Bajos precios del petróleo: ¡a industrializarnos!

Preámbulo:

El año 2014 ha sido nefasto para la industria petrolera. El barril, en los mercados mundiales ha bajado aproximadamente 50%. Hay diferentes razones objetivas para esta situación: la desaceleración de la economía china, el estancamiento de Europa y Japón y el aumento en el autoabastecimiento de economías como la norteamericana.Adicionalmente, el incremento en las reservas mundiales por la exploración de pozos no convencionales y la negativa de la OPEP a reducir la producción, allanaron el camino para la caída en picada de los precios del crudo.

La situación ha puesto en alerta a empresarios y autoridades económicas. ¿Por qué la preocupación?, porque, en palabras de Minhacienda, el petróleo representa el 50% de las exportaciones, el 16% de las finanzas públicas y el 5% del PIB.

Colombia; ¿país petrolero?

El Consejo Privado de Competitividad prende las alarmas desde hace varios años: Colombia ha venido dessofisticando sus exportaciones. En 2001, los bienes primarios representaban el 62% de nuestras exportaciones, mientras que en 2012, este indicador llegó al 83%. En el mismo lapso de tiempo, las manufacturas de mediana y alta intensidad tecnológica pasaron de representar el 22% al 10%.

La situación de esta economía es contraria al dinamismo de los mercados emergentes y nuevas naciones industrializadas. No sólo Corea, Turquía o Malasia evidencian un acelerado proceso de industrialización. Incluso, República Dominicana o México han incrementado sus exportaciones manufactureras y han reducido la dependencia de los commodities.

Ahora, no todos los países tenemos que dedicarnos a lo mismo. Algunas naciones son más fuertes en materia de agricultura y otras tienen reservas de petróleo. Somos un sistema, la interdependencia es una realidad. Sin embargo, hay dos razones de peso para no alentar a Colombia como país exportador de commodities.

La primera y más simple es que este país no tiene grandes reservas de petróleo. No podemos fincar nuestras esperanzas en un recuros escazo. Según la ANH, tenemos reservas confirmadas para 6.6 años y, además, no se puede olvidar que hay 10 países que son dueños del 85% de las reservas mundiales.

La segunda es más prospectiva: la producción de riqueza y la distribución de riqueza se hace mayor y más justa en economías que agregan valor a sus mercancías. Mientras una libra de café se vende en Nueva York a USD 2,0, Starbucks vende decenas de tazas de café, extraídas de la misma libra, a USD 4,0 cada taza. La situación con el petróleo no es diferente: el precio del crudo ha bajado más del 50%, pero en ningún lugar del mundo la gasolina y otros derivados del petroleo han bajado de precio de manera significativa.

El mercado mundial crece, en tanto aumenta la participación de las manufacturas en éste. Los productos con valor agregado representan una cuarta parte del comercio mundial, y son la fuente de riqueza de los países industrializados y de los más exitosos mercados emergentes.

En otras palabras, la asociación entre educación de calidad, investigación, desarrollo tecnológico, innovación y riqueza es directamente proporcional; a más valor agregado mayores posibilidades de generar riqueza y de distribuir la misma. Cuando una economía se especializa en productos de alto nivel de complejidad tecnológica, su éxito depende de la mano de obra educada, creativa e ingeniosa, por ende bien remunerada.

Para cerrar:

Si no tenemos reservas de petróleo para largo tiempo, si los precios mundiales se ven inestables, si las inversiones en exploraciones de hidrocarburos van a caer, al igual que la inversión extranjera para el sector, es necesario que revisemos nuestra agenda y pensemos en el largo plazo.

Países como Colombia, con una de las mayores biodiversidades del mundo, con potencial agrícola y para la producción de biocombustibles, con mucha población joven y adulta, con una importante extensión territorial y una ubicación geográfica privilegiada, tiene grandes posibilidades para ser exitoso en los mercados globales. Hay que dar el siguiente paso: decidirse por la educación de alta calidad, la ciencia, la tecnología, la innovación y la agroindustria.

La locomotora de la minería no puede ser el fin, sino un medio. Los excedentes de esta industria deben dirigirse hacia la labor científica, la educación, la agroindustria y otros ramos necesarios de desarrollar, si queremos salir del círculo vicioso del subdesarrollo en el que permanecemos desde hace un siglo.

 

 

 

Economía 2014: no es lo mismo crecer que desarrollarse.

Por Giovanny Cardona Montoya

Cada año nuevo nos vemos tentados a “lustrar la bola de cristal” y tratar de ver lo que nos deparan los próximos 12 meses. Desde nuestro blog trataremos de ser un poco heterodoxos a la hora de arriesgar algunos pronósticos para el recién nacido 2014, evitando quedarnos en el tema del crecimiento económico de corto plazo.

Variables y procesos a monitorear en Colombia:

éste es un año electoral, y no cualquier año electoral. Además de que la reelección del presidente Santos no se ve muy clara, está el tema del proceso de paz. Coyunturalmente hablando, el primer semestre estará lleno de incertidumbres que afectarán a la administración pública -especialmente por la ley de garantías electorales- pero que también abrirán un compás para la especulación cambiaria y bursátil: las encuestas, las entradas y salidas de nuevos candidatos, los boletines de La Habana, serán un caldo de cultivo para que los grandes inversores-especuladores  hagan su agosto.

Pero, desde una perspectiva más estructural, el resultado en las elecciones parlamentarias, y luego las presidenciales -muy probablemente con segunda vuelta incluida-, dará señales de lo que nos deparará el próximo cuatrenio en temas como: el posible acuerdo de paz con las FARC -y luego con el ELN-, la materialización de la ley de tierras, la formalización del empleo y las reformas a los sistemas de salud y de pensiones.

Ahora, saliéndonos de los determinantes políticos, es necesario monitorear el tema de las llamadas “locomotoras” de la economía del actual gobierno. Hasta ahora, la minería se ha consolidado como el sector que arrastra el crecimiento económico de este país. En cambio, la tecnología, la investigación y el desarrollo, lo mismo que la infraestructura, aún se presentan relegados.

Y aquí sí quiero dejar sentado mi pronóstico: no va a pasar nada, vamos a seguir aferrados a una economía extractiva que no agrega valor a su producción. No hay a la vista un proyecto de política económica que vaya en otra dirección. Ni siquiera en la tercería, hasta ahora bastante difusa, se puede esperar un cambio significativo. Seguiremos el camino errado que llevamos en las últimas décadas: un país minero que renuncia a su potencial agropecuario y que desdeña los esfuerzos de manufactureros emprendedores.

Donde hay esperanzas aún es en materia cambiaria. Si bien la revaluación del peso no sólo depende del mercado doméstico, es por lo menos aceptable que el carácter técnico de la Junta del Banco de La República nos permita tener el optimismo que se apliquen medidas que compensen las pérdidas que la crónica revaluación ha producido sobre la menguada industria manufacturera y el sector agropecuario.

Tenemos una economía exportadora de hidrocarburos que atrae inversión casi que exclusivamente para este sector, lo que inevitablemnte deteriora a los demás sectores transables de la economía: la inflación es baja en el campo doméstico, pero con esta crónica revaluación de casi una década, la competitividad de nuestras manufacturas y productos agrícolas es imposible. Esperemos que en materia cambiaria se sea un poco más agresivos, sin que con ello se pierda la ortodoxia que caracteriza al Banco de La República.

Variables y procesos a monitorear en el mundo:

Si de crecimiento económico se trata, las cartas están echadas: la evolución de la economía europea, que posiblemente salga en 2014 de manera clara de su crónica crisis, y la consistencia de la recuperación económica de Estados Unidos, son procesos que se deben monitorear. La estabilidad de las inversiones hacia nuestro país, los posibles beneficios de los TLC y los precios de los commodities, dependerán en gran medida de la solidez de la recuperación de estas economías.

Pero en Europa el tema es complejo, ya que estamos hablando de un bloque donde se combinan políticas nacionales con políticas supranacionales. O sea, la recuperación también depende de decisiones que se tomen en Berlín, París, Madrid y Roma.  Esta crisis demostró que, en expansión Europa es una, pero en recesión son 27 países, cada cual con sus problemas.

De otro lado, están los mercados emergentes, particularmente China. El coloso asiático tiene una “espada de Damocles” que pende sobre su economía: el consumo doméstico. De un lado, los ingresos de los chinos crecen, lo que estimula la inflación, especialmente de los no transables -vivienda y servicios- pero, de otro lado, la crisis global de 2008, señaló los peligros de depender excesivamente de las exportaciones. Fortalecer el mercado doméstico es un objetivo que la dirigencia de Beijing se tiene que proponer para logar una mayor estabilidad y sostenibilidad de su crecimiento económico.

Últimas palabras:

Desde el punto de vista del crecimiento económico, el panorama de 2014 se ve más o menos claro. Las señales de los mercados internacionales se ven relativamente positivas, compensando un poco la incertidumbre interna que viene, especialmente, desde el ámbito de lo político.

Pero, en materia de desarrollo hay dos tendencias. La primera es sumamente preocupante y negativa: en 2014 no pasará nada especial en materia de formalización laboral, mejoras de infraestructura o inversiones en I+D+i. Seguimos retrocediendo en sofisticación de nuestra oferta exportadora.

La segunda es más optimista: los avances en materia de implementación de ley de tierras y el posible fin del conflicto armado, convierten al 2014 en un posible año de quiebre para la evolución del campo colombiano: mejores condiciones para la inversión, empleo en el campo, menos migraciones a las ciudades y un aumento, en consecuencia, del mercado doméstico.

Ahora, en el plano  mundial sigue un tema latente, el cual, según su desarrollo, señalará los rumbos de la economía global en la próxima década: las negociaciones de la Ronda de Doha de la OMC. Aunque el panorama allí sigue oscuro y no se avisoran acuerdos, no se debe olvidar que no hay mal que dure 100 años…

…y estas negociaciones ya llevan mucho tiempo.

 

 

 

OMC, Seattle y Eduardo Sarmiento: un poco de todo.

Preámbulo:

Estoy en casa viendo una película, Noviembre Negro, la cual presenta una perspectiva de lo que sucedió en 1999 cuando los manifestantes antiglobalización se tomaron las calles de Seattle y bloquearon las negociaciones de la OMC. Al final, la película me recordó la Conferencia de Cancún, 2003, en la cual los países industrializados y naciones como Brasil se trenzaron en una batalla diplomática por el tema de la protección a las patentes de laboratorios farmacéuticos y el derecho a la salud pública.El balance de Cancún fue la congelación de negociaciones en el marco de la Ronda de Doha de la OMC.

Este momento me llevó a revisar los apuntes que levanté durante un conversatorio la semana pasada, al que asistió Eduardo Sarmiento, uno de los economistas más prestigiosos del país, y uno de los mayores críticos al proceso de apertura económica. Pero, a diferencia de la película, Sarmiento no se centra en la perspectiva socio-política, sino en una mirada muy técnica, haciendo uso de metodología y modelos econométricos.

Los argumentos:

Para Sarmiento, la economía de apertura lleva un cuarto de siglo de crisis. Después de tantos años, la economía colombiana se ha fortalecido en la minería y el sector servicios. Pero, el primero no es un sector intensivo en mano de obra y el segundo se lucra significativamente de la economía informal, expandiendo el subempleo. Ello implica que el rezago del agro y la industria es una nefasta consecuencia en materia de generación de empleos.

Pero, la crítica de Sarmiento es técnicamente más elaborada: en este modelo económico, el Estado sólo se ha ocupado de lo monetario, dejando relegadas las políticas fiscales. En opinión del experto, los bancos centrales se han concentrado en el control del poder adquisitivo de la moneda (inflación y tasa de cambio) mientras los gobiernos no le dan a los impuestos y al gasto público el rol de eje macroeconómico que les corresponde. En otras palabras, desde que nuestros países abrazaron el modelo de apertura económica, el Estado ha dejado al mercado que decida cuáles son los sectores económicos que se van a desarrollar.

Como lo planteaba el profesor Sarmiento, no tiene ningún sentido la planeación estatal si es el mercado el que va a tomar las decisiones. Ahí están las consecuencias: menos agro,  menos industria, más minería. En consecuencia, si bien por períodos significativos la economía colombiana ha tenido tasas de creciimiento importantes (1993-1994; 2005-2007), la productividad de las empresas colombianas no ha crecido en 20 años, a la vez que los índices de distribución de la riqueza no muestran avances significativos. No sólo hemos entrado en un proceso gradual y constante de desindustrialización, sino que la concentración de la riqueza se ha exacerbado.

Según Sarmiento, una política fiscal que reduce los impuestos alos ricos para trasladárselos a la clase media es una política errónea. Además, una política asistencialista, si bien puede ayudar a reducir la pobreza extrema, no reduce la inequidad. Como se lo pregunta el analista: ¿cómo conciliar crecimiento con equidad?

En lugar de conclusiones:

Estamos viviendo un momento histórico, se incrementan los cuestionamientos al modelo actual. No exactamente en términos de criticar la apertura per se, sino de reclamar un Estado más protagonista, con una política fiscal que conscientemente busque el desarrollo de ciertos sectores de la economía, aquellos intensivos en mano de obra y capital, que estimulen el crecimiento sostenible de un empleo de calidad.

Desempleo en Colombia: ¿hay razones para tanto optimismo?

La navidad de 2011 fue bastante alegre para el gobierno nacional: el niño Dios le trajo de regalo un cuarto trimestre con un desempleo inferior al 10%. Al fin, después de 20 años, la tasa de desocupación es de un dígito. Sin embargo, este dato, que evidentemente es positivo, debe ser analizado con lupa. Lejos estamos de un desempleo aceptable, que refleje un mejoramiento sostenible de la calidad de vida de los colombianos.

Para comenzar digamos que, según datos de la CEPAL, entre 1990 y 2010, en Suramérica sólo Colombia tuvo permanentemente tasas de desempleo de dos dígitos. De hecho, cuatro de nuestros vecinos, a pesar de las diferentes crisis, siempre estuvieron con un desempleo de un solo dígito. Los únicos países que mostraron tasas de dos dígitos en algunos años fueron: Argentina (con la crisis de la paridad y el corralito) y Venezuela, a partir del caracazo y durante la última década del siglo XX.

De hecho, un dato significativo es que durante estos 20 años Colombia ha tenido, año tras año, la primera o segunda mayor tasa de desempleo del subcontinente. Por lo tanto, si bien hay naciones que no muestran el atractivo para la inversión extranjera que exhibe hoy nuestro país o que tienen una elevada inflación, la verdad es que es crítico ver que la relativa bonanza de la economía colombiana no se refleja en una mejor distribución de la renta, vía empleos. De hecho, en 2007, año en el cual el PIB colombiano creció casi 8%, nuestro país tenía la más alta tasa de desempleo de Suramérica.

Subempleo e informalidad: la máscara de la pobreza en un país que crece.

Pero, no sólo el desempleo abierto muestra la magnitud del problema. Aunque nuestra economía ha sido de las más estables de Latinoamérica por décadas, y crece satisfactoriamente en los últimos años, esto no se traduce ni en más empleos, ni en reducción del subempleo, ni en más estabilidad para los trabajadores vinculados.

Según el DANE, para junio de 2011 el  país se acercaba a los 2.5 millones de desempleados, pero el número de subempleados se multiplicaba casi por 4 (9.3 millones).

Históricamente, en el último lustro, el desempleo y el subempleo han sido relativamente inelásticos. Esto significa que a pesar del auge económico de 2006 y 2007 o la recesión de 2008-2009, la tasa de ocupación ha variado poco y el subempleo se ha mantenido en proporciones más o menos estables. Así, en 2002, año de la mayor tasa de desocupación en varias décadas, la suma de desempleo y subempleo se acercaba al 60%.  De igual manera en 2007, el año de mayor crecimiento en la década, desempleo más subempleo superaban el 50%.

Pero, el deterioro del mercado laboral tiene una tercera dimensión: la inestabilidad del trabajo. Según el DANE,  en 1990, en el sector industrial los empleos permanentes representaban más del 90% de los ocupados, mientras los temporales sólo llegaban al 7%. Para 2003, la ocupación temporal en el sector supera el 25%. A partir de 1994, según Ramírez y Guevara, los temporales siguen creciendo, además de un aumento de la subcontratación y la vinculación por prestación de servicios, en lugar de contratos laborales. Evidentemente el empleo también se ha malogrado por su creciente inestabilidad.

Causas y consecuencias de este problema:

1.    Algo crítico está pasando. Las exportaciones crecen a pasos agigantados, los inversionistas extranjeros  nos eligen como uno de sus destinos preferidos en la región, y el PIB tiene un relativo buen comportamiento a lo largo de la década…pero muchos colombianos no encuentran un empleo estable, digno y bien remunerado: son desempleados, son subempleados, tienen trabajo temporal o se vinculan por prestación de servicios.

Autores como Enzo Faletto, hace 20 años, ya explicaban las “bondades” de una economía informal para un mercado poco justo en la distribución de la riqueza: la existencia de vendedores ambulantes, viviendas subnormales y otros servicios personales prestados en condiciones irregulares, permiten que los trabajadores puedan subsistir con salarios bajos. En otras palabras, aunque la informalidad en la economía es una competencia “desleal” para los empresarios que pagan impuestos y cumplen las normas técnicas exigidas, aquella permite que trabajadores de la economía formal puedan subsistir con salarios bajos, al acceder a bienes y servicios de la economía informal.

2.    El otro elemento crítico de este débil mercado laboral es la sostenibilidad del régimen de seguridad social. Si pocos colombianos tienen empleo formal, bien remunerado y a término indefinido, entonces, muchos compatriotas deben recurrir al régimen subsidiado, ya que no cotizan al régimen de salud o lo hacen con bajas cuotas. En consecuencia, el Estado, a través del SISBEN, debe asegurar la cobertura del grueso de la población colombiana, incrementando el déficit fiscal.

Moraleja
Estamos haciendo lo incorrecto. En lugar de asegurar empleos estables, permitimos un mercado laboral lleno de informalidades –hasta el Estado ha incrementado la contratación de proveedores de servicios en lugar de su vinculación laboral-. Por lo tanto, en vez de tener un régimen de seguridad social auto-sostenible, financiado con los aportes de los trabajadores y los empleadores, mantenemos un sistema clientelar, ya que los desprotegidos deben acudir al “Gran Hermano” para que supla sus necesidades insatisfechas: salud para los pobres, asistencia a los ancianos no jubilados y alimento para los niños desprotegidos.

El aguinaldo del niño Dios para el gobierno colombiano no se comparte con la mayoría de la población. La economía crece, la inversión extranjera llega, las exportaciones se multiplican, pero el mercado laboral colombiano no refleja estos avances…lo que no sólo afecta a los desempleados y subempleados sino que debilita el proceso de desarrollo que se pretende construir. Es imposible salir del subdesarrollo con una economía altamente informal y un mercado doméstico débil.

¿Qué exporta Colombia?…eternamente commodities

El año 2011 terminó con muy buenos indicadores macroeconómicos: crecimiento en los últimos trimestres superior al 7%, desempleo de un dígito, inflación baja, creciente Inversión Extranjera Directa (IED) y aumento de las exportaciones.

Sin embargo, la economía hay que mirarla en un contexto de tiempo y espacio. Esto significa que los datos de un año determinado no son suficientes para hablar de la evolución del Desarrollo Socio-Económico de un país. Esos datos deben ser comparables en el transcurso del tiempo y además analizados en el marco de la dinámica económica global, ya que no hay sociedades autárquicas, la interdependencia es una realidad del mundo moderno.

¿Qué estamos exportando?

En la lectura integrada llaman mucho la atención los excelentes resultados en materia de IED y Exportaciones-. Lo interesante es que desde 2008 los países industrializados viven una marcada crisis económica y, a la vez, las ventas a Venezuela, -otrora nuestro mejor cliente en la región- comenzaron a descender asombrosamente.

Analicemos, entonces, el comportamiento dinámico de las exportaciones y la IED:

Los datos tomados de Garay, y otros cálculos propios, muestran que en 30 años Colombia no ha dejado de depender de las exportaciones de commodities. Entre 1976 y 2005, este país ha dependido fundamentalmente de las exportaciones mineras y agrícolas. Sólo en 1995 se denota un papel importante de la industria liviana (70% de agroindustria, molineras -trilla de café- y fibras sintéticas). Pero, ya en 2005, se reitera la vocación minera de Colombia.

Tanto el modelo de sustitución de importaciones (1930-1989) como la apertura económica (1990-actual)han sido estrategias de desarrollo para diversificar la economía colombiana y agregar valor a nuestro sector exportador. Entonces ¿dónde están los resultados?. Si analizamos los datos del gráfico anterior encontramos que el mercado norteamericano, por décadas ha demandado el petróleo colombiano, algunos derivados de éste y productos del sector textil-confección. Es significativo y preocupante que, para 2005, sólo el 10% de las exportaciones a Norteamérica se beneficiaban de las preferencias ATPDEA. ¿Algo irá a cambiar con el TLC?, esa es la pregunta del momento.

El caso europeo ha sido similar, aunque con mayor dependencia de exportaciones menores agrícolas: flores, bananos y frutas. Sólo la CAN ha sido un mercado diversificado y de manufacturas: para 1995 vendiamos a Venezuela y Ecuador mercancías  de 9 sectores intensivos en capital y 5 en mano de obra. Para 2005, el 79% de las exportaciones a la CAN eran manufactureras.

La situación actual no parece cambiar el panorama. En 2006, el 63.2% de las exportaciones al mundo eran bienes primarios y basados en recursos naturales. En 2008, este indicador sube a 70.9%, lo que se explica por los precios mundiales de  los combustibles, el café y el oro; y por el gradual deterioro de las exportaciones a los países andinos, especialmente desde que Venezuela anunció su salida de la CAN (2006).

Según el DANE, para octubre de 2011, las exportaciones tradicionales (hidrocarburos y café) representan más del 70% del universo exportado. Del 30% restante, 2/3 partes son bienes industriales. Los  mercados más importantes que compran nuestros bienes industriales son, en su orden,: EE-UU, Ecuador, Venezuela, Perú y México. En síntesis, ningún modelo de desarrollo ha acercado a Colombia hacia una verdadera dinámica industrial, no se ha cambiado la vocación exportadora: proveedor al mundo de commodities. El único indicador notorio de ruptura es el mercado latinoamericano que, aunque pequeño en la mayor parte del tiempo, se ha convertido en el principal cliente de manufacturas colombianas, eso sí, especialmente industria liviana con bajos niveles de agregación de valor. Según Proexport, entre 2006 y 2008, sólo el 1.2% de las exportaciones son Productos de Alta Tecnología.

La inversión extranjera: ¿cambiará la estructura de nuestra oferta exportadora?

Con el fin de estimular el crecimiento y diversificar el aparato productivo colombiano, las políticas de apertura privilegian la atracción de IED. El capital internacional de largo plazo se considera una fuente fundamental de financiación, no sólo por sus volúmenes sino porque aquel trae apalancado el know-how de empresas exitosas en el mercado global, de los países industrializados, principalmente.

Sin embargo, las cifras muestran que la IED se ha focalizado hacia sectores de industria extractiva y comercio y servicios: la industria manufacturera y el sector agropecuario no hacen parte de sus objetivos…son la cenicienta de esta historia. Según Fedesarrollo, entre 1994 y 2000, el sector manufacturero absorvía el 30% de la IED, mientras el comercio y los servicios recibían casi el 60%. Fue una época en la que los inversionistas extranjeros se interesaron en la privatización de la banca colombiana y de los monopolios de comunicaciones, la compra de industrias que no resistían los retos de la apertura económica sin una inyección de capital para modernizarse, además de la expansión de la actividad comercial.

Pero, a partir de la primera década de este siglo, el capital extranjero con claridad privilegió nuestra condición de proveedor de hidrocarburos y otros productos de origen mineral. Entre 2001 y 2008, el 48% de la IED se ha dirigido a minería y petróleo (Fedesarrollo). En cambio cayó en 1/3 la participación en sector manufacturero y la agricultura siguió siendo descartada por los inversionistas extranjeros. De hecho, entre 2007 y 2008, la IED minera se duplicó, mientras la incipiente del sector industrial cayó 66%, según datos de Proexport.

Reflexión final:

La IED en la industria de la extracción no tiene que ser negativa para la economía de un país -esto, omitiendo el tema mediambiental-. Lo crítico es que no hay una clara relación entre los números y los objetivos. Se supone que queremos fortalecer el sector industrial, elevar la competitividad, agregar valor a nuestras mercancías, entrar en el mercado de la diferenciación y elevar la calidad del empleo -trabajadores altamente cualificados que innoven y emprendan- pero, década tras década, seguimos conectados al mercado mundial a través de nuestros bienes primarios.

Entonces, nos hacemos las siguientes preguntas: ¿por qué no logramos canalizar inversión extranjera hacia la industria manufacturera, incluida agroindustria, de manera creciente y sostenida?, ¿estamos dirigendo los excedentes de exportaciones de commodities, hacia la generación de capacidades para exportar productos procesados de alto valor agregado?, ¿las decisiones en materia de educación, ciencia, tecnología e infraestructura están creando condiciones para diseñar y patentar nuevos productos y servicios?