Alianza del Pacífico: bienvenidos al futuro…otra vez.

 

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Acabamos de tomar una “nueva” gran decisión: ahora somos parte de uno de los más grandes bloques del mundo. O, bueno, eso dijeron los jefes de estado y los periodistas que desde Cali siguieron la cumbre entre los países integrantes de la Alianza del Pacífico. Según los protagonistas y los voceros de los medios de comunicación, éste sería el 8vo bloque económico más grande del mundo.

Pero, ésta es una nueva evidencia que no hemos entendido nada o casi nada, de lo que pasa en el contexto de la globalización comercial. En 1990, el entonces presidente César Gaviria nos daba la bienvenida al futuro con la Apertura Económica. Hace casi 20 años revivió el futuro con la reconfiguración del bloque andino y hace poco más de un año se nos volvió a aparecer el futuro con el tan anhelado TLC con Estados Unidos. Y esta semana, como una realidad paranormal, volvimos a tener una “aparición”.

La Alianza del Pacífico: ¿un gran bloque?

Evidentemente se han unido economías que equivalen a un gran pedazo de la torta del PIB  mundial. Eso sí, teniendo en cuenta que México representa 2/3 partes del mismo. Adicionalmente, si un país asiático va a mirar a México como un mercado interesante y “extendido” no será por la Alianza del Pacífico, sino por ser miembro del NAFTA.

Ahora, para que se consolide un verdadero bloque habría que ver el grado de profundidad de la integración. Se habla de librecomercio de mercancías y servicios, de movilidad de personas y de otros ámbitos complementarios.Veremos con los años que, de esto, se traduce en relaciones comerciales y de inversiones concretas.

Adicionalmente, hay que recordar que antes de la Alianza del Pacífico, entre estos países ya existían acuerdos bilaterales (Chile con la CAN, Colombia con México en el G-2). O sea, la Alianza del Pacífico, para hacer un verdadero aporte, tendría que profundizar los acuerdos existentes, puesto que el primer impacto al triangular los acuerdos bilaterales será una posible “erosión de preferencias”,  o sea, productores colombianos posicionados en Chile o Perú, por ejemplo, pierden con México ese mercado ganado bilateralmente.

Adicionalmente, se habla de que van a actuar como bloque ante terceros países. Y esa meta se ve difícil de cumplir. De un lado, no se ha hablado de una Unión Aduanera como para pensar en que se creará algún ente supranacional que representará a las naciones asociadas en la Alianza. Del otro, México tiene demasiados intereses relacionados con Estados Unidos como para pensar que negociará en bloque los grandes temas, por ejemplo en el escenario de la Ronda de Doha de la OMC. Igualmente, Chile ha demostrado ser un ave que prefiere volar sola; firma TLC con todo el mundo pero no se convierte en integrante pleno de ningún bloque.

En otras palabras, este acuerdo, como tantos otros, puede ser una oportunidad para algunas empresas y un gran riesgo para otras. Pero éste no es el bloque del pacífico que ayudará a sus integrantes a consolidar un mercado unificado y que los representará en las negociaciones comerciales con los países asiáticos. Este es un nuevo TLC con algunos asomos de mayor cooperación, nada más.

¿Qué es la Alianza del Pacífico para Colombia?

Para empezar, digamos que aunque Chile es un mercado creciente, su participación en el comercio exterior colombiano sigue siendo pequeña. Mientras en 2006 nos compraba 357 millones, para 2010 la cifra asciende a casi 1500 millones. Ahora, cualitativamente hablando, 1000 millones de las importaciones que nos realiza Chile tienen que ver con  petróleo y carbón. Adicionalmente sólo se destaca el azúcar.

En el caso de México, con este país hemos pasado de tener un déficit comercial de  US$287 millones en 2000, para llegar a US$5.849 millones en 2011. Pero, en una situación parecida a la de Chile, México sigue siendo un destino poco representativo para las exportaciones colombianas: en 2011 las exportaciones de Colombia hacia México solo representaron el 1,23% del total, mientras que las importaciones el 11,1%.

El comercio entre Colombia y Perú también ha sido creciente; éste alcanzó los 1,980 millones de dólares durante 2008, lo que significó un crecimiento de 250% respecto a lo comercializado en 2001. De este monto, 1,283 millones fueron las exportaciones de Colombia a Perú y 705 millones las importaciones. Los principales productos que Colombia vende a Perú son materias primas y productos intermedios (66.3%) y bienes de consumo (27.1%).

Preguntas, en lugar de conclusiones:

1. ¿Por qué Colombia necesita otro acuerdo para fortalecer sus relaciones con Chile, Perú y México, si con éstos ya tiene acuerdos en el marco de la CAN y el G-2? No puede ser para desligarse del ALBA porque Ecuador ya es observador de la Alianza del Pacífico.

2. ¿Estarán dispuestos estos países a asumir posturas en bloque, a negociar juntos con los tigres asiáticos y con China? Para lograr un mercado común habría que pensar no sólo en visas y homologación de títulos, sería necesario hablar de libre movilidad de trabajadores y capitales. ¿Están dispuestos a esto? Claro que no.

3. ¿México tomará posturas comerciales autónomas cuando América Latina le es un mercado marginal y Estados Unidos es, de lejos, su principal socio comercial? México tiene el 90% de su comercio concentrado en NAFTA, su TLC con la Unión Europea y algo con países asiáticos. En la OMC la voz cantante del NAFTA la lleva Estados Unidos.

4. ¿Por dónde va a salir Colombia al Pacífico? Este país se precia de tener frontera marítima por el Atlántico y el Pacífico. Pero, Chocó, que ocupa la mitad del borde pacífico es el departamento más abandonado de Colombia. Es un territorio no sólo lleno de problemas económicos sino, también, desconectado del resto del país. El puerto de Buenaventura en el Valle del Cauca presenta limitaciones para dar respuesta a las necesidades presentes, ¿cómo hará, entonces, para un ideal crecimiento de nuestro comercio con el Asia Pacífico?

4. ¿Podrá Colombia sacarle jugo a este nuevo acuerdo? Muy poco. Tenemos mercados abiertos en Europa, en Estados Unidos, en América Latina, en Corea y en otros países. Pero no los estamos aprovechando. Lo que Colombia exporta actualmente es lo mismo que hace 25 años, antes de entrar en esta “ola” de aperturas y TLC. Y eso que exportamos (commodities) no necesita acuerdos, ya que son productos de libre acceso: petróleo, carbón, ferroníquel, oro, café. Sólo algunos productos se benefician de las preferencias que nos ofrecen nuestros socios comerciales.

No necesitamos más acuerdos, necesitamos transformar nuestra oferta de bienes y servicios. El problema principal no está en la ausencia o presencia de TLC sino en la incapacidad productiva del país, que no agrega valor, que no innova, que no participa en las cadenas globales en las que se producen las mercancías de alto nivel tecnológico. Es en estas últimas donde está el negocio.

 

Socialismo del Siglo XXI: ¿un modelo económico coherente?

Han pasado casi 3 lustros desde que se dio inicio a la revolución liderada por Chávez, posteriormente conocida como Socialismo del Siglo XXI. Sus defensores a ultranza destacan los logros y pretenden dejar la impresión que el modelo es perfecto, que los objetivos se logran y que las críticas son infundadas. Pero, de otro lado, la oposición y muchos medios de comunicación se esfuerzan enormemente en demostrar que Venezuela ha empeorado sus indicadores económicos y que, más grave aún, se estaría volviendo en una bomba de tiempo.  ¿Qué hay de cierto en las críticas y en la defensa del modelo?

Indicadores sociales en Venezuela

El país andino gozó de dos importantes bonanzas petroleras en la década de 1970, éstas permitieron financiar una economía de subsidios amplios que elevaron el estándar de vida promedio de los venezolanos durante más de una década. Sin embargo, dichas bonanzas no fueron utilizadas para estimular el surgimiento y desarrollo de nuevas industrias, en consecuencia, finalizado el boom comenzó una fase de déficits que conllevó el desmonte de los subsidios.

Cuando el país tuvo que aplicar los ajustes, lo que se tradujo en impuestos, bajos salarios y caida de los subsidios, la población más vulnerable explotó: primero el sangriento “caracazo”, luego el intento de golpe de Chávez y, por último, el ascenso del “Socialismo del Siglo XXI” al poder. Entonces, un movimiento antineoliberal comenzó a gestarse.

El nuevo gobierno colocó a los pobres en el centro de su política económica. Los hogares pobres han descendido en Venezuela de 55% en 2003 a 27% en 2011. En este contexto, los hogares en pobreza extrema caen de 27% a 7%. De hecho, según la CELAC, Ecuador y Venezuela son los países que más redujeron la la pobreza entre 1997 y 2010. Para lograr estos resultados, el gobierno bolivariano incrementó el gasto social hasta 20%, cuando en la década de 1988 a 1998, este indicador apenas alcanzaba el 8% del PIB.

En consecuencia, para dar un ejemplo, la población con acceso a agua potable pasó de 80% a 92% en el transcurso de una década, al igual que el acceso a saneamiento creció 20 puntos en la misma época, pasando de 68% a 88%.

Ahora, la pregunta que subyace a este análisis preliminar es acerca de la sostenibilidad de estas políticas. Esto es, ¿se está consolidando un aparato productivo capaz de garantizar la sostenibilidad en el tiempo de la reducción de la pobreza que se está generando?

Los números de la macroeconomía:

Para empezar, hay que reconocer que Venezuela convive con la ambiguedad de un relativo buen crecimiento, pero acompañado de un constante síntoma de incertidumbre: una de las tasas de inflación más altas del mundo. Mientras la economía venezolana ha crecido en promedio por encima del 5% durante los últimos últimos años, su inflación mensual promedia el 1%, lo que es casi la mitad de la tasa anual de su vecino, Colombia. De hecho, este 2013, la inflación acumulada en dos meese es casi del 5%,  ya que enero tuvo alzas promedio, cercanas al 3,5%.

Cualquier país europeo o el mismo EE-UU se soñaría una tasa de crecimiento como la venezolana, pero una inflación de 20% anual es una señal de alta incertidumbre para los empresarios y un “impuesto” muy elevado para las personas de bajos ingresos.

Otro indicador macroeconómico importante es el desempleo. Para comienzos de 2013, la tasa de desocupación es inferior al 6%, lo que es un excelente indicador para cualquier país en el mundo. Sin embargo, como en muchos países latinoamericanos, la economía informal es un indicador de mucho peso que señala una mala calidad de la ocupación. En Venezuela sólo 52% de la población ocupada tiene empleo formal, el resto son subempleados.

Pero, para muchos países del tercer mundo, el crecimiento económico es altamente dependiente de las exportaciones de commodities, y Venezuela no es la excepción. Probablemente esta sea la principal señal de que el Socialismo del Siglo XXI no está llevando a este país por la senda del desarrollo. Entre 1997 y 1999, las exportaciones no petroleras de Venezuela pasaron de 22% a 37%, sin embargo, de ahí en adelante la dependencia de hidrocarburos creció hasta alcanzar 95% en 2010. Hipotéticamente se estaría evidenciando un proceso de desindustrialización en el país.

En 2011, Venezuela exportó 93 mil millones de dólares, de los cuales, 88 mil fueron ventas petroleras. De hecho el dato evidencia un incremento significativo, relacionado con el aumento en los volúmenes y precios del crudo exportado. Sin embargo, hay que recordar que en este punto, Venezuela tiene una ventaja sostenible: las mayores reservas mundiales de petróleo.

Comentarios finales en lugar de conclusiones:

Es ligera la crítica de opositores que centran el debate en la inflación y desconocen que 14 años de revolución bolivariana han servido para una distribución más equitativa de la riqueza. Incluso, mejorar los estándares de vida de los venezolanos, con indicadores positivos de salud  y educación, son un potencial enorme para la competitividad futura del país. Problemas de desnutrición y analfabetismo en la infancia retrasan el desarrollo una generación, y en este punto se han tomado decisiones correctas. El objetivo que se propuso el gobierno de Chávez tiene que ver con las necesidades sentidas y acumuladas de millones de venezolanos, cuyo país fue gobernado por décadas por unas élites que desaprovecharon las bonanzas en la década de 1970 para impulsarlos hacia el desarrollo.

Sin embargo, aunque el fin en sí es loable, la estrategia no se ve coherente. El gobierno ha escogido una ruta que, más que de Socialismo parece de Capitalismo de Estado, la cual no se ha traducido en la generación de más y mejores capacidades para la producción de bienes y servicios. El modelo aleja a la inversión privada del país, pero no la sustituye con algún modelo eficiente de economía solidaria o estatal. El país sufre crisis parciales de desabastecimiento, a la vez que incrementa la dependencia de las importaciones.

Si bien el desempleo es bajo, el subempleo, la inflación y el creciente gasto público convierten a este modelo en una bomba de tiempo. El gobierno cuenta con una gran ventaja: hay reservas de petróleo para muchas décadas, pero si no se define claramente una ruta desarrollista, la dependencia de commodities puede pasarles pronto una cuenta de cobro. Hoy los precios del combustible dependen de la cadena global productiva China-Europa-Norteamérica y ésta se halla en una clara fase de desaceleración desde hace un lustro.

 

 

 

 

Contra la enfermedad holandesa: inversiones para la competitividad.

La punta del iceberg: se ha vuelto recurrente que los medios de comunicación recojan preocupaciones empresariales por el tema de la revaluación. El año pasado los confeccionistas encendieron las alarmas; ahora son los caficultores los que protestan porque el gobierno y el Banco de La República no están haciendo suficiente para enfrentar el problema de la revaluación. En la misma dirección, cada vez que el dólar se pone por debajo de los 1800 pesos, la prensa nacional hace eco de angustias por una fuerte revaluación.

Elementos para el análisis: para empezar tenemos que decir que desde el punto de vista nominal, la revaluación es un hecho que nos ha acompañado desde hace más de un decenio, tal y como lo mostramos en el artículo pasado (revaluación del peso). Ahora, para hablar de una revaluación real histórica debemos comparar el comportamiento de la inflación en Colombia, con respecto a los precios de los países que son nuestros mercados o proveedores más importantes.

NOTA TÉCNICA(1): nuestros productores y exportadores se verían beneficiados con una baja inflación doméstica, una devaluación nominal del peso y una alta inflación externa.

La inflación doméstica viene en franco descenso desde hace un par de decadas. En 1990 la inflación era del 33%, y desde hace casi una década tenemos una tasa de incremento de precios por debajo del 10%, actualmente la inflación en Colombia es del 3%. Este comportamiento es positivo desde el punto de vista de la tasa de cambio real, ya que la caída de la inflación implica una menor necesidad de devaluación nominal para compensar el alza doméstica de los precios.

Pero, mientras la inflación colombiana viene de 8% en 2001 a 3% en 2012, la de Estados Unidos oscila entre 3% y 1%, teniendo un techo de 4% en 2007 y un piso de 0,08% en 2008. O sea, en general, durante la década, la inflación de Estados Unidos es inferior a la colombiana, lo que, en términos simples, exige una devaluación nominal del peso para compensar la pérdida de competitividad.Tal vez, el único mercado importante con una alta tendencia inflacionaria ha sido Venezuela, -con tasas entre 20 y 30%- pero este país ha perdido peso como destino de nuestras exportaciones. Por lo tanto:

NOTA TÉCNICA (2): tenemos una inflación más alta que los mercados con los que nos relacionamos y y una revaluación que ha bajado nominalmente al dólar de 2300 pesos a 1800 en diez años. En otras palabras, nuestros precios suben más rápido que en los países que son nuestros mercados y proveedores principales: Estados Unidos y la Unión Europea. O sea, una revaluación nominal superior al 20% (1800/2300) aunada a una inflación comparada negativa durante la década (doméstica mayor que externa), nos coloca en el peor de los mundos.

¿Por qué no se ha notado esto en las exportaciones? porque estamos vendiendo al mundo petróleo, carbón, ferroníquel y café. China y su dinámica de crecimiento han llevado a los commodities a precios estratosféricos, pero cuando la bonanza acabe, el comercio exterior nos pasará la cuenta de cobro. Ya los cafeteros encendieron las alarmas.

O sea, tenemos síntomas de enfermedad holandesa: bonanza de commodities, revaluación del peso, auge de sectores no transables -servicios financieros, comunicaciones y otros- y deterioro de los demás sectores de transables: industria manufacturera y sector agropecuario.

Estamos viviendo como nuevos ricos, sin pensar en el futuro. Si la economía de Norteamérica y de Europa no sale de su letargo, -ya llevan 5 años moviéndose entre desaceleración y recesión-, los precios del petróleo comenzarán a bajar porque China depende en gran medida de sus exportaciones a estos mercados. Adicionalmente, Colombia no tiene reservas de combustibles para muchos años. La situación se complica aún más.

El otro hecho es que estamos teniendo un déficit en cuenta corriente, o sea, más importaciones que exportaciones de bienes y servicios.  Aunque en materia de mercancías se tiene un pequeño superávit, en servicios factoriales el déficit es enorme: pago de intereses de deuda externa y, especialmente, la repatriación de utilidades de las empresas extranjeras que invierten en el país. Por lo tanto, entre la deuda externa y los capitales que llegan a la minería y al sector servicios -banca y telecomunicaciones, principalmente- estamos compensando el hueco que hay en la cuenta corriente….esto es una bomba de tiempo.

¿Qué hacer? hay que desarrollar el campo y la agroindustria, fortalecer la industria manufacturera, reducir los costos logísticos -transportes, vías, puertos-, mejorar costos de producción de las empresas -investigación, innovación, tecnología- y crear nuevos productos, empresas e industrias que lleven a nuestra economía a la producción de bienes de mediana y alta tecnología para dejar de depender de los commodities y cobrar por la agregación de valor.

Si no invertimos adecuadamente la bonanza de combustibles que hemos tenido y si no canalizamos la inversión privada y el gasto público hacia lo importante: innovación y nuevas industrias; entonces, la “enfermedad holandesa en la que estamos” nos pasará cuenta de cobro.

Revaluación del peso: ¿problema monetario o estructural?

La revaluación es, de manera simple, el fortalecimiento de la capacidad adquisitiva de una moneda frente a otra. En pocas palabras “una unidad de mi moneda compra más bienes y servicios extranjeros que antes

Colombia está viviendo un fenómeno crónico de revaluación. Sin mirar cifras muy detalladas y sin hacer mayores precisiones sobre la relación entre la tasa de cambio nominal y la inflación, es evidente que si el dólar en Colombia cuesta menos en pesos hoy que hace 10 años, es porque estamos revaluados (ver enlace). Aunque la inflación en Colombia ha bajado sustancialmente, nuestros datos históricos no son en promedio más bajos que los de los países que nos compran la mayor parte de las mercancías: la Unión Europea y Estados Unidos. Por lo tanto, para no hablar de revaluación el dólar debería estar, al menos, un poco más caro que en años atrás. Y no es así.

La consecuencia de esta situación es que nuestros salarios son internacionalmente altos, nuestros productos son comparativamente costosos y, por ende, somos propensos a comprar más bienes importados y a vender menos de lo nuestro. Mientras hace poco menos de dos décadas un obrero colombiano ganaba cerca de US$100, hoy el salario mínimo supera los US$300. En consecuencia, es comparativamente más caro producir en Colombia hoy que antes.

¿Por qué se está dando este fenómeno? por diversas razones. Algunas son externas a nuestro país y, digámoslo así, se salen de nuestras manos: la política macroeconómica de Estados Unidos y la debilidad de los indicadores de ese país generan devaluación del dólar. Pero, de otro lado, nuestro “éxito en los mercados de capitales”, y la bonanza ya casi crónica de los mercados de commodities, nos están inundando de dólares. O sea, créditos externos, inversiones extranjeras en minería y aumento de los ingresos por exportaciones de carbón, ferroníquel y petróleo principalmente, están revaluando al peso. Coloquialmente hablando, nos estamos llenando de dólares.

Si nos está yendo tan bien, por qué ¿nos preocupamos? Porque este éxito no es equilibrado. Lo que se logra con exportaciones mineras afecta a la industria y a la agricultura, que no exportan mucho y que, como consecuencia de la revaluación, cada vez enfrentan  más competencia extranjera que llega al país en forma de importaciones.

Esta situación tiene dos características que señalan lo anómalo del fenómeno. De un lado está el hecho que la economía no se está desarrollando de manera equilibrada, o sea, tenemos una minería próspera y creciente, mientras, del otro lado, se encuentran, una industria y una agricultura deprimidas o, al menos, estancadas. Adicional está el hecho que Colombia no tiene grandes reservas de hidrocarburos, por ende, la prosperidad vía petróleo  no es sostenible en el largo plazo. Aunque suene un poco simplista, Venezuela puede fincar su desarrollo en la industria petrolera, sin fortalecer otros sectores porque sus reservas confirmadas del oro negro se miden en décadas y hasta en siglos; en cambio, las colombianas apenas las podemos medir en años o lustros.

Entonces, volviendo a la pregunta original: ¿es la revaluación un problema monetario? ¿puede el Banco de la República resolver el problema bajando las tasas de interés y comprando unos milloncitos de dólares al día? Creo que no.

Obviando las variables externas, -que en la práctica no se pueden obviar, pero que lo hacemos para fines metodológicos- el problema es que mientras consumamos de cuenta de una bonanza de commodities, estaremos destruyendo a otros sectores de la economía que son reemplazados por los competidores extranjeros: la industria y la agricultura. Nuestro problema es estructural y, por ende, debe resolverse redefiniendo nuestras estructuras de gasto, de inversión y de producción.

Si no ahorramos, poniéndole algo de freno al consumo privado y al gasto público, y si no redireccionamos nuestros recursos más importantes hacia inversión en sector manufacturero, agro, infraestructura, ciencia, tecnología, educación y desarrollo de nuevas industrias, nos comeremos la bonanza y estaremos sembrando la miseria que cosecharemos en el futuro.

Veámoslo así: si hay más ciencia, más tecnología, mejor infraestructura y más trabajadores educados y saludables, entonces nuestras empresas serán más innovadoras, tendrán menores costos y agregarán mayor valor a sus productos, lo que permitirá obtener una mejor remuneración por lo que se venda en el país y lo que se exporte al extranjero. En consecuencia, no importará si el dólar está un poco más barato (nominalmente) ya que el aumento de las eficiencias -más productividad- y la agregación de valor -mayor precio de venta-, compensarán esta pérdida. He ahí el truco.

Moraleja: estamos ante un problema estructural y su solución es estructural.  

Expansión del Mercosur: ¿desaparecerá la CAN?

English version: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez

¿De qué estamos hablando?

Desde que en 1960 se creara la ALALC, redefinida en 1980 como ALADI, en esta región se ha planeado crear un bloque económico latinoamericano o, al menos, suramericano. En el marco de la ALADI surgieron la CAN y el Mercosur, dos proyectos de integración que buscan, cada uno por su lado, la consolidación de un territorio aduanero subregional equivalente a una Unión Aduanera (UA). Por lo anterior, la firma del acuerdo CAN-Mercosur se podía entender como un puente entre dos subgrupos que nacieron para fundirse en uno solo.

¿Se desmorona la CAN?

Sin embargo, la firma del TLC entre Colombia y Estados Unidos -hace ya cinco años-  y la crisis política vivida por Paraguay a mediados de este 2012, han sido los detonadores de un cambio significativo en la estructura de los dos grandes bloques suramericanos. La salida de Venezuela de la CAN, acompañada de su posterior ingreso al Mercosur parece ser sólo el inicio de un proceso de expansión de éste y de deterioro del bloque andino, puesto que ya se ventila el ingreso de Bolivia y de Ecuador al bloque que lidera Brasil.

Con la salida de Venezuela de la CAN cayó uno de los intercambios comerciales más significativos del bloque: las exportaciones desde Colombia hacia Venezuela. Sin embargo, a pesar de que el comercio intra-andino sólo representa el 7% de las exportaciones de los 4 países del bloque, se debe destacar que casi ¾ partes del mismo son de bienes manufacturados; y ello es muy significativo para economías mono-exportadoras, que dependen en gran medida de los mercados de hidrocarburos.

Según estadísticas oficiales, Venezuela llegó a representar más del 50% de las compras intra-andinas, siendo el 2º principal mercado mundial para las exportaciones colombianas. En 2008, Venezuela importó a la CAN mercancías por un valor superior a 8 mil millones de dólares, mientras el resto del bloque compró poco más de 7 mil. Para 2011 – ya sin Venezuela-, Ecuador y Bolivia representa casi el 40% de las importaciones intra-bloque. Por lo tanto, un posible ingreso de Bolivia y Ecuador al Mercosur no es un tema poco relevante para los exportadores de Perú y Colombia, los supervivientes de la CAN.

 COMUNIDAD ANDINA: EXPORTACIONES, SEGÚN ZONA ECONÓMICA, 2008-2011(Millones de dólares)

ZONA ECONÓMICA                  2008          2009                2010             2011       

TOTAL MUNDO                            93.654      77.680               98.003        131.626

COMUNIDAD ANDINA             7.005         5.774               7.810           9.187

Bolivia                                                479              535                   636              714

Colombia                                              2.456        2.116           3.063                     3.428

Ecuador                                           2.491        1.586           2.127                2.770

Perú                                                       1.579          1.538            1.984                   2.275

MERCOSUR                                        5.516          3.578            5.517                   7.462

Chile                                                      4.284         2.328            3.187                   5.130

México                                                   1.037            865            1.034                   1.272

Venezuela                                        8.080       5.449         3.174                4.335

Resto del Mundo                             25.528         23.791          30.394                41.489

Fuente: http://estadisticas.comunidadandina.org/eportal/contenidos/compendio2012.htm

¿Será Mercosur el futuro de Colombia?

Si reducimos el tema a una cuestión aduanera, entonces, hay que destacar algunos temas principales:

– el proteccionismo del Mercosur es más elevado que el de la CAN. En consecuencia, ingresar al Mercosur implicaría elevar nuestras barreras, lo que rompería con un modelo económico aperturista que se ha posicionado en la política comercial colombiana desde hace un par de décadas. ¿Estamos dispuestos a ello?

– Entre el año 2006 y el 2012, el promedio arancelario colombiano ha bajado de 12% a 6,2%. Sin embargo, la mayoría de las importaciones están gravadas, adicionalmente, con un IVA, y en el caso de bienes agrícolas se utiliza el sistema de Franja de Precios Andina.

– Colombia ya tiene TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea, hecho que no se presenta en ninguna de las naciones del Mercosur.

– Todo lo anterior nos lleva a concluir que ni Perú -que también tiene un modelo de apertura económica-, ni Colombia, tendrían posibilidad de ser miembros plenos del Mercosur, si así lo desearan. La posición más coherente y viable sería la actual: tener un acuerdo comercial con el Mercosur, sin ser miembros plenos de éste. Algo similar al modelo chileno.

Pero, si llevamos el tema más allá de lo aduanero, entonces, quedan más preguntas que respuestas:

No tener un bloque regional fuerte (por ejemplo la Unión Aduanera Andina) debilita nuestra capacidad de negociación con países de otras latitudes. Tal es el caso de nuestra poco activa participación en los escenarios de negociación de la OMC.

– El ingreso de países andinos al Mercosur reduce el potencial de mercado regional para las manufacturas colombianas. La pérdida del mercado venezolano fue notoria en el comercio colombiano de los últimos años, si sucede lo mismo con Ecuador, el impacto también será significativo. Es claro que Argentina y Brasil pueden aprovechar impactos de desviación de comercio o de erosión de preferencias colombianas en los países andinos, desplazándonos como sus proveedores principales.

– Recordemos que la estrategia chilena de tener acuerdos con todo el mundo, pero sin incursionar plenamente en un bloque que le restringa su autonomía en materia de políticas aduaneras, se ha acompañado de políticas de desarrollo económico que lo han llevado a una gran diversificación de sus mercados: Este asiático, Norteamérica, Latinoamérica y Europa Occidental son mercados importantes para las exportaciones del país austral. El caso colombiano es muy diferente, tenemos una gran concentración del mercado exportador en Norteamérica y la Unión Europea, con productos mineros  o de otros sectores con bajo nivel de complejidad tecnológica.

Reflexión final: lo crítico de esta situación  no es que nuestros vecinos busquen refugio en el Mercosur, lo verdaderamente grave es que la política comercial colombiana no se está definiendo en nuestro país, sino que tendrá que ser una reacción a las estrategias activas de las demás naciones.

La CAN, como el Mercosur, ha tenido una retórica activa pero un accionar débil. Ambos proyectos han tratado de crear bloques con un importante nivel de supranacionalidad que no se materializa. Sin embargo, mientras estén latentes, pueden ser fuente de bienes públicos que estimulen el desarrollo interno y que fortalezcan las capacidades de negociación con países industrializados y con bloques del mundo.

¿Sabe Colombia para dónde vá en materia de comercio exterior? ¿Tenemos claro cuál es nuestro horizonte? Me temo que no.