¿Ocupación?: Gerente de eslabón en una Cadena Global de Valor.

Autor: Giovanny Cardona Montoya (agosto2016)

 

Un nuevo mundo, más interconectado, para los futuros administradores de empresas.

Las facultades de ciencias económicas aún forman Administradores de Empresas, sin embargo, la producción mundial ha sufrido fuertes transformaciónes a lo largo de las últimas  décadas. Uno de los cambios más significativos es el hecho que los bienes y servicios no son producidos en una empresa sino en una cadena que involucra a diferentes factorias, las cuales elaboran partes, componentes o simplemente son responsables de diseños, de la marca  del servicio post-venta.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Este cambio responde a los avances en Ciencia, Tecnología e Innovación, los cuales conllevan que la especialización de los productores ha llegado a niveles de profundidad insospechados en la era industrial. En esta época de la sociedad del conocimiento (o post-industrial), las empresas no hacen bienes, sino que hacen tareas en cadenas globales de valor.

Las grandes firmas multinacionales, europeas, norteamericanas y japonesas, principalmente, han expandido su red de producción a lo largo y ancho del planeta, estableciendo relaciones con plantas de producción de diferentes países. Algunos productores de componentes o ensambladores son outsourcing, mientras que en otros casos, la misma firma dueña de la marca establece plantas de producción off shoring. 

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

 

 Los retos de los ADMINISTRADORES DE EMPRESAS de esta nueva época:

El primer hecho contundente es que las cadenas globales de valor integran principalmente a las empresas de Norteamérica, Asia del Este y Europa Occidental, sin embargo, algunas empresas latinoamericanas de Brasil, de México y de Chile, principalmente se ha conectado, agregando valor y beneficiándose del mayor mercado del mundo. Según datos de la OMC, las cadenas globales representan aproximadamente el 50% del intercambio de aquellas tres regiones.

El segundo  hecho que ya es evidente, es que las empresas colombianas requieren de proveedores, y eso no es  ninguna novedad. De hecho, con la marcada revaluación del peso que caracterizó a nuestro mercado cambiario durante más de una década -hasta 2014-, las manufacturas colombianas perdieron valor agregado, ya que muchos proveedores de insumos para nuestras marcas pasaron a ser extranjeros.

En el marco de esta realidad, también  caben los aún insuficientes esfuerzos por consolidar clusters en algunas regiones del país.

Todo lo anterior, nos lleva a sugerir, que hay prioridades en la formación de Administradores de Empresas, que conllevan cambios en los actuales currículos universitarios:

– Más que bilingues, inteculturales. Nuestros gerentes deben aprender a reconocer y a convivir con actores de otras culturas. Socios, proveedores y clientes pueden estar en cualquier lugar del planeta, hablar cualquier idioma y, lo más importante, pueden tener diferentes formas de ver y entender el mundo de los negocios;

– Más que trabajo en equipo, trabajo en redes. Ya no es suficiente saber trabajar con terceros, ahora es necesario entender que la producción de bienes y servicios es una responsabilidad compartida de difentes empresas. La competitiva no es la empresa, es la cadena de valor;

– El mercado es el mundo, al igual que la planta de producción. Ha desaparecido lo local, nuestro escenario de desempeño tiene las dimensiones del planeta;

– No existen estrategias locales, ni internacioales. Lo que existen son estrategias globales, o sea, la empresa debe definir patrones estandarizados que la diferencien en todo el mundo, pero sin desconocer las particularidades locales. Lo que es inviable es tener una estrategia para cada país o región. Hay que pensar global y actuar global (ser glocales),

– No es suficiente estar atentos a uno o unos pocos TLC, es necesario reconocer la política comercial del país en el que se instala nuestra empresa, pero también los tratados comerciales que afectan a nuestros proveedores, competidores y clientes. Hay acuerdos comerciales a nivel global (OMC), regional (CAN, Mercosur) e interregional (TLC con Estados Unidos o la Unión Europea, por ejemplo).

Este es el nuevo escenario para los ADMINISTRADORES DE EMPRESAS. Ya no administran empresas, deben liderar eslabones que hacen parte de cadenas globales de valor. Ese es su nuevo escenario de desempeño.

 

Brexit: se derrumba el paradigma de la integración regional.

Giovanny Cardona Montoya

Junio 26 de 2016.

 

El año en que falleció Bela Balassa, economista húngaro egresado de Yale, comenzaba yo a “adoctrinar” a mis alumnos con las etapas de la integración económica, apoyado en los postulados de este célebre autor. Hoy, 25 años después, y en medio de su peor crisis, me mantengo firme en esta convicción: la integración regional es un modelo viable para lograr el desarrollo mancomunado de diversos pueblos.

Con los resultados del Brexit el pasado jueves (23 de junio), las bolsas de valores andan en pánico, a la vez que el lenguaje de los voceros de la UE hacia las autoridades del Reino Unido se percibe agresivo y un poco intimidante: “si se van a ir, deben hacerlo inmediatamente”. Pero, el Brexit no es algo aislado, sino que es la cereza que se derrite en el pastel de un modelo de integración que se desmorona desde hace un cuarto de siglo.

 

¿Cuál es el paradigma original?

Si lo repasamos desde una perspectiva teórica (Balassa), la integración regional comienza con la liberalización comercial (Zonas de Libre Comercio), luego llegaría la etapa de la creación de una única aduana regional (Unión Aduanera), lo que exige que los países miembros renuncien a esta función soberana. Posteriormente se desarrolla el Mercado Común,  permitiendo que los inversionistas y los trabajadores de la región puedan movilizarse con la tranquilidad legal de encontrarse en su mercado doméstico. Paralelo a estas etapas, se van unificando las políticas macroeconómicas y sectoriales: agropecuario, moneda única, impuestos unificados, infraestructura regional, sistema educativo, etc.

Este modelo se ha venido probando durante más de sesenta años en Europa, ya que, además de un mercado integrado de bienes y servicios, el continente se unificó para las inversiones y los trabajadores. Como complemento, se creó una política agropecuaria comunitaria, se coordinan políticas fiscales, se crea la Zona Euro (a la que no pertenecen todos los países de la UE)  y se desarrollan diversas políticas sectoriales de carácter supranacional. Como resultado de todo ésto, Europa se ha convertido en el ejemplo más  desarrollado de integración regional por sus resultados: 25% del comercio mundial es intraeuropeo y éste representa el 71% de las exportaciones de los países europeos. En términos de bienestar hay que reconocer que con su integración, el continente europeo reconstruyó su economía después de la segunda guerra mundial, se industrializó, desarrolló su economía rural y sacó de la pobreza a los países mediterraneos y a Irlanda. Europa para los europeos, diría yo, parodiando al expresidente Monroe de Estados Unidos.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Haciendo una lectura rápida, podemos reconocer que ASEAN en el sudeste asiático, ALALC-ALADI en América Latina son experiencias de integración inspiradas en el modelo europeo, aunque nunca llegaron a profundizarse, ni siquiera han logrado consolidar una Unión Aduanera (el primer nivel de supranacionalidad en el modelo de Balassa).

Sin embargo, la integración europea nació política, no económica; y es aquí donde el paradigma muestra su verdadera debilidad. Churchill llegó a considerar que sólo la creación de los Estados Unidos de Europa evitaría que el continente siguiera siendo un campo de guerra. Más comprometidos con esta idea, los “Padres Fundadores” -Monnet, Schuman, Adenauer y Bech- dieron pasos concretos para materializar la integración del continente.

Bech, entonces Primer Ministro de Luxemburgo, propuso el primer acuerdo el que consistió en la creación de la CECA, Comunidad Económica del Carbón y el Acero, para asegurar que ningún país tuviera pleno control sobre estas  materias primas, las cuales eran fundamentales para el desarrollo de la industria de armamentos de la  época. Era claro que Francia y Alemania, principalmente, se proponían crear un ambiente que inhibiera nuevas guerras en el continente, Benelux e Italia fueron socios comprometidos en este proyecto.

 

Crisis del paradigma.

El modelo de integración por etapas conlleva una gradual concertación de políticas e instituciones que se originan en la soberanía del Estado-nación. En la medida que se profundiza la integración  los compromisos pasan de intergubernamentales a supranacionales. En otras palabras, la integración regional nació como un modelo que reta a una tradición de varios siglos de unas relaciones internacionales y una soberanía, centradas en la supremacía de los Estados; la integración regional no sólo produce efectos económicos, también afecta la lógica de la política y las lealtades de los ciudadanos.

Así, la Unión Europea tiene una fuerte base política que se confirma con los Criterios de Copenhague de 1993, los cuales establecen que para ser miembro de la Unión Europea se debe ser un Estado democrático, donde impere la ley, los derechos humanos y se respeten las minorías. En este mismo contexto, el bloque europeo ha consolidado un régimen común de asilo, el cual se deriva de la convicción de unos derechos humanos realmente universales. Sin embargo, la realidad geopolítica que vive Europa, con un terrorismo fundamentalista que les persigue y una crisis humanitaria de inmigración  originiaria de Siria, han exhacerbado los espíritus nacionalistas de izquierda (obreros) y derecha (conservadores), que comienzan a ver en la Unión Europea el germen de la destrucción de un bienestar que, paradójicamente, la misma integración les ha proporcionado por décadas.

No sería extraño que detrás de Reino Unido se vengan intentos viables de separación en Grecia, Irlanda, Holanda e Italia. Incluso, la salida de Reino Unido de la Unión Europea puede motivar otro tipo de nacionalismos, como  el de los irlandeses del norte o los escoceses que son más proclives a la integración europea. La decisión tomada por los ingleses puede traerle a Londres nuevas consecuencias separatistas no esperadas.

Sin embargo, y esta es mi hipótesis, la crisis de este paradigma no nace con Brexit sino con el espíritu neoliberal que han adquirido los procesos de integración, desconociendo las dimensiones sociales y políticas de los mismos. Así, el proyecto de Constitución Europea fracasó a mediados de la década pasada ya que los conservadores lo vieron como una afrenta a la identidad nacional y los de izquierda como un instrumento demasiado neoliberal dedicado a la integración de flujos económicos y, de ningún modo, a la consolidación de dinámicas interculturales con impactos sociales.

De igual modo, a finales de los 80s, los países latinoamericanos renunciaron a un desarrollo socio-económico integrado a partir de la industrialización y la construcción de mercados ampliados, para aventurarse en la firma de TLC con Estados Unidos, Europa y este asiático  (supuesto Regionalismo Abierto). Así, los sueños de una Unión Aduanera del Mercosur o en la CAN se han diluido, y la integración no pasa de ser un proceso de liberalización del comercio. De hecho, aunque la crisis de la CAN se pueda explicar por las diferencias de modelo político de Ecuador y Bolivia con respecto al de Colombia y Perú, todo indica que la alternativa que eligió Colombia, Alianza del Pacífico,  tampoco va a trascender, porque es de carácter intergubernamental y, en consecuencia, los esfuerzos que se hagan para profundizar la integración estarán siempre sujetos a los vaivenes electorales de cada país. Sin supranacionalidad no hay una verdadera integración, y los TLC no buscan nada de esto, solo una apertura de mercados para el desarrollo de las cadenas globales de producción de bienes y servicios.

 

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

En lugar de conclusión.

La crisis del paradigma de la integración nace con el neoliberalismo que desestimó su carácter holístico (económico, político, social) y gradual (etapas de la integración) para convertirlo en un mero vehículo de liberalización comercial que dé respuesta a los interes de las compañías multinacionales. Sin embargo, en el caso de la Unión Europea, si se desea remozar el sueño de los padres de la integración y detener una posible desbandada, se hace necesario pensar en tres decisiones:

1. Crear un pleno Banco Central, para que la política monetaria no sea direccionada por las economías más fuertes, tal y como le tocó sufrir a Grecia en la reciente crisis, donde el interlocutor del gobierno helénico no estaba en Bruselas sino en Berlín;

2. Repensar el modelo de una Europa a diferentes  velocidades, ya que es evidente que hay países que frenan o desestimulan el proceso integrador (no sólo Reino Unido, también hay que pensar en Polonia, por ejemplo.); y

3. Retomar el espíritu holístico de la integración, de otro  modo, el miedo al desempleo local y al terrorismo, será caldo de cultivo para detener la integración de las personas, que no sólo representan el mercado laboral, sino que son la base de una real integración intercultural.

 

 

Happy Birthday “inútil” TLC

Hace cuatro años entró en vigencia el TLC entre Estados Unidos y Colombia. Y por más que los opositores se esfuerzan en demostrar su carácter destructivo y sus ultradefensones (con el Ministerio de Comercio Industria y Turismo a la cabeza), todo lo contrario, la verdad es que no hay nada que conmemorar (festejar o lamentar). Aquí en cuatro años no ha pasado nada.

Y con esta introducción no quiero decir que no haya temas que revisar, todo lo contrario. Nuevamente se nos están pasando los años y este país no toma decisiones estratégicas para elevar los niveles de bienestar a partir de una inserción más eficiente en los mercados internacionales. Es un deja vu de una apertura económica que inició hace más de un cuarto de siglo y que no se traduce en modernización del aparato productivo colombiano.

Los TLC y el sueño de la integración económica.

Según las estadísticas del DANE, en 1994, Estados Unidos y la Unión Europea representaban el 65% de las exportaciones colombianas, pero América Latina, la ALADI para ser más exactos, tenía una participación importante, cercana al 20%.  Sin embargo, la concentración del comercio hacia Estados Unidos, Europa y en parte hacia el Este Asiático se ha venido profundizando, lo que podría haber sustentado el marcado interés por la firma de TLC con Estados Unidos, con la Unión Europea y con naciones como Corea o Japón.

EXPORTACIONES COLOMBIANAS 2005-2015destinos

 

COMENTARIOS A LA TABLA. Como se puede ver en este gráfico, es fundamental la participación de Estados Unidos y la Unión Europea en el mercado de exportaciones colombianas. Sin embargo, era notoria la presencia de los países latinoamericanos en la década de 1990 y su decadencia a partir de la década siguiente. Es especialmente notoria la caída de las exportaciones a Venezuela.

 

Sin embargo, para comprender la relevancia de los mercados, no es suficiente observar los números, hay que ver también lo cualitativo. En este caso, es necesario conocer la sostenibilidad del comercio existente; en otras palabras, las naciones necesitan crear industrias que sean sostenibles en el tiempo para asegurar el crecimiento de largo plazo. En este caso, Colombia tiene grandes potenciales en su sector rural, planteándolo desde la perspectiva de ventajas comparativas (buen clima, buenos suelos y mano de obra abundante) y de la competitiva (biodiversidad, agroindustria, biocombustibles).

Durante 20 años, la Unión Europea y Estados Unidos establecieron sistemas preferenciales para exportaciones colombianas, cimentados en el modelo de multilateral del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) y en la lucha contra el narcotráfico (ATPA_ATPDEA). Estos esquemas de preferencias comerciales unilaterales abrian la puerta a exportaciones no tradicionales. De igual manera, nuestros vecinos latinoamericanos son también unos mercados muy especiales, ya que todos son dependientes de exportaciones mineras y agrícolas, con una muy pequeña base manufacturera. Por lo tanto, esta región, con su mayor o menor participación, representa un destino potencialmente relevante para exportaciones no tradicionales, lo que tiene un valor especial en el desarrollo sostenible de un país como Colombia.

Sin embargo, lo que ha pasado a la largo de un cuarto de siglo es que Colombia no aprovechó, ni  las oportunidades del ATPA-ATPDEA ni el potencial de los mercados latinoamericanos, -vecinos con los que el país está conectado a través de interesantes proyectos de integración regional: CAN, Mercosur, G-2-.

El hecho real, contrario a lo esperado, es que fuimos “primarizando” nuestra producción y reduciendo la agregación de valor a las exportaciones. La bonanza minera (petróleo, carbón y oro) alejó a los inversionistas de la industria manufacturera, tal y como ya lo había hecho la guerra con respecto a la agricultura. En cambio, los capitales migraron hacia los hidrocarburos, la construcción y el comercio. Los colombianos nos transformamos en importadores de todo tipo de bienes de consumo e intermedios.

EXPORTACIONES COLOMBIANAS 2005-2015

COMENTARIO A LA TABLA: la minería de hidrocarburos y oro duplicó su participación en la balanza exportadora colombiana. Sólo la actual cricis de precios (desde finales de 2014) frenó esta tendencia. En cambio la industria manufacturera y el agro históricamente han venido perdiendo peso en las exportaciones del país. La ausencia de una política de industrialización y la caída en las exportaciones a Venezuela explican el problema en el que se halla nuestra balanza comercial.

 

¿Entonces, para qué un TLC?

Es inevitable ver los esfuerzos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo por demostrar que el TLC sí ha producido resultados positivos:  “Desde mayo de 2012 un total de 7.501 empresas colombianas han exportado a ese mercado, de las cuales, 2.230 firmas lo hicieron por primera vez…De esas nuevas que incursionaron en el país norteamericano el 98,7% son mipymes.” Según la Ministra de Comercio, Colombia ha penetrado en más de 40 Estados vendiendo productos del sector agrícola y otras industrias. Sin embargo, las evidencias son contundentes, este creciente número de empresas realiza exportaciones que aún no se pueden resaltar en la balanza comercial con el vecino del Norte.

Sin embargo, tampoco se puede decir que el TLC ha arruinado a la industria colombiana o a nuestros agricultores. Ahora, este comentario, no es un “elogio” al Tratado. La verdad es que la industria manufacturera colombiana y el agro sí se han venido destruyendo, pero desde mucho antes. El TLC ha aportado poco a este deprimente proceso que se inición con una mal configurada apertura económica.

En síntesis, este país confundió su camino hace más de dos décadas, y consecuencia de ello es que decenas de fábricas han abandonado el país, las inversiones crecen pero en el sector minero; en cambio, el campo está totalmente abandonado.

La firma de un TLC para aprovechar nuevos mercados abiertos no tiene ningún sentido si un país no cuenta con una clara política industrializadora, sino invierte en educación de calidad y en I+D+i. Y Colombia en estas dos décadas no lo ha hecho. Estamos llenos de evidencias deprimentes: no nos va bien en las pruebas PISA, los maestros son mal pagos, el número de patentes es muy pequeño, y la propiedad rural es ineficiente -hay grandes terratenientes rentistas y cientos de miles de minifundios inviables-.

Se puede afirmar que la actual crisis de nuestra balanza comercial no es culpa del TLC, sino de nuestra desindustrialización, a la vez que se puede pronosticar que la salida de la actual crisis no está en los “micro” esfuerzos del Ministerio de Comercio, sino en una clara estrategia industrializadora de largo plazo.

Muy seguramente los TLC con Estados Unidos y con otras potencias o mercados emergentes tendrán más cumpleaños, pero sin trascender en la realidad de nuestro desarrollo social y económico.

No hemos perdido el Norte, es que no lo hemos configurado aún.

Industria colombiana en Cadenas Globales de Valor: tarea pendiente.

Entre 2014 y 2015, el déficit comercial ha crecido de manera preocupante.

El pasado 20 de abril (2016) se realizó en Medellín el VI FORO NACIONAL DE IMPORTADORES, organizado por ANALDEX. Aunque el encuentro se centró en los retos que genera la nueva legislación aduanera, el presidente ejecutivo de ANALDEX, Javier Díaz, hizo una presentación panorámica del comercio mundial y de la situación colombiana en la actual coyuntura.

Quiero apoyarme en alguna información obtenida en el evento para reforzar argumentos que hemos tratado de exponer en este blog en los últimos dos años, especialmente desde la crisis de los precios internacionales del crudo. Argumentos que cuestionan la débil vocación industrial y exportadora del país.

 

1. Una nueva tendencia: la super especialización en los procesos productivos.

El auge de la I+D+i en las economías industrializadas (Europa, Norteamérica y Japón) y en los Mercados Emergentes como China, Corea o Taiwán, ha conllevado una profundización en los niveles de especialización. Las empresas dejaron de producir bienes para dedicarse a prestar servicios en lo que llamamos el Comercio Mundial de Tareas, lo que provoca que las mercancías sean el resultado de la integración de decenas de factorías instaladas a lo largo del planeta.

Las firmas desagregan su producción a través de procesos de manufacturación oversea y offshoring.

Las firmas desagregan su producción a través de procesos de manufacturación oversea y offshoring.

 

2. El reto colombiano es articularse en estas cadenas de producción.

Para no ser simples proveedores de materias primas, sino integrantes que agreguen valor a las mercancías, es necesario ajustar nuestra capacidad productiva, incentivando la investigación, el desarrollo tecnológico, la innovación y el emprendimiento empresarial. Sin embargo, para ello es necesario revisar las estrategias que desde las empresas, la academia y el Estado se implementan para modernizar el aparato productivo. Después de 25 años de apertura económica, Colombia se ha desindustrializado, incrementando su dependencia de exportaciones de hidrocarburos:

El déficit de balanza comercial, profundo desde finales de 2014, se explica principalmente por la caída en los precios de commodities como el petróleo y le carbón.

El déficit de balanza comercial, profundo desde finales de 2014, se explica principalmente por la caída en los precios de commodities como el petróleo y le carbón.

 

3. Con la caída en los precios de las materias primas, el déficit de balanza comercial se ha hecho más evidente.

Las exportaciones han caído a una mayor velocidad que las importaciones, por el significativo peso del petróleo y el carbón en las ventas internacionales. De otro lado, la industria nacional es altamente dependiente de insumos extranjeros, a la vez que el país es un gran consumidor de bienes terminados importados, lo que hace que las compras extranjeras bajen a una velocidad menor. La consecuencia: una balanza comercial profundamente deficitaria.

Entre 2014 y 2015, el déficit comercial ha crecido de manera preocupante.

Entre 2014 y 2015, el déficit comercial ha crecido de manera preocupante.

 

4. Los fenómenos que agudizan la crisis.

La realidad de la competitividad colombiana es mucho más compleja que un problema de precios de commodities. Hay una suma de factores, estructurales algunos, coyunturales otros, que evidencia el problema de fondo de nuestra competitividad:

– Tenemos una infraestructura rezagada si se le compara con la de otros países que compiten con nosotros en los mercados globales. Los índices de competitividad señalan que Ecuador y Chile cuentan con mejores puertos y carreteras que muchas naciones latinoamericanas. Colombia, al contrario, aparece en los últimos puestos de esta medición, tanto a nivel mundial como regional.

– El alza en el precio del dólar y el fenómeno metereológico del Niño han disparado la inflación, generando incertidumbre de cara a un crecimiento sostenible, y conllevando que el Banco de la República recurra a medidas monetarias contraccionistas, lo que es contraproducente en un escenario de desaceleración económica como el actual.

– Más que un coyuntural déficit de balanza comercial, el país sufre de un crónico déficit de cuenta corriente, el cual se explica en gran medida por los costos financieros de la deuda externa y la repatriación de utilidades de las compañías multinacionales que se instalan en el país. Este permanente desangre reduce la capacidad del país de invertir en ampliación de capacidades instaladas.

– El país se ha venido desindustrializando, no desde la crisis de los precios del crudo que se gestó hace un par de años, sino desde que dimos inicio a la llamada Apertura Económica. El problema, como se evidencia en otras economías exitosas -tigres y dragones asiáticos-, no es que se haya abierto el país a la competencia extranjera, sino que no se han sostenido políticas de Estado para el desarrollo industrial. La pyme colombiana quedó a merced de sus propias decisiones, ya que ni el sector público, ni la academia, enfilaron sus esfuerzos para garantizar un ambiente favorable para la innovación y la agregación de valor. La consecuencia ha sido el cierre de empresas y la cada vez más fuerte dependencia de bienes intermedios importados, reduciéndose la participación de nuestra propia capacidad manufacturera en el valor final de los bienes que exportamos o consumimos.

importaciones colombianas por uso, 2014-2015

 

 

Incertidumbre cambiaria y escalada inflacionaria, ¿qué esperar?

Por: Giovanny Cardona Montoya (abril 10 de 2016)

 

¿Qué ha pasado?

Tal vez la última vez que el ambiente económico global fue relativamente tranquilo y con bajos niveles de incertidumbre fue el que se vivió entre 2004 y la crisis inmobiliaria de las subprime entre 2007 y 2008. Sin embargo, y aunque los países industrializados aún no emergen plenamente de la crisis, la economía colombiana -al igual que muchas emergentes- se recuperó desde 2009 y los indicadores del ambiente económico se mantuvieron saludables: baja inflación, tasa de cambio sin sobresaltos y desempleo a la baja. Pero a partir del segundo semestre de 2014 el ambiente se ensombreció.

 

¿Cuál es la coyuntura?

La coyuntura que angustia a las empresas colombianas se deriva de la fuerte caída en los precios del petróleo, el acelerado alza de la tasa de cambio y la gradual y escalonada inflación. Estas tres variables se relacionan entre sí: el bajo precio del petróleo afecta nuestra balanza comercial y reduce la entrada de Inversión Extranjera Directa -IED-, lo que ha elevado el precio del dólar, encareciendo las importaciones. La devaluación del peso eleva los costos de los insumos y demás bienes importados, lo que, aunado al fenómeno del Niño, trae más inflación.

La incertidumbre que presenta la economía colombiana se acompasa de una débil recuperación de la economía global. Europa lentamente sale de su crisis, pero sus indicadores apenas sirven para devolver una pequeña porción de los empleos perdidos desde 2008. Si bien Norteamérica muestra una economía más saludable, algunos indicadores aún no generan confianza. Adicionalmente, Japón parece haberse acostumbrado a un crecimiento precario y China sigue su tendencia de desaceleración económica. Esta situación hace prever que el mercado mundial no será el gran jalonador de nuestro crecimiento económico.

 

¿Qué esperar?

Más que un pronóstico, me propongo hacer una sugerencia: seamos prudentes con las predicciones de corto y mediano plazo. En otras palabras, no sugiero marcados optimismos, sino, ubicarnos en escenarios que se aproximen poco al ideal. Tengo dos razones para ello:

1. La economía global no parece tener bases para lograr una recuperación acelerada. Al contrario, parece que China enfrenta problemas que no podrá solucionar sin la implementación de ajustes, los cuales se relacionan fundamentalmente con la dinámica de su mercado doméstico. Tantos años de éxito inevitablemente se traducen en un crecimiento del consumo doméstico, con los consabidos riesgos de inflación y revaluación. Mientras China no enfrie su recalentado mercado, los precios de los no tranzables (vivienda y servicios personales) se alejarán de los de los bienes comercializables, provocando una crisis estructural.

Los demás países emergentes, artífices de la recuperación desde 2009, no parecen tener un mejor ambiente: México, Brasil y sus vecinos latinoamericanos se desaceleran o están en recesión. Igualmente, Europa enfrenta problemas en su modelo de integración, los cuales, aunados al tema migratorio -exacerbado por la guerra de Siria- y a las preocupaciones por el terrorismo fundamentalista, no parecen hacerle fácil el camino hacia una sólida recuperación económica.

2. La inflación en Colombia. Tengo varios argumentos para pensar que en 2016 y al menos en parte de 2017, este indicador seguirá dando dolores de cabeza. Para empezar, los desajustes climáticos no son un fenómeno coyuntural; a las sequias les siguen los temporales invernales, y el ciclo vuelve a empezar. En otras palabras, si la inflación está asociada a las cosechas, entonces, estamos condenados a periódicos ciclos inflacionarios derivados de la crisis global medioambiental.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El calentamiento globla es un fenómeno estructural y no coyuntural. Las convenciiones de Kyoto sobre calentamiento global, y ahora el Acuerdo de París, son una clara evidencia de que el desorden climático es permanente. Ahora tendremos que aprender a convivir con comportamientos impredecibles de las cosechas. Así que, si nos preocupa el fenómeno del Niño como gestor de inflación, mejor nos vamos acostumbrando.

El otro tema que está provocando inflación es el alza en los tipos de cambio. Colombia es un país que importa una amplia gama de bienes de consumo, incluso de alimentos. Bajo estas circunstancias, actualmente se están negociando las compras del segundo semestre y de la temporada navideña, lo que indica que, al margen de la evolución de la tasa de cambio en el segundo semestre, el efecto inflacionario de este dólar de más de tres mil pesos ya se hace inevitable para 2016.

Entonces, de mediano plazo la pregunta es ¿bajará el precio del dólar a finales del año?

La respuesta depende de dos factores fundamentales, el precio de los combustibles en el mercado mundial y las políticas monetarias de la FED. Con respecto a este segundo argumento no hay certezas. Después de varios años de aplicar políticas expansivas, la FED ha dejado de estimular el crecimiento económico. Elevar las tasas de interés puede ser un vehículo que mantenga una tendencia del dólar hacia la revaluación.

El otro argumento, el del precio del petróleo es más complejo aún; todo indica que su caída se explica por una combinación de razones objetivas (desaceleración económica global) y subjetivas (geopolítica y especulación en los mercados de futuros).  Si nos centramos en los argumentos objetivos, el precio del combustible parace haber encontrado piso, prueba de ello son los acuerdos que se están dando por parte productores para evitar más caídas. Ya el mercado cambiario ha empezado a reaccionar, lo que también se refleja en un dólar de 3 mil pesos, en lugar de 3.300 pesos, como estuvo hace unos meses.

Pero, lo más difícil de predecir son los comportamientos geopolíticos de los Estados y las reacciones especulativas de los mercados. La crisis de relaciones de Estados Unidos con Venezuela y Rusia benefician un petróleo a la baja; pero, los grandes productores de petróleo no convencional (en Estados Unidos principalmente) salen afectados con este combustible tan barato que hace inviables las inversiones en la nueva tecnología del fracking.

 

Conclusiones:

Probablemente el petróleo encontró su piso y el precio del dólar ya baja de su techo…pero esto no es seguro; hay demasiadas variables en juego, y no todas son de racionalidad económica.

En síntesis, invito a que nos movamos en escenarios no muy optimistas, que no finquemos nuestras expectativas en la recuperación de las variables críticas: inflación, tasas de interés o tipos de cambio; sino que construyamos presupuestos y planes de mediano plazo con base en esfuerzos propios dirigidos a la innovación, los nuevos proyectos, mayores eficiencias, alianzas estratégicas con proveedores domésticos y extranjeros y búsqueda de nuevos mercados.