En septiembre se cumplen tres años del Solar del Águila, la casa cultural del Águila Descalza, la compañía de teatro más querida y reconocida de la ciudad.
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Ubicado en la cuadra contigua al Teatro Prado, la tradicional sede del Águila, el Solar es un pequeño paraíso natural y cultural en pleno centro de Medellín.
El espacio está constituido por tres casas, incluida la antigua sede de la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales (FAES), y tiene como eje central un amplio jardín con árboles centenarios y una gran escultura vegetal de 10 metros de altura adornada con elementos escenográficos del grupo.
El espacio ha ido tomando forma poco a poco.
–FAES tenía esta casa en desuso, casi en ruinas, porque la fundación estaba en quiebra, y me llamaron a ofrecérmela. En principio no teníamos mucha claridad de qué íbamos a hacer hasta que un día Carlos Mario cogió todos sus cuadros y decoró la casa, entonces dijimos, hagamos una sala, y luego otra y así se ha ido creciendo y hemos ido adaptando los espacios para el desarrollo de actividades académicas y artísticas –dice Cristina Toro.
El Solar es un poco de todo. Tiene vocación de escuela, de laboratorio creativo, espacios para cine, teatro, música y charlas, un café-bar, un patio enorme y un Museo del Fútbol que está próximo a inaugurarse. Pero es, sobre todo, la puerta de ingreso al universo del Águila Descalza.
–Queremos poner en conocimiento y al alcance del público lo que hemos ido reuniendo durante todos estos años. Carlos Mario tiene vocación de pulpo, de coleccionista entonces hay una cantidad de materiales, no solo la parte bibliográfica que es inmensísima y que esperamos compartir algún día, sino la fonoteca, la videoteca, que es una colección muy extensa y muy selecta, hecha con todo el amor y con todo el gusto y durante muchísimos años, cosas que ya no se consiguen –dice Cristina.
La base esta casa cultural, como no, es el teatro. El Solar tiene dos salas: Aguacate, con capacidad para 40 personas y Ciruelo, que puede acoger teatro, charlas y cabaret, con una capacidad de 80 a 100 personas, dependiendo del uso. Allí se presentan los Elencos Águila, conformados por dos parejas de actores –Ferney Arboleda y Flora Rodríguez, y Valeria Wills y Shamir Rojas–, que reinterpretan obras del repertorio del Águila. En este momento están en temporada No vuelvo a beber y El sueño del Piba, la programación es de jueves a sábado.
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–Hemos privilegiado la programación con los Elencos, porque la idea es darles continuidad. Una de las cosas que me quedó a mí clarísima cuando empecé a hacer teatro es que una obra se pone buena con el tiempo, más o menos a los dos o tres meses empieza a coger sabor, a coger gusto, porque los actores la empezamos a introyectar y a sentir. Entonces nos interesaba mucho que los elencos tuvieran esa experiencia de hacerlo una y otra vez. Lo malo es que eso casi no hay quien lo aguante, pero nosotros preferimos que esto no nos produzca dinero, pero que podamos construir un lenguaje, una obra, un proceso formativo –cuenta Cristina.
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