquier empresario de los países miembros del Sistema Multilateral no sólo conoce los aranceles presentes sino que puede prever el peor escenario en caso de que una nación en particular decidiera incrementar sus barreras al comercio.

Lo que hace el gobierno de Estados Unidos en la actualidad es renunciar a todos los escenarios de negociación, particularmente al de la OMC, y actuar de manera unilateral contra aquellos países que, en su concepto, son los responsables de su crónico déficit comercial: México, las naciones de la Unión Europea -especialmente Alemania-, y China.

Las guerras comerciales han iniciado. Primero, Estados Unidos elevó las barreras a productos de alta tecnología China y siguió con el alza en los aranceles de acero y aluminio, lo que afecta directamente a Canadá, México y la Unión Europea. Los europeos responden con barreras al whisky americano (bourbon), a las motos harley davidson y a los jeans (directo en el corazón de la cultura norteamericana).

Como consecuencia, China y la Unión Europea demandan a Estados Unidos ante la OMC por violación a los principios del Acuerdo Multilateral.

El déficit de Estados Unidos con respecto a la potencia asiática supera los USD 300 mil millones (datos de 2017), el superávit mexicano supera los USD 70 mil millones (datos de 2017). Con Alemania también existe un déficit abultado y la potencia europea se ha convertido en la nación con el mayor superávit comercial del planeta (datos de 2017).

balanza comercial de Estados Unidos¿Qué hay detrás de estas guerras comerciales desatadas?.

Aunque parezca que Donald Trump es un “desadaptado” del multilateralismo, la realidad, como frecuentemente sucede, es que existe una dinámica objetiva que arrastra al país norteamericano hacia una crisis de competitividad global, la cual se ha venido agudizando a lo largo de varias décadas. El déficit comercial de Estados Unidos es crónico desde la guerra de Vietnam.

La transnacionalización de las inversiones -por la naturaleza internacional del capital- ha llevado a grandes firmas norteamericanas a trasladar sus procesos productivos a otras naciones: en los años 60s a Japón, en los 70s a Corea y Taiwán y luego a China, México y otros mercados emergentes que ofrecen ciertas ventajas para las empresas extranjeras: bajos impuestos, mano de obra abundante y barata, recursos naturales, etc.

En consecuencia, se viene tipificando una contradicción entre los intereses de los Estados Unidos como nación y los de las empresas norteamericanas que invierten en otras regiones para elevar la competitividad de sus productos y servicios. El déficit comercial que Estados Unidos viene acumulando se explica en gran medida porque las marcas más prestigiosas de ese país han trasladado eslabones importantes de sus cadenas de producción a otros países, desde donde, posteriormente, se importan a E-U.

cadena global de valor, avion

En consecuencia, la debilitada participación del territorio estadounidense en las denominadas Cadenas Globales de Valor puede tener dos explicaciones (complementarias). De un lado está el hecho que países como China o Alemania no aplican políticas expansionistas que estimulen la demanda desde sus mercados internos (incremento del gasto público, de salarios y/o revaluación cambiaria); del otro, el aparato productivo norteamericano ha debilitado su capacidad productiva: sistema educativo, investigación científica y tecnológica. O sea, producir en Estados Unidos es “relativamente más costoso o menos eficiente” por voluntad de los países competidores y del mismo gobierno nacional.

En otras palabras, las guerras comerciales puede que logren una renegociación entre potencias, obligando a que la Unión Europea, China y México hagan algunos ajustes para cambiar los números del comercio bilateral en favor de Estados Unidos. Sin embargo, el problema de fondo no estará resuelto: la competitividad del territorio norteamericano requiere de decisiones estructurales de largo plazo, relacionadas con talento humano, infraestructura y políticas fiscales, principalmente.

Adicionalmente, la política exterior de Estados Unidos (particularmente este unilateralismo en lo comercial) se convierte en un obstáculo mayor para el desarrollo de la Organización Mundial de Comercio. La OMC ya se encontraba en crisis y estas guerras comerciales agudizan su situación. El organismo multilateral ha perdido su capacidad de operar como “Escenario de Negociaciones Mundiales de Comercio“. La firma masiva de TLC y estas guerras comerciales dejan a la OMC en una situación crítica: ¿para qué sirve?

Integrantes OMC

En lugar de conclusiones:

Colombia no tiene una política de comercio exterior clara: participa en la OMC, tiene acuerdos comerciales con los vecinos de la región ( CAN, Mercosur y G2) y ha firmado TLC con otras regiones (Estados Unidos, Unión Europea, Corea, entre otros). Sin embargo, el comercio exterior de este país tiene cada vez menos agregación de valor, se depende cada vez más de las exportaciones minero-energéticas y se debilita al agro y a la industria manufacturera.

¿Por qué no adoptar una política comercial asociada a otra de competitividad sectorial? ¿Por qué no elegir ciertas industrias estratégicas y aplicar políticas de fomento y comerciales para estimular su desarrollo a través de un proteccionismo selectivo y de decisiones concretas para elevar la productividad, la innovación y su participación en los mercados?

La discutible posición de Estados Unidos con respecto a sus socios comerciales debería ser estudiada con más cuidado. No se trata de defender el libre comercio a ultranza. Se trata de desarrollar una política comercial coherente con las políticas de desarrollo.

Colombia tiene un gran potencial para ser un jugador en mercados mundiales de ciertos bienes y servicios -turismo, confecciones, servicios de salud, agroindustria, industrias derivadas de la biodiversidad, entre otros-. Para desarrollar estos sectores hay que pensar en políticas comerciales de largo plazo, aunadas a decisiones en materia fiscal, de I+D+i, educación, infraestructura y desarrollo del mercado laboral.

 

¿Cómo financiar la ampliación de cobertura universitaria?

Colombia cuenta con un Sistema de Educación Superior en el que conviven instituciones públicas y privadas, pero sus mecanismos de financiación son profundamente diferenciados. En este contexto, la educación en Colombia enfrenta dos retos significativos: la ampliación de cobertura y el fortalecimiento de su calidad. Ambos retos comparten un denominador común: se requieren altas inversiones.

La educación es un servicio público ofertado por IES públicas y privadas.

El Artículo 67 de la Constitución Política de Colombia señala que “La educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social.” Dicha función la presta el Estado a través de instituciones financiadas con recursos públicos (universidades públicas) y de otras que deben tener la capacidad de autofinanciación (privadas).

A pesar de que se entiende que son dos tipos diferentes de instituciones, lo más relevante es que ambas deben cumplir la misma función social: ofrecer una educación pertinente y de calidad. La existencia de IES públicas y privadas es el camino elegido para alcanzar la cobertura requerida.

Sin embargo, las autoridades gubernamentales no manejan el mismo tipo de relaciones con las IES públicas que con las privadas. En materia de financiación, sólo las IES públicas reciben recursos del Estado, en cambio las privadas deben autofinanciarse. Esta distribución de recursos se fundamenta en la tesis de que el sistema es mixto y que las entidades privadas nacen bajo la lógica de la autosuficiencia. Hasta ahí tenemos coherencia.

enseñando en el bosque

Financiación de la Educación Superior.

Sin embargo, la ampliación de cobertura (hoy la mayoría de los adultos no tiene un título de educación superior) y los retos de elevar la calidad (más investigación, más publicaciones, más PhD, más proyectos sociales, etc.) exigen inversiones importantes y crecientes.

Tal vez algunos piensan que los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 van a la universidad pública, mientras los estratos altos estudian en la privada. Pero la realidad no es tan lineal. A lo largo de las últimas décadas las IES públicas y privadas se reparten casi por mitades la población de estudiantes. En la década de 1990, las privadas educaban al 55% de los estudiantes y las públicas al 45%. En la actualidad estos datos están invertidos.

Sin embargo, la población colombiana, estratificada en seis grupos -del estrato 1 al estrato 6- no se distribuye de manera homogenea en los seis segmentos. Así, por ejemplo, en Bogotá, 50% de los habitantes se clasifican en los estratos 1 y 2; y si agregamos el estrato 3, entonces encontramos que el 85% de los bogotanos se hallan en los tres estratos más bajos. Con datos del DANE se puede indicar que a nivel nacional, los estratos 4, 5 y 6 no representan siquiera el 10% de la población.

En consecuencia, es claro que la Universidad Pública, la cual puede ofrecer educación gratuita -subsidiada con recursos del Estado- sólo alberga a la mitad de la población; pero, en principio, dicho servicio es requerido por casi el 90% de los colombianos. En consecuencia, un porcentaje importante de jóvenes de estratos 2 y 3 no estudian en las IES públicas, sino en las privadas.

Por lo tanto, las IES privadas no se pueden analizar como un grupo monolítico de cláustros educativos de élite, ya que, es evidente que un grupo importante de ellas ofrece una educación de bajo costo, a la cual acceden colombianos de los estratos 2 y 3. De otro lado, la población del estrato 1 no tiene condiciones mínimas para llegar a la educación superior: ausencia de ingresos y no culmina la educació media.

En lo que respecta a los jóvenes de estrato 5 y 6, éstos tienen una alta cobertura educativa. Aunque la mayoría van a universidade privadas acreditadas, algunos van a la pública -por su alta calidad-. De hecho, los prospectos universitarios de estratos altos egresan de colegios con excelentes recursos para sus procesos formativos (bilingues, tecnologías, etc.), lo que les permite superar procesos exigentes de selección.

Este último dato no es de menor relevancia, ya que, muchos de los estudiantes que ingresan a la educación pública, a las privadas de mediano y bajo costo, lo mismo que a la educación técnica y tecnológica, vienen de colegios de menor calidad -menores resultados en las pruebas SABER 11, por ejemplo-, lo que incrementa el reto de las IES que los reciben para asegurar un egresado idóneo.

La Universidad Privada tiene la tarea de ofrecer un Servicio Público pero con financiación mediada por el mercado.

La decisión estatal de delegar en la Universidad Privada el cumplimiento de una función pública conlleva repensar el sistema de financiación educativa. Además de la necesidad de ampliar la cobertura, los estándares de calidad existentes establecen la necesidad de que las IES inviertan en tecnología, formación de sus docentes, publicaciones, entre otros. Si no se repiensa el sistema de financiación, una gran parte de la población no podrá estudiar, ya que, las IES privadas en la actualidad sólo pueden asegurar su sostenibilidad a través del cobro de matrículas y las públicas no tienen suficientes “sillas” para la ampliación de cobertura requerida.

En los últimos años el país implementó el programa “Ser Pilo Paga”, el cual asegura la financiación de educación de alta calidad para estudiantes de bajos recursos con excelentes resultados académicos en la educación media (colegios). Sin embargo, el alto costo de una educación de calidad en universidades privadas acreditadas hace que dicha apuesta sólo tenga un “efecto demostración”, ya que, su impacto en términos población nacional es relativamente pequeño. La consecuencia ha sido una transferencia de fondos públicos a un pequeño grupo de universidades privadas que han alcanzado la acreditación institucional. Mientras en las IES hay cerca de 2 millones de jóvenes estudiando, sólo 40 mil gozan del beneficio de Ser Pilo Paga.

El reto es otro: ¿cómo financiar la universalización de la educación superior aprovechando la capacidad instalada de todas las IES, tanto públicas como privadas.

Si bien todas las universidades buscan fuentes alternativas de financiación, como por ejemplo a través de la oferta de servicios a empresas, la realidad es que la matrícula es la principal fuente de ingresos de casi todas las IES privadas. En consecuencia, para ampliar la cobertura y garantizar la calidad educativa, el Estado tendrá que repensar su relación con las IES privadas, ya que, tal y como se ha señalado, éstas tienen la capacidad de absorver más o menos el 50% de la demanda de educación superior.

Frente a esta realidad, hay que tener en cuenta las siguientes dos premisas:

la ampliación de cobertura no podrá ser financiada con ingresos de los ciudadanos. La actual baja cobertura se explica en parte por la falta de ingresos de las familias.

si el valor de las matrículas, por ley. sólo debe crecer a un ritmo cercano al IPC, entonces, es claro que las inversiones para elevar la calidad deben financiarse con recursos diferentes.

Estas dos premisas, aunadas al hecho que las IES privadas serán actores fundamentales para la ampliación de cobertura, y que la población autosuficiente para financiar sus estudios (estratos 4, 5 y 6) sólo representa el 10% del total, indican que se hace necesario establecer un mecanismo para transferir recursos a las IES privadas.

¿Qué ideas se pueden analizar para replantear la relación entre las IES privadas y los recursos públicos para el fomento de la educación?

establecer un costo promedio de las profesiones (por regiones, por ejemplo) y sobre esa base hacer transferencia para que las IES privadas reciban estudiantes de estratos 1, 2 y 3. O sea, a diferencia de Ser Pilo Paga, en este caso no se pagará el valor pleno de las matrículas de las IES privadas más costosas, sino un valor medio. Así habrá una mayor cobertura de estudiantes beneficiados. Las IES más costosas pueden decidir si aceptan o no a los prospectos, pero eligiendo a los mejores mantendrían el beneficio de recibir a “los más pilos” lo que incide positivamente en sus resultados de las pruebas SABER PRO.

utilizar indicadores de desempeño en las pruebas SABER PRO de los estudiantes beneficiados con subsidios, y la acreditación de alta calidad de los programas, para ofrecer futuras transferencias a IES privadas. Así, la ampliación de cobertura también se mide con calidad.

ofrecer créditos blandos para que IES privadas inviertan en cualificación de docentes -maestrías y doctorados-, dotación tecnológica, desarrollo de investigaciones, entre otros. O sea, subsidiar la calidad para que más IES puedan ofrecer la educación pertinente.

cobrar un porcentaje del subsidio a los estudiantes beneficiados, pero con programas flexibles y de largo plazo, de acuerdo al desempeño laboral de aquellos cuando egresen.

 

 

Los TLC no tienen la culpa, pero tampoco son la solución.

Hoy voy a explicar de una manera muy didáctica un tema que se ha venido manejando de una manera “simplista”, conllevando un desconocimiento del problema de la desindustrialización de la economía colombiana y una ola de pueriles ilusiones sobre lo que los TLC harán por nuestra economía.

Para empezar debo señalar que no son los TLC los culpables de que nuestra economía se esté volviendo cada vez más dependiente de la minería, con especial apego a los recursos energéticos no renovables (petróleo, gas y carbón). No, la desindustrialización comenzó hace ya casi 30 años cuando el país abandonó el proteccionismo, una década antes de que se firmaran los primeros TLC con naciones no latinoamericanas. O sea, que los TLC no son la raíz del problema.

El modelo de Apertura Económica que se inició en el gobierno Barco -1986-1990- y que se afianzó en el cuatrenio de César Gaviria, abrió las puertas a la competencia externa. Se esperaba que las empresas colombianas se vieran obligadas a competir y, así, se modernizaran. Eso no sucedió. El país encontró petróleo, tenía una gran mina de carbón y los mercados internacionales se vieron interesados en nuestro subsuelo. En consecuencia, especialmente desde finales de los noventa, el precio del dólar cayó y nuestra economía se hundió en una cierta “Enfermedad Holandesa”, o sea, nos volvimos dependientes de una relativa “bonanza de dólares” que encarecieron nuestros productos en comparación con los de otros países. En otras palabras, la revaluación del peso (dólar barato hasta 2014) nos hizo importadores de todo tipo de bienes y servicios.

Así que, por cerca de tres lustros la clase media colombiana vivió feliz accediendo a lo más moderno de la economía mundial (marcas de carros, viajes, diferentes electrodomésticos y dispositivos de comunicación, ropa, calzado, etc.) pero todo importado. Dejamos de comer, vestirnos o andar en productos “made in Colombia“.

Políticas económicas financiadas con los petrodólares del crudo del Sur del país, centradas en estimular el comercio, la banca, los servicios y la construcción, fueron destruyendo gradualmente a nuestros frágiles, industria manufacturera y sector agropecuario. Con un dólar tan barato para qué sembrar, para qué manufacturar: importemos, pensarían algunos.

Pero no somos Arabia Saudita, ni Venezuela; no tenemos petróleo para 100 años.

petroleo en el mar

Sólo la caída de los precios de los combustibles a mediados de 2014 despertó del letargo a algunas personas. Los ingresos por balanza comercial cayeron hasta 25% en un año, las rentas del Estado se redujeron y la inversión estranjera se hundió por casi dos años.

En síntesis, durante tres decenios hemos abierto las puertas de nuestra economía a la competencia extranjera (reducción sustancial de aranceles y demás barreras aduaneras) y hemos acompañado dicha apertura de una política monetaria que desestimula la producción nacional de bienes transables. En consecuencia, los capitales se han movido hacia la banca, el comercio y la construcción. El ya de por sí deprimido agro (consecuencia de medio siglo de guerra civil) se abandonó y las fábricas fueron cerrando o migraron a países más atractivos. Las factorías que continúan en el país, agregan cada vez menos valor a sus productos, los cuales están llenos de componentes importados.

Al mismo tiempo, a nivel mundial, fruto del desarrollo científico-tecnológico, la transnacionalización de la producción daba saltos agigantados. Las Cadenas Globales de Valor se consolidaron, convirtiendo a las factorías en actores de un Comercio Mundial de Tareas, ya que, por la profundización de la especialización en los procesos productivos “ninguna fábrica elabora un producto completo“. Cada mercancía que compramos es fruto del trabajo de una decena o más de empresas desplegadas por todo el planeta. Y, entonces, para poder movilizar bienes intermedios y componentes hasta que lleguen a China, México o Turquía para que sean ensamblados de manera definitiva, se hace necesario eliminar las barreras aduaneras:

¡he ahí la verdadera razón que dio origen al enjambre de TLC que recorre el planeta!

El creciente y sólido comercio mundial se da entre países industrializados y nuevos emergentes, es un comercio de bienes manufacturados con alto valor agregado. Ahí no está Colombia.

Los TLC no nacieron para integrar las economías de los países, como se predica en las teorías de Bela Balassa o de Jacob Viner. No, la integración económica nació mucho antes. Nació con el bloque europeo, con la ALALC-ALADI en nuestro continente, o con la ASEAN en el Sudeste Asiático. Los TLC interregionales son el “hijo malcriado”, las “ovejas negras” de la integración económica.

La integración económica es una teoría muy interesante que fundamenta la conexión de dos o más economías nacionales con el fin de fortalecer los aparatos productivos de los países que se integran. Eso no pasa con los TLC. Los TLC son acuerdos comerciales para liberalizar el comercio en beneficio de las Cadenas Globales de Valor.

¿Eso es malo? No, no es malo. Lo malo es firmar TLC y a la vez aplicar políticas desindustrializadoras. Los TLC les sirven a los países que invierten en educación, salud, investigación, desarrollo tecnológico e infraestructura; y que estimulan a los sectores transables (industria manufacturera y sector agropecuario) para que con innovación y valor agregado se puedan articular eficientemente a las Cadenas Globales de Valor.

comercio mundial 2016

En conclusión, Colombia no desvió el camino por firmar TLC con Estados Unidos, Unión Europea, Japón y Corea. No, Colombia se descarrió el día que abandonó a los incipientes sectores, manufacturero y agropecuario. Si no eran competitivos, porque realmente no lo eran, la solución no era abandonarlos. Mientras el país no tenga una verdadera política de cobertura universal de educación con calidad; unas claras estrategias de CTI+i, y mientras no defina unos sectores estratégicos transables -que no sean petróleo y carbón-, los TLC seguirán siendo cantos a la bandera que no incrementarán nuestra presencia en los mercados globales.

Hoy, seis años después de haber entrado en vigencia el TLC entre Colombia y Estados Unidos, sigue siendo el petróleo, de lejos, el producto más demandado por los norteamericanos. Entonces ¿para qué firmamos ese TLC?

 

Colombia tiene un sistema económico insostenible.

No importa quien gane las próximas elecciones presidenciales en Colombia, cualquier propuesta que apueste por la continuación del actual modelo económico será un error. Para sustentar esta afirmación voy a apoyarme en dos premisas: i) los logros en términos de bienestar son precarios y ii) el aparato productivo es cada vez menos competitivo.

i) La distribución de la riqueza y las oportunidades de bienestar no mejoran. Todo lo contrario.

Colombia tiene antecedentes estadísticos de una mala distribución de la riqueza, y las cosas no se ven mejorar. Según Cepal, en 2017, el 1% de la población concentró el 20% de los ingresos.Este comportamiento se traduce en que Colombia termina el año teniendo la segunda peor distribución del ingreso en América Latina.

Más grave aún, nuestro modelo económico, neoliberal y aperturista, se congracia con el que reina en el planeta. Y a lo largo y ancho del planeta el tema no es menos serio: según el informe OXFAM para el Foro Económico de Davos, el 82% de la riqueza generada en 2017 fue a parar a los bolsillos del 1% de la población del planeta. Adicionalmente,  el 50% de la población mundial (3.5 mil millones de personas) no recibió nada del incremento de la riqueza producida en 2017.

Tal vez el dato de la distribución de la riqueza pueda sonar frío, una estadística que no refleja la cotidianidad de las personas, pero no es así. La cotidianidad de Colombia muestra señales claras de inequidad en la distribución del bienestar:

– mientras en América Latina muchas naciones -México, Chile, Perú, Ecuador- han logrado colocar sus tasas de desempleo alrededor del 5%, Colombia no logra alejarlo del 10% -en sus mejores años-; y ello con una menor remuneración promedio. Adicionalmente, aunque las mujeres ya representan más del 50% de la Población Económicamente Activa de América Latina, su tasa de desocupación es 20% más alta que la de los hombres.

. aunque menos del 10% de los trabajadores que tienen empleo ganan sólo un salario mínimo (menos de 2 millones de personas), la otra cara de la moneda la representan 11 millones de colombianos que viven de la economía informal, quienes no alcanzan siquiera  la mínima remuneración legal. En otras palabras, más del 40% de la población económicamente activa gana un salario mínimo, menos que esto o está desempleada.

– Aunque el 97% de los colombianos goza de atención médica, más de la mitad de la población es atendida a través del régimen subsidiado (mal llamado SISBEN), mientras que sólo el 44% lo hacen a través del régimen contributivo. En otras palabras, no es el empleo, sino los recursos del Estado, los que financian la atención médica de la mayoría de los colombianos.

– De 22 millones de asalariados, sólo 7.8 millones están cotizando para pensión. Este dato no requiere mayor análisis, a pesar de que hay otros datos que detonan una pésima distribución: muchos colombianos aspirando a una pensión de salario mínimo, mientras congresistas y magistrados pretenden alcanzar pensiones  superiores a 20 salarios mínimos.

niño con computador y abuela en el campo

ii). Un aparato productivo que no hace viable una mejor distribución de la riqueza.

Las economías que mejor distribución de riqueza tienen, también son economías altamente competitivas. Se trata de países con diversificación de la producción, con población cualificada, con inversiones en ciencia, tecnología e innovación y con una participación cualificada en las cadenas globales de valor. Y eso no es lo que sucede en Colombia.

Colombia es un país de un crecimiento económico menguado a lo largo de la última década, adicionalmente, dicho crecimiento está fuertemente apalancado en la industria extractiva -minería y canteras-, en la construcción y en sectores de la economía terciaria como el comercio y la banca. En cambio, sectores claves para la generación de empleo sostenible y bien remunerado, como la industria manufacturera y el agro, tienden a permanecer en bajas tasas de crecimiento o recesivos.

De hecho, la alta dependencia que tiene la economía colombiana de las exportaciones mineras, explica en gran medida la desaceleración de la economía desde el año 2014. Y aunque pareciera que la crisis de los precios del petróleo -2014-2016- podría haberse convertido en una oportunidad para los manufactureros, la verdad es que dichos efectos no se vieron. Un país que se ha venido desindustrializando en los últimos cinco lustros no puede diversificar sus exportaciones en el corto plazo.

DATOS PARA EL BLOG

A modo de conclusión: Colombia necesita repensar seriamente su modelo económico. El actual modelo no sólo no logra elevar los niveles de bienestar, eliminar la pobreza y reducir la brecha de distribución de la riqueza, sino que, adicionalmente, no es sostenible en el largo plazo. Para mantener y mejorar los niveles de cobertura en servicios sociales y capacidad de compra de la población, es necesario incrementar el empleo formal y mejorar sus niveles de remuneración. Pero esto no va a suceder en una economía desindustrializada, cuyas exportaciones dependen de la minería; y que finca sus mayores posibilidades de empleo en la construcción y en los servicios, estos últimos con altos niveles de informalidad.

 

 

 

 

Elecciones presidenciales en la Sociedad del des-Conocimiento.

Giovanny Cardona Montoya

Marzo 31 de 2018.

 

El presente proceso electoral colombiano no sólo es importante por el momento histórico en el que se desarrolla -después de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC-, sino porque parece ser el proceso político más influenciado por las llamadas redes sociales.

Sin embargo, a pesar de que las redes sociales son una manifestación de la denominada Sociedad del Conocimiento, la realidad es que su rol en los procesos electorales de diferentes latitudes (la colombiana no es la excepción), parece estar más vinculado al caos mediático y a la desinformación que a las dinámicas de una sociedad del siglo XXI.

Ahora, culpar a las redes sociales de la desinformación y la confusión de los electores es simplificar el fenómeno; hay un conjunto de factores que se entrelazan y que están debilitando a la frágil democracia colombiana.

1. ¿Cuál es el aporte de las encuestas?

Se ha vuelto lugar común oir a periodistas decir “los ciudadanos tienen derecho a la información“. Con ese estribillo los noticieros y los periódicos nos informan diariamente sobre conductores ebrios, maridos infieles, intimidades de personajes públicos y de muchos Juan Nadie -parodiando la clásica película de Capra-. Más que preguntarme si tenemos derecho, me surge la pregunta de si necesitamos estar informados acerca de tantos asuntos banales como aquellos que ocupan una gran franja de los noticieros.

Bueno, algo parecido me sucede con las encuestas electorales en la actualidad. Pero no me refiero a que sean banales, sino a la verdadera utilidad que pueden tener para los electores. De hecho, la primera pregunta que me hago, y no la voy a responder, es: ¿por qué cómo elector me es útil saber la preferencia de todos los demás ciudadanos? Si voy a votar por aquél que considero el mejor candidado ¿para qué me es útil conocer la intención de voto de los demás colombianos?

Pero bueno, por un minuto renuncio a mi pregunta y asumo que saber cómo van a votar los compatriotas, es un bien público. Ahora, en teoría, una encuesta es un instrumento fiable, riguroso, basado en la ciencia estadística, que permite predecir -con un pequeño márgen de error- el comportamiento que tendrá la población el dia de las elecciones, a partir de la consulta previa que se hace a una muestra representativa de ella.

Sin embargo, las encuestas pueden ser manipuladas: un encuestador interesado puede sesgar la muestra privilegiando electores de cierta ubicación geográfica, de algún estrato socio-económico, de cierto género, de cierto rango de edad, etc. O sea, para que una encuesta pueda cumplir su tarea de ser un bien público, sería necesario garantizar que las firmas encuestadoras y sus clientes tengan un genuino interés por saber la verdad, no por acomodarla. Entonces, me hago otra pregunta ¿la normatividad que regula las encuestas tiene suficiente rigor para que las encuestas den “luces” y no “tinieblas” a los electores?

Ahora, ya no se trata solamente de cuestionar las encuestas en sí mismas, sino lo que está sucediendo con ellas en los últimos años. La historia del Brexit, el referendo por la paz en Colombia y la elección de Donald Trump, son fenómenos que encendieron alarmas sobre la fiabilidad de las encuestas. Yo añadiría a ese fenómeno lo que está sucediendo en Colombia en el actual proceso electoral: en el transcurso de semanas -de pocas semanas, para ser más exactos-, se han dado cambios abruptos en la supuesta decisión de voto de los electores colombianos.

Este fenómeno puede tener dos explicaciones que se me ocurren: la primera, que se relaciona con las encuestas, es que éstas se hallan manipuladas intencionalmente; la segunda es que tenemos un elector inmaduro, sumamente manipulable por la información que ofrecen los medios de comunicación y las redes sociales.

Veamos la segunda hipótesis.

2. Información y desinformación en las redes sociales.

facebook en la mirada

El artículo de hoy lo centramos en la llamada Sociedad del Conocimiento. Asumimos que la base de la producción de bienes y servicios ya no es la dotación de recursos, sino el conocimiento: el nuevo factor de producción. Y la base de este fenómeno es que ya podemos acceder a la información sin barreras. La información está ahí, 7/24, para todos -para casi todos, o sea, para las personas con una educación mínima y acceso a un computador en red o a un smart phone-. Incluso, ya no sólo podemos acceder a la información, sino que podemos ser autores, ser generadores de información para todo el planeta.

Pero en ese avance es que nace el debilitamiento de nuestra precaria democracia. Por las redes fluyen verdades pero también mentiras, muchas mentiras: mentiras piadosas, verdades a media y mentiras escritas con tinta de veneno de serpiente. Todo tipo de mentiras.

Tenemos tanta información de mala calidad (no confiable) que estamos en el peor de los mundos: antes el ignorante sabía que era ignorante, ahora cree tener la verdad revelada.

Pero las noticias falsas y la manipulación de datos en redes sociales no sólo es un tema de fanáticos o de algunos políticos malintencionados. Ya se sabe que estamos hablando de un gran negocio: todo indica que se han utilizado o creado empresas para manipular datos e información en redes para influir en el resultado de las elecciones en Estados Unidos. Hoy hay certezas sobre Cambridge Analytica, de la cual se especula, también podría influir en las elecciones colombianas.

red social escena de crimen

3. La educación puede, de manera efectiva, fortalecer la democracia.

El problema que venimos analizando parece estar centrado en las fuentes que generan la información: noticieros que se pelean el ranking y que responden a los intereses de las empresas que pautan y a sus accionistas; encuestas de dudosa fiabilidad y redes sociales llenas de información que se publica sin ningún filtro de calidad pero que al volverse viral deja de ser cuestionable: una mentira se repite tantas veces que muta en verdad.

Así que si las fuentes responden a intereses creados o no tienen filtros suficientes para dar fe de la veracidad de la información que se publica, entonces, la democracia sólo se podrá fortalecer si el elector madura en su pensamiento autónomo y crítico. Pero, para eso, necesitamos que los colombianos estudien.

Según el Ministerio de Educación Nacional, en Colombia menos del 50% de los bachilleres entran a la educación superior (técnica profesional, tecnológica o universitaria). Adicionalmente, de cada 10 estudiantes matriculados en la educación superior menos de la mitad se graduan.  En aritmética simple, más o menos 25% de los bachilleres terminan una carrera. Ahora, si incluimos los jóvenes que entran al colegio y no se graduan de bachilleres, además de los niños que terminan la primaria y no ingresan a la secundaria, entonces el panorama se hace más desolador. Más grave aún, según el MEN, en Colombia tasa de analfabetismo (no saber leer y escribir) es 5,8% (casi 2 millones de habitantes).

Y aún no hablamos de la calidad de la educación, sólo reconocemos que el problema inicial es la falta de cobertura.

enseñando en el bosque

Reflexión final:

Qué hayan elecciones y participen candidatos no es suficiente para hablar de democracia (o democracia sólida si es que a la democracria se le puede gradar). No es democracia elegir a ciegas y hoy hay tanta falsa información que no sólo estamos ciegos, sino que nuestros lazarillos nos guían hacia el abismo mientras les aplaudimos.