Muere el último ícono del socialismo del siglo pasado.

Este 25 de noviembre no sólo murió el líder de la revolución cubana, también lo hizo el último representante del socialismo tal y como lo entendieron Lenin y sus seguidores en 1917. Con la muerte de Fidel Castro también se aproxima el final del centenario modelo bolchevique de revolución socialista.

Aunque países como China o Vietnam son regidos por partidos comunistas, es evidente que éstos hace rato renunciaron al socialismo como modelo de desarrollo político y económico: la economía de mercado y el auge de la propiedad privada en estos países así lo evidencian. Corea del Norte es un caso aparte, ya que éste es un país regido por una monarquía autoproclamada, vestida con los ropajes de un partido, los cuales no logran camuflar su verdadera naturaleza.

El socialismo: de la teoría a la práctica.

La idea de una sociedad más justa y equitativa no es nueva. Owen en Inglaterra y Saint-Simon en Francia, señalaron una primera propuesta estructurada, la cual ha sido reconocida académicamente como la del socialismo utópico. Su heredero natural fue Karl Marx quien dio un tono riguroso, desde el método de la ciencia, a un salto de la sociedad a una etapa superior, la del comunismo, luego de resolverse las contradicciones entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y el carácter explotador de las relaciones de producción de la sociedad capitalista.

Hasta aquí todo es conceptual. Los bolcheviques rusos, en 1917, trataron de darle vida a la idea de una sociedad sin clases sociales, apoyados en los postulados teóricos que dejó Marx. Sin embargo, y esto es fundamental, el pensador alemán dejó más que todo un método de análisis (materialismo histórico), ya que no logró develar el secreto prospectivo de la, hasta entonces desconocida, sociedad sin clases sociales. O sea, lo que la humanidad ha logrado ver o vivir durante los últimos 99 años son las diversas interpretaciones de una teoría inconclusa.

El socialismo que conocí, el socialismo como lo entiendo.

Tuve la oportunidad de conocer el socialismo real desde adentro, monitoreándolo desde la Ucrania Soviética y luego a través de esporádicas visitas académicas a la mayor de Las Antillas. Sin embargo, fue la experiencia en Kiev la que mayores claridades me dió. Ahora, más que el lugar, fue la época la que marcó mi visión de los hechos: vivi el final del supuesto “socialismo desarrollado” de Brezhnev y el devenir de la Perestroika de Gorbachov. Fue esta última un hervidero de discusiones al interior del sistema, algo nunca visto por los soviéiticos a lo largo de décadas en la URSS, especialmente desde el gobierno de Stalin.

A grosso modo, y a riesgo de ser simplista, puedo señalar que existen dos pilares fundamentales que los líderes del “socialismo real” debían asegurar: la existencia de democracia con un único partido político y la justa distribución de la riqueza a partir de una sociedad sin propiedad privada. Utilizando estos dos hitos como lienzo para delinear mis ideas, puedo indicar que desde la renuncia a los mismos se comenzó a destruir la idea de una sociedad sin clases sociales, justa y democrática.

Se destruyó la economía de mercado, eso sí; se creó el partido de los trabajadores, esto también. Pero la democracia originaria se iba diluyendo en la medida que los “revolucionarios” se institucionalizaban. De igual modo, en la medida que el partido comunista fue dejando su rol de líder de la revolución para convertirse en estructura burocrática, la distribución de la riqueza fue haciéndose proporcional a la cercanía que los individuos tuvieran de las esferas del poder.

En otras palabras, en Europa del Este y la URSS, al igual que en otras naciones que se inspiraron en el modelo soviético (Cuba, los países de Indochina y Mongolia), el partido comunista se “aburguesó”, asumió una posición de élite que segregaba a quienes disentian de las posiciones oficiales, lo que fue minando el reto mayor de garantizar una verdadera democracia con un solo partido político. El supuesto de que existiera una sola clase social -la de los trabajadores- no fue garantía para que un único partido pudiera representar los intereses de toda la sociedad. No, no fue así. En contravía se gestó una élite burocrática que se adueñó del discurso revolucionario y de los excedentes del trabajo, aunque no ejerciera propiedad jurídica sobre los medios de producción.

En síntesis, deseo señalar que creo que la utopía de Saint-Simon, Owen, y del mismo Marx, siguen vigentes. Sin embargo, me parece evidente que los padres del socialismo real (Lenin,  Mao, Fidel y muchos más) estuvieron, en sus orígenes, más inspirados por la ilusión de los primeros que por el rigor científico del último. Marx es uno de los autores más respetados del siglo XIX y sus escritos siguen siendo fuente de debate en los escenarios de ciencia. Sin embargo, su aporte, tal y como se planteó al inicio de este artículo, tiene más que ver con el método para estudiar la historia de la humanidad que con sus postulados para construir una nueva sociedad.

El socialismo del siglo XX (URSS, Europa del Este, Cuba, Vietnam, Mongolia, China) no pudo superar las debilidades que la raza humana ha evidenciado a lo largo de miles de años: amor por el poder y una sostenida búsqueda del lucro individual, aún por encima de los intereses colectivos. Tanto en la URSS como en Cuba o Europa del Este se desmontó la estructura de poder burgués y el modelo económico centrado en el mercado; sin embargo, la ausencia de una propiedad privada no garantizó que hubiera democracia (todos los trabajadores somos iguales), ni que la distribución de la riqueza fuera equitativa (la propiedad es colectiva).

Para cerrar.

Fue Allende quien abrió el debate sobre un nuevo camino: construir socialismo en un sistema donde la propiedad privada no sería derrotada por decreto sino en la arena de la lucha entre la economía de mercado y la propiedad socialista. Sin embargo, la burguesía chilena demostró que no renunciaría tan fácil a la propiedad de los medios de producción y al control del Estado. Ahora, todo parece indicar que los líderes del llamado socialismo del siglo XXI (con Chavez a la cabeza) no aprendieron mucho ni del fracaso del viejo socialismo, ni de la experiencia de Allende en Chile.

La utopía sigue viva, pero el camino a ella está más oscuro que nunca. Se ha perdido un siglo en el que el socialismo real obnuviló tanto a soñadores como a usurpadores del poder.

La economía de mercado, a lo largo del planeta, desde hace una década está viviendo una de sus mayores y más largas crisis. Sin embargo, los pensadores que ven al capitalismo sólo como una etapa más del desarrollo de la humanidad tienen que ser más rigurosos que sus antecesores para buscar el hilo conductor que pueda llevar a esta última a una sociedad verdaderamente democrática: en la que el voto sea inteligente (mayoría de edad diría Kant) y donde el estómago vacío no perpetúe en el poder a quienes se quedan con el pan y reparten las migajas.

Trump presidente: ¿el renacer del proteccionismo mundial?

Blog La Caja Registradora

Giovanny Cardona Montoya

Parece que la salida más fácil frente a los hechos trascendentales  que vive el planeta es buscar la explicación más evidente, a veces la más simple, a pesar de que sabemos que el mundo es, por naturaleza, complejo:

– Qué Inglaterra sale del Brexit, pero es que la gente no entendía por lo que estaba votando. Qué al otro día se arrepintieron.

– Qué el próximo inquilino de la Casa Blanca es un “loquito”. Qué es que los medios le dieron mucho espacio a sus histriónicos actos públicos.

¿Acaso las cosas pueden ser tan simples? Voy a arriesgar una hipótesis sobre lo que sucede en Estados Unidos con la elección de Donald Trump.

Las causas: exportación de empleos e inmigrantes.

Desde la creación del GATT en 1948, el Sistema Multilateral de Comercio se ha erigido sobre los principios de un comercio transparente y sin discriminaciones. Sin embargo, desde 1994, cuando se creó la OMC, es evidente que los acuerdos comerciales han migrado su prioridad hacia el librecambio mundial. Las negociaciones de la Ronda de Doha y la firma de TLC por todo el planeta se caracterizan por la eliminación de obstáculos al intercambio mundial de mercancías, de servicios y de capitales.

GATT OMC historia

Sin embargo, la producción  mundial de mercancías ha sufrido fuertes transformaciones, especialmente como resultado del desarrollo científico-tecnológico. La agregación de valor, que ha provocado que el comercio mundial sea fundamentalmente de bienes procesados y no de commodities, evoluciona a una velocidad asombrosa, a tal punto que las fábricas han dejado de elaborar mercancías para  ocuparse de tareas en cadenas que conectan factorías a lo largo del planeta: hemos migrado de la producción de bienes al comercio mundial de tareas.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

En síntesis, un bien que llega al hogar de un consumidor no es hecho ni en Estados Unidos, ni en China, sino en una cadena de fábricas que se entrelazan a lo largo del planeta. Es por ello que hoy se habla de exportación de empleos, ya que muchos productos de marca estadounidense, europea o japonesa se elaboran con mano de obra china, coreana, mexicana, tailandesa y de otros países.

De otro lado, el mundo se ha hecho más complejo, particularmente el desarrollo de las TIC y del transporte mundial, además de los sistemas de financiación han conllevado una  mayor interacción cultural entre las poblaciones de diferentes naciones. Aunque las migraciones no son un hecho nuevo -los españoles invadieron América desde el siglo XVI, los ingleses y franceses a África y Asia en el XIX y países como Australia, Estados Unidos o Argentina han sido construidos por inmigrantes-; la realidad es que el fenómeno migratorio (incluídos los refugiados que buscan asilo, huyendo de guerras o de la pobreza) ha adquirido una connotación más significativa en las últimas décadas, despertando crisis socio-políticas y económicas especialmente en los países industrializados.

Las migraciones que enriquecen económica, cultural y genéticamente al planeta, hoy son objeto de críticas de diversa índole. El auge de un terrorismo fundamentalista de origen religioso despierta suspicacias con respecto a las migraciones del medio oriente y norte de Africa hacia Estados Unidos y Europa, principalmente. El racismo y la xenofobia han despertado miedos culturales entre ámplios segmentos de la población blanca en países occidentales, temerosos de perder sus valores e identidad ancestral: grupos de integrantes de la hegemónica raza blanca de países industrializadas se niegan a reconocer la tendencia mundial del mestizaje cultural.

Pero, el último factor es de carácter económico: hace carrera entre la población autóctona de países industrializados el hecho de que los inmigrantes se roban los puestos de trabajo. Esta, que es una verdad a medias, se ha impuesto contraria a una mirada más holística y lógica, como lo es el hecho de que los inmigrantes dinamizan las economías; no sólo crean empleos, sino que con sus ingresos producen un efecto multiplicador sobre los mercados domésticos, ya que, el porcentaje que exportan en forma de remesas es muy inferior al que dedican para asegurar su subsistencia en el país que los acogió.

migraciones internacionales

Las consecuencias: neoproteccionismo y xenofobia.

Donald Trump se ha hecho elegir con un discurso que suena como música en los oidos de trabajadores, desempleados y pequeños y medianos industriales norteamericanos. Los cuestionamientos que hace el nuevo presidente al NAFTA, al comercio con China, a los nuevos megatratados intercontinentales, acompañados de una campaña antiinmigratoria y de anuncios de un país menos interesado en la geopolítica global, fueron un incentivo para que el “viejo Estados Unidos” industrial y blanco votara masivamente por el candidato que parecía interpretar sus preocupaciones.

Donald Trump tiene muchos electores de diferentes razas, géneros e intereses. Pero considero que su campaña fue, especialmente, una propuesta de corte proteccionista. El magnate ha ofrecido a los norteamericanos expulsar a quienes roban el empleo (los inmigrantes) y traer de nuevo a casa los trabajos que se están exportando al Este Asiático y a otras naciones emergentes. Trump parece que piensa revivir el sueño americano, algo parecido al “Detroit automovilístico” de mediados del siglo pasado.

El nuevo discurso de la Casa Blanca no tiene que ser visto como las palabras de un charlatán o de un “loquito”, Trump ha ilusionado a millones de norteamericanos y en su ánimo de mantener su legitimidad electoral es muy probable que tome medidas que profundicen la actual crisis de la economía neoliberal. Desde 2008 Europa, Norteamérica y Japón no levantan cabeza y China viene en una constante desaceleración de su crecimiento económico. Si la esperanza de la recuperación de la ola globalizadora que lleva ya más de un cuarto de siglo, estaba fincada en la profundización de la integración comercial, todo indica que el nuevo gobierno norteamericano será una piedra en el zapato.

Independiente de las implicaciones geopolíticas que pueden traducirse en un relativo acercamiento de Rusia a Estados Unidos, debilitando el eje China-Rusia, y de las consecuencias sobre la seguridad europea, lo que es evidente es que el neoproteccionismo norteamericano podría romper con una tendencia aperturista de varias décadas y desencadenar en algún nivel, una guerra comercial entre países, bloques y regiones, obstaculizando la expansión de los TLC.

Sin embargo, tal y como expliqué en la primera premisa, las cadenas globales de valor, a través de las cuales se produce la mitad del comercio mundial, responden a tendencias de desarrollo tecnológico que provocan una mayor especialización de las fábricas y que estimulan economías de escala que reducen los costos de producción a nivel global. La pregunta es cómo podría el nuevo gobierno norteamericano devolver la producción a su territorio sin afectar la competitividad de las firmas de origen estadounidense. En otras palabras, si el nuevo gobierno sube los aranceles, esto afectaría a la industria norteamericana que tiene eslabones de producción en México o China, por ejemplo.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

En consecuencia, no se ve muy viable que Trump pueda cumplir todas sus promesas en materia migratoria o de comercio exterior, pero lo que es claro es que su campaña no fue caprichosa, sino que leyó los intereses de muchos norteamericanos que se ven representados en su discurso proteccionista, antimigratorio y xenófobo.

 

 

 

 

Razones para explicar mi voto en el plebiscito del 2 de octubre.

Yo sólo necesito una razón para votar por el sí: quiero que mi hijo, mis sobrinos y todos los de su generación tengan la oportunidad de vivir en un país en paz. A mis hermanos, a mis primos, a mis amigos y a mí no nos tocó. No le ofrezco a mi hijo la certeza de un futuro feliz, pero sé que si ganara el NO, sencillamente la guerra continuaría. Tengo la oportunidad de apostarle a un futuro con optimismo en lugar de la prolongación de un pasado gris que mi generación ha tenido que padecer.

Sin embargo, quiero señalar otros argumentos, un poco más académicos tal vez, para validar la idea de que refrendar este acuerdo puede ser para el país un buen negocio en sí, e indiscutiblemente mucho mejor que continuar el conflicto con las FARC.

 

1.    La guerra es un obstáculo para una verdadera democracia.

Colombia es un país con una democracia incompleta, así la recuerdo desde que tengo uso de razón. Y la guerra entre el Estado y las fuerzas insurgentes ha sido un factor para debilitarla más. Aunque las FARC nacieron como un movimiento para defender a los campesinos sin tierra, posteriormente ese mismo grupo armado no permitió que movimientos sociales, independientes asumieran el liderazgo de la protesta democrática. Se adueñaron a la fuerza, de la vocería de los indefensos.

Al mismo tiempo, los poderosos se apropiaron del Estado y cerraron también la puerta a fuerzas alternativas, legitimando su nepotismo en la existencia de la guerra: proteger el Estado de Derecho y defender la democracia fueron los caballitos de batalla para no permitir el ascenso de otras fuerzas políticas y grupos sociales.

En otras palabras, por décadas nos han gobernado las mismas élites, a la vez que las FARC han controlado territorios donde el Estado no existe y los ciudadanos no son representados políticamente ni escuchados legalmente.

Espero que con la firma de este acuerdo ambas murallas se derrumben por el bien de la democracia, que no es otra cosa que el legítimo derecho de todos los ciudadanos a expresarse y que sean efectivamente escuchados.

Con el fin del conflicto entre el Estado y las FARC, y espero que pronto entre aquel y el ELN, los movimientos sociales y políticos independientes, con nuevas y diversas ideas, pueden ganar un justo espacio para que se expresen y puedan incidir en las decisiones de lo público desde un espectro más participativo y democrático, sin que corra peligro la vida de sus voceros.

 

2.    Perdonar el sufrimiento del pasado para sembrar futuro.

Tengo plena convicción de que es más rentable invertir en el futuro que tratar de cobrar deudas del pasado. Si bien comprendo a aquellas víctimas que ven insuficiente la justicia y reparación que puede ofrecer este acuerdo, considero que  la ecuación entre oportunidades para las nuevas generaciones y la compensación a los que sufrieron en este medio siglo de guerra, ofrece un saldo positivo.

La única reparación perfecta sería recuperar los seres queridos o el tiempo perdido. Esto no pasará, lo sabíamos desde antes de comenzar las negociaciones. Pero, la verdad que se va a obtener, entregada por los victimarios de esta guerra (que no son sólo las FARC sino también otras fuerzas oscuras que transgredieron el espíritu del Estado de Derecho para defender violentamente intereses privados), será un activo invaluable para que el  dolor de las viudas y los huérfanos pueda menguarse.

Lo anterior me lleva a plantear un punto central: el perdón será clave para construir un nuevo país, uno más solidario. Creo que no descubro ningún secreto si digo que en Colombia languidecen la confianza, el trabajo en grupo, la solidaridad, el respeto por la diferencia y, más aún, el amor al prójimo.

Estoy convencido que dentro de los valores religiosos de los cristianos (católicos y de otras vertientes) el más difícil de practicar es el amor al prójimo. Y seguramente nunca se nos había presentado una oportunidad tan clara de asumir este reto de manera decidida. Perdonar a los victimarios del pasado para darle una nueva oportunidad a las futuras generaciones, sería la semilla de un país más solidario, menos egoísta.

Nací en un hogar y en un pueblo de fuerte influencia católica. Aunque me he distanciado de las instituciones religiosas, aún siento como un gran reto de vida el propósito cristiano de “amar al prójimo como a ti mismo.” Bajo esta perspectiva filosófica, el acuerdo firmado llena todas mis expectativas: deseo que los campesinos de mi país, aquellos que no conozco pero que viven todos los días la zozobra de la guerra, puedan respirar cada mañana la tranquilidad que mal que bien disfrutamos quienes habitamos las grandes ciudades. Porque esta guerra se ha desarrollado fundamentalmente en el campo, y aquí, desde las urbes, no la hemos sentido igual.

Voy a votar por el SÍ para que el campesino que no conozco, aquel que labra la tierra, disfrute de la paz que sueño para los míos también.

 

3.    Verdad, verdad y más verdad, para construir futuro.

Aunque toda mi vida ha transcurrido en tiempos del conflicto armado, sólo tengo plena conciencia de lo que ha pasado en las últimas tres décadas. Con el tiempo, el pasado lejano se nos hace menos visible. Es por eso que hoy analizamos este proceso muy en la retrospectiva cercana, digamos que después de la guerra fría. Pero la historia es más larga y compleja.

Así que convencido que la verdad es sanadora, espero que nos demos la oportunidad de conocer todo lo que ha pasado a lo largo de estas cinco décadas, por el bien de las futuras generaciones. No para una revancha sino para la no repetición. La verdad completa es necesaria, es terapéutica.

Las FARC parecen estar dando un paso importante al reconocerse victimarios, al pedir perdón por el daño producido. Es un buen comienzo. Ahora se hace necesario que la verdad sea amplia y profunda, por el bien de las familias que necesitan este aliciente para apaciguar sus almas.

Pero hay otros ciudadanos que  tienen que desarmar sus espíritus. En una guerra como la nuestra, diferentes actores, armados y no armados, tienen que reconocer sus responsabilidades, decir la verdad y expresar el arrepentimiento. En 50 años no sólo las FARC y los paramilitares, sino también sus financiadores y patrocinadores tienen que aportar su cuota de verdad para cerrar este capítulo triste y doloroso de nuestra historia. El presente acuerdo es una oportunidad enorme para que esto suceda.

De hecho, sino se logra que todos los responsables del dolor y el despojo -de lado y lado- aporten su cuota de verdad y asuman su responsabilidad, las leyes de Reparación de Víctimas y de Devolución de Tierras, serán letra muerta. En otras palabras, sólo una verdad amplia y profunda hará efectiva y legitimará la devolución de las tierras a sus verdaderos propietarios, o sea, a los expropiados o a sus herederos,…

a las verdaderas víctimas.

 

 

 

 

¿Ocupación?: Gerente de eslabón en una Cadena Global de Valor.

Autor: Giovanny Cardona Montoya (agosto2016)

 

Un nuevo mundo, más interconectado, para los futuros administradores de empresas.

Las facultades de ciencias económicas aún forman Administradores de Empresas, sin embargo, la producción mundial ha sufrido fuertes transformaciónes a lo largo de las últimas  décadas. Uno de los cambios más significativos es el hecho que los bienes y servicios no son producidos en una empresa sino en una cadena que involucra a diferentes factorias, las cuales elaboran partes, componentes o simplemente son responsables de diseños, de la marca  del servicio post-venta.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Un solo producto es elaborado en una cadena de factorías que se distribuyen a lo largo y ancho del planeta. Una fábrica no hace un BIEN, hace una TAREA.

Este cambio responde a los avances en Ciencia, Tecnología e Innovación, los cuales conllevan que la especialización de los productores ha llegado a niveles de profundidad insospechados en la era industrial. En esta época de la sociedad del conocimiento (o post-industrial), las empresas no hacen bienes, sino que hacen tareas en cadenas globales de valor.

Las grandes firmas multinacionales, europeas, norteamericanas y japonesas, principalmente, han expandido su red de producción a lo largo y ancho del planeta, estableciendo relaciones con plantas de producción de diferentes países. Algunos productores de componentes o ensambladores son outsourcing, mientras que en otros casos, la misma firma dueña de la marca establece plantas de producción off shoring. 

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

Los administradores de empresas deben tener ahora una visión más abierta y más global de lo que es su profesión. No dirigen una empresa aislada, sino que son parte de un sistema de producción en el que la coordinación interorganizacional y el reconocimiento de la interculturalidad son las claves del éxito.

 

 Los retos de los ADMINISTRADORES DE EMPRESAS de esta nueva época:

El primer hecho contundente es que las cadenas globales de valor integran principalmente a las empresas de Norteamérica, Asia del Este y Europa Occidental, sin embargo, algunas empresas latinoamericanas de Brasil, de México y de Chile, principalmente se ha conectado, agregando valor y beneficiándose del mayor mercado del mundo. Según datos de la OMC, las cadenas globales representan aproximadamente el 50% del intercambio de aquellas tres regiones.

El segundo  hecho que ya es evidente, es que las empresas colombianas requieren de proveedores, y eso no es  ninguna novedad. De hecho, con la marcada revaluación del peso que caracterizó a nuestro mercado cambiario durante más de una década -hasta 2014-, las manufacturas colombianas perdieron valor agregado, ya que muchos proveedores de insumos para nuestras marcas pasaron a ser extranjeros.

En el marco de esta realidad, también  caben los aún insuficientes esfuerzos por consolidar clusters en algunas regiones del país.

Todo lo anterior, nos lleva a sugerir, que hay prioridades en la formación de Administradores de Empresas, que conllevan cambios en los actuales currículos universitarios:

– Más que bilingues, inteculturales. Nuestros gerentes deben aprender a reconocer y a convivir con actores de otras culturas. Socios, proveedores y clientes pueden estar en cualquier lugar del planeta, hablar cualquier idioma y, lo más importante, pueden tener diferentes formas de ver y entender el mundo de los negocios;

– Más que trabajo en equipo, trabajo en redes. Ya no es suficiente saber trabajar con terceros, ahora es necesario entender que la producción de bienes y servicios es una responsabilidad compartida de difentes empresas. La competitiva no es la empresa, es la cadena de valor;

– El mercado es el mundo, al igual que la planta de producción. Ha desaparecido lo local, nuestro escenario de desempeño tiene las dimensiones del planeta;

– No existen estrategias locales, ni internacioales. Lo que existen son estrategias globales, o sea, la empresa debe definir patrones estandarizados que la diferencien en todo el mundo, pero sin desconocer las particularidades locales. Lo que es inviable es tener una estrategia para cada país o región. Hay que pensar global y actuar global (ser glocales),

– No es suficiente estar atentos a uno o unos pocos TLC, es necesario reconocer la política comercial del país en el que se instala nuestra empresa, pero también los tratados comerciales que afectan a nuestros proveedores, competidores y clientes. Hay acuerdos comerciales a nivel global (OMC), regional (CAN, Mercosur) e interregional (TLC con Estados Unidos o la Unión Europea, por ejemplo).

Este es el nuevo escenario para los ADMINISTRADORES DE EMPRESAS. Ya no administran empresas, deben liderar eslabones que hacen parte de cadenas globales de valor. Ese es su nuevo escenario de desempeño.

 

Brexit: se derrumba el paradigma de la integración regional.

Giovanny Cardona Montoya

Junio 26 de 2016.

 

El año en que falleció Bela Balassa, economista húngaro egresado de Yale, comenzaba yo a “adoctrinar” a mis alumnos con las etapas de la integración económica, apoyado en los postulados de este célebre autor. Hoy, 25 años después, y en medio de su peor crisis, me mantengo firme en esta convicción: la integración regional es un modelo viable para lograr el desarrollo mancomunado de diversos pueblos.

Con los resultados del Brexit el pasado jueves (23 de junio), las bolsas de valores andan en pánico, a la vez que el lenguaje de los voceros de la UE hacia las autoridades del Reino Unido se percibe agresivo y un poco intimidante: “si se van a ir, deben hacerlo inmediatamente”. Pero, el Brexit no es algo aislado, sino que es la cereza que se derrite en el pastel de un modelo de integración que se desmorona desde hace un cuarto de siglo.

 

¿Cuál es el paradigma original?

Si lo repasamos desde una perspectiva teórica (Balassa), la integración regional comienza con la liberalización comercial (Zonas de Libre Comercio), luego llegaría la etapa de la creación de una única aduana regional (Unión Aduanera), lo que exige que los países miembros renuncien a esta función soberana. Posteriormente se desarrolla el Mercado Común,  permitiendo que los inversionistas y los trabajadores de la región puedan movilizarse con la tranquilidad legal de encontrarse en su mercado doméstico. Paralelo a estas etapas, se van unificando las políticas macroeconómicas y sectoriales: agropecuario, moneda única, impuestos unificados, infraestructura regional, sistema educativo, etc.

Este modelo se ha venido probando durante más de sesenta años en Europa, ya que, además de un mercado integrado de bienes y servicios, el continente se unificó para las inversiones y los trabajadores. Como complemento, se creó una política agropecuaria comunitaria, se coordinan políticas fiscales, se crea la Zona Euro (a la que no pertenecen todos los países de la UE)  y se desarrollan diversas políticas sectoriales de carácter supranacional. Como resultado de todo ésto, Europa se ha convertido en el ejemplo más  desarrollado de integración regional por sus resultados: 25% del comercio mundial es intraeuropeo y éste representa el 71% de las exportaciones de los países europeos. En términos de bienestar hay que reconocer que con su integración, el continente europeo reconstruyó su economía después de la segunda guerra mundial, se industrializó, desarrolló su economía rural y sacó de la pobreza a los países mediterraneos y a Irlanda. Europa para los europeos, diría yo, parodiando al expresidente Monroe de Estados Unidos.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Una Europa integrada, aunque con diferentes niveles de profundidad: no todos se vinculan a la Zona Euro.

Haciendo una lectura rápida, podemos reconocer que ASEAN en el sudeste asiático, ALALC-ALADI en América Latina son experiencias de integración inspiradas en el modelo europeo, aunque nunca llegaron a profundizarse, ni siquiera han logrado consolidar una Unión Aduanera (el primer nivel de supranacionalidad en el modelo de Balassa).

Sin embargo, la integración europea nació política, no económica; y es aquí donde el paradigma muestra su verdadera debilidad. Churchill llegó a considerar que sólo la creación de los Estados Unidos de Europa evitaría que el continente siguiera siendo un campo de guerra. Más comprometidos con esta idea, los “Padres Fundadores” -Monnet, Schuman, Adenauer y Bech- dieron pasos concretos para materializar la integración del continente.

Bech, entonces Primer Ministro de Luxemburgo, propuso el primer acuerdo el que consistió en la creación de la CECA, Comunidad Económica del Carbón y el Acero, para asegurar que ningún país tuviera pleno control sobre estas  materias primas, las cuales eran fundamentales para el desarrollo de la industria de armamentos de la  época. Era claro que Francia y Alemania, principalmente, se proponían crear un ambiente que inhibiera nuevas guerras en el continente, Benelux e Italia fueron socios comprometidos en este proyecto.

 

Crisis del paradigma.

El modelo de integración por etapas conlleva una gradual concertación de políticas e instituciones que se originan en la soberanía del Estado-nación. En la medida que se profundiza la integración  los compromisos pasan de intergubernamentales a supranacionales. En otras palabras, la integración regional nació como un modelo que reta a una tradición de varios siglos de unas relaciones internacionales y una soberanía, centradas en la supremacía de los Estados; la integración regional no sólo produce efectos económicos, también afecta la lógica de la política y las lealtades de los ciudadanos.

Así, la Unión Europea tiene una fuerte base política que se confirma con los Criterios de Copenhague de 1993, los cuales establecen que para ser miembro de la Unión Europea se debe ser un Estado democrático, donde impere la ley, los derechos humanos y se respeten las minorías. En este mismo contexto, el bloque europeo ha consolidado un régimen común de asilo, el cual se deriva de la convicción de unos derechos humanos realmente universales. Sin embargo, la realidad geopolítica que vive Europa, con un terrorismo fundamentalista que les persigue y una crisis humanitaria de inmigración  originiaria de Siria, han exhacerbado los espíritus nacionalistas de izquierda (obreros) y derecha (conservadores), que comienzan a ver en la Unión Europea el germen de la destrucción de un bienestar que, paradójicamente, la misma integración les ha proporcionado por décadas.

No sería extraño que detrás de Reino Unido se vengan intentos viables de separación en Grecia, Irlanda, Holanda e Italia. Incluso, la salida de Reino Unido de la Unión Europea puede motivar otro tipo de nacionalismos, como  el de los irlandeses del norte o los escoceses que son más proclives a la integración europea. La decisión tomada por los ingleses puede traerle a Londres nuevas consecuencias separatistas no esperadas.

Sin embargo, y esta es mi hipótesis, la crisis de este paradigma no nace con Brexit sino con el espíritu neoliberal que han adquirido los procesos de integración, desconociendo las dimensiones sociales y políticas de los mismos. Así, el proyecto de Constitución Europea fracasó a mediados de la década pasada ya que los conservadores lo vieron como una afrenta a la identidad nacional y los de izquierda como un instrumento demasiado neoliberal dedicado a la integración de flujos económicos y, de ningún modo, a la consolidación de dinámicas interculturales con impactos sociales.

De igual modo, a finales de los 80s, los países latinoamericanos renunciaron a un desarrollo socio-económico integrado a partir de la industrialización y la construcción de mercados ampliados, para aventurarse en la firma de TLC con Estados Unidos, Europa y este asiático  (supuesto Regionalismo Abierto). Así, los sueños de una Unión Aduanera del Mercosur o en la CAN se han diluido, y la integración no pasa de ser un proceso de liberalización del comercio. De hecho, aunque la crisis de la CAN se pueda explicar por las diferencias de modelo político de Ecuador y Bolivia con respecto al de Colombia y Perú, todo indica que la alternativa que eligió Colombia, Alianza del Pacífico,  tampoco va a trascender, porque es de carácter intergubernamental y, en consecuencia, los esfuerzos que se hagan para profundizar la integración estarán siempre sujetos a los vaivenes electorales de cada país. Sin supranacionalidad no hay una verdadera integración, y los TLC no buscan nada de esto, solo una apertura de mercados para el desarrollo de las cadenas globales de producción de bienes y servicios.

 

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

El supuesto Regionalismo Abierto pretende fortalecer la integración latinoamericana abriendo las fronteras a terceros países, a través de las aperturas económicas y los TLC, sin embargo, lo único evidente es que se ha detenido el proceso de industrialización en la mayoría de los países y se han congelado los tratados regionales como CAN y Mercosur.

En lugar de conclusión.

La crisis del paradigma de la integración nace con el neoliberalismo que desestimó su carácter holístico (económico, político, social) y gradual (etapas de la integración) para convertirlo en un mero vehículo de liberalización comercial que dé respuesta a los interes de las compañías multinacionales. Sin embargo, en el caso de la Unión Europea, si se desea remozar el sueño de los padres de la integración y detener una posible desbandada, se hace necesario pensar en tres decisiones:

1. Crear un pleno Banco Central, para que la política monetaria no sea direccionada por las economías más fuertes, tal y como le tocó sufrir a Grecia en la reciente crisis, donde el interlocutor del gobierno helénico no estaba en Bruselas sino en Berlín;

2. Repensar el modelo de una Europa a diferentes  velocidades, ya que es evidente que hay países que frenan o desestimulan el proceso integrador (no sólo Reino Unido, también hay que pensar en Polonia, por ejemplo.); y

3. Retomar el espíritu holístico de la integración, de otro  modo, el miedo al desempleo local y al terrorismo, será caldo de cultivo para detener la integración de las personas, que no sólo representan el mercado laboral, sino que son la base de una real integración intercultural.