Expansión del Mercosur: ¿desaparecerá la CAN?

English version: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez

¿De qué estamos hablando?

Desde que en 1960 se creara la ALALC, redefinida en 1980 como ALADI, en esta región se ha planeado crear un bloque económico latinoamericano o, al menos, suramericano. En el marco de la ALADI surgieron la CAN y el Mercosur, dos proyectos de integración que buscan, cada uno por su lado, la consolidación de un territorio aduanero subregional equivalente a una Unión Aduanera (UA). Por lo anterior, la firma del acuerdo CAN-Mercosur se podía entender como un puente entre dos subgrupos que nacieron para fundirse en uno solo.

¿Se desmorona la CAN?

Sin embargo, la firma del TLC entre Colombia y Estados Unidos -hace ya cinco años-  y la crisis política vivida por Paraguay a mediados de este 2012, han sido los detonadores de un cambio significativo en la estructura de los dos grandes bloques suramericanos. La salida de Venezuela de la CAN, acompañada de su posterior ingreso al Mercosur parece ser sólo el inicio de un proceso de expansión de éste y de deterioro del bloque andino, puesto que ya se ventila el ingreso de Bolivia y de Ecuador al bloque que lidera Brasil.

Con la salida de Venezuela de la CAN cayó uno de los intercambios comerciales más significativos del bloque: las exportaciones desde Colombia hacia Venezuela. Sin embargo, a pesar de que el comercio intra-andino sólo representa el 7% de las exportaciones de los 4 países del bloque, se debe destacar que casi ¾ partes del mismo son de bienes manufacturados; y ello es muy significativo para economías mono-exportadoras, que dependen en gran medida de los mercados de hidrocarburos.

Según estadísticas oficiales, Venezuela llegó a representar más del 50% de las compras intra-andinas, siendo el 2º principal mercado mundial para las exportaciones colombianas. En 2008, Venezuela importó a la CAN mercancías por un valor superior a 8 mil millones de dólares, mientras el resto del bloque compró poco más de 7 mil. Para 2011 – ya sin Venezuela-, Ecuador y Bolivia representa casi el 40% de las importaciones intra-bloque. Por lo tanto, un posible ingreso de Bolivia y Ecuador al Mercosur no es un tema poco relevante para los exportadores de Perú y Colombia, los supervivientes de la CAN.

 COMUNIDAD ANDINA: EXPORTACIONES, SEGÚN ZONA ECONÓMICA, 2008-2011(Millones de dólares)

ZONA ECONÓMICA                  2008          2009                2010             2011       

TOTAL MUNDO                            93.654      77.680               98.003        131.626

COMUNIDAD ANDINA             7.005         5.774               7.810           9.187

Bolivia                                                479              535                   636              714

Colombia                                              2.456        2.116           3.063                     3.428

Ecuador                                           2.491        1.586           2.127                2.770

Perú                                                       1.579          1.538            1.984                   2.275

MERCOSUR                                        5.516          3.578            5.517                   7.462

Chile                                                      4.284         2.328            3.187                   5.130

México                                                   1.037            865            1.034                   1.272

Venezuela                                        8.080       5.449         3.174                4.335

Resto del Mundo                             25.528         23.791          30.394                41.489

Fuente: http://estadisticas.comunidadandina.org/eportal/contenidos/compendio2012.htm

¿Será Mercosur el futuro de Colombia?

Si reducimos el tema a una cuestión aduanera, entonces, hay que destacar algunos temas principales:

– el proteccionismo del Mercosur es más elevado que el de la CAN. En consecuencia, ingresar al Mercosur implicaría elevar nuestras barreras, lo que rompería con un modelo económico aperturista que se ha posicionado en la política comercial colombiana desde hace un par de décadas. ¿Estamos dispuestos a ello?

– Entre el año 2006 y el 2012, el promedio arancelario colombiano ha bajado de 12% a 6,2%. Sin embargo, la mayoría de las importaciones están gravadas, adicionalmente, con un IVA, y en el caso de bienes agrícolas se utiliza el sistema de Franja de Precios Andina.

– Colombia ya tiene TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea, hecho que no se presenta en ninguna de las naciones del Mercosur.

– Todo lo anterior nos lleva a concluir que ni Perú -que también tiene un modelo de apertura económica-, ni Colombia, tendrían posibilidad de ser miembros plenos del Mercosur, si así lo desearan. La posición más coherente y viable sería la actual: tener un acuerdo comercial con el Mercosur, sin ser miembros plenos de éste. Algo similar al modelo chileno.

Pero, si llevamos el tema más allá de lo aduanero, entonces, quedan más preguntas que respuestas:

No tener un bloque regional fuerte (por ejemplo la Unión Aduanera Andina) debilita nuestra capacidad de negociación con países de otras latitudes. Tal es el caso de nuestra poco activa participación en los escenarios de negociación de la OMC.

– El ingreso de países andinos al Mercosur reduce el potencial de mercado regional para las manufacturas colombianas. La pérdida del mercado venezolano fue notoria en el comercio colombiano de los últimos años, si sucede lo mismo con Ecuador, el impacto también será significativo. Es claro que Argentina y Brasil pueden aprovechar impactos de desviación de comercio o de erosión de preferencias colombianas en los países andinos, desplazándonos como sus proveedores principales.

– Recordemos que la estrategia chilena de tener acuerdos con todo el mundo, pero sin incursionar plenamente en un bloque que le restringa su autonomía en materia de políticas aduaneras, se ha acompañado de políticas de desarrollo económico que lo han llevado a una gran diversificación de sus mercados: Este asiático, Norteamérica, Latinoamérica y Europa Occidental son mercados importantes para las exportaciones del país austral. El caso colombiano es muy diferente, tenemos una gran concentración del mercado exportador en Norteamérica y la Unión Europea, con productos mineros  o de otros sectores con bajo nivel de complejidad tecnológica.

Reflexión final: lo crítico de esta situación  no es que nuestros vecinos busquen refugio en el Mercosur, lo verdaderamente grave es que la política comercial colombiana no se está definiendo en nuestro país, sino que tendrá que ser una reacción a las estrategias activas de las demás naciones.

La CAN, como el Mercosur, ha tenido una retórica activa pero un accionar débil. Ambos proyectos han tratado de crear bloques con un importante nivel de supranacionalidad que no se materializa. Sin embargo, mientras estén latentes, pueden ser fuente de bienes públicos que estimulen el desarrollo interno y que fortalezcan las capacidades de negociación con países industrializados y con bloques del mundo.

¿Sabe Colombia para dónde vá en materia de comercio exterior? ¿Tenemos claro cuál es nuestro horizonte? Me temo que no.

National Competitiveness Policy: good intentions rosary

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Spanish version: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?p=1131

Translator: Andres Fernando Cardona Ramírez

 

Over 20 years ago, Colombia, like most Latin American nations, renounced the development model inspired by ECLAC and enrolled in the liberalization model derived from the Washington Consensus. This change led to a reduction in state involvement in economic dynamics, enterprise privatization, unilateral trade liberalization and the spread of regional trade agreements (RTAs) with neighbors and nations around the world.

To provide a framework that legitimizes the new political and economic direction the country has been endowed with documents such as the Monitoring Report, also 20 years ago, and a dozen CONPES that have claimed to be the beacon to follow to a safe harbor. But time passes and the balance is not yet satisfactory. Despite being, for decades, one of the most stable nations in the region in macroeconomics, to achieve significant export growth and prove an attractive nation for foreign investment, especially in recent years, developing data-that is not synonymous with growth- indicates that the country is not moving in any direction.

The compass:

In 2006 passed the Conpes 3439 which created the National Competitiveness System. This system established a Vision for the future of the country:

“In 2032 Colombia will be one of the three most competitive countries in Latin America and will have a high level of income per person, equivalent to an upper middle income country, through an export driven economy of goods and services with high added value and innovation, with a business environment that encourages local and foreign investment, fosters regional convergence, better formal employment opportunities, raises the quality of life and substantially reduces poverty levels. ”

But time is handing us the bill for missed tasks. In 2006, the Global Competitiveness Indicator World Economic Forum, which measures 142-nations, our country stood at the 65th place among 125 countries. In 2011, Colombia was ranked 68th and in 2012 at 69. If we compare ourselves with our Latin American neighbors, the scenario is not better: we fell from the 5th to the 8th place.

This indicator shows that our relative position has not improved. Now, to achieve this goal it is necessary to make progress with other indicators related to production and income:

– According to the Privy Council on Competitiveness, between 2006 and 2010, income per person in Colombia has been growing at an average rate of 4.4%. However, the Council believes, if we are to meet the goal of being one upper middle income country by 2032, it should reach growth rates between 6% and 7% per year on average.

– At the beginning of the last decade of the twentieth century, Colombia depended heavily on exports of coffee, some oil and other agricultural or agro-industrial exports, mainly. After the discovery of oil in Cusiana and global coffee crisis, Colombia became more dependent on mining. In 2006, Colombian exports with low levels of innovation amounted to 83% of the total, by 2012, this figure reached 90%. Are we back? All signs point to yes.

Is it bad to grow depending almost exclusively mining?

No, not bad. First we can say that a country with sufficient reserves for decades can finance the dynamics of its development projects, even leverage those to generate new industries (manufacturing, services, etc..). But Colombia has not substantially increased its oil reserves. These are on average 2,200 million barrels, a low figure compared to other Latin American countries such as Ecuador which produces 6,200 million to 11,400 million or Mexico or Venezuela that reach almost 300,000 million.

So in addition to the fact that we need the resources of the “oil boom” to be used to build capacity (infrastructure, education, CT + I, etc…) We also require that explorations increase the reserves so that we have the cushion to finance the industrial conversion of our economy.

But, despite the relative and sustained macroeconomic stability, the mining export boom and the increasing flow of foreign investments the country preserves some burdens that do not allow us to move towards a more competitive economy:

- Weaknesses in the education system. In addition to the low coverage -25% of adults are high school graduates, less than 40% of high school graduates enter higher education and only half of these graduate, there are serious quality problems: the career of teachers (graduates) is not chosen by the best graduates, there is little demand for agricultural careers-an industry that has great potential, while young people show little interest in training in mathematics, physics, chemistry or biology, key disciplines for innovation and the development of new products, processes and services;

- Absence of a state policy on infrastructure. For decades in this country there’s been talk about the need for a interoceanic canal, tunnels to facilitate traffic through so many mountains, a new railway, a project for navigation through the Magdalena river, another port in the Pacific, etc… However, most of these proposals are still on paper and those under construction are years behind.

- High laboral informality. What is handled as a strategy to reduce labor costs, informality, is in actuality a drag that does not us to modernize our economy: there are workers who do not contribute to social security, worker cooperatives exist that threaten stable pay, there’s jobs that are performed through contracts to provide services rather than indefinite term labor linkages, etc. This worsens the fiscal deficit-SISBEN-, weakenes revenue base of households and thus the purchasing and debt, stagnates the domestic market.

- Abandonment of the rural sector. The field is not the supplier of raw materials for the city and, therefore, is not a strong market for the purchase of industrial goods and services. Although the armed conflict is a determinant factor of this abandonment, rural informality, and extensive landlordism “fattening”, accompanied by unproductive fragmentation, do not facilitate the transition to a competitive field.

- Colombia: a country that does not invest in R & D. This is evident: our exports of high and medium technology amount to barely 9%, and we are a country without patent path. While successful emerging markets spend several points of GDP to CT + I, Colombia spends just under 0.3%.

Although a new System of Science Technology and Innovation has been defined, and Colciencias has been given the status of Administrative Department, at the same time considerable resources have been approved for research and innovation, there are indications that the political prey resources will prevail over the long term aspirations of this country.

All these shortcomings show that we are far from a new project Country, in other words, that Colombia 2032 is an ode to the flag … and nothing else.

Colombian peace and political stability in Venezuela: good business

Traductor (translator) Andrés Fernando Cardona Ramírez

Ver versión en castellano: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?p=1099

Colombia and Venezuela are living momentous political processes. The first ventures into a new attempt to cap the legendary conflict between the government and the FARC. Across the border, Venezuelans go to the polls to decide whether to continue with the political project called “XXI century socialism” or give a 180 * turn and allow the opposition to present an alternative to the nearly three decades of Chavez government.

Both the issue of war and peace, and the Venezuelan political climate are vital phenomena for stability, growth and development of the Colombian economy.

The end of the war: a motor for prosperous fields and more sustainable cities.

The first conclusions that have been raised against the armed conflict can be summarized in three points: military spending will not be reduced, peace involves decades of increased public spending to compensate victims but at the same time, contribute between 1% and 3% GDP growth. There will be no cuts to military spending partly because other destabilizing factors survive, like BACRIM and drug trafficking.

While the contribution to GDP (1-3%) can be considered a pretty solid argument to bet on the negotiation, it is necessary to review a little more to realize that the possible effects have to do with not only growth but, specially the socio-economic development. The war has brought many evils and one of them, transcendental due to our demographic structure has been the migration from the countryside to the city. This situation has led to the deterioration of our rural economy and the emergence and development of poverty belts in cities.

The end of the war must stop this wave of migration, raising the potential of the field as an economic sector, improving food supply, encouraging new industries to move into international markets, therefore improving the quality of life in cities, with adequate and financially sustainable urban planning.

The country in recent years has become a magnet for foreign capital, but funds have been especially directed towards the mining industry and to the financial services and telecommunications. The end of the conflict could reduce the level of risk; improve the skills of Colombia, creating a new appeal for foreign capital to finance the production of food, raw materials of plant and animal origin and biofuels. The comparative advantages of good climate, good soil and industrious workforce, could be the seed for creating competitive advantages from a field that is modernized, which and makes way for an export-oriented agribusiness.

Venezuela: (potential) strategic partner.

When it comes to economic matters, for decades, Venezuela has been instrumental in the Colombian economy. The crisis of commercial relationships that we are currently facing has been a blow to the economic development of our country. Although exports to the world have grown, despite the withdrawal of Venezuela from the Andean Community of Nations (AC), qualitatively speaking, the damage has not been compensated.

Why do we say that the damage has not been compensated? Because Venezuela was the largest importer of Colombian manufacturing-products with added value; while the growth of exports to the rest of the world has been mainly of mining commodities. Do not forget that before Venezuela left the AC, the country imported 80% of vehicles exported-equivalent to 20% of imports from Venezuela to Colombia, and 50% of the clothing we exported to World -16% of their total purchases from Colombia.

Venezuela was our second largest trading partner, aside from the U.S., in fact, to the border departments of Santander, Norte de Santander and Arauca, it was critical on many economic fronts and for other regions such as the Aburrá Valley it was an engine for commercial-industrial employment.

Similarly, Venezuela’s withdrawal from AC has weakened the bloc. The largest commercial center of this ambitious integration agreement was the exchange between Colombia and Venezuela, followed by Colombia and Ecuador. Peru has its sights set on global markets for mining products and Bolivia is very much dependent on Mercosur.

Perhaps the AC isnot a great accord of economic integration, although it aims to create a Customs Union. But many nations of the world today consolidated their position in the market through the blocks to which they belong. Keeping isolated weakens the bargaining power in forums such as the WTO. There, for example, an agricultural G-20 was developed to meet the interests of rural America and the European Union, and in that group is not Colombia.

Things with Venezuela, from an economic perspective, are not on the best course. But this neighbor is a strategic partner that we must recover. Independent of the results of the October 7 elections, social and political stability in the neighboring country suits our economy. Retaking the road to good relations is a key strategy for social and economic development of Colombia.

History tells us that in the past the Colombians migrated to Venezuela looking for “El Dorado” due to the lack of opportunities in our land. If In fact, long term migration enriches cultures, in the short and medium run it affects the strength of the development of cities and sometimes brings security problems. A social crisis in Venezuela could lead to a reverse migration wave, for which we are not prepared, as our current growth is not based on labor intensive sectors and the rise of underemployment may offset the demographic balance that could start generating if peace comes the Colombian countryside.

Paz en Colombia y estabilidad política en Venezuela: un buen negocio.

Traductor (translator): Andrés Cardona Montoya

See english version: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?author=2

 

Colombia y Venezuela viven procesos políticos trascendentales. El primero incursiona en un nuevo intento por culminar el legendario conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de las FARC. Al otro lado de la frontera, los venezolanos van a las urnas para decidir si continuan con el proyecto político denominado “socialismo del siglo XXI” o si dan un giro de 180* y le permiten a la oposición presentar una alternativa a los casi tres lustros de gobierno chavista.

Tanto el tema de la guerra y la paz, como el del clima político venezolano son fenómenos de vital importancia para la estabilidad, el crecimiento y el desarrollo de la economía colombiana.

El fin de la guerra: motor para un campo próspero y unas urbes más viables.

Las primeras conclusiones que se han planteado frente al conflicto armado se pueden sintetizar en tres: el gasto militar no se reducirá, la paz implicará un un incremento del gasto público -por décadas- para compensar a las víctimas pero, a la vez, aportará entre 1% y 3% al crecimiento del PIB. La no reducción del gasto militar se explica en parte porque perviven otros factores desestabilizadores como las BACRIM y el narcotráfico.

Si bien, el aporte al PIB (de 1 a 3%) se puede considerar un argumento bastante sólido para apostarle a la negociación, se hace necesario revisar un poco más para darnos cuenta que los efectos posibles tienen que ver no sólo con el crecimiento sino, especialmente con el desarrollo socio-económico. La guerra ha traido muchos males y uno de ellos, trascendental por la estructura demográfica nuestra, ha sido el de la migración del campo a la ciudad. Esta situación ha conllevado el deterioro de nuestra economía rural y el surgimiento y desarrollo de cordones de miseria en las ciudades.

El fin de la guerra deberá detener esta ola migratoria, elevando el potencial del campo como sector económico, mejorando el abastecimiento de alimentos, impulsando nuevos sectores para incursionar en mercados internacionales y mejorando, en consecuencia, la calidad de vida en las ciudades, con planeamientos urbanos más adecuados y financieramente sostenibles.

Incluso, el país en los últimos años ha logrado ser un imán que atrae capitales extranjeros, pero éstos se han dirigido especialmente hacia el sector minero y hacia la industria de servicios financieros y de telecomunicaciones. El fin del conflicto podría reducir el nivel de riesgo, mejorar la calificación de nuestro país, creando un nuevo polo de atracción para el capital extranjero que financie la producción de alimentos, de materias primas de origen vegetal y animal y de biocombustibles. Las ventajas comparativas de buen clima, buena tierra y mano de obra laboriosa, podrían ser el germen para crear ventajas competitivas a partir de un campo que se modernice, que se tecnifique y que de paso a una agroindustria con vocación exportadora.

Venezuela: (potencial) socio estratégico.

En materia económica, por décadas, Venezuela ha sido fundamental para la economía colombiana. La crisis de relaciones comerciales que vivimos actualmente ha sido un duro golpe para el desarrollo económico de nuestro país. A pesar de que las exportaciones al mundo han crecido, incluso desde la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), cualitativamente hablando, el daño no ha sido compensado.

¿Por qué decimos que no ha sido compensado el daño? porque Venezuela era el mayor importador de manufacturas colombianas -productos con valor agregado-, mientras que el crecimiento de las exportaciones al resto del mundo ha sido fundamentalmente de commidities de origen minero. No olvidemos que antes de que Venezuela abandonara la CAN, este país importaba el 80% de los vehículos que nuestro país vendía al exterior -equivalente al 20% de las importaciones de Venezuela a Colombia-, y el 50% de las confecciones que exportábamos al mundo -16%del total de sus compras a Colombia-.

En esta tabla se evidencia la importancia de la CAN como mercado para nuestras manufacturas. Para el resto del mundo, Colombia es un productor de café, flores, bananos y productos de origen minero.

Venezuela era nuestro segundo socio comercial como país -desagregando a la UE-; de hecho, para los departamentos fronterizos -Santander, Norte de Santander y Arauca, era fundamental en muchos frentes económicos -no sólo comerciales-  y era motor de empleo industrial para otras regiones como el Valle de Aburrá.

Igualmente, la salida de Venezuela de la CAN ha debilitado al bloque. El mayor eje comercial de este ambicioso acuerdo de integración era el intercambio colombo-venezolano, seguido del colombo-ecuatoriano. Perú tiene sus mirada puesta en los mercados mundiales de productos mineros y Bolivia tiene mucha dependencia del Mercosur.

Tal vez la CAN no sea un gran acuerdo de integración económica, a pesar de que ambiciona crear una Unión Aduanera. Pero muchas naciones del mundo hoy consolidan su posición en los mercados a través de los bloques a los que pertenecen. Mantenernos aislados nos debilita en la capacidad de negociación en foros como el de la OMC. Allí, se ha gestado, por ejemplo, un G-20 agropecuario para enfrentar los intereses rurales de Estados Unidos  y la Unión Europea, y en ese grupo no está Colombia.

Las cosas con Venezuela, desde la perspectiva económica, no andan por su mejor rumbo. Pero este vecino es un socio estratégico que debemos recuperar. Independiente de los resultados de los comicios del próximo 7 de octubre, a nuestra economía le conviene una estabilidad social y política en el vecino país. Retomar el camino de las buenas relaciones es una estrategia fundamental para el desarrollo social y económico de Colombia.

La historia nos cuenta que en otras épocas los colombianos migraron a Venezuela buscando “el dorado” ante la falta de oportunidades en nuestra tierra. Si bien, en el largo plazo las migraciones enriquecen las culturas, en el corto y mediano afectan la solidez del desarrollo de las ciudades y a veces traen problemas de inseguridad. Una crisis social en Venezuela podría traducirse en una ola migratoria inversa, para la cual no estamos preparados, ya que nuestro crecimiento actual se fundamenta en sectores poco intensivos en trabajo y en el auge del subempleo; a la vez que podría descompensar el equilibrio demográfico que se comience a generar si llega la paz al campo colombiano.

2013: ¿recesión global?

English translation: 2013: ¿year of global recession?

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez.

 

La economía mundial está cerrando uno de los peores lustros de su historia. Desde 2008 no se percibe una tendencia sostenida de recuperación económica. Lo que inició como la debacle del sector inmobiliario en Estados Unidos (la burbuja de las subprime), pasó a ser una crisis del sector financiero en Norteamérica y Europa, hecho que no permitió que el mundo abandonara la recesión que se inició en el último trimestre de 2007. Cinco años después de que el ciclo económico mundial comenzara su fase recesiva, todo indica que seguiremos moviéndonos cuesta abajo.

Para países como Colombia, al igual que otros mercados emergentes de América Latina y el este asiático, los cuales salieron rápidamente de la crisis y han tenido un desempeño satisfactorio en los últimos cuatro años, esta información es relevante porque las señales muestran que el deterioro de la economía de los países industrializados inevitablemente desacelerará a todo el planeta.

Esta es la locomotora que nos empuja hacia una recesión global:

1. Europa no se recupera. La crisis de Grecia, España e Italia y el bajo crecimiento de Francia, se han convertido en la prioridad de las políticas económicas de la Eurozona. En consecuencia, como una orquesta que responde a la batuta de los alemanes, estos países se hallan en un proceso de ajuste que busca reducir el déficit fiscal y el costo del endeudamiento público, para lo cual se reduce el gasto público, con los consabidos efectos recesivos.

 Si bien se expande el discurso heterodoxo que exige que los ajustes se acompañen de políticas comunitarias contracíclicas, como la emisión de eurobonos, para enfrentar al mercado que ha colocado la prima de deuda de estos países en niveles inaceptables, la realidad es que la ortodoxia, liderada por Angela Merkel, sigue ganando el pulso, imponiendo un modelo inflexible de medidas contraccionistas que buscan reducir el déficit a cualquier precio.

2. Estados Unidos no sostiene su recuperación económica.  La economía norteamericana ha enviado algunas señales positivas pero éstas son inestables. Aunque el desempleo ha cedido en este país, y hay indicios de que cada vez menos norteamericanos acuden a la seguridad social para buscar ayuda por cesantía laboral, la confianza de consumidores y de inversionistas no es estable, lo que indica que la recuperación económica no es sólida en el corto plazo.

Ahora, el hecho de que este sea un año electoral y que Obama ya no cuente con mayorías en las dos cámaras (senado y cámara de representantes), conlleva que las medidas estructurales que se deban implementar se aplacen hasta el próximo año. En otras palabras, la economía norteamericana necesita que se aceiten las locomotoras del crecimiento, pero el ambiente político no permite que se tomen medidas inmediatas.

3. La desaceleración de China. El motor del crecimiento mundial, a pesar de la crisis en Europa y Norteamérica, ha sido el coloso asiático. China ha logrado sostener tasas de crecimiento cercanas al 9% durante estos años, lo que, acompañado por una mayor estabilidad de los países latinoamericanos y asiáticos, ha mantenido a flote a la economía del mundo. Pero el combustible se le acaba a los mercados emergentes. No es sostenible un crecimiento global sin la participación de los países que tienen el nivel de ingresos más alto del mundo: las naciones industrializadas.

La economía mundial es un sistema en el cual Europa, Japón y Norteamérica siguen siendo los líderes en el manejo de marcas, innovaciones, diseños de ingeniería y gestión de marketing, pero ahora, las grandes firmas multinacionales han desplegado un “comercio mundial de tareas”, donde se delega a los mercados emergentes la producción de partes y componentes y a China el ensamblaje de bienes industriales. En este proceso, India cumple tareas de servicio, especialmente postventa.  Pero, el mercado chino no crece a la velocidad requerida, en consecuencia, mientras Europa y Norteamérica no se recuperen, la locomotora china tiene que enfriar un pocos sus motores porque no hay suficiente mercado mundial para vender todo lo que se procesa. De no hacerlo, el recalentamiento de su economía sería inevitable.

4. La caída de los precios mundiales de commodities. Muchos países latinoamericanos -Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela, principalmente-, han fincado su crecimiento en las exportaciones de materias primas. La creciente y sostenida demanda por parte de China y otros mercados emergentes de commodities, han garantizado un superávit comercial en nuestras economías, el cual se ha convertido en motor para atraer inversiones extranjeras, focalizadas principalmente en el sector minero. Pero, la desaceleración de la economía china inevitablemente enfriará los precios de las materias primas, lo que afectará sensiblemente nuestro crecimiento.

Moraleja: no estábamos blindados en la crisis de 2008, no estamos blindados para la recesión que se avecina y no es posible estar blindados para ninguna otra crisis, porque la economía global es un sistema donde todos nos afectamos recíprocamente. Pero, una política macroeconómica consistente y anticíclica, acompañada de un modelo de desarrollo que reduzca la dependencia de la economía extractiva, incentivando a sectores que sean intensivos en ciencia, tecnología e innovación, y promoviendo la expansión del mercado doméstico, haría de nuestra barca una nave más resistente a las turbulencias del mercado global.