¿Para qué los doctorados y las maestrías…y las técnicas y las tecnologías?

Giovanny Cardona Montoya, septiembre 15 de 2019.

 

Hace un par de semanas, un colega me compartía párrafos de un blog en el que se señalaba lo poco rentable que es realizar estudios de Doctorado en Colombia. Los argumentos eran claros: cuesta mucho (matrículo, esfuerzo y tiempo) y no hay un retorno proporcional (bajos salarios para personas con este nivel de formación). Esa perspectiva, microeconómica y utilitarista, no es lejana de la realidad.

No es evidente la demanda de PhD en empresas e, incluso de graduados de maestría; sin embargo, ello no ha sido óbice para que en los últimos años el número de profesionales que realiza una maestría o que obtiene un título de doctorado, haya venido creciendo aceleradamente. Según datos del Ministerio de Educación, mientras en 2003, Colombia graduaba 50 doctores por año , para 2015 dicho número asciende a 400. En el caso de graduados de maestría, el crecimiento es mucho más notorio.

Esta introducción la he hecho para plantear la pregunta en otros términos ¿Para qué un país o una sociedad requiere doctores, magister, profesionales, tecnólogos, técnicos, etc.?

1. Una perspectiva de desarrollo: mirada de largo plazo.

Los países industrializados y algunos de los llamados “economías emergentes” – China, Taiwán, Corea, Singapur- se caracterizan por un variopinto ramillete de niveles de formación, en los cuales se destacan la formación técnica, tecnológica y doctorados. O sea, una enorme masa de trabajadores bien cualificados y una creciente expansión en la formación científicos.

En el caso de Colombia, hay unas particularidades que se traducen en indicadores cuantitativos y cualitativos. De un lado, la formación de pregrado muestra una clara preferencia por los títulos profesionales universitarios en lugar de los técnicos y tecnólogos. Y, curiosamente, porque parece ser una particularidad muy colombiana, la formación de posgrados se concentra en las especializaciones, en lugar de las maestrías y los doctorados.

Contrario a lo que sucede en Colombia, la historia de Alemania es la de formar técnicos con un perfil muy definido que combina lo práctico industrial con lo teórico. La articulación entre empresas y centros educativos es centenaria en dicho país. Y, este enfoque de su modelo educativo (dual) explica en gran medida el proceso industrializador de dicho país y las bajas tasas de desempleo, incluso en los años de crisis reciente (2008-2010) cuando sus vecinos tuvieron las más altas tasas de desocupación.

Una pequeña evidencia microeconómica de la valoración que un país hace de la formación de sus técnicos, es el caso de Alemania en el cual un técnico puede ganar 42000 euros al año, mientras un periodista con dos años de experiencia gana 34000.  No tengo nada en contra de las profesiones liberales (yo mismo soy profesional, no técnico o tecnologo), sólo tomo el ejemplo para señalar la importancia que las economías industrializadas dan a la formación técnica.

En Colombia la formación técnica y tecnológica está devaluada. Es de pobres. Suena duro, pero socialmente esa es la valoración. Quien se matricula en un programa técnico lo hace por falta de recursos o, incluso, lo tiene como un escalón para luego hacerse profesional. El título profesional es la meta. Pero, si bien, la perspectiva microeconómica se fundamenta en una racionalidad utilitarista, la proyección macroeconómica es confusa. No hay claridad sobre los programas de desarrollo del país y sus regiones o de los sectores económicos y su necesaria relación con las instituciones técnicas y tecnológicas.

En el otro extremo de la cadena de valor educativa se hallan las maestrías y los doctorados. En los países industrializados hay una relación directa entre las doctorados y las patentes, las innovaciones y, en general, el desarrollo de I+D+I. No son coincidentes las tasas de formación en maestrias y doctorados, acompañados de las crecientes solicitudes de patentes en dichos países y su incremental participación en las cadenas globales de valor. Más educación científica, más innovación, más exportaciones. Esa parece ser la ecuación ganadora.

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Ahora, si bien en Colombia, ha aumentado la formación de doctores, si se hace un análisis comparativo, es evidente que este creciente número es muy inferior al de países vecinos como Chile, México o Brasil. Incluso, si se pondera el dato con respecto a la población (doctores por millón de habitantes) el retraso colombiano es mucho más evidente.

Sin embargo, con los doctorados sucede algo un poco más halagüeño: las universidades exigen este nivel de formación para ascender en los escalafones docentes. Lo que antes era monopolio de la universidad pública, ahora se está generalizando en el sistema educativo. Y eso es bueno. Se está cualificando el cuerpo docente universitario en Colombia.

Si bien el aparato productivo aún no dimensiona el potencial de los egresados de maestrías y doctorados para sus procesos de innovación y generación de valor, el paso que está dando la universidad, tanto pública como privada, es en la dirección correcta.

niño con computador y abuela en el campo

La perspectiva mercantil: una mirada de corto plazo.

Entonces, regreso a las reflexiones de mi amigo: hacer una maestría o un doctorado cuesta mucho, pero el retorno no parece ser proporcional. Esta lapidaria afirmación tiene mucho de fondo, a través de un lenguaje tácito. En el país han crecido las maestrías, hay una mayor oferta de ellas. Pero en la normativa nacional hay dos tipos de maestrías: las de profundización y las de investigación. No son estas últimas, las de investigación, las que tienen mayor demanda.

En otras palabras, el sistema educativo no está privilegiando la formación de alto nivel, basada en el conocimiento y el método científico. Las maestrías de profundización (que pueden ser de buena y de mala calidad) no ponen su foco en la formación de investigadores, sino en la profundización del conocimiento profesional y en algunos de los métodos de profesión. Pero no buscan formar investigadores.

El círculo vicioso del sistema es que el mercado comienza a privilegiar las maestrías, pero los estudiantes buscan caminos rápidos (maestrías cortas, maestrías de bajo precio, maestrías de poca complejidad), entonces, la oferta crece con programas que tratan de satisfacer  a sus futuros estudiantes: menos ciencias básicas, poca matemática, ausencia de trabajos de investigación rigurosa. Es un tema de mercado.

Es lamentable que un mercado educativo que parece ser muy vigilado y riguroso (tal vez no se audita lo que se debería auditar, pero éste es otro tema), termina cediendo a las tentaciones cortoplacistas y amplía la oferta con “posgrados fáciles y baratos”. No sólo se trata de maestrías en Colombia sino de programas internacionales que se ofrecen con tentadores argumentos de “comodidad”

Mejorar la hoja de vida o subir en un escalafón docente de manera rápida es una tentación inevitable. Pero esto sólo se vuelve realidad si los títulos no reflejan una demanda social real, sino un sofisma que se traduce en prestigio en lugar de conocimiento. No sólo el estudiante, la institución también eleva su prestigio si suma “cartones” a su planta de docentes y de empleados.

Pero, no se trata de cuestionar a los estudiantes o a ciertas universidades. Se trata del problema mas relevante: ¿por qué el aparato productivo, el Estado, las instituciones educativas, etc. no demandan el conocimiento científico y tecnológico para hacer de la innovación el eje de la competitividad territorial, social y empresarial?

Y no sólo se trata de empresas,  también es la salud, son los problemas sociales y ambientales, es la convivencia ciudadana, la cultura, etc.. Todos ellos requieren de un conocimiento riguroso, científico y aplicado.

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En lugar de conclusión:

Mientras el país no renuncie a su economía rentista (tierras de acumulación y no de producción y minería) y se vuelque hacia la agricultura sostenible, la agroindustria, la manufactura y los servicios basados en conocimiento, hacer una maestría o un doctorado en Colombia seguirá siendo más un tema de prestigio (personal e institucional) que de generación de riqueza y bienestar.

Y, por lo tanto, mientras Colombia no renuncie a “la moda”  de la “doctoritis”, de los doctorados y de las maestrías, existirá este desfase entre costo y retorno de la educación. Cuando el país (llámese empresa, organización social, universidad o Estado) reconozca el valor del conocimento científico, técnico y tecnológico, entonces, la demanda de técnicos, tecnólogos, magisters y doctores será remunerada en igual proporción al aporte que hagan a la generación de riqueza y bienestar de la sociedad en general y de las empresas en particular.

 

 

 

La turbulencia de la recesión se aproxima: ¡pónganse los cinturones!

Los buenos vientos que vive la economía colombiana en este 2019 (un crecimiento que gira alrededor del 3%) soplan en un contexto global bastante incierto. La dinámica de la economía doméstica (consumo de los hogares) y los relativamente estables precios del petróleo, son la base de un frágil pero notable crecimiento económico. Si comparamos con el pasado cercano o con el vecindario latinoamericano, entonces, no nos podemos quejar -en tierra de ciegos el tuerto es rey-

Si bien 3% no es como para elevar cohetes, la pregunta que hoy nos hacemos es: ¿será sostenible este nivel de crecimiento? La lista de factores que juegan en contra es bastante extensa:

- Europa envía claras señales de recesión. Ya Alemania, la locomotora de la Unión Europea, presenta signos de agotamiento: un trimestre con crecimiento negativo. Técnicamente hablando se requieren dos períodos consecutivos para hablar de recesión. Así que, éste es el primer campanazo.

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- Brexit: segundo mensaje europeo. La salida de Gran Bretaña del bloque europeo es un hecho cantado. La fecha se ha movido un poco, pero seguramente el fenómeno se dará este fin de año. Muy seguramente los mercados ya descontaron parte del efecto negativo de la separación de la isla, pero la verdadera magnitud del daño sólo se sabrá cuando se materialice el hecho. Todo indica que el Premier Johnson no tendrá la sutileza de la ex-primera ministra Theresa May, quien trató de suavisar los términos de la salida, por lo tanto, se espera un aterrizaje doloroso.

La retirada de Londres tiene diversas consecuencias: problemas migratorios entre ciudadanos de diversos países europeos, incremento en el costo de las importaciones recíprocas entre el continente e Inglaterra, debilitamiento del movimiento de capitales y renacimiento del problema irlandés (la frontera dura). Este último, más socio-político que económico.

- China continúa su crónica desaceleración económica. A pesar de que todos los países del mundo -excepto India- añoran las tasas de crecimiento del coloso asiático, la realidad es que ya va una década de continua desaceleración. La locomotora de la economía mundial de este comienzo de siglo va cada año más lentamente. Por lo tanto, si los vagones de atrás dependemos de China, el presagio de corto y mediano plazo es cada vez menos alagüeño.

- Guerras comerciales de Estados Unidos. Como lo hemos explicado en blogs anteriores, bajo una economía centrada en Cadenas Globales de Valor declarar guerras comerciales es como “darse un tiro en el pié”. Sin embargo, con el ánimo de lograr alguna renegociación ventajosa con China, de modo tal que baje parcialmente su déficit comercial, lo más probable es que Trump mantendrá una posición agresiva, al menos hasta que alcance la reelección, para lo cual aún falta más de un año.

El caso es que la incertidumbre que genera la política de Trump  con respecto al comercio mundial (incluso sus amenazas de retirarse de la OMC), conlleva que los inversionistas duden y eso ya empuja la economía hacia la recesión. O sea, los riesgos de mayores costos al comercio (aranceles de una guerra comercial) y la incertidumbre para los inversionistas, conllevan recesión. ¿Quién puede salir ganando? algunos mercados emergentes que puedan sustituir a los productores chinos en Estados Unidos o a los norteamericanos en China. ¿Qué tiene Colombia para exportar? revisemos nuestra balanza comercial: petróleo, carbón, oro, flores, bananos y café. Nada que ver.

- La caída en la tasa de los bonos de largo plazo. Una razón técnica que ayuda a anticipar la llegada de la recesión, es la derivada del estudio paralelo al comportamiento de las tasas que se pagan por los bonos de corto y largo plazo en el mercado financiero. En una economía que no se halle en recesión, los ahorradores a largo plazo son tentados con tasas más altas como compensación a la espera. Sin embargo, cuando la economía se halla en recesión, pocos ahorradores apuestan por los bonos de corto plazo, en cambio, buscan refugio mientras se ven claras las cosas: compran oro, tierras, futuros de combustibles o títulos de deuda a largo plazo. El inusitado interés por los bonos de largo plazo baja su tasa y tiende a acercarla a la de corto plazo. Ya en agosto de este año los bonos de largo plazo han bajado tanto que se han equiparado a los de corto. ¿Ya ha llegado la recesión?

bonos a corto y a largo plazo

Correas de transmisión hacia la economía colombiana.

Si la recesión global comienza en el Norte (Unión Europea y Estados Unidos, acompañados de un Japón crónicamente estancado y una China desacelerada), sus efectos sobre cada nación son diversos. Las correas de transmisión pueden verse en una balanza de pagos: flujo de mercancías y servicios o flujo de capitales (inversiones y crédito externo). Dichos flujos alteran la tasa de cambio y la tasa de interés y, a través de éstas, los indicadores de inflación, desempleo y crecimiento económico.  ¿Qué podemos esperar?

- Exportaciones: la desaceleración actual y la posible recesión cercana, son una síntesis de la caída en la producción y el consumo mundial. En consecuencia, la demanda de commodities debe bajar, lo que se podría traducir en caída de los precios del petróleo, del carbón y del café principalmente. Aquí comenzamos a sentir los efectos negativos de la recesión global, en tanto caen los ingresos por exportaciones y se afecta el presupuesto del Estado, especialmente por su condición de accionista mayoritario de Ecopetrol.

Lo único que podría menguar el efecto sería una jugada activa de la OPEP reduciendo la producción mundial del crudo; o un enfrentamiento militar entre Estados Unidos e Irán, lo que podría estimular el precio del petróleo.

Importaciones: la producción colombiana es cada vez más dependiente de las importaciones (insumos y componentes); entonces, si bajan los ingresos en moneda extranjera (caída en los precios del petróleo), entonces, el dólar seguirá revaluado, lo que se traducirá en importaciones más costosas. Si bien esto es una oportunidad para otros productores nacionales, ésta no se puede aprovechar en el corto plazo. La reconversión industrial no es un fenómeno que se dé de la noche a la mañana. Sin embargo, esto ayudará a menguar el déficit de cuenta corriente, aunque con un componente de inflación.

Remuneración de los factores de producción: las empresas que vienen al país y la banca internacional buscan beneficios por sus inversiones y créditos (utilidades e intereses). Un factor que agudiza el déficit de la cuenta corriente colombiana es la repatriación de utilidades y el pago de intereses de la deuda externa. Dichas salidas de divisas en la actualidad son superiores al déficit total de la cuenta corriente. En una recesión económica, las filiales y sucursales giran con más fuerza sus utilidades (no las reinvierten) a sus matrices en Europa, Norteamérica y Este Asiático. Por lo tanto, tendremos un mayor desangre por cuenta corriente.

Inversión Extranjera Directa: Colombia tiene un claro destino para la mayor parte de la inversión extranjera, la minería de hidrocarburos. Con precios bajos de commodities dicha inversión tiende a menguar. En consecuencia, el déficit de cuenta corriente tendrá que bajar (con menos importaciones) o deberá ser financiado con capitales golondrina, lo que nos convierte en una economía más vulnerable.

Remesas: los colombianos que viven en el extranjero (especialmente en España y Estados Unidos) generan remesas que ayudan a financiar el déficit de cuenta corriente. Dichas remesas se aproximan a los 6 mil millones de dólares. La experiencia de la crisis de 2007-2008 evidencia que esta cuenta se ve afectada por la recesión, ya que, a los emigrantes colombianos se les dificulta tener empleo estable e ingresos durante la recesión. Sin embargo, en el corto y mediano plazo dicha caída no es muy fuerte.

En síntesis, es inevitable esperar que la recesión global afecte el crecimiento de la economía colombiana y que dicho efecto no sea insignificante. Por lo tanto, las familias y las empresas deben ser cuidadosas pero también creativas. No se trata de un daño inevitable sino de un entorno desfavorable con el que hay que aprender a convivir, incluso a aprovecharlo. Las decisiones estratégicas no se impulsan con factores coyunturales, en cambio, las crisis pueden ser una oportunidad para mirar diferente el mercado. Colombia está en mora de renunciar a su condición de economía rentista; una recesión es una oportunidad para entender que sólo la diversificación productiva y la competitividad basada en conocimiento e innovación son las puertas para fundamentar un desarrollo sostenible a largo plazo.

 

 

 

 

Colombia crece, pero no es como para “elevar cohetes.”

Giovanny Cardona Montoya, agosto 17 de 2019.

 

El DANE ha reportado el crecimiento del PIB para el primer semestre de 2019. Luego de revisar al alza el dato del primer trimestre, la conclusión es que la economía colombiana viene creciendo a una tasa del 3.05%, lo que es muy positivo en un mundo que va camino de la recesión.

Según los informes del DANE, los sectores que más crecen son, el financiero (5%), comercio (4,4%) y comunicaciones (4%). La construcción, otrora motor de la economía, ahora se ha deprimido (-2,4%). Igualmente es relevante destacar que el sector manufacturero perdió 0.1 en la participación del PIB (ahora es 12.0%).

La sostenibilidad de este crecimiento en el futuro cercano dependerá del consumo doméstico y de las obras civiles, principalmente. El hecho de que la economía colombiana se vea en el corto plazo en una perspectiva de recuperación es algo alentador, ya que, el escenario mundial va en otra dirección.

Adicionalmente, lo más llamativo es el hecho que la formación bruta de capital (inversión productiva) fue uno de los datos que mejor salió librado en la revisión del PIB del primer trimestre. En el primer informe se reportó con un crecimiento de 2,8% y ahora con la revisión se elevó a 4.2%.

El dato alentador se ha vuelto la noticia más reproducida por los medios, respaldando el optimismo en los análisis de líderes gremiales y de algunos expertos. Sin embargo, ¿estamos realmente en una fase sostenible de crecimiento económico?

El Entorno Global: camino de la recesión.

Esta semana -el miércoles 14 de agosto- tuve la oportunidad de visitar al Comité Intergremial de Antioquia y exponerles a los líderes gremiales de la región algunos argumentos de la muy posible volatilidad del tipo de cambio en el corto y mediano plazo.

La economía mundial vive una coyuntura compleja que se nutre de dos factores críticos que la empujan hacia la recesión: el Brexit y la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El primer argumento, el Brexit, es un fenómeno que seguramente afectará la frágil economía europea. El comercio intrarregional de la Unión Europea es responsable del 25% de las exportaciones mundiales; y todo indica que la salida de Gran Bretaña será dolorosa: el ascenso de Johnson al cargo de Primer Ministro, quien lideró la campaña por el Brexit, hace pensar que la salida se hará en términos “poco amigables”.

Adicionalmente, las guerras comerciales de Trump con China no sólo mantendrán la dinámica de crecimiento desacelerado del coloso asiático, sino que afectarán a las firmas norteamericanas que extienden sus cadenas de valor a lo largo del Este Asiático.

Interdependencia en cadenas globales de valor

Imaginemos que Apple envía componentes para su IPhone a fabricantes chinos, los cuales ensamblan su producto. Dichos manufactureros compran otros componentes a proveedores de otras naciones (Corea, Alemania, Taiwán, otros), ensamblan el dispositivo y lo exportan a Estados Unidos ¿qué pasa si Estados Unidos coloca un arancel a este producto? ¿quién sale afectado?

La creciente interdependencia que generan las Cadenas Globales de Valor -fruto de estrategias de economías de escala y de la hiperespecialización-, hace que las guerras comerciales afecten tanto al país al que va dirigido al ataque, como a las propias empresas del atacante.

En consecuencia, tanto Johnson como Trump se están “dando un tiro en el pié”.

Estos dos detonantes de recesión se acompañan de factores previos que son caldo de cultivo: la extendida desaceleración económica de China y el trimestre recesivo de Alemania, locomotora de la Unión Europea.

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En más de dos lustros, China viene en un proceso continuo de desaceleración económica. Para recuperar la senda expansionista de décadas anteriores, el gigante asiático tiene que realizar ajustes en su política económica, particularmente para estabilizar su mercado doméstico. Eso no sucederá en el corto plazo, éste es un ajuste doloroso, riesgoso y complejo. Será una solución de mediano y largo plazo.

 

¿Y Colombia, qué tan vulnerable es?

A pesar de que el primer semestre de 2019 pinta bien para Colombia, el país tiene una serie de factores estructurales que lo hacen vulnerable ante una posible recesión económica global:

– Más del 70% de las exportaciones colombianas son commodities, por lo tanto, la recesión global puede bajar los precios de los combustibles y de otros commodities agudizando nuestro déficit de cuenta corriente. Ello, adicionalmente puede afectar las finanzas públicas puesto que el Estado es el principal accionista de Ecopetrol;

– El déficit fiscal de Colombia tiene algunos componentes estructurales que conforman un pasivo muy costoso: el pensional y la cobertura subsidiada de salud. Mientras no crezca la formalización del empleo, estos rubros seguirán siendo onerosos. Por lo tanto, el déficit tiene un componente crónico que hace imposible mantener unas tasas de interés bajas en el mediano y largo plazo;

– El déficit de cuenta corriente tiene un componente adicional: la repatriación de utilidades por parte de las multinacionales. Mientras Colombia no atraiga IED a los sectores agrario y manufacturero; y mientras no logre ser tan atractivo para la reinversión de las ganancias, el flujo negativo de divisas por cuenta corriente se mantendrá casi constante.

Estos tres factores hacen vulnerable a la economía colombiana, lo que se traduce en fenómenos coyunturales como las altas fluctuaciones de la tasa de cambio y la caída en la calificación de riesgo país. En el mediano plazo esto se puede traducir en desaceleración e, inclusive, recesión económica.

 

 

 

 

 

Censo 2018: Colombia ya no es muy joven.

Giovanny Cardona Montoya, julio 6 de 2019.

 

Ha salido el primer informe sobre el Censo-2018, realizado por el DANE. Y, como era de esperarse, ya genera discusión. El ya “sospechado” balance de que somos menos de 50 millones de colombianos, no resultó tan llamativo como algunos esperaban. En 13 años la población habría crecido 6.5%, una tasa coherente con los cambios socio-económicos del país. La fotografía de 2018 indica que somos 48.2 millones de habitantes.

¿Cuáles pueden ser las primeras conclusiones del informe del Censo, que se empieza a publicar?

1. La población crece lentamente, pero los hogares lo hacen más rápido.

A nivel global el crecimiento de la población se desacelera, especialmente en Europa Occidental, Norteamérica y China. En un segundo rango aparecen la mayoría de las naciones latinoamericanas, incluída Colombia. Los países donde más crece la población son los de África y Oriente Medio.

Sin embargo, el número de hogares y, por ende, de viviedas crece aceleradamente. Así, mientras el total de la población creció tan sólo 6,5% entre 2005 y 2018, los hogares lo hicieron en casi 35%. Los hogares unipersonales y las parejas sin hijos, son la estructura familiar que más rápido crece en Colombia -lo que va en la dirección de una tendencia global-

Contrario a la tendencia de familias más pequeñas, se destacan algunos departamentos de la Costa Atlántica y otros orientales de frontera con Venezuela, en los cuales las familias tienen en promedio 3,5 integrantes, -cercano al de 4 personas del Censo de 2005-.

2. Regiones con más futuro y regiones con más pasado.

El Censo 2018 presenta tres grandes grupos poblacionales: dos dependientes -menores de 15 años y mayores de 65 años- y un gran grupo de no dependientes: entre 15 y 64 años. Esta clasificación indica la potencial población laborante, y aquellas que aún no están en edad de hacerlo (niños) o que ya superaron dicho umbral (ancianos). El gran agregado señala que en Colombia, por cada 100 menores de 15 años, hay 40 adultos mayores de 65 años.

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Si vemos la gama de colores, para mayores de 65 años y para menores de 15 años, Colombia se halla en la mitad del camino en el proceso de envejecimiento de la población mundial: entre Europa Occidental -un continente muy viejo- y Africa -el continente joven-.

 

El país no es homogeneo, tiene regiones y subculturas, eso genera diferencias en la estructura poblacional por edades. Así, Antioquia, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca son los departamentos con más bajo porcentaje de población menor de 15 años (menos del 20%). En cambio las zonas fronterizas, Amazonas, Vaupés, Vichada, Guainía, Chocó y Guajira tienen más de 30% de población con 14 años o menos.

Pero, precisamente estas regiones tienen un comportamiento inverso en materia de población en edad de retiro: el Eje Cafetero, Valle, Boyacá y Tolima son los departamentos con más población mayor de 64 años: más del 10% de la población. Antioquia se halla en el segundo grupo con más del 8%. En cambio los departamentos del Oriente – Vichada, Vaupés, Amazonía, etc.- tienen una población adulta igual o inferior al 6%.

Estos datos no deben verse ni estáticos ni de manera aislada. Así, por ejemplo, las regiones que tienen poca población infantil presentarán en el mediano plazo una reducción en el rango de habitantes en edad de trabajar y de hacer estudios universitarios. De igual manera, el Índice de Envejecimiento, que establece la relación entre población de más de sesenta años, con respecto a la infantil -14 años o menos-, indica que son precisamente Antioquia, el eje cafetero, el Valle del Cauca, Tolima y Boyacá, los de más rápido envejecimiento. En el mediano plazo, éstas serán las regiones de Colombia en las que haya más población en edad de jubilación y menos en edad de trabajar.

3. Las migraciones, ¿catalizadores o desaceleradores de la tendencia?

Aunque aún no se hable de migraciones entre municipios, sino entre departamentos, estos datos pueden dar una idea de cómo reacciona la población ante la realidad de que las oportunidades de desarrollo son desiguales entre regiones. Según los datos del DANE, Chocó y departamentos del centro y suroriente de Colombia, son los que más población expulsan (más del 7%), mientras Antioquia, Valle y los departamentos de la Costa Atlántica son los que menos emigrantes tienen (4% o menos).

Habrá que poner la lupa con los datos más detallados para ver el comportamiento migratorio entre centro y periferia: municipios distantes y las ciudades grandes de los departamentos. Seguramente allí se encontrarán cifras más relevantes.

De igual manera, así como se mide la emigración, habrá que mirar los departamentos que más absorven dicha población que se moviliza. Posiblemente este último dato nos muestre un ajuste en el envejecimiento y baja tasa de natalidad de departamentos como Antioquia, Valle o ele Eje Cafetero -este tema queda pendiente para cuando DANE habilite las tablas dinámicas y demás datos-

Comentarios finales:

No debemos irnos por las ramas, es necesario que empresarios, académicos y clase dirigente analicen estos nuevos datos con profundidad y amplitud. No podemos dejarnos seducir por números “curiosos” o “cuestionables” que estimulen debates inócuos en redes sociales y otros medios de comunicación. Hay que mirar a fondo los detalles y tratar de buscar tendencias que permitan anticipar comportamientos demográficos de mediano y de largo plazo.

El aumento de los hogares unipersonales, las parejas sin hijos y el aumento de los adultos mayores, implican cambios en los mercados. Sin embargo, estas tendencias no tienen la misma velocidad e impacto en Antioquia que en  Vichada, hay que ponderar los datos.

La desaceleración de la natalidad y la reducción de la población menor de 15 años darán también una pauta importante en el desarrollo social y económico del país y de sus regiones.

Esta nueva información puede llevar a revisar estrategias y políticas, tanto en el sector público como en el privado. La distribución de recursos para servicios públicos (vivienda, educación, salud, entre otros) estará marcada por estos datos. Los empresarios y los emprendedores también deben interpretar tendencialmente los datos: ¿en qué están cambiando los mercados existentes? ¿qué nuevas necesidades nacen de esta realidad? ¿qué mercados se están menguando o desaparecerán?

Por último, a pesar de las preocupaciones que se pueden derivar de los datos vistos, el hecho es que en un ciclo de largo plazo, la población colombiana se halla en el segmento de tiempo de mayor potencial para producir riqueza material y espiritual -artística- . La mayor parte de la población es joven y adulta, el envejecimiento  apenas está en su fase inicial y la natalidad aún no es críticamente baja.

Población mundial: somos muchos, más viejos y más solos.

Giovanny Cardona Montoya, julio 1 de 2019.

 

En los últimos meses, los colombianos han estado inquietos por temas demográficos: la migración de venezolanos desde 2017 como consecuencia de la crisis socio-política y económica del vecino país; las dudas sobre el censo de la población colombiana (¿somos casi 50 millones de habitantes o mucho menos?); o la preocupación por la población joven que ingresa a la educación superior ¿hay menos jóvenes? Todas estas inquietudes tienen validez, pero no son el resultado de fenómenos coyunturales, responden a tendencias de largo plazo que vienen y continuarán en el mediano y largo plazo.

Nada sucede repentinamente. La población mundial está cambiando en su estructura, pero éste es un proceso gradual que se ha venido labrando con marcado acento desde comienzos del siglo XX:

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Como podemos ver en este gráfico, es desde comienzos del siglo XX que la población mundial se ha multiplicado por cuatro, llevándonos a esta compleja situación de sobrepoblación. Sin embargo, como proceso cíclico, la evolución no es lineal y, además se desarrolla de manera gradual, aunque a velocidades cambiantes.

 

Para anticipar el devenir de la población mundial, debemos tener en cuenta:

– los sistemas de salubridad han ayudado a que, de manera gradual, se reduzca la morbilidad infantil y aumente la expectativa de vida. Los desarrollos en materia de nutrición también han incidido positivamente en estos indicadores.

– la evolución demográfica en Europa y las que históricamente fueron sus zonas de influencia (colonias en África y América Latina), ha estado asociada a los niveles de desarrollo socio-económico (los más industrializados redujeron la mortandad infantil, aumentan la expectativa de vida, pero luego comienzan a reducir el tamaño de sus familias).

China, India y algunos vecinos de la región se han convertido en el mayor foco de crecimiento poblacional del planeta. Hoy, el 40% de los habitantes del planeta viven en esa región.

– Las migraciones se dan por diversas razones, algunas responden al proceso globalizador (migraciones intrarregionales, migraciones de mano de obra cualificada y de inversores), pero otras responden a los desbalances en las expectativas de vida y de desarrollo socio-económico (habitantes del Sur subdesarrollado migran al Norte desarrollado).

– las nuevas generaciones, las de la globalización, tienen una perspectiva de la vida muy diferente a la de sus padres y abuelos. Viven conectados, no se sienten atados a tradiciones (casarse y tener hijos, por ejemplo) y ven su hogar en cualquier lugar del planeta.

 

Familias más pequeñas, menor natalidad, mayor población anciana.

En el proceso de desarrollo demográfico de las últimas décadas se evidencian los siguientes cambios:

las familias cada vez tienen menos hijos (algo más evidente en países industrializados y en grupos sociales de ingresos medios y altos). Los expertos señalan que la familias de mayores ingresos y de alto nivel de formación, presentan aspiraciones y estilos de vida que difieren de los tradicionales: viajar, hacer posgrados, no atarse a empleos, ni a lugares de vivienda, etc.

– crece el número de hogares de población adulta y jubilados.

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Ese gráfico nos muestra la evolución histórica de la población joven y de la adulta. Ya, para 2025 se pronostica que la población mayor de sesenta años comienza a superar a la de menores de 15 años. ¿Quién trabajará para sostener la jubilación de los mayores?

 

Los estudios muestran que la estructura de los hogares está sufriendo cambios importantes, los cuales deben ser tenidos en cuenta en la planeación de políticas públicas, en las estrategias de marketing, en el sector de la construcción y en la generación de nuevos emprendimientos. Aunque estas tendencias  no son homogeneas, son evidentes en Europa, Norteamérica y gran parte de América Latina. Igualmente, en países de otras regiones, este proceso tendencial es notorio en los estratos socio-económicos, medio y alto:

– cada vez hay  más hogares unipersonales,

crecen los hogares de divorciados,

– aumenta el número de hogares de parejas con un solo hijo o sin hijos,

– se reduce el número de hogares tradicionales: un padre, una madre y dos o más hijos.

– sigue creciendo la población de manera más o menos acelerada en regiones con fuerte influencia religiosa (países musulmanes, India) y en grupos socio-económicos de bajos ingresos (África)

 

Las migraciones: el lado humano de la globalización.

El otro cambio fundamental que se vive en la población mundial es el derivado de la integración cultural. Las migraciones responden a necesidades económicas, a ubicaciones geográficas particulares y a perspectivas cambiantes de la vida por parte de los habitantes del planeta.

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Como se puede ver en este gráfico, son fuertes las migraciones intrarregionales (flechas amarillas) y las que van del Sur al Norte.

 

Si bien las migraciones no son nuevas (los europeos migraron en siglos pasados hacia América, Asia, África y Oceanía), y desde el siglo XX se han tenido fuertes olas migratorias en diversas regiones -africanos hacia Europa, latinoamericanos hacia Estados Unidos-, la realidad es que los inmigrantes hoy tienen un mayor peso dentro de la población de los países receptores:

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Este gráfico nos muestra que la población de inmigrantes, que en 1980 rondaba el 2.3% de la población mundial, viene creciendo a tal punto que hoy bordea el 3.2%.

Toda esta realidad le quita sentido a los sentimientos anti-migratorios, nacionalistas y xenófobos. Los países cada vez son más mezclados, mestizos e interculturales. Pensar que Europa, Norteamérica o Australia son regiones que pertenecen a una población “autóctona” es desconocer la historia y, además, negar la importancia que el fenómeno migratorio tendrá en las próximas décadas.

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Este último gráfico muestra el peso de los inmigrantes en los diferentes países del planeta. Es evidente que tienen una gran participación en Argentina, Venezuela, Australia, Canadá, en el Sur de África, en algunos países del Golfo Pérsico e, incluso, en Estados Unidos.