Para entender la decisión de Trump de no ingresar al TTP.

A veces mezclamos temas:TLC, Unión Europea, OMC o TPP son componentes de un mismo objeto de estudio, pero no significan lo mismo. Para entender la decisión de Trump, al retirar a su país del TPP y amenazar con revisar en general su política de acuerdos comerciales, vamos a explicar algunos conceptos:

1. GATT  (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) fue creado en 1947 para que el comercio mundial se desarrollara bajo un paraguas de No Discriminación y de Transparencia y Previsibilidad. Estos principios han guiado las negociaciones comerciales en el sistema multilateral de comercio hasta el día de hoy. En lenguaje coloquial el comercio sin discriminación significa que cada país ofrece el mismo trato comercial (aranceles y otras barreras) a todos los países, sin discriminar a ninguno en particular. Y la transparencia y previsibilidad consiste en la consolidación arancelaria, de modo tal que los miembros del GATT-OMC se comprometen a que sus barreras no superarán unos “techos” declarados.

2. La OMC surgió en 1994 como un organismo más potente que el GATT, heredó todo su legado y expandió los temas comerciales a los servicios, las inversiones, la propiedad intelectual, las compras estatales, entre otros. Adicionalmente, la OMC declara que, además de los principios arriba señalados, busca estimular el libre comercio mundial.

Para estimular el libre comercio, el sistema GATT-OMC celebra ruedas de negociaciones, en las cuales los más de 160 países integrantes (95% del comercio mundial) acuerdan la reducción de barreras al comercio; sin embargo, su eficiencia está en entredicho. Las últimas negociaciones comenzaron en 2001 (Ronda Doha) y hoy, 16 años después, no terminan. El problema es que todos deben esta de acuerdo en todo, para que se llegue a una feliz culminación de la Ronda.

libro OMC y TLC

3. Los tratados de integración económica. La Unión Europea es el modelo de este tipo de tratados, también lo son Mercosur, Nafta, CAN o ASEAN. Estos acuerdos existen como excepciones permitidas al principio de Comercio Sin Discriminación del sistema GATT-OMC. O  sea, que los países miembros de un tratado pueden no cobrarse aranceles (o darse trato preferencial en otras restricciones a las importaciones), sin estar violando el acuerdo general de la OMC. En otras palabras, Colombia le cobraría un arancel único a cierto producto independiente del país que provenga, pero si su origen es Perú, que es su socio en la CAN, entonces no paga dicho arancel.

Para muchos autores, la integración regional son tratados que ayudan a un pequeño grupo de países a construir un futuro compartido. La idea, como ha sido la historia de la Unión Europea, es que los países liberalizan su comercio recíproco (zona libre comercio), luego crean una gran aduana regional (unión aduanera), luego permiten que los inversionistas y los trabajadores se puedan se muevan libremente en la región (mercado común) para luego unificar sus políticas, crear una moneda, etc.

bloques en el mundo

3. Los TLC y el regionalismo abierto. Hasta la década de 1980, el regionalismo era cerrado, o sea, un país firmaba un acuerdo con sus vecinos (Pacto Andino, Mercado Común Centroamericano, Unión Europea, etc.) y no les “ponía los cuernos” a sus socios firmando tratados con otras naciones. Ese era un pacto de caballeros (así funciona Mercosur  en este momento) o una regla inapelable si se creaba una Unión Aduanera, como en el caso de los europeos. Sin embargo desde que México entró en negociaciones de TLC con Estados Unidos y Canadá, aquella tradición comenzó a morir.

Hoy los acuerdos comerciales no representan ese “sueño compartido de futuro” del que se hablaba en antes de 1990. Hoy se firman TLC sin ambiciones más allá que las de liberalizar el comercio recíproco. Así, la OMC hoy reconoce cientos de “excepciones” a su principio de comercio sin discriminación”, de países “promiscuos” que firman varios tratados a la vez (Colombia participa en más de una docena de éstos).

4. ¿Por qué Regionalismo  Abierto en lugar de una sola negociación entre todos en la Ronda Doha de la OMC? La OMC ha demostrado ineficiencia, y las grandes firmas multinacionales necesitan un comercio más flexible y con menos barreras. Entonces, ya no hay integración económica (sueño compartido de futuro) sino simplemente TLC para liberalizar el comercio: “todos con todos”. Hoy casi la mitad del comercio mundial se compone de bienes intermedios (componentes, partes) y no de productos terminados. Así que las empresas necesitan libre comercio para elaborar sus productos en las Cadenas Globales de Producción, en las cuales participan maquiladores de muchos países.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

5. ¿Qué son los megatratados? a lo largo de las décadas habíamos pasado de la integración regional a los TLC interregionales. Ahora surgen nuevos tratados, enormes, los cuales conectan a las grandes economías del planeta: la Unión Europea (cuyos países no pueden negociar aisladamente porque no tienen aduana propia sino regional), Estados Unidos y las emergentes economías del Este Asiático. El TTIP que uniría  a la Unión Europea con Estados Unidos y el TTP que conectaba a Estados Unidos, México y Canadá (cada uno firma de manera independiente) con otras 9 naciones del Pacífico, incluído Japón, son los mayores representantes de esta nueva tendencia.

Lo que esta haciendo Trump al frenar el ingreso de Estados Unidos al TTP es entrar en confrontación con las Cadenas Globales de Valor, no con la OMC. Con esta decisión, el TTP pierde sentido, pero lo que está por verse es si va a suspender otros acuerdos. Ya dijo que renegociará el NAFTA para regresar empleos a  su país. O sea, que las firmas norteamericanas produzcan menos en México y devuelvan parte de su proceso productivo a Estados Unidos.

Una reflexión final y tres preguntas de cierre:

Reflexión:

La crisis de la integración regional (en América Latina desde que se firmó el NAFTA) y en Europa con el Brexit, muestra que no tiene que haber sinonimia entre los intereses de una nación y los de sus empresas. Para las grandes multinacionales (incluidas las multilatinas), el propósito es crear ganancias, no empleos. Un gobierno enfrenta el reto social de la desocupación y si lo hace de manera radical, se va a encontrar con esta muralla que son las Cadenas Globales de Valor. ¿Qué hacer?, la integración tradicional (como la Unión Europea en sus orígenes) producía efectos de destrucción y reubicación de empleos, pero con la idea de un “sueño compartido de futuro” se acordaban estrategias de compensación -fondos comunes para capacitación, subsidios, etc.-. Hoy el regionalismo abierto no tiene este componente de compensación. Tal vez Trump tenga razón y haya que revisar el camino: ¿o se vuelve a los sueños de desarrollo compartido o renace el proteccionismo?

Preguntas:

¿Si las firmas norteamericanas devuelven parte de sus procesos productivos, perderán competitividad con los productores de Europa o Japón que seguirán aprovechando la ventaja competitiva (bajos  salarios) y la ventaja competitiva (capacidad compartida de innovación) de sus cadenas globales?

¿Si Trump comienza a colocar barreras a ciertos productos, de ciertas empresas y de ciertos países, podría desencadenarse una guerra comercial -retaliaciones- que afectaría el principio de Comercio Sin Discriminación y, entonces, la OMC también haría parte de la crisis?

¿Podríamos estar viendo el renacer del proteccionismo  mundial o la realidad -léase: los interese de las grandes multinacionales- desacelerará el ritmo del nuevo gobierno de Estados Unidos?

 

 

Discurso de posesión de Trump: ¿cuento chino?

Autor: Giovanny Cardona Montoya (enero 20 de 2017. 2:30 pm).

Un discurso es muy poco para poder adelantarse a lo que será un gobierno; de hecho, en lo que falta de este día viernes 20 de enero seguramente comenzaremos a ver señales más concretas, ya que Trump firmará las primeras decisiones presidenciales.

Me encuentro en Acworth, a media hora de Atlanta, Georgia, y tendré la oportunidad de vivir desde aquí las primeras dos semanas de gobierno de Donald Trump. Sin embargo, aprovecharé este momento para compartir mis primeras reflexiones, dudas tal vez, sobre el mensaje que el nuevo presidente envió a los norteamericanos y al resto del mundo hoy al medio día.

1. Hacer América más grande y una América para los que viven en ella. Este enfoque general de su discurso parece ir dirigido a sus electores, a quienes votaron por él reclamando un cambio de una política “desde Washington y de espaldas a sus ciudadanos.” Sin embargo,  en esta generalidad de su discurso se evidencia el espíritu de lo que Trump piensa hacer como gobernante: un gobierno autocrático, que arranca en abierta confrontación con los partidos políticos y que no evidenciaria mayor interés en los problemas de los aliados (léase: europeos, Japón, Corea, etc.)

2. Devolver el poder al pueblo. Pasarlo de Washington (léase los congresistas) a la gente. Esta frase, populista por demás -de la misma cosecha de las que le conocimos a Chávez en otra epoca-, puede ser una señal para el Congreso: o apoyan a presidente en sus iniciativas o éste los utilizará como escudos ante los ciudadanos (léase: electores).

3. Una economía proteccionista para generar más y mejores empleos. Esta es para mí una de las partes más importantes de lo que el nuevo presidente insinúa que hará por su país. El tema de la calidad de los empleos no tendría mayor discusión. La recesión de 2007-2008 llevó la tasa de desocupación en este país del 4.5% a casi 10%. Sin embargo, durante el gobierno Obama el desempleó bajó significativamente (5% aproximadamente) sin embargo, es claro que la calidad del empleo (salario y prestaciones) no es lo deseable. En este país conseguir un trabajo no es difícil, conseguir uno bueno, bien remunerado, es otra cosa.

Ahora, el otro tema es el del proteccionismo en sí mismo. Como lo señalábamos en el blog anterior, la economía del mundo moderno ha cambiado, y una de las mayores transformaciones son las CADENAS GLOBALES DE VALOR. Hemos llegado a un nivel de especialización tal que las fábricas no hacen BIENES sino TAREAS. En consecuencia, los productos de marcas norteamericanas tienen la calidad y el precio competitivo que tienen, gracias a estas cadenas. Sugerir que las multinacionales de este país van a devolver algunos de sus procesos productivos de China, México o el Caribe sería algo suicida. Casi en ninguna industria, un pais aislado podría competir con los costos y redes de distribución de estas CADENAS.

De este componente de sus propuestas se deriva una inquietud mayor: ¿se puede avecinar una crisis del sistema mundial de comercio, o sea, de los acuerdos de la OMC y demás tratados comerciales? La primera consecuencia viable es el estancamiento de nacientes acuerdos comerciales (los megatratados con Europa, TTP, y con las naciones del Asia-Pacífico, TTIP) y la posible renegociación de existentes, como el NAFTA con México y Canadá. Pero, adicionalmente, si el gobierno de Trump se atreve a establecer barreras unilaterales al comercio, la legitimidad de la OMC-GATT podría entrar en entredicho al violarse principios como los de Comercio Sin Discriminación y Transparencia y Previsibilidad.

El proteccionismo es una opción para el desarrollo, ya ha sucedido y de hecho en la actualidad se aplica a nivel mundial con respecto al comercio de bienes agropecuarios; sin embargo, una política unilateral de medidas proteccionistas por parte de la primera potencia del mundo podría derivarse en una cadena de retaliaciones de sus socios comerciales (Unión Europea, China, Japón, etc.), lo que se traduciría en una “guerra comercial” que dejaría sin piso el espíritu del Sistema Multilateral de Comercio que rige la OMC.

4. Primero América. Para Trump y muchos de sus electores, Estados Unidos “gasta mucho dinero apoyando a otros”. Para otros, eso es lo que cuesta permanecer como la principal potencial del planeta. En una mezcla de cooperación con imperialismo, Estados Unidos posee una extensa presencia militar, diplomática y económica a lo largo y ancho del platena para defender sus propios intereses.

Así como los inmigrantes hacen tareas que los norteamericanos no harían y gastan gran parte de su ingreso en el mercado estadounidense, generando un efecto multiplicador, de igual manera los recursos que Estados Unidos dispone en el extranjero, aseguran gobiernos amigos, abastecimiento de insumos claves y además, los dineros de cooperación internacional deben ser utilizados por los beneficiarios comprando bienes y servicios desde los Estados Unidos.

Está por verse si la industria militar, las élites militares y el congreso le marchan a estas iniciativas.Adicionalmente, desde la perspectiva macroeconómica, la seguridad nacional es fuente de crecimiento de Estados Unidos como productor y exportador de armas.

Veremos si lo que pasa es que la lógica que comienza a gobernar es la de un empresario de la industria de los NO TRANSABLES -construcción y servicios-, y que por ende no comprende la lógica de las relaciones económicas internacionales o si se va a mantener firme en su visión de PRIMERO AMERICA, desatando una gran crisis de relaciones geopolíticas y del modelo económico aperturista vigente en el planeta.

Muere el último ícono del socialismo del siglo pasado.

Este 25 de noviembre no sólo murió el líder de la revolución cubana, también lo hizo el último representante del socialismo tal y como lo entendieron Lenin y sus seguidores en 1917. Con la muerte de Fidel Castro también se aproxima el final del centenario modelo bolchevique de revolución socialista.

Aunque países como China o Vietnam son regidos por partidos comunistas, es evidente que éstos hace rato renunciaron al socialismo como modelo de desarrollo político y económico: la economía de mercado y el auge de la propiedad privada en estos países así lo evidencian. Corea del Norte es un caso aparte, ya que éste es un país regido por una monarquía autoproclamada, vestida con los ropajes de un partido, los cuales no logran camuflar su verdadera naturaleza.

El socialismo: de la teoría a la práctica.

La idea de una sociedad más justa y equitativa no es nueva. Owen en Inglaterra y Saint-Simon en Francia, señalaron una primera propuesta estructurada, la cual ha sido reconocida académicamente como la del socialismo utópico. Su heredero natural fue Karl Marx quien dio un tono riguroso, desde el método de la ciencia, a un salto de la sociedad a una etapa superior, la del comunismo, luego de resolverse las contradicciones entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y el carácter explotador de las relaciones de producción de la sociedad capitalista.

Hasta aquí todo es conceptual. Los bolcheviques rusos, en 1917, trataron de darle vida a la idea de una sociedad sin clases sociales, apoyados en los postulados teóricos que dejó Marx. Sin embargo, y esto es fundamental, el pensador alemán dejó más que todo un método de análisis (materialismo histórico), ya que no logró develar el secreto prospectivo de la, hasta entonces desconocida, sociedad sin clases sociales. O sea, lo que la humanidad ha logrado ver o vivir durante los últimos 99 años son las diversas interpretaciones de una teoría inconclusa.

El socialismo que conocí, el socialismo como lo entiendo.

Tuve la oportunidad de conocer el socialismo real desde adentro, monitoreándolo desde la Ucrania Soviética y luego a través de esporádicas visitas académicas a la mayor de Las Antillas. Sin embargo, fue la experiencia en Kiev la que mayores claridades me dió. Ahora, más que el lugar, fue la época la que marcó mi visión de los hechos: vivi el final del supuesto “socialismo desarrollado” de Brezhnev y el devenir de la Perestroika de Gorbachov. Fue esta última un hervidero de discusiones al interior del sistema, algo nunca visto por los soviéiticos a lo largo de décadas en la URSS, especialmente desde el gobierno de Stalin.

A grosso modo, y a riesgo de ser simplista, puedo señalar que existen dos pilares fundamentales que los líderes del “socialismo real” debían asegurar: la existencia de democracia con un único partido político y la justa distribución de la riqueza a partir de una sociedad sin propiedad privada. Utilizando estos dos hitos como lienzo para delinear mis ideas, puedo indicar que desde la renuncia a los mismos se comenzó a destruir la idea de una sociedad sin clases sociales, justa y democrática.

Se destruyó la economía de mercado, eso sí; se creó el partido de los trabajadores, esto también. Pero la democracia originaria se iba diluyendo en la medida que los “revolucionarios” se institucionalizaban. De igual modo, en la medida que el partido comunista fue dejando su rol de líder de la revolución para convertirse en estructura burocrática, la distribución de la riqueza fue haciéndose proporcional a la cercanía que los individuos tuvieran de las esferas del poder.

En otras palabras, en Europa del Este y la URSS, al igual que en otras naciones que se inspiraron en el modelo soviético (Cuba, los países de Indochina y Mongolia), el partido comunista se “aburguesó”, asumió una posición de élite que segregaba a quienes disentian de las posiciones oficiales, lo que fue minando el reto mayor de garantizar una verdadera democracia con un solo partido político. El supuesto de que existiera una sola clase social -la de los trabajadores- no fue garantía para que un único partido pudiera representar los intereses de toda la sociedad. No, no fue así. En contravía se gestó una élite burocrática que se adueñó del discurso revolucionario y de los excedentes del trabajo, aunque no ejerciera propiedad jurídica sobre los medios de producción.

En síntesis, deseo señalar que creo que la utopía de Saint-Simon, Owen, y del mismo Marx, siguen vigentes. Sin embargo, me parece evidente que los padres del socialismo real (Lenin,  Mao, Fidel y muchos más) estuvieron, en sus orígenes, más inspirados por la ilusión de los primeros que por el rigor científico del último. Marx es uno de los autores más respetados del siglo XIX y sus escritos siguen siendo fuente de debate en los escenarios de ciencia. Sin embargo, su aporte, tal y como se planteó al inicio de este artículo, tiene más que ver con el método para estudiar la historia de la humanidad que con sus postulados para construir una nueva sociedad.

El socialismo del siglo XX (URSS, Europa del Este, Cuba, Vietnam, Mongolia, China) no pudo superar las debilidades que la raza humana ha evidenciado a lo largo de miles de años: amor por el poder y una sostenida búsqueda del lucro individual, aún por encima de los intereses colectivos. Tanto en la URSS como en Cuba o Europa del Este se desmontó la estructura de poder burgués y el modelo económico centrado en el mercado; sin embargo, la ausencia de una propiedad privada no garantizó que hubiera democracia (todos los trabajadores somos iguales), ni que la distribución de la riqueza fuera equitativa (la propiedad es colectiva).

Para cerrar.

Fue Allende quien abrió el debate sobre un nuevo camino: construir socialismo en un sistema donde la propiedad privada no sería derrotada por decreto sino en la arena de la lucha entre la economía de mercado y la propiedad socialista. Sin embargo, la burguesía chilena demostró que no renunciaría tan fácil a la propiedad de los medios de producción y al control del Estado. Ahora, todo parece indicar que los líderes del llamado socialismo del siglo XXI (con Chavez a la cabeza) no aprendieron mucho ni del fracaso del viejo socialismo, ni de la experiencia de Allende en Chile.

La utopía sigue viva, pero el camino a ella está más oscuro que nunca. Se ha perdido un siglo en el que el socialismo real obnuviló tanto a soñadores como a usurpadores del poder.

La economía de mercado, a lo largo del planeta, desde hace una década está viviendo una de sus mayores y más largas crisis. Sin embargo, los pensadores que ven al capitalismo sólo como una etapa más del desarrollo de la humanidad tienen que ser más rigurosos que sus antecesores para buscar el hilo conductor que pueda llevar a esta última a una sociedad verdaderamente democrática: en la que el voto sea inteligente (mayoría de edad diría Kant) y donde el estómago vacío no perpetúe en el poder a quienes se quedan con el pan y reparten las migajas.

Trump presidente: ¿el renacer del proteccionismo mundial?

Blog La Caja Registradora

Giovanny Cardona Montoya

Parece que la salida más fácil frente a los hechos trascendentales  que vive el planeta es buscar la explicación más evidente, a veces la más simple, a pesar de que sabemos que el mundo es, por naturaleza, complejo:

– Qué Inglaterra sale del Brexit, pero es que la gente no entendía por lo que estaba votando. Qué al otro día se arrepintieron.

– Qué el próximo inquilino de la Casa Blanca es un “loquito”. Qué es que los medios le dieron mucho espacio a sus histriónicos actos públicos.

¿Acaso las cosas pueden ser tan simples? Voy a arriesgar una hipótesis sobre lo que sucede en Estados Unidos con la elección de Donald Trump.

Las causas: exportación de empleos e inmigrantes.

Desde la creación del GATT en 1948, el Sistema Multilateral de Comercio se ha erigido sobre los principios de un comercio transparente y sin discriminaciones. Sin embargo, desde 1994, cuando se creó la OMC, es evidente que los acuerdos comerciales han migrado su prioridad hacia el librecambio mundial. Las negociaciones de la Ronda de Doha y la firma de TLC por todo el planeta se caracterizan por la eliminación de obstáculos al intercambio mundial de mercancías, de servicios y de capitales.

GATT OMC historia

Sin embargo, la producción  mundial de mercancías ha sufrido fuertes transformaciones, especialmente como resultado del desarrollo científico-tecnológico. La agregación de valor, que ha provocado que el comercio mundial sea fundamentalmente de bienes procesados y no de commodities, evoluciona a una velocidad asombrosa, a tal punto que las fábricas han dejado de elaborar mercancías para  ocuparse de tareas en cadenas que conectan factorías a lo largo del planeta: hemos migrado de la producción de bienes al comercio mundial de tareas.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

En síntesis, un bien que llega al hogar de un consumidor no es hecho ni en Estados Unidos, ni en China, sino en una cadena de fábricas que se entrelazan a lo largo del planeta. Es por ello que hoy se habla de exportación de empleos, ya que muchos productos de marca estadounidense, europea o japonesa se elaboran con mano de obra china, coreana, mexicana, tailandesa y de otros países.

De otro lado, el mundo se ha hecho más complejo, particularmente el desarrollo de las TIC y del transporte mundial, además de los sistemas de financiación han conllevado una  mayor interacción cultural entre las poblaciones de diferentes naciones. Aunque las migraciones no son un hecho nuevo -los españoles invadieron América desde el siglo XVI, los ingleses y franceses a África y Asia en el XIX y países como Australia, Estados Unidos o Argentina han sido construidos por inmigrantes-; la realidad es que el fenómeno migratorio (incluídos los refugiados que buscan asilo, huyendo de guerras o de la pobreza) ha adquirido una connotación más significativa en las últimas décadas, despertando crisis socio-políticas y económicas especialmente en los países industrializados.

Las migraciones que enriquecen económica, cultural y genéticamente al planeta, hoy son objeto de críticas de diversa índole. El auge de un terrorismo fundamentalista de origen religioso despierta suspicacias con respecto a las migraciones del medio oriente y norte de Africa hacia Estados Unidos y Europa, principalmente. El racismo y la xenofobia han despertado miedos culturales entre ámplios segmentos de la población blanca en países occidentales, temerosos de perder sus valores e identidad ancestral: grupos de integrantes de la hegemónica raza blanca de países industrializadas se niegan a reconocer la tendencia mundial del mestizaje cultural.

Pero, el último factor es de carácter económico: hace carrera entre la población autóctona de países industrializados el hecho de que los inmigrantes se roban los puestos de trabajo. Esta, que es una verdad a medias, se ha impuesto contraria a una mirada más holística y lógica, como lo es el hecho de que los inmigrantes dinamizan las economías; no sólo crean empleos, sino que con sus ingresos producen un efecto multiplicador sobre los mercados domésticos, ya que, el porcentaje que exportan en forma de remesas es muy inferior al que dedican para asegurar su subsistencia en el país que los acogió.

migraciones internacionales

Las consecuencias: neoproteccionismo y xenofobia.

Donald Trump se ha hecho elegir con un discurso que suena como música en los oidos de trabajadores, desempleados y pequeños y medianos industriales norteamericanos. Los cuestionamientos que hace el nuevo presidente al NAFTA, al comercio con China, a los nuevos megatratados intercontinentales, acompañados de una campaña antiinmigratoria y de anuncios de un país menos interesado en la geopolítica global, fueron un incentivo para que el “viejo Estados Unidos” industrial y blanco votara masivamente por el candidato que parecía interpretar sus preocupaciones.

Donald Trump tiene muchos electores de diferentes razas, géneros e intereses. Pero considero que su campaña fue, especialmente, una propuesta de corte proteccionista. El magnate ha ofrecido a los norteamericanos expulsar a quienes roban el empleo (los inmigrantes) y traer de nuevo a casa los trabajos que se están exportando al Este Asiático y a otras naciones emergentes. Trump parece que piensa revivir el sueño americano, algo parecido al “Detroit automovilístico” de mediados del siglo pasado.

El nuevo discurso de la Casa Blanca no tiene que ser visto como las palabras de un charlatán o de un “loquito”, Trump ha ilusionado a millones de norteamericanos y en su ánimo de mantener su legitimidad electoral es muy probable que tome medidas que profundicen la actual crisis de la economía neoliberal. Desde 2008 Europa, Norteamérica y Japón no levantan cabeza y China viene en una constante desaceleración de su crecimiento económico. Si la esperanza de la recuperación de la ola globalizadora que lleva ya más de un cuarto de siglo, estaba fincada en la profundización de la integración comercial, todo indica que el nuevo gobierno norteamericano será una piedra en el zapato.

Independiente de las implicaciones geopolíticas que pueden traducirse en un relativo acercamiento de Rusia a Estados Unidos, debilitando el eje China-Rusia, y de las consecuencias sobre la seguridad europea, lo que es evidente es que el neoproteccionismo norteamericano podría romper con una tendencia aperturista de varias décadas y desencadenar en algún nivel, una guerra comercial entre países, bloques y regiones, obstaculizando la expansión de los TLC.

Sin embargo, tal y como expliqué en la primera premisa, las cadenas globales de valor, a través de las cuales se produce la mitad del comercio mundial, responden a tendencias de desarrollo tecnológico que provocan una mayor especialización de las fábricas y que estimulan economías de escala que reducen los costos de producción a nivel global. La pregunta es cómo podría el nuevo gobierno norteamericano devolver la producción a su territorio sin afectar la competitividad de las firmas de origen estadounidense. En otras palabras, si el nuevo gobierno sube los aranceles, esto afectaría a la industria norteamericana que tiene eslabones de producción en México o China, por ejemplo.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

En consecuencia, no se ve muy viable que Trump pueda cumplir todas sus promesas en materia migratoria o de comercio exterior, pero lo que es claro es que su campaña no fue caprichosa, sino que leyó los intereses de muchos norteamericanos que se ven representados en su discurso proteccionista, antimigratorio y xenófobo.

 

 

 

 

Razones para explicar mi voto en el plebiscito del 2 de octubre.

Yo sólo necesito una razón para votar por el sí: quiero que mi hijo, mis sobrinos y todos los de su generación tengan la oportunidad de vivir en un país en paz. A mis hermanos, a mis primos, a mis amigos y a mí no nos tocó. No le ofrezco a mi hijo la certeza de un futuro feliz, pero sé que si ganara el NO, sencillamente la guerra continuaría. Tengo la oportunidad de apostarle a un futuro con optimismo en lugar de la prolongación de un pasado gris que mi generación ha tenido que padecer.

Sin embargo, quiero señalar otros argumentos, un poco más académicos tal vez, para validar la idea de que refrendar este acuerdo puede ser para el país un buen negocio en sí, e indiscutiblemente mucho mejor que continuar el conflicto con las FARC.

 

1.    La guerra es un obstáculo para una verdadera democracia.

Colombia es un país con una democracia incompleta, así la recuerdo desde que tengo uso de razón. Y la guerra entre el Estado y las fuerzas insurgentes ha sido un factor para debilitarla más. Aunque las FARC nacieron como un movimiento para defender a los campesinos sin tierra, posteriormente ese mismo grupo armado no permitió que movimientos sociales, independientes asumieran el liderazgo de la protesta democrática. Se adueñaron a la fuerza, de la vocería de los indefensos.

Al mismo tiempo, los poderosos se apropiaron del Estado y cerraron también la puerta a fuerzas alternativas, legitimando su nepotismo en la existencia de la guerra: proteger el Estado de Derecho y defender la democracia fueron los caballitos de batalla para no permitir el ascenso de otras fuerzas políticas y grupos sociales.

En otras palabras, por décadas nos han gobernado las mismas élites, a la vez que las FARC han controlado territorios donde el Estado no existe y los ciudadanos no son representados políticamente ni escuchados legalmente.

Espero que con la firma de este acuerdo ambas murallas se derrumben por el bien de la democracia, que no es otra cosa que el legítimo derecho de todos los ciudadanos a expresarse y que sean efectivamente escuchados.

Con el fin del conflicto entre el Estado y las FARC, y espero que pronto entre aquel y el ELN, los movimientos sociales y políticos independientes, con nuevas y diversas ideas, pueden ganar un justo espacio para que se expresen y puedan incidir en las decisiones de lo público desde un espectro más participativo y democrático, sin que corra peligro la vida de sus voceros.

 

2.    Perdonar el sufrimiento del pasado para sembrar futuro.

Tengo plena convicción de que es más rentable invertir en el futuro que tratar de cobrar deudas del pasado. Si bien comprendo a aquellas víctimas que ven insuficiente la justicia y reparación que puede ofrecer este acuerdo, considero que  la ecuación entre oportunidades para las nuevas generaciones y la compensación a los que sufrieron en este medio siglo de guerra, ofrece un saldo positivo.

La única reparación perfecta sería recuperar los seres queridos o el tiempo perdido. Esto no pasará, lo sabíamos desde antes de comenzar las negociaciones. Pero, la verdad que se va a obtener, entregada por los victimarios de esta guerra (que no son sólo las FARC sino también otras fuerzas oscuras que transgredieron el espíritu del Estado de Derecho para defender violentamente intereses privados), será un activo invaluable para que el  dolor de las viudas y los huérfanos pueda menguarse.

Lo anterior me lleva a plantear un punto central: el perdón será clave para construir un nuevo país, uno más solidario. Creo que no descubro ningún secreto si digo que en Colombia languidecen la confianza, el trabajo en grupo, la solidaridad, el respeto por la diferencia y, más aún, el amor al prójimo.

Estoy convencido que dentro de los valores religiosos de los cristianos (católicos y de otras vertientes) el más difícil de practicar es el amor al prójimo. Y seguramente nunca se nos había presentado una oportunidad tan clara de asumir este reto de manera decidida. Perdonar a los victimarios del pasado para darle una nueva oportunidad a las futuras generaciones, sería la semilla de un país más solidario, menos egoísta.

Nací en un hogar y en un pueblo de fuerte influencia católica. Aunque me he distanciado de las instituciones religiosas, aún siento como un gran reto de vida el propósito cristiano de “amar al prójimo como a ti mismo.” Bajo esta perspectiva filosófica, el acuerdo firmado llena todas mis expectativas: deseo que los campesinos de mi país, aquellos que no conozco pero que viven todos los días la zozobra de la guerra, puedan respirar cada mañana la tranquilidad que mal que bien disfrutamos quienes habitamos las grandes ciudades. Porque esta guerra se ha desarrollado fundamentalmente en el campo, y aquí, desde las urbes, no la hemos sentido igual.

Voy a votar por el SÍ para que el campesino que no conozco, aquel que labra la tierra, disfrute de la paz que sueño para los míos también.

 

3.    Verdad, verdad y más verdad, para construir futuro.

Aunque toda mi vida ha transcurrido en tiempos del conflicto armado, sólo tengo plena conciencia de lo que ha pasado en las últimas tres décadas. Con el tiempo, el pasado lejano se nos hace menos visible. Es por eso que hoy analizamos este proceso muy en la retrospectiva cercana, digamos que después de la guerra fría. Pero la historia es más larga y compleja.

Así que convencido que la verdad es sanadora, espero que nos demos la oportunidad de conocer todo lo que ha pasado a lo largo de estas cinco décadas, por el bien de las futuras generaciones. No para una revancha sino para la no repetición. La verdad completa es necesaria, es terapéutica.

Las FARC parecen estar dando un paso importante al reconocerse victimarios, al pedir perdón por el daño producido. Es un buen comienzo. Ahora se hace necesario que la verdad sea amplia y profunda, por el bien de las familias que necesitan este aliciente para apaciguar sus almas.

Pero hay otros ciudadanos que  tienen que desarmar sus espíritus. En una guerra como la nuestra, diferentes actores, armados y no armados, tienen que reconocer sus responsabilidades, decir la verdad y expresar el arrepentimiento. En 50 años no sólo las FARC y los paramilitares, sino también sus financiadores y patrocinadores tienen que aportar su cuota de verdad para cerrar este capítulo triste y doloroso de nuestra historia. El presente acuerdo es una oportunidad enorme para que esto suceda.

De hecho, sino se logra que todos los responsables del dolor y el despojo -de lado y lado- aporten su cuota de verdad y asuman su responsabilidad, las leyes de Reparación de Víctimas y de Devolución de Tierras, serán letra muerta. En otras palabras, sólo una verdad amplia y profunda hará efectiva y legitimará la devolución de las tierras a sus verdaderos propietarios, o sea, a los expropiados o a sus herederos,…

a las verdaderas víctimas.