Nuestro presidente ideal: uno que gobierne para el futuro, no para su período.

Terminando este 2017 ya hay varios candidados que se lanzaron al agua de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Y cada uno hace su oferta, tiene sus adeptos pero también detractores. No los vamos a juzgar en este blog. Sin embargo, quiero decirles a todos ellos que el mejor presidente sería aquel que no gobernara con vista miope.

Particularmente en materia económica ha sido evidente la improvisación y la falta de visión en los gobiernos de este país. Este es un país que cuatrenio tras cuatrenio intenta reinventarse con un proyecto improvisado sin ambiciones de largo plazo. Las evidencias más claras son las reformas fiscales -no hay presidente que no deje su huella de impuestos-, o los ministerios, especialmente de agricultura y educación, cuyas cabezas son moneda de cambio en cada crisis política.

Sin querer ser simplistas, y sin desconocer que la coyuntura siempre será un reto para cualquier gobernante, este país tiene tareas pendientes que, mientras no se enfrenten, nos mantendrán en el subdesarrollo. Necesitamos fortalecer las políticas de Estado y dejar de depender de componendas politiqueras de corto plazo.

Aquí destaco tres retos de largo plazo que si algún presidente enfrentara dejaría una huella imborrable:

1. Educación. Los esfuerzos que se han hecho han sido insuficientes. Para empezar, es necesario asegurar la alimentación, la salud, el afecto y la educación adecuada en la primera infancia; en esta edad nos jugamos la mitad de la tarea. Niños sin la nutrición suficiente ni la estimulación adecuada y oportuna tendrán muchas menores posibilidades de ser buenos bachilleres, ni qué decir, profesionales.

En la educación básica y media también hay tareas. Necesitamos que los mejores bachilleres deseen estudiar licenciaturas y hacerse maestros, que deseen prepararse para el cambio generacional de los actuales docentes. Pero no, ellos no ven en las aulas su futuro profesional, no les atrae, no les motiva, no les parece suficientemente lucrativo. Igualmente, requerimos un currículo más moderno que prepare a los estudiantes para la universidad y también para la vida adulta y responsable. Los actuales currículos enciclopédicos y anacrónicos sólo llenan de datos a nuestros jóvenes, pero no los entrenan ni los sensibilizan para que lideren la construcción de su futuro y el del país.

Y la cadena continúa con la educación superior. En la ampliación de cobertura aún hay muchas tareas, pero también en la calidad con pertinencia de futuro. Necesitamos currículos ambiciosos para una nueva gestión del campo, para proteger el medio ambiente, para innovar y para reconstruir tejido social en un país descocido por medio siglo de guerra.

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2. Pasar de una economía minera a una más moderna, innovadora y diversificada. Ya lo hemos explicado muchas veces en este blog: este es un país que se desindustrializa. Colombia hoy depende como nunca de las exportaciones mineras y, en cambio, ha debilitado su industria manufacturera y su agro.

No podemos seguir cerrando los ojos al futuro: Colombia no tiene reservas significativas de petróleo para fincar el desarrollo de largo plazo. El carbón comienza a ser vetado en grandes economías como Francia, Canadá o Alemania; ya 25 mercados importantes han colocado el 2030 como fecha límite para su prohibición. Del resto de la minería ni se hable: entre la informal y la legal están deteriorando las cuencas hídricas y están afectando las tierras cultivables.

Para diversificar nuestra capacidad productiva es necesario pensar en agroindustria, fortalecer los mercados internos incrementando la interdependencia entre las zonas rurales y las ciudades; hay que focalizarse hacia la innovación, reconociendo que las inversiones en I+D tienen que dejar de ser marginales. Mientras hay países que dedican entre 1% y2% del PIB a la investigación, Colombia apenas alcanza el 0.25%. Y aquí hay que conectar al sistema educativo con el aparato productivo.

La economía extractiva y rentista no tiene futuro. El medio ambiente ya nos está pasando factura, a la vez que las economías más exitosas (las que crecen y distribuyen más riqueza) se focalizan en la innovación y la agregación de valor.

3. Primero el ser humano. A las políticas económicas hay que darles un viraje de 180%. Qué la inflación preocupe más que el empleo, qué nos focalicemos en el crecimiento del PIB más que en el desarrollo socio-económico; o que queramos resolver con subsidios inviables las necesidades fundamentales de la gente (salud, educación, vivienda, etc.) son clara evidencia de que estamos confundidos en nuestras prioridades.

Empresas formales y empleos formales son una receta mágica para atender la gente y viabilizar sistemas como el de salud o el de pensiones. Son las personas trabajando y bien remuneradas una prioridad para resolver varios de los problemas estructurales de la economía colombiana. La informalidad laboral , los bajos salarios y el desempleo son razones de primer orden para explicar la crisis de las EPS, el ruinoso costo del Sisben y la deprimente realidad de que la mayoría de los colombianos en edad de retiro no recibirán mesada de jubilación en los próximos lustros.

La economía tiene sentido si está al servicio de la gente; a la vez que es la gente la que hace realidad el desarrollo económico. Hay que invertir en y para la gente. Eso no es difícil de entender.

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Tal vez en una época de redes sociales y de apariencias estos retos no estarán en la agenda de los gobernantes, ya que sus resultados no se verán en el corto plazo y ni darán rédito político (léase votos). Así, por ejemplo, si un gobernante quiere que Colombia mejore sus resultados en las pruebas PISA, entonces sabe que deberá invertir en primera infancia para que se obtengan éxitos 15 años después. ¿Quién se atrevería?

Un verdadero estadista será aquel que vea a Colombia con ojos de futuro, no con cálculos electoreros.

 

 

 

Caudillismo Competitivo (J. A. Schumpeter) a la colombiana.

Si hay una categoría política de múltiples significados, esa es La Democracia. Desde el Contrato Social de Rousseau hasta la denominada Democracia Participativa, pasando por la Dictadura del Proletariado de Marx y el Caudillismo Competitivo de Schumpeter, diversas corrientes de pensamiento han tratan de explicar el significado “real” y la forma “como se manifiesta” esta categoría cuya etimología griega se traduce como “poder del pueblo“.

Viendo lo que sucede en el tinglado político colombiano, particularmente desde el referendum de refrendación del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC, y especialmente en este período de cara a las elecciones de 2018, vienen a mi memoria algunas de las lecciones de Joseph Alois Schumpeter, particularmente aquellas en las que denuncia que la democracia real -la que existe, no la que soñamos- es sólo un instrumento de élites para capturar el voto de masas, sin que ello genere compromisos vinculantes de las primeras para con las segundas.

En pocas palabras, el Caudillismo Competitivo es la pugna entre las élites por el voto de las masas. Para este autor austriaco-norteamericano, lo único real en la democracia es “la fiesta“: las campañas, las convenciones, la plaza pública, los panfleto y banderines. En otras palabras: pan y circo. La fórmula no ha cambiado.

Y es que lo que estamos viendo en esta contienda electoral es eso, una lucha por la “mermelada” a través de un show mediático sin precedentes en el cual lo menos importante son los argumentos ideológicos, las propuestas programáticas o simplemente la verdad. Todo es válido con tal de ganar adeptos.

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Del Frente Nacional a un nuevo “Frente Nacional disfrazado”

Si el Frente Nacional unió a las élites para compartir el poder, diluyendo el color del “trapo rojo” y el de la bandera azul hasta tal punto que no importaba quien ganara las elecciones -al final se repartirían el botín-, la Constitución de 1991 y especialmente el triunfo del uribismo en las elecciones de 2002, parecían abrir el compás para que giráramos alrededor de un sistema real de gobierno y oposición. Pero el nuevo modelo no alcanzó ni a dar una vuelta.

La crisis electoral de los partidos comenzó con el desgaste del conservador a finales de la década de 1990 y se afianzó con la debacle del partido liberal a la sombra del naciente éxito de Álvaro Uribe en las elecciones de 2002. Sin embargo, estas realidades sólo representaban una reubicación “electorera” de la mayoría de los otrora caciques del partido liberal y un reacomodamiento del menguante partido conservador que se ha alineado en los últimos 19 años con la campaña ganadora. Sin candidato propio, los conservadores han gobernado desde Andrés Pastrana hasta nuestros días.

En otras palabras, con el fracaso del proceso de paz de Andrés Pastrana, gran parte de las élites liberales se unieron al naciente uribismo, a la vez que el partido conservador se hizo su aliado más ferviente, renunciando a su “vocación de poder” como partido. Este nuevo “Frente Nacional disfrazado” gobernó por 8 años el país y pretendió seguirlo haciendo al menos por dos períodos más. Fueron uribistas tanto Vargas Lleras como Juan Manuel Santos al igual que muchos caciques de la costa, antioqueños, vallunos y demás.

Las élites se acomodan y se reacomodan.

La expansión de las FARC en la última década del siglo XX fue el detonante para que Uribe pudiera dar sentido a un nuevo Frente Nacional. Sin embargo, con los éxitos militares de sus dos períodos de gobierno y el consecuente debilitamiento de las FARC, el ungido – Santos- dio viraje a la llamada Seguridad Democrática y buscó el final de conflicto por la vía de las negociaciones. Esto incomodó al líder natural pero no a la mayoría de sus seguidores. Para su sorpresa (no para Schumpeter) las mayorías del naciente partido de la U (entonces, partido de Uribe) se quedaron con Santos y su proceso de paz…y su mermelada.

Tal vez alguna ilusión hubo en los pequeños partidos de centro y de izquierda (los verdes y el Polo Democrático) al ver que se consolidaba una gran alianza para terminar el coflicto, reivindicar las víctimas, obtener la dolorosa verdad del prolongado conflicto y un poco de justicia. Pero las élites marginadas se levantaron y en las elecciones de 2014 el país se vio claramente dividido. Aunque las mayorías de Santos se mantuvieron, era claro que las mismas no eran sólidas; la mayor evidencia de esto fue la victoria del NO en el plebiscito refrendatorio del Acuerdo de Paz.

Ahora que el Acuerdo de Paz está en su fase de implementación a la vez que se avecinan elecciones, la fragilidad de la alianza por el SI se evidencia. Que Cambio Radical ahora desdiga de un acuerdo que apoyó para que se firmara, que los conservadores comiencen a titubear si se quedan con Santos o se acercan a Uribe, que los congresistas de la U (ahora de Santos) falten a las sesiones y no permitan que se aprueben las leyes de implementación del Acuerdo, son evidencias de que lo menos importante son los argumentos ideológicos o programáticos. Llegó la hora de los cálculos electorales.

Llegó la hora, nuevamente, de una pugna de las élites por el voto de las masas.

Ahora hay que convencer al electorado de lo que sea, con tal de conquistar su voto. “Qué hay cosas del acuerdo que no comparto”, “qué esto no es lo que yo esperaba”, “qué no estoy de acuerdo con que las FARC lleguen al congreso”, “Qué lo único que Santos quería era un premio Nóbel”. Todo se vale con tal de limpiar la imagen para conseguir los votos. O sea, las élites que fueron liberales o conservadoras, que fueron uribistas y que fueron santistas, ahora serán nuevamente uribistas porque es lo que conviene.

Con seguridad hay genuinos líderes partidarios del acuerdo de paz al igual que otros que no lo son. Seguramente unos y otros darán la batalla por sus principios. Pero los cambios que se viven actualmente, que desdibujan las mayorías existentes, evidencian que la interpretación que Schumpeter hace de la democracia sigue vigente, y que se puede palpar en el actual proceso electoral.

Es altamente probable que la victoria de uno u otro frente político (los del SI o los del NO) dependa del péndulo en el que se moverán las élites que han gobernado el país y sus regiones por décadas, y que se acomodarán nuevamente -al margen de las ideas-, para conservar su pedazo de pastel en el poder del Estado (léase: mermelada).

voto si o no

 

 

 

 

 

Comercio Mundial: tendencias y estructura (libro).

Acabo de publicar con el apoyo editorial de Ceipa Business School, la segunda edición del libro Comercio Mundial: tendencias y estructura.

Puedes descargarlo gratis

En ACADEMIA.EDU:

https://www.academia.edu/35001792/Comercio_Mundial_tendencias_y_estructura

En Researchgate:

https://www.researchgate.net/publication/320719706_Comercio_Mundial_tendencias_y_estructura

 

Esta publicación hace un abordaje holístico de la estructura del comercio mundial, desde la perspectiva monetario-cambiaria y desde la institucional-comercial.

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1. Análisis de Estructura del Comercio Mundial desde la perspectiva monetario-cambiaria.

Las dos herramientas de análisis que se toman en el libro son la balanza de pagos y el tipo de cambio. El ejercicio metodológico consiste en leer la estructura de la balanza a lo largo del tiempo (evolución por trimestres y por años) y entre sus componentes (la relación entre la cuenta corriente y la cuenta de capitales). Dicho análisis se complementa con el relacionamiento entre las cuentas internacionales y los indicadores y políticas macroeconómicas domésticas.

Con esta metodología se puede entender:

– Por qué un déficit en cuenta corriente puede convertirse en un factor equilibrante de la economía;

– Cómo un superávit en la cuenta corriente puede ser gestor de la denominada “Enfermdad Holandesa”

De igual manera, el estudio muestra cómo las políticas cambiarias pueden no sólo alterar el comportamiento de las exportaciones y las importaciones, sino, también de la cuenta de capitales y de los indicadores macroeconómicos domésticos: desempleo, inflación, crecimiento.

Estos primeros capítulos son muy didácticos e incluyen un análisis de caso del manejo de una bonanza de exportaciones ante el riesgo de Enfermedad Holandesa; además de una clara reseña de la evolución del dinero desde el trueque hasta el actual sistema monetario internacional.

 

2. Análisis de la estructura del comercio mundial desde la perspectiva institucional-comercial.

En la segunda parte el libro aborda los acuerdos de cooperación internacional, los analiza por ámbito de impacto y por dimensión geográfica (FMI, OMS, OPEP, entre otros) para luego concentrarse en lectura analítica del Sistema Mundial de Comercio con sus entes, Multilateral (GATT-OMC) y regionales (Unión Europea, ALADI, CAN, diferentes TLC).

En este punto se desnuda con detalle lo que ha sido la evolución desde un regionalismo proteccionista (hasta la década de 1980) hasta el llamado por la CEPAL, regionalismo abierto.

El análisis que se hace en esta parte permite entender el carácter dialéctico de las relaciones entre la OMC y el regionalismo abierto. Como autor resalto el cambio cualitativo al haberse abandonado, en la mayoría de las regiones, el proyecto de crear Uniones Aduaneras, y en su lugar desarrollar TLC interregionales sin mayores pretensiones de profundizar en la integración.

Este material permite comprender los efectos de creación de comercio, desviación de comercio y erosión de preferencias en la dinámica del actual regionalismo abierto.

Recomiendo el libro para estudiar los temas del Entorno Internacional de los Negocios, la Integración Económica, la Política Cambiaria y el Sistema Monetario Internacional.

Espero que les sea de utilidad.

 

Algo va de Catalunya a la disolución de la URSS.

En el año en que España vive el episodio más real de separatismo desde que se reinstauró la democracia en la década de 1970, también se conmemoran 100 años de la creación del, otrora, país más grande del mundo, el cual no alcanzó a vivir siquiera 75 años.

¿Por qué los países se dividen?

Yugoslavia, Etiopía o Checoeslovaquia fueron casos concretos de división de estados nacionales en el siglo XX. Pero hay otros fenómenos latentes en Bélgica, Italia, España, Canadá y en las naciones donde viven los kurdos.

Sin embargo, cada caso tiene su propia historia. Algunas secesiones se dieron cuando naciones existentes (con identidad cultural, económica e histórica) hacían parte de Estados más grandes donde se asfixiaba su identidad nacional. Probablemente esto explique la separación de la república Checa y Eslovaquia, o tal vez sea el caso de las naciones balcánicas que se habían organizado como Yugoslavia al desaparecer los grandes imperios al final de la primera guerra mundial; pero que se separaron después de un sangriento “divorcio”.

Geopolíticamente hablando, estas separaciones lograron cierta legitimidad internacional, la cual se fundamentó (o excusó) en la reconocida identidad nacional de los territorios que se separaron.

 

El aún inexplicable caso de la implosión de la URSS.

El caso de la Unión Soviética no es tan simple. Tal y como lo argumenté en un artículo que escribí hace varios años durante mis estudios en Argentina, la implosión de la URSS es compleja, ya que, si bien el país se conformaba por 15 repúblicas, de las cuales algunas tenían una clara identidad nacional (Estonia, Letonia, Lituania, por ejemplo), otras poseían una historia más compleja: una Ucrania culturamente dividida (un Occidente católico y ucraniano-parlante enfrentado a un Oriente ruso-parlante y ortodoxo) o las repúblicas del Cáucaso, creadas artificialmente por el gobierno bolchevique de Moscú en la primera mitad del siglo XX.

Tal vez pocos discuten por qué el partido comunista perdió el poder en ese enorme país o por qué todas naciones de la exURSS abandonaron el socialismo y transformaron sus sistemas, social, político y económico en democracias liberales y mercados capitalistas. Sin embargo, no es claro por qué un país conformado por territorios que por siglos estuvieron unidos, se desmoronó.

En este caso, mi hipótesis, -ver artículo- es que se dio una combinación de factores: nacionalismos en algunos casos -los bálticos, por ejemplo-, antipatía hacia las élites rusas que gobernaban en diferentes regiones de la URSS -las cuales pasaron a ser minorías étnicas en cada nuevo país- y la necesidad de élites locales de controlar sus mercados, incluído el político.

¿Por qué la complejidad del caso de Catalunya?

En otro estudio que hice hace varios años, -ver artículo- señalé la contradicción dialéctica que se presenta entre la globalización y la descentralización (o, incluso, separatismos). El caso de España cabe dentro de esta reflexión.

España es un país conformado por regiones autónomas, con una legendaria historia de unidad territorial -siglos-, a pesar de que en varias de aquellas se tiene una lengua propia. España es multicultural, eso no se discute. De hecho los vascos tienen una identidad cultural con significtivas diferencias con respecto a las demás regiones, cuyas lenguas tienen el mismo origen: son lenguas romances.

Pero, la otra categoría que marca la evolución del estado nacional en las últimas décadas es la globalización. Esta última genera un cambio en el ejercicio de la soberanía por parte de los estados. Para España este fenómeno es particularmente evidente en las últimas tres décadas desde que ingresó al bloque europeo, el cual se caracteriza por un proceso gradual de supranacionalidad por el cual la Unión Europea asume funciones que anteriormente ejercían los estados nacionales; como es el caso de la soberanía comercial, la monetaria y, en parte, la fiscal. O sea, los estados miembros de la Unión Europea renuncian a parte de sus funciones soberanas en favor del bloque.

Bajo este contexto es que se nace la pregunta ¿por qué se separan los catalanes? no tienen una historia de identidad nacional que les preceda, por lo menos durante siglos; tienen una fuerte interdependencia económica con las demás regiones de España y, además, quieren ser parte de la Unión Europea. O sea, ¿se separan de España para unirse a la Unión Europea y convertirse en socios de España?

ingreso a la zona euro

Como se puede ver, no es fácil de entender este caso de separatismo. Sin embargo, a riesgo de reducir el tema, no se puede negar que en España se mantiene viva la discusión por la necesidad de ampliar la autonomía en el marco de un proceso histórico de descentralización del país.

La autonomía fiscal aparece en el orden del día de las relaciones entre Madrid y las regiones autonómicas de España. Este tema, que como todo proceso de descentralización es una manera de hacer más real la democracia en tanto se acercan las decisiones mayores al constituyente primario, también es un mecanismo para fortalecer la convivencia entre las élites centrales y las regionales.

La anterior explicación sirve para entender, al menos parcialmente, cómo el separatismo catalán en tan sólo unos años logró poner en jaque la soberanía española, algo que no alcanzaron los vascos -con una combinación de formas de lucha- a lo largo de décadas.

A modo de conclusión.

Los separatismos no tienen explicaciones unidimensionales. Son complejos. Cada caso tiene sus propias razones e historia. La identidad nacional (o al menos la identidad local) se combina con los interese de élites para argumentar un proceso separatista, a pesar de los costos que genera la incertidumbre del cambio.

Sin embargo, es evidente también que las democracias maduras tienden a ser descentralizadas como un mecanismo que hace más real la participación del ciudadadano en las decisiones que le son importantes.

Seguramente con la aplicación del artículo 155, el gobierno de Rajoy logrará detener, al menos temporalmente, este intento separatista. Pero las huellas que este proceso dejará en las presentes y futuras generaciones no sabemos que tan profundas serán. O sea, seguramente en el campo jurídico se socava la independencia, pero en el político “el fuego seguirá quemando el bosque.”

En consecuencia, ya sea por identidad nacional o por negociaciones de élites, el futuro de España está atado a una revisión de su constitución, particularmente en aquello que tiene que ver con las autonomías locales.

La globalización es compleja: los países se unen entre ellos -o al menos sus mercados- mientras sus hilos internos se descosen.

 

 

 

Pronóstico muy conservador para la economía colombiana 2018.

1. Factores críticos de la economía colombiana:

  • El comportamiento de la economía global, la dependencia de exportaciones de commodities (hidrocarburos) y la desindustrialización histórica conllevan que la economía colombiana se mantenga en bajas tasas de crecimiento desde 2014.
  • El consumo de los hogares representa 3/5 partes del PIB. (Fuente: DANE)
  • La política monetaria del Banco de la República (gestionar la tasa de interés de intermediación) ha demostrado alta eficiencia en el control de la inflación (subir las tasas de interés) pero no muestra la misma evidencia en la recuperación económica (bajar las tasas de interés).
  • El desempleo estructural colombiano (alrededor del 10% de la PEA) es el doble del promedio de América Latina
  • En la última década, las exportaciones de hidrocarburos (petróleo, carbón) pasaron a representar 70% de la canasta de bienes (Fuente DANE).
  • Los bienes exportados manufacturados, con complejidad tecnológica media y alta apenas representan el 12%. (Fuente: Consejo Nacional de Competitividad).
  • La inversión Extranjera Directa –IED- llega fundamentalmente a la industria extractiva y a la banca y servicios. En menor medida a los sectores, agropecuario y manufacturero.
  • Dentro de las finanzas públicas, los ingresos derivados de la renta petrolera, representan 1/6 parte.

PIB y Demanda AgregadaFuente: diseño propio con datos del DANE.

2. Componentes relevantes del PIB colombiano.

Como se verá en el siguiente gráfico y datos complementarios, la economía colombiana es altamente concentrada, poco industrializada, y ha dejado de ser rural.

– el sector servicios representa más de la mitad del aparato productivo del país,

– dentro del sector servicios se destacan, el sector bancario y el sector de servicios personales y sociales,

– el sector manufacturero concentra en cinco industrias, más de la mitad de la producción del sector,

– en la minería, los hidrocarburos concentran el 90% de la industria,

– el sector agropecuario, de poco peso, ya no depende del café, el cual equivale apenas al 11% del sector.

PIB y serviciosFuente: diseño propio con datos del DANE

3. Dinámica de la Economía Global (Fuente: Congreso Nacional de Exportadores, memorias):

  • Fuerte desaceleración económica desde 2008, con estancamiento sostenido en la Unión Europea y Japón. Frágil recuperación de Estados Unidos y desaceleración permanente de China.
  • Caída en los precios mundiales de los commodities, especialmente hidrocarburos.
  • Participación pequeña de América Latina en el PIB global, mientras aumenta la participación del Este Asiático.
  • Crisis de los acuerdos comerciales en el mundo: Unión Europea (Brexit y Catalunya), NAFTA (Estados Unidos y México) y CAN (Colombia y Venezuela). Estancamiento de los Mega-tratados TPP y TTIP y de las negociaciones Multilaterales (OMC).

La economía global no presenta indicios de recuperación. Los pronósticos para 2018 señalan un crecimiento semejante al de 2017 (entre 3,3% y 3,8% según FMI); el cual es jalonado por los mercados emergentes y desacelerado por los países industrializados. Este crecimiento desacelerado no permite prever aumentos importantes de los precios del petróleo en 2018. El FMI pronostica que el precio del crudo se eleve sólo 2-4% en 2018 con respecto a 2017.

4. Escenarios socio-políticos para el año 2018 en Colombia:

La estabilidad política también marca el curso de la economía. En el caso colombiano, el proceso electoral será fundamental y, dentro de éste, las posiciones de los candidatos frente al proceso de paz. Para los empresarios, la clave de sus decisiones de inversión se halla relacionada con la certidumbre o incertidumbre que genere el ambiente político. Para ello, planteamos tres posibles escenarios y su relación con la incertidumbre del ambiente para los negocios:

  • Escenario 1: los candidatos favorables al SI en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 2: los candidatos favorables al NO en lo que respecta al proceso de paz obtienen la presidencia y las mayorías en el congreso. Se genera mayor certidumbre de corto plazo.
  • Escenario 3: quien gana las presidenciales no logra mayorías en el congreso. Se incrementa la incertidumbre política.

El ambiente político, a medio año de las elecciones, indica que estamos más cerca del tercer escenario, esto es, el de mayor incertidumbre.

Conclusiones generales de corto plazo -2018-:

  • El año 2018 comienza con fuerte incertidumbre en lo interno y con un ambiente externo poco favorable al crecimiento económico. En consecuencia, ni el PIB, ni el empleo deben mostrar variaciones positivas relevantes. De hecho, debe ser un año de bajas inversiones, crecimiento desacelerado y estancamiento de la tasa de empleo.
  • El año 2018 no presenta factores favorables para la recuperación económica: los mercados de crudo no crecen, el precio del mismo permanece cerca a sus niveles actuales, Venezuela y Ecuador siguen siendo mercados poco atractivos y otras exportaciones que sustituyan al petróleo sólo crecerán lenta y gradualmente.
  • El mercado doméstico no crecerá en 2018, el ambiente no permite pronosticar crecimiento del empleo.
  • La ley de garantías electorales se suma al déficit fiscal como un fenómeno que mantendrá comprimido el gasto público.
  • La incertidumbre electoral, además de los bajos precios del petróleo, mantendrán bajos los niveles de inversión, al menos durante el primer semestre de 2018.