Un taxista arribó a las 10:00 a.m. de hoy a la estación Popular de la Policía, ubicada en el barrio Santo Domingo Savio de Medellín. Estaba asustado y dijo que unos tipos le habían metido un muerto en el carro.
En efecto, los uniformados revisaron la maleta del vehículo Hyundai de servicio público y encontraron un cadáver abaleado.
El taxista se parqueó junto a la estación policial, donde se realizó la inspección judicial al cadáver. Foto de Esteban Vanegas.
Cinco personasacribilladas en un taxi era el presagio de otro violento fin de semana en Medellín y su Área Metropolitana, que vio correr la sangre de por lo menos 30 personas en tres días.
De nuevo la guerra entre los combos delincuenciales es el principal motivo para estas muertes en nuestra región, aunque las agresiones, como un virus incontenible, también llegaron hasta el deporte que más pasiones nos mueve.
En este taxi viajaban las víctimas del quíntuple homicidio. Foto de Carlos Taborda.
La criminalidad en Medellín es diferente al resto de las ciudades colombianas. La muerte parece, aunque nos duela en el alma, tan arraigada a nuestro devenir como la misma idea de ser exitosos. Es la peste, una contracultura tan fuerte que solo los abuelos, quizás, alcanzaron a disfrutar de esta urbe sin soportar la zozobra por un paisano asesinado a diario.
Miles de millones de pesos se han invertido en seguridad, en programas educativos, en estrategias para generar empleo, en infraestructura para vincular a los suburbios con el desarrollo progresista del resto de la ciudad, y hoy seguimos en la misma intranquilidad de hace 30 años. ¿Por qué?
Dos amigas adolescentes de 16 años, que llevaban una semana perdidas, fueron asesinadas y encontradas ayer en el Cerro Pan de Azúcar de Medellín. Una de ellas tenía dos meses de embarazo. Como siempre, la escena del crimen estuvo llena de niños. Foto de Carlos Taborda.
Los matones, protegidos por la negritud del cielo, se desplazaron sigilosamente en la lancha por la represa de Guatapé. Armados con fusiles de calibre 5.56 y pistolas 9 milímetros arribaron al sector La Pradera, en la vereda El Marial del municipio antioqueño El Peñol.
Serían las 00:30 a.m. de ayer cuando tocaron la puerta de la finca. Una hipótesis preliminar sugiere que se hicieron pasar por agentes del CTI (Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía) para que los dejaran entrar.
El sitio de la masacre en Medellín es boscoso y ubicado en una zona de conflicto entre bandas. Foto de Edwin Bustamante.
Pese a haber sido condenado a 40 años de cárcel, por los beneficios de la ley apenas ha pagado 11 y ahora regresó a la libertad condicional.
Se trata de Elkin Fernando Triana Bustos, unos de los fundadores y líderes de la tenebrosa banda ‘Los Triana’, que delinque en la frontera nororiental de Medellín con el municipio de Bello.
Así figura el clan Triana en los carteles de la Policía. Ahora Elkin está libre, la banda sigue activa, ¿regresará a la organización ilegal?
Dos jóvenes mujeres fueron las víctimas más recientes de un conflicto entre bandas que aterroriza a los habitantes del Sinaí, un asentamiento ilegal ubicado junto al río Medellín, en la comuna Santa Cruz.
Sus cadáveres fueron encontrados en la parte trasera de un rancho, cada uno con un tiro de ejecución en la cabeza.
En este sitio fueron ejecutadas las dos mujeres. Se desconoce quién lo hizo. Fotos de Esteban Vanegas.
En todo el ramillete de criminales que azotan a Medellín, ‘La Cachona’ era sin duda alguna un premio gordo para las autoridades.
Sus acciones encabezaron el incremento de homicidios que tiene a la ciudad en el ojo del huracán y ahora que ha caído, la Policía y la Alcaldía respiran más tranquilos.
Así presentó la Policía a 'La Cachona', después de traerlo a Medellín desde Santa Marta.
Durante una serie de 17 allanamientos dirigidos a golpear a la banda ‘La Pradera’ y otras de la comuna 13, en el centro occidente de Medellín, la Sijín encontró un arma que asusta por su altísima peligrosidad.
En un matorral del barrio La Pradera, metido entre costales, había un lanza granadas en buen estado. Es la prueba de que los combos del Área Metropolitana se están armando para una guerra grande, pues este aparato puede destruir el blindaje de un tanque.
Este es el lanza granadas encontrado en un matorral del barrio La Pradera. Sin duda no es para una guerra de esquina a esquina. Foto cortesía Policía.
Un juez condenó ayer a 28 años de prisión a un ex mayor de la Policía, por la desaparición forzada de tres jóvenes mujeres y un presunto delincuente. Pero lo más triste del asunto no es esta sentencia, sino que todavía no hay rastro de las víctimas.
El afectado con la decisión penal fue el ex comandante de la estación policial de Itagüí, Luis Augusto Manrique Montilla, capturado el 17 de julio de 2009. En el mismo proceso están pendientes del juicio otros tres policías, subalternos del sentenciado.
El de camisa azul es el ex oficial Manrique, durante un traslado a una audiencia.
Un tremendo remezón al bajo mundo de la comuna ocho de Medellín han propinado las autoridades, no solo porque capturaron a 21 presuntos integrantes de bandas, sino que también quedó al descubierto que los cabecillas se beneficiaban de dineros públicos.
La investigación de la Fiscalía y la Sijín venía tejiéndose desde hace un año y además de los seguimientos e informantes, se interceptaron de manera legal 43 líneas telefónicas.
Edwin Tapias fue presentado por la Alcaldía como un ejemplo del esfuerzo por la paz entre bandas.
‘Los Mondongueros’ es una de las agrupaciones criminales más antiguas del Área Metropolitana y opera desde la década del 90. La Policía la considera una Organización Delincuencial Integrada al Narcotráfico (Odin) y representa un papel muy peligroso en la actual guerra que afecta a nuestros municipios.
Es considerada el brazo armado de Maximiliano Bonilla, alias ‘Valenciano’, un cabecilla de ‘La Oficina’ que pretende apoderarse de todo el negocio de la mafia en el Valle de Aburrá y la Costa Atlántica.
A la izquierda, la foto más reciente del cabecilla de 'Los Mondongueros'. A la derecha, la del cartel de 2006.